domingo, 26 de marzo de 2017

Entrevistas por el día del mar 138

El 23 de marzo de 2017 Bolivia conmemoró un aniversario más de la batalla de Calama y el cumplimiento de 138 años de enclaustramiento. Esta vez, el día del mar, que es como se conoce a esa conmemoración, estuvo marcado por el efecto político y mediático que tuvo la presentación de la réplica boliviana ante la Corte Internacional de Justicia, en el marco del proceso "Obligación de negociar un acceso al Océano Pacífico"; y los tres incidentes que se produjeron en días previos: el retiro de la enseña patria del Consulado de Bolivia en Antofagasta, el encarcelamiento de dos militares y siete funcionarios de la Aduana boliviana en Chile, y la visita de una comitiva chilena, presidida por el Canciller Muñoz, al lado chileno de la región del Silala. 

Sobre estos y otros asuntos relacionados al día del mar, tuve la oportunidad de emitir mi opinión en las siguientes entrevistas: 

En Dale la Vuelta a la Moneda de TV Off Travel, 22/03/2017 

En Levántate Bolivia de Cadena A, 23/03/2017

sábado, 25 de marzo de 2017

El Memorandum Trucco de 1961

Los efectos jurídicos del Memorándum Trucco serán evaluados por la Corte Internacional de Justicia a la luz de la buena fe demostrada en ese tiempo por las partes.
Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Cuadernos 
El Embajador Manuel Trucco
Considerando que la demanda presentada por Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia se basa en todas esas promesas y compromisos que hizo y asumió Chile de manera unilateral y bilateral, de negociar un acuerdo que le devuelva a nuestro país un acceso soberano al mar; cabe recordar lo sucedido antes y después del 10 de julio de 1961, cuando el Estado chileno emitió uno de sus pronunciamientos unilaterales más importantes: el Memorándum Trucco.
En efecto, ese día, el Embajador de Chile en La Paz, Manuel Trucco Gaete, entregó al canciller boliviano, Eduardo Arze Quiroga, un Memorándum que reiteraba el compromiso asumido por Chile en 1950 de “entrar, formalmente, en una negociación destinada a buscar la fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico, y a Chile obtener compensaciones que no tengan carácter territorial y que consulten efectivamente sus intereses”.
Cuando el canciller chileno de la época, Carlos Martínez Sotomayor, tuvo que explicar por qué autorizó la entrega de dicho documento, dijo que era para evitar dos cosas: que Bolivia lleve su reclamo marítimo a la Conferencia Interamericana que debía reunirse en esos días en Quito - Ecuador y que se introduzca en la Constitución boliviana un precepto sobre el asunto marítimo, tal como efectivamente se había anunciado poco antes.
No obstante, la verdadera razón, o al menos la más importante según el diplomático boliviano Jorge Escobari Cusicanqui (2013), estaba relacionada con la intención que tenía Chile de desviar el río internacional Lauca. Ciertamente, pese a las numerosas reservas que Bolivia interpuso respecto a la ilegalidad de los trabajos de captación que Chile realizaba en su territorio para desviar el río Lauca, esos trabajos continuaron y estaban a punto de concluir.
Algún tiempo después, Arze dijo que no experimentó ninguna satisfacción al recibir el Memorándum, “Tenía en la mente más que el problema portuario, la cuestión del Lauca que ya era una cuestión candente (…). Se sabía, en ese momento, que las obras de desvío estaban muy avanzadas. Visiblemente el Memorándum estaba destinado a adormecer la atención del gobierno de Bolivia…”.
En ese sentido, y de acuerdo a las instrucciones del Presidente Paz Estensoro, Arze no contestó inmediatamente al ofrecimiento unilateral chileno y continuó las gestiones que venía realizado para impedir el desvío del Lauca. Luego, cuando las cosas parecieron haber mejorado, el 9 de febrero de 1962, Bolivia respondió mediante otro Memorándum en el que expresaba su conformidad en iniciar las negociaciones.
Así empezaron las tratativas sobre el problema marítimo por un lado y sobre el caso del Lauca por el otro, puesto que Bolivia aún lo consideraba un asunto pendiente. Sin embargo, a mediados de marzo, el gobierno chileno aclaró que no aceptaba vincular ambos temas. Lo cual, según Escobari, no era más que un pretexto para no cumplir el ofrecimiento de negociar el asunto del mar y desviar el río Lauca.
En ese contexto, el canciller chileno restó validez al Memorándum Trucco, al decir que “no se trata de una nota oficial, no está firmado y solo contiene una exposición de puntos de vista de Chile en ese momento”. Con lo que naturalmente se terminó por derrumbar cualquier posibilidad de entendimiento. Poco después, el Presidente chileno, Jorge Alessandri, ordenó abrir las compuertas de los canales que desviarían al río Lauca hacia territorio chileno y Bolivia rompió relaciones diplomáticas con Santiago ese mismo día, el 14 de abril de 1962.
Así concluyó la negociación que se inició con el Memorándum Trucco, cuyos efectos jurídicos serán evaluados por la Corte Internacional de Justicia a la luz de la buena fe demostrada en ese tiempo por las partes.

jueves, 23 de marzo de 2017

Lo que viene después del fallo de La Haya

Con la presentación de la réplica de Bolivia en el juicio sobre la "Obligación de negociar un acceso al Océano Pacífico" ante la Corte Internacional de Justicia, comienza la última fase de los alegatos escritos que concluirá en septiembre de este año cuando Chile presente su dúplica. Después de eso vendrá la fase oral que es mucho más corta y finalmente el fallo final, que se espera sea emitido en el segundo semestre de 2018. Teniendo en cuenta esta realidad y el contexto en que se produce, marcado por el día del mar, tuve la oportunidad de participar en las siguientes entrevistas.  

En Al Día de la Red Bolivisión, 20/03/2017

En Hora 23 de la red Bolivisión, 20/03/2017

En La Primera de la red ATB, 21/03/2017

domingo, 12 de marzo de 2017

Bolivia y el uso de armas químicas en Siria

La representación de Bolivia ante el Consejo de Seguridad, antes de alinearse con la postura de rusos y chinos, debería privilegiar los intereses de nuestro país en materia de seguridad transfronteriza.

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Después de un ataque con armas químicas en el poblado de Ghouta.
Foto: Reuters

Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Página Siete

El 21 de septiembre de 2013, el pueblo sirio de Ghouta fue atacado con bombas de gas sarín, causando la muerte agónica, cruel y dolorosa de más de 350 civiles, incluyendo mujeres y niños. Los autores de tan horrendo crimen no han sido identificados hasta la fecha porque las partes del conflicto y los países que han decidido intervenir en el mismo no se han puesto de acuerdo respecto a las responsabilidades. Mientras que el grupo integrado por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, conocido como la “troika occidental” en el Consejo de Seguridad, responsabiliza al gobierno de Bashar al-Ásad, este último culpa a los rebeldes que luchan en su contra y a los terroristas que controlan parte de su territorio.    

El uso de gas sarín y de otros agentes químicos letales para aniquilar seres humanos es un crimen de guerra que se encuentra prohibido por varios tratados multilaterales como la Convención sobre las Armas Químicas de 1993 que prohíbe el desarrollo, producción, almacenamiento, transferencia y empleo de armas químicas. Asimismo, de acuerdo a la Resolución 1540 (2004) del Consejo de Seguridad, cuya aplicación está a cargo de un Comité presidido actualmente por Bolivia; todos los Estados deben abstenerse de suministrar apoyo a los agentes no estatales que traten de desarrollar, adquirir, fabricar, poseer, transportar, transferir o emplear armas químicas, biológicas y/o nucleares.  

No obstante, a pesar de esas prohibiciones y a pesar de que el gobierno sirio terminó de adherirse a la Convención de 1993 en octubre 2013, los ataques químicos en contra de los civiles sirios continuaron en 2014, 2015 y 2016. Ante lo cual, el Consejo de Seguridad, del cual Bolivia es actualmente miembro no permanente, adoptó las resoluciones 2235 (2015), 2209 (2015) y 2319 (2016), mediante las cuales decidió que la República Árabe de Sira no debe emplear, desarrollar, producir, adquirir, almacenar ni conservar armas químicas. Pero no pudo adoptar medidas más enérgicas debido a la oposición de Rusia y China que, como miembros permanentes del Consejo, ejercieron su poder de veto para defender al gobierno sirio, cuya permanencia en el poder está muy en la línea de sus intereses económicos y geopolíticos en la región. 

Ciertamente, la última vez que rusos y chinos vetaron una Resolución del Consejo de Seguridad sobre este tema fue a finales de febrero, cuando sólo Rusia, China y Bolivia votaron en contra de una moción presentada por más de 40 países, liderados por la troika occidental, que básicamente pretendía sancionar a entidades y personas del gobierno sirio, supuestamente vinculadas a la producción y uso de armas químicas (S/2017/172).  

Las razones argüidas por los representantes de Moscú, Beijing y La Paz coincidieron en señalar que las listas de las entidades y personas a ser sancionadas no habían sido aprobadas por el Mecanismo creado con ese propósito en 2015; que la referida Resolución podía entorpecer el proceso de paz de Ginebra, que ha garantizado el cese al fuego entre el ejército sirio y los rebeldes por ya casi tres meses; y que someter a votación un proyecto de resolución que todos sabían que sería vetado, revela los fines políticos de sus promotores (S/PV.7893).

Pero más allá de las explicaciones, es bien sabido que Siria tiene una importancia estratégica para Rusia y China, pero no para Bolivia.

La Federación Rusa, en razón de sus acuerdos con Damasco, posee dos bases militares en territorio sirio: la base naval de Tartus que le permite acceder al mar Mediterráneo y la base aérea de Latakia, que sirve a sus aviones para operar en la zona. Asimismo, las importantes reservas de gas natural que posee Siria y la necesidad que tienen los proyectos gasíferos de los países del golfo Pérsico de pasar por territorio sirio para llegar a Europa, han hecho que Moscú vea con recelo cualquier cambio de la situación en Siria, que pueda trascender en la pérdida de mercados europeos para su gas en favor de la competencia árabe.

Por tales motivos, y porque el gobierno sirio es un buen comprador de armas rusas, el Kremlin ha hecho todo lo posible por impedir el derrocamiento de al-Ásad. 

Por su parte, la República Popular China, siguiendo su tradicional política de absoluto rechazo a la interferencia en asuntos internos de los Estados, que le ha servido para exigir la no injerencia de la comunidad internacional en Taiwán, Xinjiang y Tíbet, y más recientemente también en la disputa por el mar de la China meridional; ha rechazado enérgicamente las intervenciones de las potencias occidentales en Siria, y también ha tenido que repudiar la participación de Rusia, que ha incursionado en la zona para bombardear a los terroristas que representan un riesgo para la continuidad del régimen sirio.

Al gobierno de Beijing además le interesa ampliar su influencia en la región, mostrándose como una alternativa al dominio de las potencias occidentales, para lo cual ha estado apoyando económica y humanitariamente a Siria, como una forma distinta de abordar el conflicto. En esa misma línea, cabe considerar el proyecto chino “un camino, un cinturón” que, siguiendo lo que fue “la ruta de la seda”, busca conectar al gigante asiático con Oriente Próximo, Europa y África, mediante la construcción de carreteras y líneas férreas que también tendrían que pasar por Siria. Por lo que, la resolución del conflicto sirio se ha convertido en una prioridad para China.

En el caso del Estado Plurinacional de Bolivia los intereses no están tan claros, pues más allá del incentivo que pueda tener el actual gobierno por reafirmar su política antiimperialista, rechazando todo lo que venga de los Estados Unidos; no existen vínculos comerciales ni diplomáticos con Siria que justifiquen el apoyo a su gobierno, que es además un régimen autocrático. De hecho, la representación boliviana, antes de alinearse con la postura de rusos y chinos, debería privilegiar los intereses de nuestro país en materia de seguridad transfronteriza. 

Efectivamente, considerando que Chile mantiene cientos de miles de minas antipersona y antitanque en la frontera con nuestro país, rechazar una Resolución que sanciona a un país por el uso de armas no convencionales, puede sentar un precedente negativo y hasta peligroso para nuestros intereses.     

En otras palabras, no debemos priorizar las discrepancias o afinidades político-ideológicas que siempre las hay en las relaciones internacionales, ni debemos apostar todo a un solo bando cuando nuestros intereses vitales no están en riesgo; es necesario anteponer las razones de Estado, como hacen la mayoría de los países, y no porque crea que Bolivia debió haber votado a favor, pero sí al menos abstenerse. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

La Réplica de Bolivia ante la CIJ

De acuerdo a los plazos establecidos por la Corte Internacional de Justicia en el caso Obligación de negociar un acceso al Océano Pacífico, Bolivia deberá presentar su Réplica hasta el 21 de marzo de 2017. Sobre dicha presentación tuve la oportunidad de participar en las siguientes entrevistas:

En A Puerta Abierta de PAT, 19/02/2017


En Tres en Línea de BTV, 22/02/2017

domingo, 19 de febrero de 2017

Acceso soberano al mar

Es preciso encontrar una definición de "acceso soberano al mar" que nos ayude a ganar el juicio y que luego nos permita negociar sin limitaciones. 


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Por: Andrés Guzmán Escobari 

Al finalizar la fase preliminar del juicio sobre la obligación de negociar un acceso al Océano Pacífico entre Bolivia y Chile, el juez Hisashi Owada preguntó a las partes qué entienden por "acceso soberano al mar”, ya que ambos contendientes habían utilizado esa expresión durante el proceso y no es un término reconocido por el derecho internacional consuetudinario. 

No obstante, el término no llegó a ser precisado en aquella ocasión porque Bolivia respondió que no correspondía definirlo en la fase preliminar, referida exclusivamente a la competencia de la Corte Internacional de Justicia en este caso; y porque Chile respondió que el significado de dicho término, tal como había sido utilizado en su objeción preliminar de competencia, "es el mismo que Bolivia usó en su Aplicación y Memoria”. 

Ante lo cual, la Corte, después de evaluar éstos y otros argumentos, decidió rechazar la objeción preliminar chilena y se declaró competente por 14 votos a favor de 16 posibles, dándole la razón a Bolivia y dejando pendiente  la definición de "acceso soberano al mar”. 

Por tanto, lo que vaya a decir Bolivia al respecto en la fase de fondo será crucial para el desenlace de este juicio, no sólo porque la representación nacional no definió el término hasta ahora, sino sobre todo porque Chile ya adelantó que tiene la misma postura que nuestro país en este punto.

Aun así, para Bolivia, más importante que precisar el término de referencia, es desbaratar el malicioso argumento chileno de que no es posible recuperar un acceso soberano al mar sin modificar el Tratado de 1904, porque sí es posible. Mientras no se altere la línea fronteriza que define ese instrumento en su artículo 2, ni se altere tampoco ninguna de sus otras cláusulas, no hay necesidad de modificarlo. 

En otras palabras, la cesión de soberanía territorial en un enclave, puerto, isla o cualquier otro espacio costero que no afecte al límite fronterizo actual, podría servir para resolver este asunto en los términos que plantea la demanda boliviana.

En este punto, es muy importante aclarar que si bien nuestra demanda no busca revisar el Tratado de 1904, si Chile llegara a consentir que se modifique para darle a nuestro país un acceso soberano  al mar con continuidad territorial, como tantas veces lo ha ofrecido en el pasado, naturalmente que Bolivia no opondría ninguna objeción.

Pero volviendo a lo que entendemos por "acceso soberano al mar”, es preciso considerar que la mayor parte de las veces que las autoridades bolivianas usaron esa expresión, lo hicieron demandando que ese acceso no sólo sea "soberano”, sino también "libre y útil”, tal como se puede evidenciar en los discursos y declaraciones de los representantes del Gobierno de Bolivia que de alguna forma quedaron registrados.

En efecto, después de repetir muchísimas veces ante Chile y ante el mundo que el objetivo de la política de reintegración marítima boliviana es recuperar un acceso libre, útil y soberano al Océano Pacífico; queda absolutamente claro que Bolivia no busca una soberanía pura y simple, sino que ésta debe estar acompañada de los atributos de libertad y sobre todo de utilidad, en el sentido de que debe servir verdaderamente a los intereses presentes y futuros del país. 

Con esto, sin embargo, volvemos al tema de la continuidad territorial, pues no sería del todo útil ni mucho menos libre, un acceso soberano al mar que igualmente requiera transitar por el territorio de otro país.

 No obstante, todos esos detalles deberán ser considerados y consensuados, si es que el fallo de la Corte resulta favorable a Bolivia, en una negociación de buena fe, incluso con  Perú, si es que su participación se hiciera necesaria en conformidad al Protocolo chileno-peruano de 1929.

Por otra parte, en cuanto a los actos unilaterales y compromisos bilaterales mediante los cuales Chile se obligó a negociar un acuerdo que le devuelva a nuestro país un acceso plenamente soberano al mar, tenemos, por ejemplo, que en las negociaciones de 1950, ambos países emplearon el término "salida propia y soberana al Océano Pacífico”, el cual fue reiterado unilateralmente por el gobierno de La Moneda en 1961.

Asimismo, en 1975, las dos partes se refirieron a "la cesión de una costa marítima soberana”, en el caso boliviano que "deberá prolongarse con una faja territorial soberana desde dicha costa hasta la frontera boliviano-chilena, incluyendo al ferrocarril Arica-La Paz” y, en el caso chileno, "unida al territorio boliviano por una faja territorial, igualmente soberana”. 

En esa misma ocasión Chile aclaró: "Producido el acuerdo final se dejará testimonio solemne de que la cesión territorial que permite la salida soberana al mar, representa la solución plena y definitiva a la situación de mediterraneidad de Bolivia”. Lo que en los hechos representa un reconocimiento formal de parte del Estado chileno de que la cesión de soberanía territorial a Bolivia es la forma de resolver este entuerto definitivamente. 

Por último, también cabe recordar las resoluciones de la OEA aprobadas con el voto favorable de Chile en 1980, 1981 y 1983, en las cuales se declaró "de interés hemisférico permanente encontrar una solución equitativa por la cual Bolivia obtenga acceso soberano y útil al Océano Pacífico”. 

Considerando todo esto, y considerando también que el concepto de soberanía ha evolucionado mucho desde que perdimos ese atributo sobre las costas del Pacífico hace ya 138 años, es preciso encontrar una definición que nos ayude a ganar el juicio y que luego nos permita negociar sin limitaciones, de manera que podamos plantear soluciones creativas y realistas, que consideren los intereses de todas las partes involucradas, y que sobre todo trascienda en una solución verdaderamente definitiva.

Nuestra representación tiene por tanto la enorme responsabilidad de definir qué entendemos todos, incluso los chilenos, por "acceso soberano al mar” y, en ese sentido, cabe señalar que de acuerdo a nuestros intereses nacionales, es preciso flexibilizar viejas posturas respecto a la soberanía plena y absoluta. 

Como bien dice el Dr. Fernando Salazar Paredes en su libro Desatando Nudos (2006), "Si Bolivia pudiera poner a un lado, aunque sea momentáneamente, el tradicional concepto de soberanía, la solución podría estar más cerca de lo imaginable”.

martes, 14 de febrero de 2017

Antes de la invasión chilena

Todo comenzó en 1842 cuando Chile aprobó una ley mediante la cual declaraba de su propiedad las guaneras existentes al sur del paralelo 23,6º de latitud sur, que Bolivia consideraba suyas.

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Puerto boliviano de Antofagasta, antes de la invasión chilena. Fuente: Gumucio (2013) 
Por: Andrés Guzmán Escobari 

Hace exactamente 138 años, un contingente militar de Chile invadió el puerto boliviano de Antofagasta sin previa declaratoria de guerra porque, según explicaron las autoridades chilenas de entonces, Bolivia había “roto” el Tratado de límites de 1874 al imponer un cobro de 10 centavos por quintal de salitre exportado a una empresa anglo-chilena que operaba en el litoral boliviano.

Desafortunadamente nunca se esclareció si verdaderamente hubo un incumplimiento de Bolivia, porque jamás se realizó el arbitraje que, según lo convenido bilateralmente en el Protocolo de 1875 (artículo 2), se tenía que aplicar en este caso en el que existía una discrepancia respecto a la inteligencia y ejecución del Tratado.

Pero por más de que nuestro país hubiese “roto” el tratado de 1874, eso no le daba derechos a Chile para agredir militarmente a Bolivia, ni mucho menos para privarla de su litoral. La reacción chilena fue inobjetablemente desproporcionada y no incluyó siquiera una declaratoria de guerra, que era lo que se estilaba en aquella época, cuando todavía no se había prohibido el uso de la fuerza en las relaciones internacionales.

Pero para entender las circunstancias e intereses que provocaron todo esto, es necesario recordar qué pasó antes de la invasión chilena, cuando se iniciaron los problemas entre ambos países.   

Todo comenzó en 1842 cuando Chile aprobó una ley mediante la cual declaraba de su propiedad las guaneras existentes al sur del paralelo 23,6º de latitud sur, que Bolivia consideraba suyas, porque según el uti possidetis juris de 1810, que es una convención aprobada por todas las naciones sudamericanas y que dispone establecer los límites fronterizos entre nuestros países en base a la delimitación de la Corona española, el territorio boliviano llegaba hasta por lo menos el paralelo 25º de latitud sur, tal como lo establecen las cedulas reales y las leyes de indias, y lo reconocen también prestigiosos tratadistas chilenos como José Miguel Barros (2009) y Fabián Berrios (2016).

Bolivia protestó y se inició una fuerte disputa por el territorio de Mejillones y sus alrededores, que incluyó tres incursiones de la marina chilena en territorio boliviano. En efecto, según los historiadores Miguel Mercado (1930) y Gonzalo Bulnes (1976), en 1846 la goleta chilena Janequeo atracó en punta de Angamos (23°3´), donde sus ocupantes enarbolaron la bandera de Chile; en 1847, los pasajeros del bergantín Martina instalaron un fortín en Mejillones y fueron expulsados luego por el bergantín Sucre; y en 1857, la corbeta chilena Esmerlada desembarcó nuevamente al norte Mejillones, con el propósito de anexar ese territorio a Chile, llegando incluso a rebautizar el lugar con el nombre de “Santa María” y a capturar un barco guanero estadounidense, llamado Sportsman, que provocó un impase diplomático con Washington.

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Ley chilena de 1842, promulgada por el Presidente Manuel Bulnes
Además de esas incursiones, las infructuosas negociaciones que se desarrollaban en esos momentos en Santiago y sobre todo la explotación clandestina del guano de Mejillones por parte de miles de chilenos que se habían establecido en el litoral boliviano, fueron los determinantes de la autorización que en 1863 recibió el gobierno de Bolivia de su Congreso para declarar la guerra a Chile “siempre que agotados los medios conciliatorios de la diplomacia, no obtuviere la reivindicación del territorio usurpado ó una solución pacífica, compatible con la dignidad nacional”.

En razón de esa determinación, según cuenta Roberto Querejazu (1979), Bolivia mandó a Don Tomas Frías a Santiago para negociar la devolución del territorio que había sido ocupado por capitales y obreros chilenos. Pero a poco de fracasar esa gestión, ocurrió un hecho que cambió el curso de los acontecimientos, una división naval española invadió las islas Chinchas del Perú a título de “reivindicación” y se encendió la alarma en todo el continente. Efectivamente, el temor a la “reconquista de América” propició el acercamiento entre La Paz y Santiago, que se tradujo en una alianza defensiva en la que también participaban Lima y Quito.

En esas circunstancias, que sólo fueron posibles con el cambio de gobierno en Bolivia, de Achá a Melgarejo, se creó un ambiente propicio para resolver la cuestión de Mejillones. Ciertamente, el 10 de agosto de 1866 los representantes de ambos países suscribieron un Tratado de límites que estableció la frontera en el grado 24º de latitud meridional, dejando las riquezas en territorio boliviano, pero instaurando un sistema de medianería precisamente entre los grados 23º y 25º, para que ambos países puedan explotar sus riquezas de manera compartida.

En 1871, en razón de los conflictos que Santiago mantenía con Buenos Aires, el Congreso chileno autorizó la compra de dos buques blindados que se construyeron en Inglaterra. Lo cual naturalmente generó recelo no sólo en Argentina sino también en Bolivia y Perú, que veían con desazón el acercamiento anglo-chileno, que se manifestaba en la explotación de sus riquezas en las costas del Pacífico de manera voraz y prácticamente incontenible. Fue así que antes de que Chile reciba sus buques de guerra, en 1873, los gobiernos de La Paz y Lima suscribieron un Tratado secreto de Alianza Defensiva, al que nunca se logró incorporar Argentina, a pesar de los denodados esfuerzos que hicieron los signatarios para incluir a ese país en la alianza.

A pesar de que se trataba de una alianza secreta, el gobierno chileno se enteró al poco tiempo de su existencia y de la posibilidad de que la Argentina fuera a incorporarse. Según Berrios (2016), la información llegó a Santiago a través de la diplomacia brasileña que tenía interés en impedir el potenciamiento argentino. Fue en ese contexto que Chile decidió atender los reclamos de Bolivia respecto a los problemas que había provocado la medianería y aceptó suscribir un nuevo Tratado de límites, el 6 de agosto 1874, que confirmó la frontera en el paralelo 24º de latitud sur, eliminó la medianería y restringió la imposición de nuevas contribuciones a personas, capitales e industrias de Chile por el término de 25 años.

Entre 1873 y 1875, el Perú nacionalizó la industria del salitre, en lo que se conoció como “la ley del estanco” que perjudicó seriamente a muchas empresas anglo-chilenas que se habían establecido en Tarapacá. La medida fue uno de los detonantes más importantes de la Guerra del Pacífico, pues mientras Bolivia la tomó como un ejemplo a seguir – el Presidente Hilarión Daza llegó a manifestar su intención por “fregar a los gringos” –, Chile la vio como un peligroso antecedente que podría replicarse en el litoral boliviano.

Fue así que Daza, valiéndose de su alianza con el Perú, decidió aplicar el cobro de los 10 centavos ya mencionado, en una actitud que claramente no supo medir las consecuencias de sus actos, pues no sólo no logró más ingresos para el Estado como tenía previsto, ni tampoco logró “fregar a los gringos”; lo único que consiguió fue provocar a Chile, que como ya se dijo reaccionó desproporcionadamente y con los resultados para Bolivia que todos conocemos.  

lunes, 30 de enero de 2017

Las primeras medidas de Donald Trump

En menos de una semana, el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald J, Trump, decretó la construcción de un muro en la frontera con México, la deportación de extranjeros que hayan cometido algún delito, el retiro de EEUU del TPP y del NAFTA, y la prohibición de ingreso a ciudadanos de 7 países musulmanes. En lo que representó un rápido y agresivo cumplimiento de sus promesas electorales.

Sobre estos temas tuve la oportunidad de participar en las siguientes entrevistas.  

En Abya Yala TV, 26/01/2017


En RTP, 27/01/2017

domingo, 15 de enero de 2017

¿Es Putin mejor lider que Obama?

Uno de los principales argumentos que Trump utilizó durante la campaña electoral fue precisamente que Putin es mejor lider que Obama.


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Por: Andrés Guzmán Escobari
La intrincada relación que mantuvieron los Presidentes Barak Obama de Estados Unidos y Vladimir Putin de Rusia, está a punto de llegar a su fin de la peor manera imaginable, con un distanciamiento político-diplomático casi absoluto, con fuertes sanciones impuestas por Washington a la Federación Rusa y con una disputa casi inevitable entre ambos mandatarios por el liderazgo mundial, que el ruso supo capitalizar a su favor, gracias a su astucia política y mayor experiencia en el contexto internacional.

En efecto, en estos últimos 8 años el mandatario estadounidense, a pesar de sus buenas intenciones, no hizo más que permitir el expansionismo y repotenciamiento del mayor adversario que históricamente ha tenido su país.

No obstante, toda esta situación no parece preocupar al Presidente electo, Donald Trump, que ya adelantó que pretende cambiar el enfoque de las relaciones ruso-estadounidenses, llevándose bien con Putin, a quien considera mejor líder que Obama.

Pero para comprender qué es lo que se avecina y qué está en juego, es necesario conocer qué es lo que ha pasado en el último tiempo entre las dos mayores potencias nucleares del planeta.

Todo comenzó en enero de 2009, cuando Obama asumió la presidencia de EEUU y Putin ocupaba el cargo de Primer Ministro (2008 – 2012), después de haber sido Presidente de Rusia de 1999 a 2008. En esos momentos, las tensiones entre ambos países se enfocaban principalmente en dos puntos: 1) el rechazo de Washington al reconocimiento que había hecho Moscú a la independencia de Osetia del sur y Abjasia, que hasta ese entonces se consideraban como parte de Georgia; y 2) el repudio de Rusia al establecimiento de un impresionante sistema de misiles y radares estadounidense (EIS), en Polonia y República Checa, que supuestamente estaba pensado para evitar un ataque de Irán a Europa.

Las tensiones que esos dos conflictos provocaron se fueron disipando tras la decisión de Obama de no intervenir militarmente en Osetia del Sur y Abjasia, como su antecesor lo había hecho en Irak y Afganistán, dejando que Rusia controle la estratégica zona del Cáucaso; y después de que el mismo Obama ordenó cancelar el proyecto de misiles y radares EIS, para reemplazarlo por otro menos ambicioso.  

Para complementar esas acciones, que fueron duramente criticadas en el mundo occidental, Obama buscó un acercamiento con el Kremlin mediante lo que se conoció como el intento por “reiniciar” (reset) las relaciones ruso-estadounidenses. En efecto, en marzo de 2009, en una reunión de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el Ministro de exteriores, Serguéi Lavrov; la estadounidense le entregó al ruso un botón rojo con una inscripción que decía “reset” (reiniciar) y con la traducción al ruso en alfabeto romano del término “перегрузка”, que no significa “reiniciar” sino “sobrecargado”… El pequeño gran error, que fue tomado con humor por Lavrov en ese momento, marcó el inicio de ese fallido intento de aproximación que luego sería descartado, cuando Rusia decidió intervenir militarmente en Ucrania y Siria.

Efectivamente, en marzo de 2014, aprovechando la incertidumbre que había generado la revolución ucraniana, Putin dispuso anexionar la península de Crimea a Rusia, lo que representó la primera alteración del mapa político de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Ante esa situación, Obama, tras un fallido intento por convencer a Putin de que retroceda, impuso fuertes sanciones a Rusia e impulsó, junto a las potencias europeas del G7 (G8 menos Rusia), la aplicación de más sanciones al gigante euroasiático. Empero, Putin, en lugar de recular, decidió apoyar las protestas prorusas en el este de Ucrania, donde estalló una guerra civil entre los rebeldes separatistas prorusos y las fuerzas militares ucranianas, que aún está en curso.

Por otra parte, en marzo de 2013, después de que el gobierno sirio de Bashar al-Ásad cruzó la línea roja que el Presidente estadounidense había trazado en 2012, de no usar armas químicas, el mismo Obama desistió de enviar tropas a Siria, en una medida muy criticada porque privilegiaba los tratos que en esos momentos Washington mantenía con Irán. Con ese antecedente, que había significado un triunfo diplomático para Moscú y Damasco, Putin decidió enviar a sus cazabombarderos a la zona de guerra, en septiembre de 2015, para combatir a los terroristas y apoyar al régimen de al-Ásad que estaba a punto de ser derrotado. Dicho despliegue, que fue la primera vez que las fuerzas rusas cruzaron lo que fue “la cortina de hierro” durante la Guerra Fría (1945 – 1989); contribuyó a prolongar el conflicto, pues gracias al apoyo ruso, las fuerzas de al-Ásad lograron recuperar ciertas áreas que habían perdido en favor de los rebeldes y terroristas.    

Todas esas maniobras de geopolítica, en las que Putin hizo gala de sus habilidades estratégicas y de su experiencia político-diplomática, acumulada después de haber tratado con los presidentes Bill Clinton y George W. Bush, dejaron la sensación de que Rusia había vuelto a ser una superpotencia y que Obama lo había permitido. De hecho, uno de los principales argumentos que Trump utilizó durante la campaña electoral, fue precisamente que Putin es mejor líder que Obama.

En esas circunstancias, y aun sin tener pruebas, varios miembros del partido demócrata, incluida la candidata Hillary Clinton y el mismo Obama, acusaron a Rusia de haber hackeado las cuentas de correo electrónico de varios demócratas, con el fin de filtrar la información y favorecer a Trump en las elecciones. En la misma línea, en octubre de 2016, y también sin presentar evidencias, la CIA publicó un informe que corroboraba las acusaciones de los demócratas. Por lo cual, la Casa Blanca anunció medidas drásticas contra Moscú, que llegaron recién a finales de diciembre, cuando Obama decretó la expulsión de 35 diplomáticos rusos y el cierre de dos establecimientos que habían sido utilizados supuestamente para operaciones de ciberespionaje.  

Ante esa medida, que mostraba la gran molestia del gobierno de Obama con Rusia, y que al mismo tiempo parecía estar dirigida a evitar cualquier entendimiento entre Putin y Trump, el Presidente ruso decidió no responder en reciprocidad, como se suele hacer en estos casos, y advirtió que su país no está dispuesto a practicar “una diplomacia de cocina, irresponsable”. Con lo cual, una vez más, Putin dejó muy mal parado a Obama y abrió las puertas para desarrollar una relación de cooperación y entendimiento con Trump, el nuevo encargado de contener a Rusia.

miércoles, 11 de enero de 2017

Israel entre Bolivia y Chile

En referencia a un artículo publicado por el israelí Yair Lapid, el autor señala que no es lógico comparar lo que siente el abusador en un conflicto con lo que siente el abusado en otro.  
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El actor, periodista y político israelí, Yair Lapid.
Por: Andrés Guzmán Escobari

A propósito del ingreso de Bolivia al Consejo de Seguridad de la ONU, el político y periodista israelí Yair Lapid publicó un artículo en el que manifiesta su esperanza de que nuestro país introduzca a dicha institución “una voz más equilibrada y razonable que aquellas que se oyen de ahí últimamente”, en referencia a los paí-ses que aprobaron la Resolución 2334, del 23 de diciembre de 2016, que reafirma que los asentamientos que Israel estableció en territorio palestino, ocupado desde 1967, incluido Jerusalén oriental, “no tienen validez legal y constituyen una flagrante violación al derecho internacional”.

Con ese propósito, el autor intenta poner a los bolivianos en el lugar de los israelíes para que comprendan la ira que les causó la Resolución 2334, planteando el caso hipotético de que Israel apoye “la posición de Chile en la disputa por una salida soberana al Pacífico en favor de Bolivia”.

Al respecto, es importante aclarar que no es lo mismo defender el establecimiento de los asentamientos de Israel en Palestina, que son una expresión neocolonial y un obstáculo para lograr una solución biestatal, que defender el legítimo derecho que tiene Bolivia de recuperar su cualidad marítima mediante una negociación, tal como lo prometió Chile en reiteradas ocasiones.

Es decir, no es lógico comparar lo que siente el abusador en un conflicto con lo que siente el abusado en otro, porque, dadas las diferentes visiones y experiencias, resulta prácticamente imposible extrapolar nuestros sentimientos.

Además, las diferencias que existen entre un apoyo estatal, de un gobierno a otro, y una resolución del Consejo de Seguridad, que se aprueba por varios Estados y que sí tiene efectos vinculantes (artículo 25, Carta de la ONU), confirman que la hipótesis que plantea Lapid tampoco tiene sentido de proporcionalidad.

Ciertamente, a diferencia del efecto simbólico que podría tener el primer y único apoyo que el país del Mapocho jamás recibió de otra nación en el tema del mar (no es cierto que existan “partidarios de Chile” en este tema, como afirma Lapid), Israel tiene la obligación de aceptar y cumplir lo dispuesto por la Resolución 2334, incluyendo en especial lo referido a la “cesación completa de todas las actividades israelíes de asentamiento”.

Pero más importante aún, y esto seguramente no lo sopesó Lapid, es que el apoyo de su país a Chile en rea-lidad podría beneficiar a Bolivia.

En efecto, si consideramos que Israel es un país mundialmente conocido por incumplir sus obligaciones internacionales, tal como lo confirmó la Corte Internacional de Justicia en 2004, cuando emitió su opinión consultiva sobre la construcción de un muro israelí en Palestina; y teniendo presente que “la disputa por una salida soberana al Pacífico”, que actualmente se ventila en ese mismo tribunal, versa precisamente sobre los incumplimientos de Chile a varios de sus compromisos y promesas internacionales, un respaldo israelí a la causa chilena podría contribuir a reafirmar la tesis de que Santiago pretende mantener el statu quo de los territorios que a partir de 1879 anexó a sus dominios por la fuerza, aun cuando eso requiera transgredir el derecho internacional, tal como lo hace Israel con territorios palestinos.

De hecho, el apoyo de Israel a Chile sería como que Corea del Norte apoye a Irán en sus planes militares de potenciamiento nuclear, o que el Gobierno de Arabia Saudita respalde los comentarios misóginos y sexistas de Donald Trump; es decir, un apoyo que en lugar de ayudar, perjudicaría.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Entrevistas sobre el libro "Bolivia: un país privado de Litoral"

El día lunes 12 de octubre de 2016, en el salón principal de la Cancillería boliviana, se presentó el libro: Bolivia:un país privado de litoral. Apuntes para un debate pendiente, escrito por Daniel Agramont Lechin, José Peres Cajías, Rodrigo Fernández Ortíz, Marvin Flores Orellana y Andrés Guzmán Escobari; auspiciado por OXFAM y editado por PLURAL. 
A la presentación asistieron las más altas autoridades de la diplomacia boliviana, incluyendo al Presidente Evo Morales y al Canciller David Choequehuanca, sin que ello hubiese sido anunciado o coordinado con los autores que no son parte del partido de gobierno, ni tienen ninguna afiliación política. Al respecto, a continuación dos de la entrevistas de televisión que los autores brindamos a los medios.

Contraparte, Cadena A, 12/12/2016


La Primera de ATB, 13/12/2016


Anoticiando, 14/12/2016

lunes, 5 de diciembre de 2016

EL Problema Portuario Boliviano, la importancia de la infraestructura

El principal obstaculo que efrenta el comercio marítimo boliviano es la insuficiente e inadecuada intraestructura disponible dice el autor.   

Por: Daniel Agramont Lechin 
Publicado en La Razón 

Puerto de Arica, Fuente: La Razón (2015)
En las últimas dos décadas se ha producido un aumento en el reconocimiento de la situación especial que enfrentan los países sin litoral. Tanto en la academia como en organismos internacionales, existe consenso sobre los efectos negativos que tiene la mediterraneidad para el desempeño económico de los países. Una de las conclusiones más claras es que la falta de acceso a costas soberanas tiene el efecto consiguiente de limitar el crecimiento. Como afirma un estudio de la Comisión Económica para el Asia y el Pacífico, “los países en desarrollo sin litoral (PDSL), son confrontados con una serie de restricciones especiales que inhibe su participación en el proceso de globalización” (ESCAP, 2003:1)[1].

Varios estudios que profundizaron el tema encontraron que la variable que mayor significancia ha demostrado es la infraestructura física. En uno de los estudios seminales Behar y Limao[2] (2001) encuentran que para los países sin litoral la infraestructura explica el 60% de los costos de transporte. Además, Limao y Venables[3] determinan que una mejora en la infraestructura puede aminorar hasta en dos tercios las desventajas asociadas a la mediterraneidad.

De acuerdo a la ESCAP (2003:4) el problema específico que se enfrenta es que, “por a su falta de acceso a los puertos marítimos y el costo prohibitivo de carga aérea, los PDSL tienen que confiar en el transporte de mercancías por vía terrestre a través de uno o más países vecinos. Los costes adicionales que origina junto con los problemas de distancia, hacen más costosas las importaciones y exportaciones hacen menos competitivas, poniendo así los países sin litoral en desventaja en la economía mundial.”

En el caso de Bolivia, por los motivos anteriormente expuestos, la aceleración de la globalización, se presentan más como un reto que como una ventaja. Tomando en cuenta la importancia de la infraestructura para reducir los costos de transporte e incrementar el comercio, el obstáculo más grande que enfrenta el comercio boliviano son sin duda los puertos para conectarse al mundo. Si bien se tienen retos para mejora en cuanto a carreteras, el nudo actual para los flujos comerciales son los puertos que el comercio boliviano utiliza en terceros países. Esto debido a la gran cantidad de trabas que imponen y aumento consiguiente de costos y días en el circuito logístico.

Tanto para exportaciones como para importaciones, Bolivia se comunica al mundo casi en su totalidad por puertos del norte de Chile, principalmente Arica, Antofagasta y en menor medida Iquique. A pesar de que en Chile se especula mucho sobre el tema, existen dos motivos claros que explican por qué los flujos de comercio exterior utilizan estos circuitos. En primer lugar, es innegable la importancia del factor geográfico: son los puertos más cercanos. Arica siempre fue el puerto natural de Bolivia y actualmente, tomando en cuenta todos los puertos posibles tanto en el Pacífico como en el Atlántico, y también los nueve departamentos de Bolivia, no hay ninguno que esté ubicado a menor distancia. En segundo lugar, resultado de esta cercanía, durante décadas se conectó al país con infraestructura que tenía como objetivo facilitar la llegada al Pacífico. Entonces, no es raro que actualmente la mayor red de conexión interna sea hacia Puertos de este territorio. Si bien este no es el tema de análisis, es preciso resaltar que esta búsqueda durante décadas de mejorar la conexión de Bolivia con el mundo, hizo que se tenga una dependencia extrema de tránsito y esto, desde un punto de vista geopolítico, fue un gravísimo error.

Analizando ya los puertos mencionados, encontramos que efectivamente la carencia de infraestructura se ha tornado cada vez más problemática, dado el crecimiento exponencial del país en los últimos años y que vino acompañado de un igual aumento del comercio exterior. La privatización de los puertos en Chile no hizo más que agudizar el problema.

Respecto a Arica, tenemos que mencionar que este es el puerto que tiene la mayor cantidad de comercio exterior boliviano, además de la mayor diversificación de productos.  En 10 años casi se triplicó el flujo de carga boliviana (1.137.252 tn en 2005 a 3.068.322 en 2015) y esto no ha venido acompañado de inversiones que permitan un movimiento de carga eficiente. La privatización que tanto reclama Bolivia, y que es contraria al régimen de libre tránsito que establece el Tratado de 1904, entregó las operaciones del puerto a un operador monopólico con un contrato de 30 años que le obligaba a invertir en el puerto, pero resulta claro que las inversiones son marginales e insuficientes.
Lo que sucede actualmente es que ya son cinco años que el puerto está saturado por falta de inversiones en ampliaciones y compra de maquinaria adecuada. Esto es algo que el operador privado reconoció al Estado Boliviano en varias oportunidades, así como la empresa estatal EPA en ALADI. Si bien se tienen meses en que los flujos de carga son menores, la mayor parte del año los despachos y recepciones sufren varios días de retraso. En el caso de las exportaciones, los camiones son forzados a esperar un promedio de 5 días para recién ingresar a puerto y realizar el descarguío. El publicitado problema del cierre de los garajes es sólo una pequeña muestra de los problemas que se suscitan por falta de infraestructura.

En el caso de Antofagasta la situación es peor. Desde 1998 el Estado chileno inicia el traslado de las operaciones para los minerales a un recinto extraportuario a 35 Km. de distancia del puerto. En la práctica esto significó aumentar un eslabón más en el circuito logístico y por lo tanto un incremento en los costos. A partir de este hecho, poco importó la eficiencia que permitía el uso del ferrocarril en todo el trayecto. Específicamente estamos hablando de un aumento en los costos de transporte de 30% para el cinc a 50%  para la plata y el plomo. Para complicar más la situación, este recinto tiene únicamente capacidad de almacenaje para 9000 tn y eso complica a las empresas mineras bolivianas porque no pueden llenar los barcos graneleros que contratan dado que sobrepasan esta cantidad. Y lo más controversial es que actualmente sí se están realizando las inversiones en infraestructura pero únicamente para un proyecto minero chileno que tendrá su depósito dentro del puerto.

El resultado de lo que sucede en ambos puertos es un aumento no sólo en costos monetarios sino también en varios días extra a la cadena logística. Para entender la magnitud de los datos anteriores podemos citar a un estudio del Banco Mundial del año 2006[4] que encuentra que cada día adicional que demora el transporte internacional, reduce los flujos de comercio del país en 1%. Entonces, no nos resulta extraño que Limao y Venables (1999) hayan encontrado que los PSL comercian 60% menos que un país de similares características y que sí tiene acceso soberano al mar.

Ante la situación anterior se evidencia que una de las principales preocupaciones para el Estado boliviano -hasta poder contar con acceso soberano a costas marítimas- debe ser el mejorar el acceso a puertos para sus flujos comerciales y así mejorar la eficiencia para conectarse al mundo. Esta es una prioridad nacional y que debe ser realizada de dos formas paralelas. Se debe seguir insistiendo en el cumplimiento del régimen de libre tránsito por parte del Estado chileno, pero además buscar una vía alternativa de conexión al océano Pacífico y que indefectiblemente será por el sur del Perú.


[1] ESCAP (2003). Transit and trasnport issues in Landlocked and transit developing countries
[2] Behar y Limao (2001). Transport Costs and International Trade. Universidad de Oxford
[3] Lima y Venables (1999). Infrastructure, Geographical Disadvantage and Transport Costs. Banco Mundial
[4] Djankov et. Al. (2006). Trading on Time. Banco Mundial

jueves, 1 de diciembre de 2016

Entrevista a José Rodriguez Elizondo

A principios de 2015, cuando me encontraba realizado un estudio referido al rol de las narrativas maestras de Bolivia y Chile en la formación de sus identidades nacionales, tuve la oportunidad de entrevistar al reconocido periodista y diplomático chileno José Rodríguez Elizondo, a quien había conocido dos años antes, en un consversatorio de intelectuales bolivianos y chilenos, organizado por las Fundaciones Friedrich-Ebert-Stiftung y Siglo XXI, en Santiago.

Rodríguez Elizondo es actualmente uno de los intelectuales chilenos que más conoce la problemática de las relaciones de su país con Bolivia, ha escrito varios libros al respecto, entre los que cuentan: De Charaña a La Haya: Chile, entre la aspiración marítima de Bolivia y la demanda marítima de Perú (2009); Historia de dos demandas: Perú y Bolivia contra Chile (2014); y Todo sobre Bolivia y la compleja disputa sobre el mar (2016). 

En esta última obra, el reputado autor decidió incluir la entrevista de referencia, que se realizó el 30 de abril de 2015 en la Universidad de Chile, debido a que según él mismo, "se convirtió en un diálogo muy revelador". 

Al coincidir plenamente con esa afirmación y quedar altamente honrado por permitirme contribuir a uno de sus trabajos, a continuación transcribo in extenso la entrevista, respetando la edición realizada por el entrevistado.  

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Invasión sin Guerra 

Andrés Guzmán Escobari. ¿Cuál fue el principal detonante de la guerra del Pacífico?

José Rodríguez Elizondo. No tengo la pretensión de definir yo cuál fue el principal detonante de una conflagración que fue la más importante que hemos tenido en América Latina porque ni siquiera los historiadores profesionales se han puesto de acuerdo, hay muchos detonantes que aspiran a ser el principal.

AGE. ¿Ud. tiene alguna opinión al respecto

JRE. Yo niego el detonante único, yo creo en los procesos de conflicto -lo que se llama cursos de colisión-, donde lo que hay que tratar de detectar es dónde empiezan. Si nos remontamos a la historia yo creo que empieza en el propio nacimiento de Bolivia, en la medida en que no tuvo en su estructura geopolítica a Arica.

AGE. ¿Pero sí tuvo mar?

JRE.Tuvo mar, pero no lo aprovechó porque era Arica el objetivo.

AGE. ¿Siempre fue Arica?

JRE. Siempre fue Arica.

AGE. ¿Hubo una invasión?

JRE. Ese es un juego semántico del Presidente Morales que no me parece interesante.

AGE. Ud. cree que no hubo, porque algunos chilenos hablan de ocupación o de reivindicación.

JRE. Aplico el viejo dicho de Deng Xiao Ping: “un gato es un gato porque caza ratones, no importa que sea  blanco o negro”. La guerra del Pacífico fue guerra. Si en algo están de acuerdo los historiadores es que entre Bolivia, Chile y Perú hubo una guerra.  Si el presidente quiere decir que no fue guerra sino invasión, que él explique por qué.
AGE. ¿Pero qué pasó el 14 de febrero de 1879?

JRE. El primer acto de la guerra.

AGE. ¿Qué fue? un desembarco, una ocupación ¿cómo le llamaría?

JRE. Una guerra tiene distintas operaciones bélicas, puede ser un desembarco. Si tú eliges entre las operaciones de guerra la invasión, yo te puedo decir “fue la primera operación de guerra”. Pero sustituir la palabra guerra por invasión, me parece un jugo semántico absurdo. No voy a rectificar a los historiadores que hablan de la Guerra del Pacífico.

¿Justicia o Tratado? 

AGE. Ahora, incluso más subjetivo ¿Mereció Bolivia perder su litoral? ¿Mereció Chile quedarse con él?

JRE. No puedo responder esa temática subjetivista a ciento y tantos años de distancia, porque las causas de esto, como yo las englobo, dentro de un proceso, son diversificadas. Todo fenómeno que concluya en una guerra es el proceso más complejo y sutil de las relaciones internacionales. Como tal, es un  tema de alto interés filosófico pero de muy poco interés práctico. Para lo que viene después, es quedarse estacionado en el pasado y en una etapa del pasado.

AGE. ¿Bolivia suscribió el tratado de 1904 voluntariamente?

JRE. La guerra había terminado, en cuanto a las acciones de guerra, en 1883 y no había ocupación chilena de Bolivia.

AGE. ¿En el litoral? Pero estaba todo el tiempo ocupado, hasta 1904. 

JRE. Chile había tomado el litoral boliviano pero no estaba con sus militares en La Paz, imponiendo un tratado. Ya habían pasado demasiados años para eso. Por lo tanto la situación que se produce es la misma que se produce al término de cada guerra: entre los beligerantes hay uno que está en mejor posición comparativa que el otro, sencillamente, porque ganó la guerra. Cuando se produce una guerra, como decía el Inca Atahualpa “usos son de la guerra, vencer y ser vencidos”. Y si esos son los usos de la guerra, tienen que culminar con un protocolo de fin de guerra que se llama tratado y el tratado se negocia. Es distinto a que el vencedor vaya a la sede del país derrotado y diga “fírmenme este tratado”. Eso sería un tratado impuesto por la fuerza y el de 1904 se negoció durante años, con concesiones del país vencedor y pautas de reciprocidad. Y el presidente que firmó ese tratado de parte de los vencidos fue relegido.

AGE. Aquí la pregunta no es si hubo coacción, la pregunta es si Bolivia lo firmó voluntariamente.

JRE. en todas las actuaciones políticas internas de los países se puede plantear el mismo tema: una ley se aprobó pero  ¿los opositores lo hicieron voluntariamente? Aquí estamos hablando de la ecuación final de un conflicto, que se llama ley en lo interno y se llama tratado en lo internacional. Habrá gente que dice “sí, nos conviene el tratado”, gente que dirá que no conviene, gente que dirá que lo firmó un traidor, gente que dirá que salvó la patria.  

AGE. ¿Y qué dice la versión oficial de Chile?

JRE. La versión oficial de Chile es obviamente que Bolivia firmó voluntariamente el tratado, en los contextos de una post guerra, así como los alemanes firmaron voluntariamente sus tratados y los Estados Unidos hicieron  el Plan Marshall. Nadie va a decir que los alemanes estaban contentos siendo derrotados. Son las realidades de la vida. El irredentismo consiste, Andrés, en no aceptar las realidades cuando son duras, pero uno tiene que verlas cara a cara. Hay que ver la derrota cara a cara.  Si uno no ve la derrota cara a cara no tiene la reflexión necesaria para evitar la continuación de la guerra. Primero hay que evitar la guerra, después hay que dar solución pacífica al conflicto. Así, después de la Segunda Guerra Mundial vino la tregua, la Carta de las Naciones Unidas, etc.   Todo pacto de tregua es voluntario en los términos de la tregua. La tregua no es la paz, sino el fin de las acciones bélicas. Por tanto, si un país que estaba en guerra firma una tregua, es porque voluntariamente dice “no estoy en condiciones de seguir peleando”. O sea, ¿qué sentido tiene la pregunta de  si se firmó voluntariamente un pacto de tregua?... caramba, un pacto de tregua refleja la voluntad de no seguir matándose.

AGE. El sentido de las preguntas, de todas, es ver o contrastar qué piensan los chilenos y los bolivianos, estas mismas preguntas se las he planteado a algunos expertos bolivianos en la materia y me han dado sus respuestas, y ahora quiero saber qué dicen los chilenos, conocer sus percepciones para compararlas y sacar conclusiones.

JRE. Esta pregunta de la tregua es particularmente curiosa, porque, como te digo, si hay algo que es coactivo es la guerra, y cuando dos fuerzas antagónicas llegan a una tregua es porque ya se desangraron lo suficiente como para decir “ya no sigamos peleando”. Tú dirás que es voluntario o involuntario, pero eso es lo de menos.

La culpa 

AGE. ¿Quién tuvo mayor responsabilidad en el fracaso de las negociaciones?

JRE. Nosotros vamos a decir siempre que ustedes y ustedes van a decir siempre que nosotros. Yo digo: curioso tu cuestionario, porque simplemente está pidiendo confesiones de cosas que están superconfesadas. 

AGE. En realidad no está tan claro porque hay bolivianos que dicen que los bolivianos hemos tenido la culpa.

JRE. Si tú lees a Walter Montenegro, es la respuesta dada por un boliviano... “el país de las oportunidades perdidas”. 

AGE. Él es un ejemplo, y también hay chilenos que dicen que Chile tiene la culpa.

JRE. A mí me gusta remitirme a Montenegro, porque lo conocí. Sé qué tipo de boliviano era, qué sutileza, qué conocimiento, qué capacidad para ponerse en el lugar del otro. Yo le rindo homenaje. Cuando yo estaba exiliado en el Perú fui su amigo. 

AGE. Es cierto que tiene una capacidad de autocrítica muy grande, pero en Bolivia se lo critica a él porque sólo analiza unas cuantas negociaciones y las analiza bien. Pero no toma en cuenta otras negociaciones importantes, no hace una revisión exhaustiva y pierde objetividad. Pero bueno es una visión, en Bolivia hay varias perspectivas como también en Chile…

JRE. Para ir más rápido te puedo ir diciendo frente a cada pregunta una reflexión, porque vamos a llegar a lo mismo. Por lo que veo del cuestionario, estamos frente a la pretensión de establecer una verdad absoluta y no hay una verdad, hay muchas. Entonces, ante la pregunta ¿Quién tuvo mayor responsabilidad en el fracaso de las negociaciones? Mi respuesta será siempre: para los bolivianos, Chile y para Chile, Bolivia.

AGE. ¿Y Perú nunca tuvo la culpa?

JRE. Me estás preguntando por Chile. Si tú me pones las negociaciones del tema marítimo y mencionas a los tres actores comprometidos, yo te digo que después de 1929 la negociación se reduce a Chile y Bolivia tratando de ignorar el interés del Perú. Y sucede que el Perú tiene una excusa funcional que es la existencia del Tratado del 29.

AGE. ¿Por ejemplo en la negociación de Charaña, Perú tuvo alguna responsabilidad?

JRE. Tuvo la responsabilidad de definir, primero, si negaba legitimidad a la negociación chileno-boliviana, por el Tratado del 29, Protocolo Complementario. Entonces, definió que podía ser legítima y, acto seguido, tuvo responsabilidad al plantear su propia alternativa, mientras Bolivia y Chile pretendían que dijera sí o no. El Presidente Francisco Morales Bermúdez planteó su propia alternativa: trinacionalización de Arica y, en ese sentido, tuvo la responsabilidad de enfrentar el problema asumiendo su propia capacidad de negociación. Para Bolivia significó que (el Perú) le había boicoteado la negociación y ahí viene lo que dice implícitamente el ex Presidente  Carlos Mesa: caramba ni los bolivianos ni los chilenos nos hemos dado cuenta de que el Perú también juega.

AGE. Entonces, no fue totalmente su responsabilidad.

JRE. Yo te pido que asumas la complejización. Yo nunca te voy a decir sí o no. Que conste que estás grabando mi complejización del tema.

AGE. ¿Y en las negociaciones de la agenda de 13 puntos, quién tuvo mayor responsabilidad del fracaso de las mismas?

JRE. Yo diría que Evo Morales, en la medida en que botó el tablero cuando, un 23 de marzo, declara a El Mercurio que ha tenido muy buenas conversaciones con Chile y ese mismo día, en La Paz, dice que se acabaron las negociaciones con Chile y que va a ir a los organismos internacionales. Entonces yo digo que Evo Morales botó el tablero.

AGE. Pero en ese momento ya estaban interrumpidas

JRE. Bueno, las negociaciones existen, se interrumpen, prosiguen... Toda negociación diplomática sobre temas complejos supone larguísimos plazos, ni siquiera el plazo de un gobierno. La demanda peruana marítima se empezó a fraguar el año 1977 y culminó con la presentación de la demanda el año 2008 ¿Cuántos gobiernos pasaron?

Sin solución perfecta 

AGE. ¿Tuvo alguna vez Chile una verdadera voluntad política por resolver el tema?

JRE. Yo diría francamente que sí. Sería uno de los puntos en los que te diría que sí, que Chile ha querido resolver el tema, pero lo dividido en dos periodos: desde el inicio de la guerra hasta 1929, cuando se dio la política boliviana de Santa María y desde 1929 a la fecha, que está limitado por el Tratado de 1929.

AGE. Y en ambos periodos hubo voluntad.

JRE. Claro, para nosotros si Perú hubiera aceptado nos habríamos desprendido no solo de Arica sino que de Tacna y Arica. 

AGE. ¿Considera posible resolver este problema mediante una negociación?

JRE. No veo otra posibilidad que la negociación diplomática, pero agrego: una negociación diplomática que tenga en cuenta las limitaciones de las partes, o sea que no es bilateral.

AGE. ¿Cree posible que Chile le ceda una salida soberana al mar a Bolivia algún día?

JRE. Creo posible eso, si el Perú está de acuerdo en los términos del Protocolo Complementario de 1929.

AGE. ¿Y por otro sector que NO sea Arica?

JRE. Por otro sector sería imposible si corta el territorio chileno y sería discutible si fuera un enclave. Hay chilenos que son partidarios de los enclaves y hay chilenos que no son partidarios de los enclaves.  

AGE. ¿Y si se plantea digamos un puerto soberano o un muelle soberano? es decir un acuerdo que no modifique el tratado.

JRE. Eso sería un enclave.

AGE. ¿Cree posible que Bolivia deje de reclamar un acceso soberano al mar algún día?

JRE. No. Mi primera respuesta categórica.

AGE. ¿Cuál es el principal obstáculo para alcanzar una solución?

JRE. De nuevo me enfrentas a los absolutos: “el principal obstáculo para alcanzar una solución”. Me niego a responderlo, porque es tan complejo. Esto empieza desde el nacimiento de Bolivia, con la aspiración de Arica que tienen los doctores de Chuquisaca. Pasa por todas las pellejerías que hemos pasado todos los países desde la independencia. Quizás Bolívar fue el principal responsable. 

AGE. ¿Pero en las negociaciones? por ejemplo en Charaña, ¿podríamos identificar un obstáculo principal? 

JRE. No, simplemente nosotros asumimos la responsabilidad de negociar bilateralmente y chocamos con la realidad que dice que el Perú siempre va a plantear su interés.

AGE. ¿Entonces ese quizás podría ser?

JRE. ¿Tú quieres que diga que el Perú fue el principal responsable? No, fuimos nosotros: bolivianos y chilenos.

AGE. No, no, yo digo que quizás el principal obstáculo fue creer que esto lo podíamos resolver bilateralmente cuando no es posible hacerlo.

JRE. No es posible y me remito de nuevo al ex Presidente Mesa. Lee al Presidente Mesa con cuidado, ese texto (en su blog) es muy importante.

AGE. ¿Ud. lo replicó?

JRE. No, no. Yo me sentí muy sorprendido de que un ex Presidente tuviera el coraje de dialogar contradictoriamente con un ciudadano de a pie. Los presidentes siempre eligen dialogar solo con Presidentes, son muy orgullosos.

AGE. Pero Ud. es Rodríguez Elizondo, no es cualquier ciudadano de a pie. Ud. genera una corriente de opinión aquí en Chile.

JRE. ¿Te parece?

AGE. Claro, es conocido en Bolivia.

JRE. Tengo buenos amigos en Bolivia y me siendo muy orgulloso de eso, es gente de mucha calidad. 

Negociar es transigir 

AGE. ¿Estaría de acuerdo con el canje territorial?

JRE. En el marco de una negociación, ya se ha producido un “acuerdo en principio” de Bolivia sobre el canje territorial. Y me parece justo. Pero también preveo que tiene que tener satisfacciones para el Perú. El Perú siempre va a decir “este territorio fue mío, yo tengo presencia en Arica, por tanto no voy a dar gratis mi aceptación, yo también tengo que tener una contrapartida”. 

AGE. ¿Entonces Bolivia también tendría que darle territorio a Perú? 
El tema es si hay intereses comprometidos del Perú o no. Nunca las transacciones de soberanía territorial son gratis. Nosotros siempre hemos dicho que no nos desprenderemos gratuitamente de territorio. Postulamos una negociación que sea conmutativa. En toda negociación se busca la conmutatividad. 

AGE. Todas las partes tienen que beneficiarse y eso es lo que nos ha faltado entender a los bolivianos.

JRE. En eso consiste una negociación. Lo que ustedes han planteado siempre a Chile es una imposición: “yo quiero negociar con ustedes para que ustedes me den esto”. Pero, como eso no es una negociación, hoy día van a la Corte y le dicen a la Corte “dígale a Chile que negocie para darnos esto”. Bueno, de repente la Corte dice que sí, pues uno no puede poner las manos al fuego por los jueces. Pero para nosotros eso no es negociación. La aspiración boliviana se ha traducido en la imposición de un fin y no en una negociación con concesiones recíprocas, Bolivia inclusive dice: “yo no tengo relaciones diplomáticas con usted mientras usted no me dé esto”. Es una tesitura absolutamente insoportable.

AGE. Así es como ustedes lo ven, en Chile se ve como una imposición, Bolivia quiere negociar y quiere negociar de buena fe eso dice la demanda.

JRE. Sí pero una negociación suponer llegar a la mesa con la voluntad de hacer concesiones recíprocas.

AGE. De acuerdo. ¿Cuánto influyeron las diferentes narrativas de la historia en Bolivia y Chile en el fracaso de las negociaciones?

JRE. Ahí sí que te puedo responder asertivamente: mientras tengamos una historia que se esgrime como arma arrojadiza entre nosotros, no podemos generar el mínimo de confianza necesario para tener negociaciones fructíferas.

El juicio ante la CIJ 

AGE. ¿Tiene Chile la obligación jurídica de negociar con Bolivia un acuerdo que le permita a Bolivia acceder soberanamente al mar?

JRE. No.

AGE. ¿Tiene Bolivia posibilidades de alcanzar un resultado favorable?

JRE. Esa es una pregunta que no puede responder nadie, sino los jueces.

AGE. ¿Y usted qué cree?

JRE. Mis creencias son absolutamente anodinas. No tiene importancia lo que yo crea. Además lo he dicho, está por escrito: los jueces son impredecibles y está dentro de las posibilidades que los jueces accedan a la posición de Bolivia. 

AGE. ¿Le parece válida la tesis chilena de la intangibilidad de los tratados?
Ahí te voy a responder asertivamente:  yo creo que esa nomenclatura es equivocada. La palabra “intangibilidad” es una palabra de origen místico. No hay nada hecho por el hombre que sea intangible, por lo tanto, solo los libros sagrados pueden considerarse intangibles. No preveo un cónclave de cardenales para decir que la Santísima Trinidad se redujo a un binomio. Por lo tanto, los tratados de límites se rigen por el pacta sunt servanda, según el cual son obligatorios para las partes, salvo que las mismas partes lo modifiquen. Ahí es donde yo soy crítico de la Constitución boliviana que se auto-autoriza para dejar sin efecto un tratado fronterizo.

AGE. Pero el derecho interno no está por encima del derecho internacional, entonces no habría colisión. Bolivia no puede utilizar su constitución para imponer algo.

JRE. Pero es un acto político altamente significativo. Si sumamos la historia de animadversión, más una constitución contemporánea que dice “nuestra voluntad es desconocer el Tratado de 1904”, tenemos el circulo perfecto por el cual no puede haber solución a la controversia. Yo recurro, académicamente, a una aseveración de sentido común: “hay problemas que tal como se plantean no tienen solución”. Me remito en eso al célebre diplomático norteamericano George Kennan, al inicio de la guerra fría, cuando su gobierno le pedía una receta para el tema del antagonismo estratégico de la URSS con los EE.UU. Entonces Keennan dijo “hay que asumir que hay problemas que no tienen solución”. Y así fue, pues la solución vino entre 1889-1991, cuando implosionó la URSS, no por acciones directas de los EEUU. Así, en Bolivia tienen que darse cuenta de que, cuando plantean el tema de la obligación de Chile de cederle soberanía en Arica, están planteando un problema que no tiene solución.

AGE. En realidad Bolivia no plantea la cesión de un territorio en Arica, Bolivia plantea negociar eso en los términos que indique la Corte.   ¿Cree que Bolivia acatará el fallo si le es desfavorable?

JRE. No, en el sentido de que no va a terminar con la formulación de su aspiración. Esta nació en 1825 y no va a morir por el fallo de 15 jueces internacionales.

AGE. Pero va a acatar el fallo, porque la Corte no le puede imponer que renuncie a su reclamación.

JRE. Si la Corte dice que no tiene derecho Bolivia a pedirle a Chile que negocie una salida soberana, entonces lo ideal, desde el punto de vista jurídico, sería que Bolivia diga “bueno, se acabó esta posibilidad de negociar una salida soberana al territorio, la Corte lo dijo”.

AGE. Pero puede seguir protestando en los foros internacionales, es su derecho. 

JRE. Es una aspiración que se ha incrustado en el ADN de un país y que nace con el país mismo en 1825. Ergo, no va a terminar por un fallo judicial, y yo como abogado, siempre he tenido ese problema con mis colegas que creen que en el derecho está todo. No, el derecho tiene límites.

AGE. Esa aspiración que se ha convertido en parte del ADN de Bolivia, ¿Chile tiene alguna responsabilidad en eso?

JRE. Esa es otra pregunta sobre lo mismo.

AGE. ¿Cree que Chile acatará el fallo si le es desfavorable?

JRE. Ahí tengo una posición personal que no refleja la posición oficial. 

AGE. La de no comparecer ante la Corte, sí, he leído sus artículos, muy interesantes por cierto. 

JRE. Yo creo que Chile no debió asumir el proceso y que tenía facultades para hacerlo: el artículo 53 del Estatuto de la Corte que está reglamentado y todo.

AGE. Es muy interesante esa posición, si Chile lo hubiera hecho no nos hubiesen dejando qué hacer.

JRE. Bolivia habría seguido negociando con Chile. La prisa de Evo Morales de decir que sólo en su periodo se puede resolver un problema que viene del año 1825, es absolutamente irrisoria.

AGE. Pero cuando el Gobierno de Piñera interrumpió las reuniones de la Agenda de 13 puntos, porque eso pasó, en noviembre de 2010,   tenía que realizarse una reunión y Chile la canceló, cerró todo y no le dejó otro camino a Evo Morales.

JRE. Eso es discutible, cada país tiene su propia posición y la mejor prueba para los chilenos está en el posterior 23 de marzo con el doble discurso de Evo Morales.

AGE. Claro, cada país tiene su posición es cierto, pero si lo vemos desde el punto de vista de Bolivia que es el que toma la decisión…

El rol de Alan García 

JRE. Mira Andrés, no olvides la relación boliviano-peruana previa, el tremendo conflicto entre Alan García y Evo Morales, “Alan lo que tú estás haciendo es agrediendo a Bolivia con tu demanda, que es para bloquear la salida al mar de Bolivia”... Y qué es lo que hace Alan García, que es         uno de los Presidentes más inteligentes en América Latina?... “Manuel (Rodríguez Cuadros), tú que co-dirigiste la estrategia de la demanda marítima contra Chile, vete de Embajador a Bolivia”. ¿Y qué es lo que hizo Rodríguez Cuadros en Bolivia? ... Tú debes saberlo mejor que yo.

AGE. Claro, propició un acercamiento y se abrazaron después en Ilo.

JRE. Pero eso es puro aparataje. ¿Qué es lo que hizo?

AGE. ¿Alentó la demanda?

JRE. Les dijo que en vez de estar diciendo que Alan García estaba agrediendo a Bolivia, apoyaran la demanda del Perú o hicieran una demanda propia, pues ahí estaba la solución. Fue una promesa tácita: si el Perú ganaba su demanda Bolivia tenía asegurada una salida por Arica.

AGE. ¿Entonces la idea partió de ahí?

JRE. Lee, estudia lo que dijo Manuel Rodríguez Cuadros en Bolivia y a su regreso al Perú. 

AGE. Sí, yo estuve cuando Rodríguez Cuadros dio una conferencia en Bolivia sobre las posibilidades que teníamos y dijo que podíamos demandar a Chile por las notas de 1950.

JRE. Manuel Rodríguez, a quien conozco, es un tipo muy astuto, muy inteligente y consiguió pleno éxito después de que terminó su misión. Alan García, que había sido motejado de “gordo poco antiimperialista” por Evo Morales y Evo Morales, que había sido maltratado en la réplica de Garcia, se abrazaron y ustedes conquistaron más enclaves en la costa peruano. Fue una obra brillante la de Manuel.

AGE. Es lo que usted dice para evitar “charañazo”. Rodríguez Cuadros va a Bolivia y se acerca o propicia un acercamiento, le ofrece a Bolivia facilidades en Ilo que superan a las facilidades que Chile le concede a Bolivia en cualquiera de sus puertos, en Ilo eran superiores a cualquiera que Chile le da. Claro, después nunca se aprobaron en el congreso peruano, es cierto, pero lo dejaba a Piñera en la posición de tener que mejorar esto, porque Piñera estaba ante la decisión de presentar propuestas concretas, factibles y útiles como se había comprometido y superar lo que había hecho Alan García en Ilo. Pero en lugar de hacer eso decide interrumpir y cancela la reunión, y al mismo tiempo ocurre esto del arresto del General Sanabria que era el zar antidrogas que es una especie de deslealtad, por lo menos así lo toma Evo Morales y después de eso Evo Morales decide anunciar la demanda.

JRE. He planteado en uno de mis libros cómo Evo Morales, tras hacer un juego tan pulcro, sacando ventajas al Perú y a Chile ¡botó el tablero!...En su periodo Evo Morales consiguió más ventajas del Perú de las que la diplomacia boliviana había logrado. Incluso le sacó la promesa de una academia naval militar y de que los buques de guerra bolivianos pudieran pasearse por los puertos peruanos. No eran cosas menores y de ahí mi reflexión. Eso, que se consigue con muchos años de diplomacia, lo consiguió Evo en su periodo.  Pero luego cree que tiene amarrada la virgen en un trapito y bota el tablero. Se sintió tan fuerte, con tanto gas, con tantos recursos y dijo “hasta acá llego yo”.

AGE. ¿Fue tal vez algo de orgullo?

JRE. Nunca reduzco los temas al subjetivismo. porque lleva a pensar equivocadamente. No, son cosas de la toma de decisiones en ciertos contextos. Yo soy un realista de la política internacional. Todo gira con base en los contextos de la realidad y con distintas motivaciones.

AGE. ¿Pero no podemos hablar tal vez de una reacción hormonal, por lo menos en Evo Morales? 

JRE. Podría decir mil cosas subjetivas de Evo Morales. Pero eso no interesa en el análisis serio.

AGE. ¿Me respondió? ¿Chile acatará el fallo si le es desfavorable?   

JRE. Sí, teóricamente tendría que acatar un fallo desfavorable con lo cual quedaríamos obligados a negociar. Pero ahí viene lo que yo he llamado, en mis textos, “rizar el rizo”. La solución que puede dar la Corte no es “dele Chile un pedazo de territorio a Bolivia”, sino “negocie con Bolivia”. Entonces, ambos se sientan a negociar y Bolivia dice “la Corte quiere que Ud. me ceda un pedazo de territorio” y Chile responde  “¿por dónde sería?  Si resulta que es por Arica, vendría la réplica: “pero entonces yo tengo que ponerme de acuerdo con Perú”. Y llegamos a lo que decía George Kennan: “hay problemas que no tienen solución”. 

AGE. “Tal como se los plantea”... si Bolivia sale con una buena propuesta que le interese a Chile y que también le interese al Perú…

JRE. Ahí se acabó el problema.

AGE. Kennan tiene razón: es cómo se lo plantea.

JRE. Pero también viene el problema de si el Perú va a participar o no. Recuerda que según los procedimientos de la Corte, los terceros interesados pueden intervenir en cualquier momento del pleito. Si el Perú dice “bueno aquí se están jugando mis derechos en Arica”, puede intervenir. El futuro no está cerrado.  

AGE. ¿Chile cumple sus tratados con Bolivia?

JRE. A nuestro juicio sí.

AGE. ¿Bolivia cumple sus tratados con Chile?

JRE. Bolivia está recibiendo beneficios de sus tratados con Chile, ¿a eso se refiere la pregunta?... si tenemos ferrocarril, si les concedemos las franquicias portuarias… Bolivia en este sentido está recibiendo los frutos del Tratado de 1904.

AGE. Entonces sí cumple.


JRE. Chile está cumpliendo

AGE. ¿Y Bolivia?

JRE. La contrapartida sería que tenga un comportamiento correcto en la medida en que se está cumpliendo el Tratado, pero no lo ha tenido. Al manifestarse contraria al Tratado de 1904, constitucionalmente, yo no podría decir que Bolivia está cumpliendo con acatar ese tratado. Está tratando de socavarlo. Incluso Evo Morales ha dicho que es un tratado muerto… ¿cómo voy a considerar que Bolivia cumple el tratado si lo declara difunto?

Identidades en pugna 

AGE. ¿Consideran los bolivianos que Chile es su enemigo?

JRE. Como siempre, te relativizo: yo digo “parte de los bolivianos”.

AGE. ¿Y sería la mayoría?

JRE. No estoy en condiciones de responder si es la mayoría o no, pero sociológicamente hablando, por la educación escolar, tendría que ser la mayoría.

AGE. ¿Consideran los chilenos que Bolivia es su enemigo?

JRE. No.

AGE. ¿Tienen los chilenos un sentimiento de culpa hacia Bolivia?

JRE. Algunos chilenos.

AGE. ¿Cuáles?

JRE. Una minoría que cree en un internacionalismo romántico.  

AGE. ¿Los de la izquierda?

JRE. Están más en la izquierda que en la derecha.

AGE. ¿Tienen los bolivianos ansias de revancha hacia Chile?

JRE. Yo creo que parte de los bolivianos tienen ansias de revancha, me basta con leer a Becerra de la 
Roca.

AGE. Ah sí, él es el Villalobos boliviano.

JRE. Comparado con Becerra de la Roca, yo diría que Villalobos es un evangelista. 

AGE. ¿Qué puede decir respecto a la educación que se imparte en ambos países respecto a las identidades nacionales y a la historia?

JRE. No me quiero meter en el tema de las identidades nacionales por lo que ya te expresé. Es un tema de tal vastedad, de tal complejidad sociológica, política, geopolítica, etc., que no entiendo muy bien lo que quiere decir una persona que habla de identidad nacional.

AGE. Pero los imaginarios de la sociedad, ¿no se puede hacer una generalización? Y decir esto piensan en general los chilenos…

JRE. Puede, en algún momento de la historia, decirse que todos piensan lo mismo, pero la realidad es tan matizada y depende tanto de la coyuntura que, como se dice en política, una semana es demasiado tiempo. Se pueden producir cambios espeluznantes en los talantes nacionales en periodos muy cortos. 

AGE. ¿Entonces sobre la educación no hay nada que decir?

JRE. Lamento profundamente que los niños bolivianos estén siendo educados en una especie de antagonismo de ADN respecto a Chile. No es el caso de Chile. Nuestra educación no tiene orientación anti-boliviana ni anti-peruana.
(En ese momento Rodríguez Elizondo se dirige a un alumno suyo, Diego Ibarrola, que se encontraba en la sala:
-      JRE. Tú que eres joven, ¿fuiste educado con algún elemento de anti-bolivianismo cuando niño?
-      DI. No.
-      AGE. ¿Cuándo te enseñaron te dijeron que Bolivia tuvo mar por ejemplo? ¿O te enseñaron que Bolivia nunca tuvo mar?
-      DI. Me parece que sí, que se enseña que no tuvo. No recuerdo tanto, pero lo que sí tampoco se enseña como un sentimiento de superioridad. Tampoco podría decir que se enseña como un sentimiento de culpa, se enseña como un hecho: la guerra del Pacífico fue esto y esto fue lo que pasó, y éstos son los resultados. No hay sentimentalismo de culpa ni tampoco de odio, para nada.

JRE. Ahí tienes un testimonio. Yo tampoco recuerdo haber recibido ninguna inducción con respecto a Bolivia. Tampoco recuerdo si me decían si tuvo mar o si no tuvo mar, lo cual para los niños son pelos de la cola. Lo que importa es la formación de ellos. Yo he visto cómo enseña una maestra boliviana y me da una pena espantosa. Los niños terminan cantando el himno del mar que induce no solo una salida soberana al mar, sino la recuperación de Tocopilla, Mejillones… ¿tú conoces ese himno?

AGE. La marcha naval, sí claro, me la enseñaron en el colegio.  

JRE. Imagínate, ustedes son formados en eso.

Irredentismo 

AGE. Esta es una pregunta que la saqué de leerlo a usted ¿Tiene Bolivia una postura irrendentista?

JRE. No lo digo yo, lo dicen ustedes.

AGE. ¿Existe un aire de superioridad de Chile hacia Bolivia?

JRE. Yo no tengo ningún aire de superioridad con respecto a Bolivia, ni mis amigos tampoco.

AGE. ¿Y el gobierno?

JRE. Tampoco, hay chilenos que pueden tener ese aire de superioridad, pero cada país tiene gente prepotente en su interior.

AGE. ¿Y no es la mayoría?

JRE. Yo creo que no tenemos esa prepotencia en la mayoría, hay chilenos prepotentes, hay chilenos antipáticos, hay chilenos pesados.

AGE. ¿Existe una cultura de victimización de parte de Bolivia hacia Chile?

JRE. También aquí te voy a responder asertivamente: yo creo que sí, en términos generales. Por la educación, les viene un irredentismo que es casi equivalente a la auto-victimización.

AGE. Algunos de los bolivianos me han respondido que efectivamente existe esta victimización, pero que viene de hechos que efectivamente nos han puesto como víctimas, es decir que es una victimización que tiene justificativos legítimos.  ¿Qué piensa Ud.?

JRE. Pero eso que tú dices es como decir “sí yo me he victimizado es porque ustedes me hicieron víctima”.  Es el clásico efecto-espejo  ¿Por qué no reaccionan frente a eso?, ¿por qué no surgen nuevos líderes como Víctor Paz Estenssoro, para quien reducir el subdesarrollo a la falta de acceso soberano al mar era un error. Paz ponía el énfasis en explotar mejor las riquezas y la posición geopolítica espectacular de Bolivia en el continente. Fue una cosa muy seria la prédica de Paz Estenssoro cuando era revolucionario. Yo no sé si tú alcanzaste a estudiar las bases del MNR.

AGE. Claro, la tesis del fortalecimiento previo, que era primero desarrollar y luego conversar con Chile de igual a igual.

JRE. Es la lógica de la política no autovictimizante. Como decir: no nos preocupemos de ser víctimas de los señores chilenos, desarrollémonos y cuando seamos fuertes hablamos de tú a tú con los chilenos.

AGE. Pero fracasó.

JRE. Triunfaron los auto-victimizados y el mismo Paz Estenssoro cambió cuando viejo.

AGE. Claro, cuando volvió comprendió que lo mejor es negociar.

JRE. Yo tengo grandes próceres bolivianos en mi currículo de estudio y el Paz Estenssoro de aquella época era muy notable.

Tema pendiente 

AGE. ¿Existe una tendencia en Chile a desconocer los temas pendientes con Bolivia?

JRE. En política internacional, los temas de la agenda con los países vecinos no están en el conocimiento general. Son temas que se tramitan en la discreción de las Cancillerías. Por eso, si tú me preguntas si existe una tendencia nacional a desconocer los temas pendientes, yo digo que la gente no sabe, el chileno de la calle no sabe, no tenemos vocación internacionalista en nuestros países.

AGE. ¿Y en la Cancillería?

JRE. Por profesión tienen que saber con quién tenemos temas pendientes. No podrían desconocerlos, es su “chamba”. Otra cosa es que sean poco comunicativos.

AGE. Pero, por ejemplo, los temas del Silala y el Lauca, son temas que Chile no quiere conversar.

JRE. Si tú le haces esa pregunta al chileno de la calle te va a decir ¿Qué es eso? ¿Qué es el Silala? Tienes que reducirte a quienes deben saberlo.

AGE. ¿Pero reconocen la existencia del problema?

JRE. Pero por supuesto, si está en los libros: no tenemos relaciones formales por las aguas del Lauca.

AGE. ¿Existe un adoctrinamiento reivindicacionista en Bolivia?


JRE. Sí, eso está claro.