domingo, 16 de agosto de 2015

Las relaciones diplomáticas que ofreció Chile

Por: Andrés Guzmán Escobari
Según Guzmán, el restablecimiento de relaciones diplomáticas conviene más a Chile que a Bolivia.

Las palabras del papa Francisco respecto al tema marítimo boliviano obligaron a Chile a cambiar de actitud frente a nuestro país y su canciller, Heraldo Muñoz, ofreció relaciones diplomáticas inmediatamente y "sin condiciones”. Ese ofrecimiento sin embargo, lejos de representar un paso hacia la solución del problema que provocó la interrupción de los vínculos diplomáticos entre ambos países y al cual se refería el Papa innegablemente,  fue tan sólo una medida distractora del Gobierno chileno, avalada por su Congreso, que no se manifestó con la voluntad política de la que tanto habló el ministro Muñoz en los medios de comunicación. Veamos por qué. 
Primero, el referido ofrecimiento nunca se oficializó, fue comunicado a las autoridades bolivianas por el mismo Muñoz a través de una emisora radial chilena y mediante el Twitter. No hubo una nota diplomática ni un comunicado oficial que nos permitiese presumir que se trataba de un ofrecimiento serio y formal,   y eso, a pesar de que el canciller David Choquehuanca y el presidente Evo Morales solicitaron su formalización.   
Segundo, si bien en un principio Muñoz dijo que la reapertura de embajadas en uno y otro país debe aplicarse "sin  condiciones”, muy pronto aclaró que el diálogo no incluiría modificación territorial alguna. Lo cual impuso una condición que en los hechos no permite tratar el problema que más le interesa resolver a Bolivia: el enclaustramiento geográfico. Además, esa condición de no modificar límites demuestra que restablecer vínculos diplomáticos es mucho más conveniente para Chile que para Bolivia, pues estratégicamente, nuestro país pierde de entrada un elemento de negociación que es el mismo restablecimiento de relaciones diplomáticas (que a Chile le interesa para consumar sus planes de liderazgo regional) y porque políticamente, la reapertura de embajadas sería recibida en Bolivia como un retroceso o una claudicación dado que, con la única excepción de lo ocurrido al iniciar las negociaciones de Charaña en 1975 (que fue un fracaso), nuestra diplomacia siempre ha supeditado dicho restablecimiento a la previa resolución del tema marítimo. 
Aun así, si Chile hubiese actuado de buena fe y con una verdadera voluntad política, es decir si hubiera ofrecido relaciones diplomáticas formalmente y realmente sin condiciones (como lo hizo Pinochet en 1975), Bolivia habría tenido que retirar su demanda de la Corte Internacional de Justicia, pues se habría logrado precisamente lo que solicita dicha demanda: una negociación de buena fe para alcanzar un acuerdo que le devuelva a nuestro país una salida soberana al océano Pacífico. En ese caso, como es natural, la continuidad de las relaciones diplomáticas habría quedado subordinada al éxito de esa negociación.  
Tercero, después de que Evo Morales aceptó reanudar las relaciones a nivel de embajadores para que en cinco años se resuelva el tema marítimo, con una salida soberana al mar para Bolivia y con la garantía del papa Francisco, el canciller Muñoz rechazó ese planteamiento porque contrariaba la condición impuesta por él mismo, de reanudar vínculos diplomáticos "sin condiciones”. Lo cual confirmó su vago o nulo interés porque ambos países logren un acercamiento en los términos sugeridos por el Papa. 
Cuarto y muy ligado al anterior, es la tendenciosa interpretación que hizo el canciller Muñoz del planteamiento de Morales, pues aseguró que no se puede nombrar a "un mediador” (Morales dijo garante) en referencia al papa Francisco, porque lo impide la subsistencia de un juicio ante la CIJ de La Haya y porque, según el actual Gobierno de Chile, no existen temas pendientes entre ambos países. En los días posteriores, si bien Morales aclaró que había propuesto al Papa como garante y no como mediador, Muñoz continuó refiriéndose al tema de la supuesta "mediación papal”. 
Quinto, una vez que Evo Morales puso bajo sospecha al cónsul general de Chile en La Paz, Milenko Skoknic, por las reuniones que éste sostuvo con opositores bolivianos,  el canciller chileno aprovechó para desentenderse del ofrecimiento realizado. En efecto, Muñoz aseguró que lo dicho por Morales respecto a Skoknic era una respuesta a sus ofertas y sentenció: "Nos vemos en La Haya”. Esto último en referencia a la Corte que según él mismo no tiene competencia para conocer la demanda marítima boliviana. No obstante, al día siguiente, Muñoz dijo: "No se puede cerrar ninguna puerta” (TVN,  6/08/2015). Lo cual, a su vez, contradecía lo que había manifestado en abril de 2014, respecto a que la puerta de la salida al mar para Bolivia "está cerrada para siempre” (CNN Chile, 24/4/2014).
Por estos cinco motivos, y más allá de las acciones acertadas o desacertadas que en el proceso cometieron las autoridades bolivianas (el caso Skoknic seguía bajo investigación cuando se terminó de escribir este artículo), queda claro que el ofrecimiento informal y condicionado de Chile no fue un ofrecimiento genuino y de buena fe. El gobierno de La Moneda fue forzado a mostrar voluntad política y sacó esa carta que guarda bajo la manga para estos casos: el ofrecimiento de relaciones diplomáticas. Pero tan pronto tuvo la oportunidad de rehuir de ese ofrecimiento lo hizo, se desentendió como tantas veces lo había hecho antes de sus compromisos y promesas sobre el tema del mar, y esta vez, dejando en evidencia que no está dispuesto a seguir los consejos del papa Francisco en cuanto a iniciar un diálogo "franco y abierto” respecto al tema del mar.

domingo, 19 de julio de 2015

"Estoy pensando en el mar"

Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Pagina Siete

Hace dos semanas escribí un artículo sobre la visita del papa Juan Pablo II a Bolivia en 1988. En él hacía referencia  a las palabras emitidas por el entonces Sumo Pontífice en relación al enclaustramiento geográfico boliviano y a la forma en la que Chile rechazó su mediación ese mismo año.
El artículo termina señalando que del papa Francisco "no esperamos mucho más de lo que hizo su antecesor, pero tampoco nada menos”. 
Hoy, después de recibir el obsequio de una segunda visita papal, no nos queda más que agradecer piadosa y encarecidamente a Su Santidad por los esfuerzos realizados que, en términos de apoyo a la demanda marítima boliviana, han superado incluso lo hecho por Juan Pablo II. Ciertamente, Francisco no sólo habló del tema marítimo de manera clara e incontrovertible, sino que coincidió plenamente con el espíritu de la demanda boliviana presentada ante la Corte Internacional de Justicia que, valga precisar, solicita una negociación formal, puntual y efectiva con Chile, que se realice de buena fe y en un tiempo razonable. 
En su alocución de la Catedral de La Paz, el Papa dijo que todos los problemas por más "espinosos” que sean, tienen soluciones "compartidas, razonables, equitativas y duraderas” y luego complementó: "el diálogo franco y abierto de los problemas hoy es indispensable… y estoy pensando acá en el mar… [el] diálogo es indispensable” (Página Siete, 9/09/2015). 
Estas históricas declaraciones, que suenan como música celestial en Palacio Quemado, pero que al mismo tiempo se escuchan como agudas estridencias en La Moneda, fueron reconfirmadas por Su Santidad en su regreso al Vaticano con las siguientes palabras: "Hay una cosa que quiero dejar clara, yo en la Catedral de Bolivia toqué ese tema de una manera muy delicada teniendo en cuenta la situación del recurso al tribunal internacional. Y recuerdo perfectamente el contexto, ‘los hermanos tienen que dialogar, los pueblos latinoamericanos dialogar para crear la Patria Grande, y el dialogo es necesario’, ahí me detuve, hice un silencio y dije ‘pienso en el mar’ y continué, ‘diálogo y diálogo’.  O sea, quiero que quede claro que mi intervención fue un recuerdo a ese problema pero respetando la situación como está planteada ahora, estando en un tribunal internacional  no se puede hablar de mediación ni de facilitación, hay que esperar”.   
Seguidamente, la periodista boliviana  Priscila Quiroga  preguntó: "¿sobre el anhelo? ¿Es justo o no el anhelo de los bolivianos?”.
Francisco: "Siempre hay una base de justicia cuando hay un cambio de límites territoriales y sobre todo después de una guerra, entonces hay una revisión continua. No es injusto plantearse una cosa de ese tipo, ese anhelo” (Video publicado por Priscila Quiroga en su cuenta de Facebook, 13/07/2015). 
El revuelo que causaron estas declaraciones en Chile fue impresionante, miles de chilenos expresaron furiosamente su descontento en las redes sociales, recordando principalmente la sangre derramada por sus soldados en la Guerra del Pacífico, cuestionando la autoridad del Papa en este asunto y emitiendo los más injuriosos comentarios respecto a Evo Morales y a la Argentina, por ser el Papa nacional de ese país. 
El único que se mostró satisfecho fue el canciller Heraldo Muñoz que dijo: "No tenemos ninguna incomodidad con las palabras del Papa” y sacó la carta que la diplomacia chilena guarda debajo la manga para estos casos: el ofrecimiento de relaciones diplomáticas, y esta vez "de inmediato” y condicionado a que sea "sin condiciones”.  Dicho ofrecimiento, que fue realizado a través de los medios de comunicación y del Twitter, fue respondido con escepticismo e incredulidad por el canciller boliviano, David Choquehuanca, no sólo por su informalidad, sino también porque el ministro chileno había dicho en abril de 2014 que era "imposible” retomar las conversaciones con nuestro país sobre el tema marítimo (punto 6 de la Agenda de 13 puntos), mientras estuviese en curso la demanda judicial ante la Corte Internacional de Justicia y que la puerta de la salida al mar para Bolivia, "está cerrada para siempre” (CNN Chile, 24/04/2014).  
Al respecto, también cabe recordar que Muñoz hizo importantes esfuerzos por impedir que el Papa hable del mar durante su visita a Bolivia. No estuvo en La Haya durante el segundo día de los alegatos orales por la objeción preliminar presentada por su país  porque fue al Vaticano a intentar que el Sumo Pontífice se mantenga "neutral” en este asunto y también para coordinar la visita de la presidenta Bachelet que, con ese mismo propósito de evitar pronunciamientos a favor de la causa marítima boliviana, se llevó a cabo en junio pasado. Además, un día antes de la llegada del Papa a La Paz, Muñoz advirtió: "Lo que corresponde es la no injerencia, la neutralidad, cualquier otra cosa no corresponde” (Emol, 08/07/2015). 
Pero aquí lo que se debe destacar no es la ineficacia de la diplomacia chilena por evitar los apoyos a la causa marítima boliviana, sino sobre todo la evidencia cada vez más clara e inobjetable de que existe un tema pendiente entre Chile y Bolivia: el problema marítimo boliviano. Dicho problema, que ya fue comentado por dos papas y muchos otros líderes del mundo, debe resolverse en una negociación de buena fe o, lo que es lo mismo, en un diálogo "franco y abierto”, por el bien de Bolivia, de la Patria Grande y también de Chile.

domingo, 5 de julio de 2015

El Papa Juan Pablo II y el mar Boliviano

Por: Andrés Guzmán Escobari 
Publicado en Pagina Siete
Guzmán recuerda el contexto social y político de la demanda marítima en 1988, cuando otro Papa, Juan Pablo II, visitó Bolivia.
Juan Pablo II y el mar boliviano
Como muchos recordarán, en mayo de 1988 se produjo la primera visita del máximo líder de la Iglesia Católica a Bolivia. El papa Juan Pablo II llegó a La Paz en un momento en el  que, al igual que hoy, nuestras relaciones con Chile se encontraban seriamente deterioradas por la absoluta cerrazón del Gobierno de ese país a negociar una solución para el tema marítimo.
En efecto, poco antes, el gobierno chileno de Augusto Pinochet se había mostrado dispuesto a tratar el tema marítimo con un "enfoque fresco”, tal como lo había propuesto el entonces presidente de Bolivia, Víctor Paz Estenssoro, en consonancia con las resoluciones de la OEA, referidas al "Problema Marítimo Boliviano”, que habían sido aprobadas por Chile (1980, 1981 y 1983).   
En ese sentido, el Gobierno de Uruguay ofreció sus buenos oficios para propiciar el acercamiento boliviano-chileno que se produjo finalmente en Montevideo en un encuentro de cancilleres celebrado en abril de 1987. En esa oportunidad La Paz propuso a Santiago la cesión de un corredor al norte de Arica o de un enclave fuera del territorio donde  Perú tiene derecho de veto para una eventual cesión territorial de acuerdo al Protocolo chileno-peruano de 1929. En compensación, Bolivia ofrecía compartir "los recursos hídricos existentes en la cuenca del Altiplano boliviano preservando primordialmente el equilibrio ecológico, el clima y las necesidades vitales de las poblaciones bolivianas, así como los convenios internacionales existentes”, todo ello como parte de "una real y fructífera integración física, económica y cultural” con Chile y Perú.  

Después de un intenso análisis de la propuesta boliviana, el gobierno de La Moneda decidió rechazarla en todos sus extremos, y aunque no se ofrecieron explicaciones en el comunicado oficial publicado por la Cancillería chilena, el presidente Pinochet dijo unos días después en referencia al territorio de Arica: "Cada pedazo de tierra de esta zona es seguro que tiene manchas de sangre de los que cayeron luchando por conquistar el territorio, y no lo vamos a entregar nosotros porque nos piden o nos ordenan. Aquí no nos ordena nadie. Somos soberanos de hacerlo”.
Ante esa situación los Estados de la OEA lamentaron el fracaso del diálogo y se hicieron varios esfuerzos por contribuir a su restablecimiento, uno de ellos el del papa Juan Pablo II que ofreció su mediación y que durante su visita a Bolivia pronunció las siguientes palabras: "La comprensión se hace más fácil y fructífera cuando surge de un espíritu sincero de solidaridad; de esa solidaridad que hermana a todos los hombres que habitamos este mundo, destinado por el Creador para que todos podamos participar de sus bienes en forma equitativa…  sólo así, sobre el fundamento de la justicia y la solidaridad y con el esfuerzo de la comprensión mutua, es posible sentar las bases estables de equilibrio para edificar una comunidad internacional, sin permanentes y graves zozobras, sin dramáticas inseguridades, sin conflictos de irreparables consecuencias… sólo así podrían hallar adecuadas soluciones los problemas latentes en diversas partes de Latinoamérica, como ciertas disputas fronterizas o la cuestión de la mediterraneidad de Bolivia” (Carrasco, 1991: 371). 
Bolivia agradeció y aceptó inmediatamente el ofrecimiento del Papa. No obstante, Chile lo rechazó. Según el historiador chileno Sergio Carrasco (1991: 371), el gobierno de La Moneda no aceptó la mediación papal por considerarla "improcedente”, "por no existir una controversia pendiente entre ambos países y estar regidos por el Tratado de 1904, que resolvió todos los asuntos limítrofes”. Es decir una posición muy similar a la que hoy mantiene el Gobierno chileno, pero que no siempre fue la posición oficial como bien sabemos los bolivianos. 
A pesar de que los loables esfuerzos de Juan Pablo II por propiciar un entendimiento entre Bolivia y Chile relativo al tema marítimo no lograron su propósito en aquella ocasión, sí contribuyeron a confirmar la existencia de un problema pendiente entre ambos países que es necesario resolver mediante negociaciones. A propósito de la próxima visita del papa Francisco a nuestro país, de quien no esperamos mucho más de lo que hizo su antecesor en este tema, pero tampoco nada menos.

martes, 26 de mayo de 2015

La doctrina boliviana del arreglo negociado

Por: Andrés Guzmán Escobari 
Ricardo Jaimes Freyre (1923)
Hace poco, el expresidente Carlos Mesa destacó la importancia que tuvieron los esfuerzos realizados por los diplomáticos bolivianos de otras épocas en la demanda que el gobierno de Evo Morales presentó ante la Corte Internacional de Justicia. Efectivamente, desde el mismo día de la invasión, en 1879, el propósito de recuperar un acceso soberano al mar se convirtió en la cuestión más importante de la política exterior boliviana, y desde entonces ha concentrado la atención no sólo de nuestros gobernantes, sino también de varios intelectuales y académicos bolivianos que, en todos estos años, han diseñado una doctrina, la del arreglo negociado, que se ha consolidado como la estrategia oficial de la reintegración marítima y que es actualmente una política de Estado seria y coherente. 
En efecto, la doctrina del arreglo negociado fue puesta en la práctica por Heriberto Gutiérrez (1892-98), Carlos Gutiérrez (1920), Jaimes Freyre (1923), Alberto Gutiérrez (1926), Alberto Ostria Gutiérrez (1946-51), Hugo Banzer (1975-78 y 2000), Guillermo Gutiérrez (1975-76), Adalberto Violand (1976-77), Javier Murillo (2000) y Evo Morales (2006-2010).
Todos estos hombres construyeron la demanda, porque son quienes le arrancaron a Chile un compromiso de negociar una solución para el tema marítimo boliviano, y por tal motivo les debemos rendir homenaje. No obstante, no podemos olvidar a otros personajes de nuestra historia que a pesar de haberlo intentado, es decir, a pesar de haber planteado al gobierno de Santiago un arreglo negociado, no tuvieron éxito, pues se encontraron con la tozudez secante e incomprensiva del interlocutor.
Hablamos de Mariano Baptista (1882 y 1891), Daniel Sánchez Bustamante (1910), Ismael Montes (1912), Bautista Saavedra (1921), Macario Pinilla (1922), Enrique Peñaranda (1943), Jorge Escobari (1953), Eduardo Arze (1962), José Fellmann (1963), Mario Gutiérrez (1972), José Ortiz (1983), Gustavo Fernández (1984), Guillermo Bedregal (1986), Jorge Siles (1986), Horst Grebe (1997), Carlos Mesa (2004) y Juan Ignacio Siles (2004).
Jorge Escobari Cusicanqui (1953)
Pero, además de los esfuerzos diplomáticos, también es importante reconocer el trabajo de quienes le dieron un marco teórico a la doctrina del arreglo negociado, entre quienes destacan Daniel Sánchez Bustamante (1910 y 1912), Eduardo Diez de Mediana (1923 y 1931) y Alberto Ostria Gutiérrez (1953), que establecieron las bases de una verdadera política de Estado boliviana, todavía vigente, que, en buenas cuentas, señala que Bolivia hará todo cuanto le sea posible por obtener un puerto sobre el océano Pacífico, y para ello, dadas las características y antecedentes del problema, se plantea una negociación con Chile, en la cual ambos países, y de ser necesario también Perú, conforme al Protocolo chileno-peruano de 1929, obtengan beneficios relativamente equitativos.
De hecho, el espíritu de esta doctrina fue transcrito en la Resolución 426 de la Asamblea General de la OEA, aprobada por más de 20 países, en La Paz, en 1979, que consagra al Problema Marítimo Boliviano como "un asunto de interés hemisférico permanente” y que resuelve: "Recomendar a los Estados a los que este problema concierne directamente, que inicien negociaciones encaminadas a dar a Bolivia una conexión territorial libre y soberana con el océano Pacífico. Tales negociaciones deberán tener en cuenta los derechos e intereses de las partes involucradas y podrían considerar, entre otros elementos, la inclusión de una zona portuaria de desarrollo multinacional integrado y, asimismo, tener en cuenta el planteamiento boliviano de no incluir compensaciones territoriales”. 
De igual forma, es importante mencionar a quienes contribuyeron a comprender que las promesas incumplidas de Chile pueden generar una obligación exigible no sólo por una lógica moral, sino también jurídica. En esto fue fundamental el aporte de Jorge Escobari Cusicanqui, que ya en 1964 enumeró y analizó críticamente siete compromisos chilenos faltos de cumplimiento que, al cabo de unos años, se convirtieron en "las diez burlas de Chile” (Escobari, 1988); continuaría después con Wálter Guevara Arze, que en 1979 escribió sobre la obligación de negociar que tiene el país del Mapocho, porque con las facilidades de tránsito que otorgan las convenciones multilaterales para los países sin litoral, el Tratado de 1904 ha perdido su razón de ser en cuanto al libre tránsito que le otorga a Bolivia; y sería brillantemente coronada con el trabajo de Ramiro Orías Arredondo, quien el año 2000 escribió por primera vez sobre la idea de recurrir a la justicia internacional para exigir el cumplimiento de las promesas chilenas sobre la base de la teoría de los actos unilaterales.  
Ramiro Orias (2011)
A todos los nombrados se suman otros bolivianos comprometidos con la causa marítima que contribuyeron ya sea aportando a la abundante bibliografía que tiene este tema y/o ocupando un cargo diplomático, como es el caso de Narciso Campero, Severo Fernández, Luis Fernando Guachalla, Luis Espinoza y Saravia, Froilán Zambrana, Sabino Pinilla, Demetrio Canelas, Franz Tamayo, Miguel Mercado, Manuel Elío, Fernando Diez de Medina, Adolfo Costa Du Rels, Hernando Siles, Daniel Salamanca, Roberto Prudencio, Alberto Alipaz, Federico Nielsen, Alberto Crespo, Franz Ruck, Juan José Torres, Juan Siles, Roberto Querejazu, Jorge Sanjinés, Fernando Iturralde, Mario Velarde, Ricardo Anaya, Wálter Montenegro, Édgar Camacho, Mario Rolón, Gonzalo Romero, Jorge Soria Galvarro, Agustín Saavedra, Carlos Iturralde, Carlos Antonio Carrasco, Fernando Salazar, Jorge Gumucio, Rodolfo Becerra de la Roca, Antonio Araníbar, Carlos Trigo, Felipe Tredinick, Fernando Cajías, Fernando Messmer, Armando Loaiza, Ramiro Prudencio y Sergio Alberto Fernández, entre otros. 
Por último, no podríamos dejar de mencionar al agente boliviano ante la CIJ, Eduardo Rodríguez Veltzé, que tuvo una excelente participación en los alegatos orales sobre la objeción de competencia chilena y que nos representa dignamente a todos los bolivianos en ese alto tribunal; y, naturalmente, también aludir al presidente Evo Morales, quien tuvo el coraje y la visión política de presentar la demanda, sentar a Chile en el banquillo del acusado y reponer al tema marítimo boliviano en la agenda de temas pendientes a nivel mundial, lo cual, aun cuando la Corte rechace nuestra solicitud, ya es un gran paso en este largo y difícil camino hacia el mar.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Alegatos orales de Bolivia y Chile ante la CIJ, por la objeción preliminar cihilena

Entre el 4 y 8 de mayo del 2015 se llevaron a cabo los alegatos orales correspondientes a la objeción preliminar de competencia interpuesta por Chile en el proceso iniciado por Bolivia el 24 de abril de 2013 en la Corte Internacional de Justicia.
Con tal motivo me realizaron las siguientes entrevistas, ambas del 6 de mayo de 2015.  






¡La Corte de La Haya tiene competencia?!

Por: Andrés Guzmán Escobari

Como sabemos, Chile ha presentado una objeción preliminar de competencia en el proceso iniciado por nuestro país ante la CIJ bajo dos supuestos principales: que Bolivia pretende modificar el Tratado de 1904 de manera encubierta y que, de acuerdo al Pacto de Bogotá (artículo 6), la Corte no puede revisar asuntos ya resueltos por el arreglo de las partes o que se hallen regidos por tratados vigentes en 1948, esto último asumiendo que el problema marítimo boliviano ya se habría resuelto con el instrumento de 1904.   
Y si bien es cierto ese tratado estaba vigente en 1948, como también lo está hoy, es absolutamente falso que Bolivia quiera modificarlo, lo que nuestro país está pidiendo es que la Corte falle y declare que Chile tiene la obligación de negociar un acuerdo que nos permita acceder soberanamente al Océano Pacífico, y eso, en base a los numerosos compromisos chilenos de darle a Bolivia una salida soberana al mar.
Al respecto, debemos recordar que dichos compromisos, que han producido obligaciones no convencionales para el Estado chileno (actos unilaterales), son autónomos de las obligaciones convencionales asumidas por los dos países (tratados), y eso es así porque en todos sus ofrecimientos, Chile aclaró que no estaba dispuesto a modificar lo convenido en 1904, pero que sí aceptaba negociar un acuerdo que le dé a Bolivia una salida soberana al mar. Por tanto, fue el mismo Chile quien separó el Tratado de la negociación y es ahora ese mismo país el que quiere vincularlos para hacer creer que la Corte no tiene competencia.
Asimismo, tampoco es cierto que no se puede dar a Bolivia una salida soberana al mar sin modificar el Tratado, pues lo que ese instrumento define es la línea fronteriza entre ambos países y por tanto, un enclave soberano, un puerto soberano o cualquier otra alternativa con soberanía que no altere la línea fronteriza, no implica necesariamente la modificación del Tratado que para Chile es “intangible”.

Por tanto, la Corte sí tiene competencia.  

martes, 5 de mayo de 2015

Andrés Guzmán: Chile nos puede dar acceso al mar sin tocar Tratado de 1904

ANF
El analista en temas internacionales Andrés Guzmán Escobari señaló que los argumentos chilenos ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) fueron "duros", aunque Bolivia tiene argumentos suficientes para rebatir lo dicho este lunes por el gobierno de Santiago. La delegación boliviana tomará la palabra este miércoles cuando la sesión de presentación de los alegatos verbales retome su curso en la ciudad holandesa de La Haya. Guzmán fue entrevistado por el programa "Levántate Bolivia" de la Cadena A.
El entrevistado subrayó que el argumento más reiterado de Chile tiene que ver con el reclamo de que Bolivia quiere cambiar el Tratado de Paz y Amistad de 1904. Guzmán dijo que durante la historia entre ambos países, el Tratado ha tenido un tratamiento diferenciado del problema no resuelto del enclaustramiento boliviano. Según Guzmán, ha sido el propio Chile el que ha ofrecido resolver el encierro geográfico de Bolivia, dejando de lado al Tratado. Ante la consulta acerca de cómo se le puede otorgar al país una salida soberana al océano Pacífico sin modificar dicho Tratado, Guzmán aclaró que Bolivia no ha pedido "soberanía territorial" para llegar al mar y que el concepto de soberanía puede entenderse de muchas maneras, por ejemplo, bajo la idea de enclave.
El Tratado de 1904 fija las fronteras entre el país y Chile. Darle acceso a Bolivia implicaría, se dice, cambiar las demarcaciones fronterizas entre ambos países. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) no puede modificar un Tratado como el de 1904, porque el Pacto de Bogotá, suscrito por Bolivia, Chile y los países latinoamericanos, señala que no están bajo su jurisdicción los asuntos "resueltos" antes de 1948.  Este miércoles Bolivia explicará ante la CIJ que el asunto de la mediterraneidad del país no fue resuelto en 1904 y que éste es un tema pendiente, como lo demuestran las diez ofertas de sucesivos gobiernos de Chile para darle solución al encierro geográfico de su vecino.

miércoles, 15 de abril de 2015

¡La Agenda de 13 puntos está vigente!

Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Pagina Siete
La Agenda de 13 puntos, o cualquier otro mecanismo de negociación sobre el tema marítimo, tendría que ser reactivado.


En una de sus más recientes apariciones, el canciller chileno, Heraldo Muñoz, aseguró: "La Agenda de los 13 puntos sigue vigente, pero está paralizada. Y la razón no es otra que la demanda boliviana contra Chile ante La Haya: si usted está conversando con el propósito de construir acuerdos de largo plazo, y en medio de estas conversaciones su contraparte le interpone una demanda en los tribunales por materias que están en esas conversaciones, entonces no hay otro camino que detener las conversaciones y esperar que los Tribunales de Justicia emitan una sentencia” (El Deber, 05/04/2015).
La Agenda de 13 puntos, cabe recordar, es un mecanismo de diálogo sobre 13 temas específicos de la relación boliviano-chilena, adoptado en julio de 2006 durante las primeras gestiones de Michelle Bachelet y Evo Morales, y que incluye, en su punto sexto, al tema marítimo. 
Según las palabras del canciller Muñoz, que, valga tener en cuenta, comprometen la fe del Estado chileno, una vez que los Tribunales de Justicia emitan una sentencia, la Agenda de 13 puntos debería ser retomada para construir acuerdos de largo plazo. Lo cual, si realmente Chile piensa cumplir, nos hace ver que en realidad todos los caminos que tenemos por delante nos llevan al mismo destino, la negociación. Independientemente del resultado que se obtenga en el proceso judicial, que fue iniciado por Bolivia precisamente para negociar con Chile una salida soberana al mar bajo la égida de un fallo del más alto Tribunal de las Naciones Unidas, la Agenda de 13 puntos, o cualquier otro mecanismo de negociación sobre el tema marítimo, tendría que ser reactivado o iniciado.
En otras palabras, estamos en medio de un juicio desgastante y costoso para ambos países, que claramente podría ser evitado, ya que al final de cuentas, cualquiera sea su resultado, bolivianos y chilenos deberán sentarse en la mesa de las negociaciones para encontrar una solución al problema que genera el enclaustramiento de Bolivia. 
Y si bien las declaraciones de la autoridad chilena son muy alentadoras para quienes creemos que la negociación es la única forma de resolver este largo y difícil problema, existe una imprecisión en esas expresiones que creemos importante aclarar: la Agenda de 13 puntos no se detuvo cuando Bolivia presentó su demanda el 24 de abril de 2013, como afirma Muñoz, sino que ya se encontraba paralizada hacia más de dos años. 
En efecto, la última reunión del Mecanismo de Consultas Políticas Bolivia - Chile, encargado de negociar la Agenda de 13 puntos, se realizó en julio de 2010 en La Paz, durante el gobierno de Piñera. En esa ocasión ambos países se comprometieron formalmente a "presentar, así como alcanzar, soluciones concretas, factibles y útiles (para el tema marítimo) en la siguiente y sucesivas reuniones del Mecanismo de Consultas Políticas Chile - Bolivia…”, y acordaron proseguir las conversaciones en Arica en noviembre de ese año. No obstante, antes de que llegue el momento de cumplir lo acordado, Chile decidió cancelar el encuentro previsto para noviembre, sin dar ninguna explicación y sin nunca convocar a una nueva reunión. 
Después hubo dos encuentros de cancilleres en Santiago y La Paz, pero tampoco se lograron avances, porque el ministro chileno Alfredo Moreno se rehusó a firmar lo que Bolivia propuso, y tampoco presentó soluciones concretas, factibles y útiles, tal como se había convenido. 
En esas circunstancias, y tras el último intento por restablecer las conversaciones que hizo el presidente Morales en febrero de 2011 cuando le pidió a Chile que presente una propuesta formal y escrita antes del día del mar 132, el mismo Evo Morales anunció por primera vez su intención de demandar a Chile aquel 23 de marzo de 2011, lo cual, como hemos dicho, se hizo realidad recién el 24 de abril de 2013. 
Por otra parte, y esto debería saberlo bien el canciller Muñoz: no es posible presentar una demanda sobre un asunto que se está negociando entre dos Estados, porque uno de los requisitos para iniciar un proceso judicial ante la Corte Internacional de Justicia es agotar previamente todos los mecanismos diplomáticos de negociación. Sólo cuando el Estado demandante demuestra fehacientemente que el asunto llevado a la Corte no se ha podido resolver mediante el diálogo, tal como Bolivia lo hizo, el caso es admitido por ese prestigioso Tribunal, pues lo contrario significaría desvirtuar el principio de la buena fe, que debería ser un elemento infaltable de toda negociación.  
Pero en lugar de continuar la política dura del gobierno de Piñera que, sin explicaciones, interrumpió la Agenda de 13 puntos en noviembre de 2010, el gobierno de Bachelet podría retomar el diálogo iniciado durante su primer mandato. Porque si la Agenda de 13 puntos está vigente, tal como lo reconoció Muñoz, lo más inteligente y racional sería que Chile acepte reactivar las conversaciones, cumpla lo ofrecido en cuanto a presentar y alcanzar soluciones concretas factibles y útiles, y obligue así al gobierno de Morales a retirar su demanda. De esa manera se evitaría el largo y oneroso camino que plantea el juicio ante la CIJ. 
No obstante, si de todas maneras los ocupantes de La Moneda deciden seguir el camino largo y oneroso, entonces no quedará más que esperar a que la Corte primero se declare competente para conocer este caso, porque todas las promesas chilenas fueron hechas independientemente del Tratado de 1904, tal como se puede evidenciar en los documentos respectivos; y después, habrá que aguardar unos buenos años más para que ese mismo Tribunal falle y declare que Chile tiene la obligación de negociar, de buena fe, un acuerdo que le permita a Bolivia acceder soberanamente al mar, porque los compromisos, ofertas y reconocimientos chilenos de 1950, 1961, 1974, 1975, 1980, 1981, 1983 y 2010 (que fueron antecedidos por los de 1895, 1920, 1921, 1923 y 1926) fueron adoptados formalmente por las más altas autoridades del país del Mapocho y creemos que, también, de buena fe.