domingo, 27 de diciembre de 2015

Chile dialogó con Bolivia sobre el mar en 55 ocasiones

Por: René Ouenellata Paredes
Publicado por: Opinión 
Chile propuso en 55 oportunidades resolver la demanda marítima boliviana, de las cuales 12 avanzaron significativamente, pero fueron incumplidas. Estas últimas se constituyen en elementos “claves” para encarar la demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya que tiene como principal sustento jurídico en la obligatoriedad de los actos unilaterales de los Estados.

Esta es una de las principales conclusiones del experto en relaciones internacionales, Andrés Guzmán Escobari, que refleja en su libro “Un Mar de Promesas Incumplidas”. 

Para el joven internacionalista, la promesa unilateral está claramente definida como una figura especial de los actos unilaterales del Estado, que constituyen obligaciones y derechos para otros Estados frente al derecho internacional, tal cual argumenta la demanda marítima boliviana.

Además hace hincapié en ser claros cuando se habla de diálogo y negociación, pues considera que ambos tienen connotaciones distintas. Insiste en que Bolivia debe hablar de una negociación para llegar a un acuerdo con Chile que permita una salida soberana al mar.

P.- ¿Qué le motivó escribir el texto Un Mar de Promesas Incumplidas?

R.- El motivante principal ha sido el ejemplo de mi abuelo Jorge Escobari Cusicanqui, quien me inspiró a seguir la carrera diplomática y a interesarme en el tema marítimo. Otro elemento importante es el proceso que se ha iniciado ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya para pedirle a la Corte que declare que Chile tiene la obligación de negociar una salida al mar para Bolivia. Esto ha influido mucho para que le dé a mi trabajo un enfoque jurídico.

P.- ¿Qué ejes fundamentales manejas en el texto?

R.- En el análisis e investigación que realicé encontré 55 manifestaciones de voluntad de parte de Chile para tratar la demanda marítima boliviana, hay amplio material que evidencia las promesas incumplidas de Chile. De estas 55 expresiones de promesas chilenas 12 son claves que forman el argumento jurídico para demandar a Chile en La Haya.

P.- ¿Cuáles son las más importantes o de trascendencia?

R.- De esas 55 oportunidades de manifestaciones de intención de resolver el tema por parte de Chile, he tomado 12 casos principales que son las más importantes y que son analizadas en detalle y son resumidas en seis grandes aproximaciones que conforman lo que es el pedido de Bolivia ante la Corte de La Haya, para que Chile cumpla todos esos compromisos unilaterales asumidos a lo largo de la historia, que al final se hicieron jurídicamente exigibles.

La demanda jurídica boliviana tiene como principal sustento jurídico en la obligatoriedad de los actos unilaterales de los Estados, además cataloga los diversos pronunciamientos realizados por Chile sobre el enclaustramiento marítimo boliviano, como promesas en favor de Bolivia. La promesa unilateral está claramente definida como una figura especial de los actos unilaterales del Estado, que constituyen obligaciones y derechos para otros Estados frente al derecho internacional.

P.- Conozcamos en resumen esas 12 promesas pilares.

R.- La primera son los tratados de 1895 en los cuales Chile se obligó a cederle a Bolivia las provincias de Tacna y Arica si estas quedaban en su territorio después de un plebiscito que tenía que realizarse. La segunda es el acta protocolizada de 1920, luego las notas de 1923 del canciller Luis Izquierdo al ministro Plenipotenciario de Bolivia Ricardo Jaimes Freire, se tiene la aceptación de Chile a la propuesta Queloc en 1926, las notas de 1950 entre el canciller chileno Horacio Walker Larraín y el embajador de Bolivia Alberto Ostria Gutiérrez, el memorándum trunco de 1961 que es un acto unilateral, las negociaciones de Charaña que tiene dos documentos, el acta presidencial de Banzer y Pinochet, luego la nota del canciller Carvajal del 19 de diciembre de 1975, la resolución de la OEA aprobada por Chile en 1983 y finalmente el documento del acta de reunión del mecanismo de consultas políticas de 2010 de la agenda de 13 puntos en la cual Chile prometió presentar y alcanzar soluciones concretas a la demanda marítima.

P.- ¿Estos elementos son fundamentos que sustentan la demanda boliviana en la CIJ?

R.- Sin duda estos son los elementos bases de compromisos unilaterales de Chile los que dan base al sustento jurídico de Bolivia, ahora estos compro-misos jurídicamente son de cumplimiento obligatorio.

P.- ¿Cuánto tiempo requirió tu trabajo?

R.- Este trabajo del libro tiene ocho años, cinco con gran entrega, pues hubo algunas interrupciones, por eso es un trabajo extenso. Es un recuento histórico y perfila las promesas incumplidas de Chile. Además tiene dos objetivos específicos que son identificar las razones por las cuales han fracasado las negociaciones entre Bolivia y Chile. Determinar por qué Chile ofreció a Bolivia soberanía marítima en varios momentos de la historia.

P.- ¿Por qué Bolivia no logró efectivizar esas promesas?

R.- En algunos momentos podemos decir que hubo algunos errores de parte de Bolivia, incluso algunas oportunidades perdidas, pero el elemento fundamental por el cual han fracasado las negociaciones ha sido sin duda la falta de voluntad política de Chile por llegar a una conclusión exitosa de las negociaciones, la dinámica siempre fue que una vez encaminada la negociación en la medida que se avanza comienza a desinteresarse, eso ocurrió por ejemplo en Charaña cuando Banzer y Pinochet se abrazaron.

P.- ¿Es importante aclarar que ahora Bolivia pide negociar y no un simple diálogo?

R.- Debemos ser claros, Bolivia pide más que diálogo una negociación porque se pretende llegar a un acuerdo. La trampa de Chile siempre ha sido pretender con dilaciones un diálogo que es un lenguaje tramposo, en cambio Bolivia debe ser clara y hablar de negociación para llegar a un acuerdo.

Conflicto armado y la presión  internacional obligaron a negociar

P.- ¿En ese estudio cuáles son elementos fundamentales que encontraste del por qué Chile se compromete e incumple?

P.- Encontré básicamente tres elementos por los cuales Chile se ha comprometido conBolivia. El principal ha sido una estrategia militar cuando Chile estuvo en problemas con Argentina y Perú, entonces se acercó a Bolivia y le ofreció una salida soberana al mar, en otros momentos la idea de Chile fue apaciguar a Bolivia para que no lleve el tema marítimo a foros internacionales y el tercer elemento fue cuando Chile vio posible resolver el problema de la escasez de agua en el norte, en la cual le propone a Bolivia dar agua del altiplano y Chile le daba mar, esos son los tres elementos que se identificaron.

Bolivia asume una conducta coherente, pero Chile se refuerza

P.- ¿Ambos países tienen diferentes conductas para tratar el tema marítimo?

R.- Del análisis histórico entorno al diferendo marítimo se evidenció una conducta en ambos países que se diferencia claramente, Bolivia es coherente y Chile es ambivalente. Bolivia ha adoptado una conducta coherente y consistente con la demanda marítima que se inició en 1910 con el canciller Sánchez Bustamante cuando dijo que Bolivia no puede vivir aislada del mar y hará todo lo posible por tener un puerto soberano en el pacífico. Desde ese año todos los gobiernos bolivianos han hecho lo posible, con diferentes estrategias, conseguir ese objetivo de un acceso soberano al mar, ahora se ha convertido en una política de Estado coherente que hoy está dando frutos porque la demanda se basa en todas esas gestiones que se hicieron y cuando se consiguieron compromisos unilaterales de Chile de ofrecimientos incumplidos y que son fundamentos jurídicos sólidos para que Bolivia consiga una victoria en La Haya.

Esta conducta contrasta con la de Chile que dice tener una política seria, cuando en realidad no lo es porque en ciertos momentos nos ofrecieron una salida al mar y en otros momentos se desdijeron para decir que no hay nada pendiente ni nada que negociar con Bolivia porque ya tienen un Tratado de 1904, esa es política ambivalente.

P.- ¿Esta ambivalencia no es una estrategia dilatoria de Chile?

R.- Es una estrategia dilatoria que siempre han utilizado a lo largo de la historia, porque siempre han ofrecido aperturas y generan expectativas, pero en el mejor momento deciden terminarlo. 

P.- ¿Cuánto de mérito tiene el Gobierno de Morales para asumir esta responsabilidad ante La Haya?

R.- Este Gobierno de Evo Morales ha recogido todo lo que se vino sucediendo en gobiernos anteriores y las ha puesto en una demanda con una primera victoria parcial cuando se declara competente la Corte para conocer el caso. Debemos reconocer ampliamente la decisión, coraje y visión política que ha tenido el Gobierno de Evo Morales para demandar a Chile ante la Corte de La Haya, porque también conlleva sus riesgos. No se le puede restar crédito al presidente Morales, porque hay encuestas que salen como si Carlos Mesa fuera el artífice y promotor de la demanda, cuando no es así. Mesa tiene sus méritos en el rol que desempeña en la parte comunicacional para hacer conocer la demanda.

P.- ¿Si el fallo futuro favorece a Bolivia, cómo obligar a negociar a Chile?

R.- Chile tiene que sentarse a negociar porque el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya es obligatorio y es vinculante, sino lo hace existen mecanismos para hacer cumplir esta resolución.

P.- Se habla de involucrar a Perú en una negociación futura, ¿esto es clave?

R.- Es fundamental tomar en cuenta a Perú porque en el momento dado se debe conocer los intereses de ese país para que apoyen a una respuesta positiva. Es cierto que la resolución de la demanda marítima no depende de Bolivia sino la voluntad de Chile y la aquiescencia del Perú porque una eventual salida al mar para Bolivia se puede dar por el norte de Chile y eso involucra a Perú.

P.- ¿Qué recomendaciones planteas en tu texto?

R.- Se debe concretar un acuerdo que beneficie a los tres países (Bolivia, Chile y Perú), para ello es importante trabajar en propuestas precisas. Otra recomendación es manejar los datos y pormenores de la negociación de manera reservada y no de forma pública, solo cuando se tenga certeza de un acuerdo definitivo que implique una salida al mar para Boliviase puede divulgar las consideraciones. 
Andrés Guzmán Escobari estudió Economía en la Universidad Católica, luego Relaciones Internacionales en la Academia Diplomática y concluyó una maestría en Resolución de Conflictos en Ámsterdam. 
Antecedentes
La demanda boliviana tiene como principal sustento jurídico la obligatoriedad de los actos unilaterales de los estados. Guzmán cataloga los diversos pronunciamientos realizados por Chile sobre el enclaustramiento marítimo boliviano.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Andrés Guzmán: ‘Bolivia no pide diálogo, sino negociación’

Por: Ricardo Aguilar Agramont 
Publicado en: La Razón (Edición Impresa)  

Según el diplomático, que hace días presentó su libro ‘Un mar de promesas incumplidas’, Chile usa un lenguaje tramposo al ofrecer diálogo a cambio de retirar la demanda en la CIJ, pues Bolivia no pide diálogo sino negociación.
Andrés Guzmán.
En un mar de bibliografía sobre el tema marítimo, es difícil separar la paja del grano. Éste es el paralelismo que con el título del libro de Andrés Guzmán, Un mar de promesas incumplidas, hizo Carlos Mesa en la presentación de este trabajo, el cual considera un libro “fundamental” dentro del enorme corpus bibliográfico sobre el mar. Para Guzmán, la “política boliviana” de Chile del último tercio del siglo XIX continuó en el siglo XX.
— ¿Cuál es el origen del libro?
— Comienza a escribirse en 2007, cuando estudiaba en la Academia Diplomática, empezó como una tesis de maestría, en la que yo estaba analizando las negociaciones del tema marítimo. En ese momento, yo no sabía que esas promesas eran jurídicamente exigibles. Me interesaba saber por qué habían fracasado, porque si bien hubo muchas aproximaciones en la historia, nunca se pudo resolver el problema. Mi intención era identificar los factores por los cuales habían fracasado las negociaciones. En el proceso, vino la demanda y le fui dando ese enfoque jurídico que luego adquirió y ahora se ha convertido también en un apoyo a la tesis que Bolivia está presentando ante la Corte Internacional de Justicia, apoyando los argumentos que tenemos.
— ¿Cuántos compromisos registra y cómo los jerarquiza?
— El libro registra 55 oportunidades en que Chile ha manifestado una voluntad, de las cuales yo he extraído 12 por la manera en que han sido adoptadas, la mayoría por escrito y hablando de soberanía. No sé cuántas se han registrado o tomado en cuenta en la demanda. Naturalmente, cuantas más, más se fortalece nuestro reclamo.
— A lo específico, no sé cuán importante sea la mención en la solicitud de Bolivia del Tratado de Transferencia de Territorios de 1895.
— Ha perdido ya un poco de fuerza, debido a que fue debatida en la objeción preliminar. Chile dijo que no era válida porque hubo un acuerdo posterior. No es la que se va a debatir, en la posición de Bolivia, pero todas las demás que quedan, sobre todo las posteriores a 1948 (Pacto de Bogotá), son las más importantes. En esas destacan en importancia las notas de 1950 y los acuerdos de Charaña. Ahí Chile manifiesta su voluntad a través de documentos firmados: en 1950 por su canciller Horacio Walker Larraín y en 1975 el Acta de Charaña, firmada por el presidente (Augusto) Pinochet, y luego la nota del 19 de diciembre de 1975 firmada por el canciller Patricio Carvajal. Esos son los documentos que sustentan con fuerza nuestra demanda, porque hablan de soberanía y muestran una voluntad resuelta de Chile por negociar el tema.
— Y la OEA en 1983, que es un acto público, ¿cuál su jerarquía?
— Nuestra demanda se basa en dos tipos de declaraciones, por un lado, unas son acuerdos bilaterales, como las notas de 1950 o Charaña; y, por otro, los actos unilaterales, como el Memorando Trucco de 1961 y la Resolución de 1983; hay también otros anteriores que son de diferente naturaleza por ser una manifestación voluntaria y espontánea, pero unilateral, por parte de Chile, pero todas conforman un mismo cuerpo consistente en el cual se puede notar una voluntad de parte de Chile de negociar este tema para resolverlo.
— ¿Qué opina de lo que José M. Concha llama la “política boliviana” de La Moneda (cuando Chile estaba en tensión con un tercero lanzaba un anzuelo a Bolivia)? ¿Se relaciona con los compromisos de Chile?
— Concha habla de una “política boliviana” que existió de 1879 hasta 1900; en ese momento, Chile y Argentina resuelven sus problemas de límites y la “política boliviana” se abandona. Consistía en una estrategia para separar a Bolivia y Perú de su alianza defensiva y después se convierte en una política para ofrecer a Bolivia un puerto o un “respiradero”, como decía Santa María (canciller de Chile durante la Guerra y luego Presidente). Según analiza mi libro, la “política boliviana” no ha muerto, porque vuelve a resurgir después del Tratado de 1904, en 1920, cuando Chile vuelve a ofrecer un puerto, y resurge varias veces posteriores. Vuelve a resurgir cada cierto tiempo.
— Cuando resurgía, ¿tenía ese origen degradado de hacernos un ofrecimiento justo cuando estaba en problemas con un tercero? En 1920 Chile y Perú estaban al borde de la guerra.
— Tal cual, pero hay tres factores que destaco en el libro: el tema de la estrategia militar, cuando Chile se ve en amenaza frente a Argentina o Perú, ofrece una salida a Bolivia; cuando Chile intenta apaciguar a Bolivia para evitar que lleve el asunto a foros internacionales, entonces ofrece una salida al mar; por último, como en 1950, cuando Chile ve que puede resolver el problema de escasez de agua en el norte y ofrece una salida.
— ¿González Videla fue el autor de la impertinencia que hizo fracasar esta negociación de agua dulce por mar?
— No se sabe cuál es la fuente de la Revista Ercilla. Los únicos que sabían eran Ostria Gutiérrez, González Videla y Horacio Walker Larraín y de ahí se filtra a la prensa. Pero a los bolivianos no les interesaría torpedear una negociación.
— El historiador Jorge Escobari Cusicanqui culpa a González.
— Es correcto, pero la filtración precede a la indiscreción diplomática de Harry Truman y de González Videla, quienes dicen abiertamente, cuando ya estaba todo mal, que se había propuesto a Estados Unidos una solución en la que Bolivia daba agua, Chile daba mar y Estados Unidos financiaba.
— La discreción es una de las recomendaciones finales de su libro para una futura negociación, ¿puede sintetizar otras?
— Doy algunas recomendaciones, una es discreción. La primera es designar diplomáticos idóneos, profesionales de las relaciones internacionales, expertos en historia, en derecho y teoría de las negociaciones. Que nuestros diplomáticos sepan bien qué es lo que podemos obtener y qué es lo que podemos ofrecer, para eso hay que diseñar una estrategia de negociación, en la cual también se pueda ofrecer algo de manera que pueda ser aceptado tanto por Chile como por Perú. Otra recomendación es tomar en cuenta a Perú. En las negociaciones de 1950 y en las de 1975, uno de los elementos que indujo al fracaso fue no tomar en cuenta los intereses de Perú. Recomiendo mantener en reserva los pormenores de la negociación para que no suceda lo de 1950. También plantear algo viable para Perú y para Chile, de manera que todos salgamos beneficiados.
— Pero no es que el Perú tenga la prerrogativa del veto.
— Tal vez es exagerado decir que es veto, porque no llega a tanto. No dice eso el Protocolo de 1929, que habla de un acuerdo previo entre las partes para ceder la totalidad o parte de las provincias de Tacna y Arica a una tercera potencia. Entonces lo que hay que pensar es que tienen que alcanzar un acuerdo previo entre Chile y Perú para ceder un territorio a Bolivia. Últimamente, el presidente Lagos ha dicho que la “llave” la tiene el Perú, como diciendo que Bolivia tiene que conseguir el asentimiento.
— ¿Pero es deber de los suscriptores del Protocolo de 1929?
— Claro, lo que dice es que Chile tiene que consultar. Nos están endosando la responsabilidad de tener que obtener el acuerdo previo cuando a ellos les corresponde, porque ellos firman el Protocolo de 1929.
— Pero, pensando como Fernando Salazar, quien habla de ser más proactivos, ¿tal vez Bolivia debería proponer fórmulas tanto a Chile como a Perú?
— Claro, de hecho se puede hacer, pero nada va a superar el elemento fundamental para resolver este tema: la voluntad política de Chile. Bolivia puede hacer propuestas inteligentes. Que lo ha hecho, como está registrado en el libro. Pero si no hay la voluntad política de Chile, esto no va a tener solución. Esto se va a resolver en una negociación, porque Chile lo ha reconocido así. Es interesante, últimamente, que Chile ofrece diálogo si Bolivia retira su demanda. Es un lenguaje tramposo. Diálogo no es lo mismo que negociación, Bolivia pide una negociación. Un diálogo es más abstracto, una plática en la que las partes emiten sus opiniones, nada más. Una negociación es un proceso en el cual las partes van a llegar a un acuerdo. Por eso es importante no caer en la trampa del lenguaje mal intencionado, sino mantener nuestra postura: que estamos pidiendo una negociación.
— ¿Por qué fracasó Charaña?
— El elemento fundamental fue la falta de voluntad política de Chile, lo que demostró cuando Perú hizo la contrapropuesta y la rechazó de plano y no quiso considerarla ni negociarla. La rechazó y se cruzó de brazos, pese a que el presidente Banzer intentó reactivar las negociaciones y reanimar la voluntad que había demostrado en principio. En ese momento, a Chile ya no le interesaba porque el gobierno de Velasco Alvarado de Perú había sido derrocado, estaba Morales Bermúdez. La amenaza de guerra que significaba Velasco ya no existía, entonces ya no le interesó acercarse a Bolivia. También jugó un papel importante la desidia del Perú por presentar algo que pueda ser aceptado. Cuanto más tiempo pasaba era más difícil para Banzer mantenerse en el poder. Por eso también la premura. Incluso Banzer pidió a Chile y Perú que respondan lo antes posible. Perú se demoró 11 meses en contestar.
— ¿Del Enfoque Fresco?
— Chile sencillamente no quiso tratar el tema. Hubo un rechazo abrupto. Bolivia hizo una propuesta el 21 de abril de 1987 y el 9 de junio Chile la rechazó de plano y no propuso alternativas, simplemente dio un portazo. La razón fue otra vez la falta de voluntad política, pero esta vez absoluta y con desvergüenza, porque en 1975 al menos hizo parecer que no era su culpa. En ese momento Chile no tenía problemas con sus vecinos, había resuelto el tema del Canal del Beagle (con Argentina).
— ¿Cómo ve el presente y el cambio de Felipe Bulnes?
— Es interesante el tema de que Bulnes mismo haya dicho que hay falta de cohesión.
— Insulza lo contradijo.
— Dijo que nunca hubo falta de cohesión. Es incluso gracioso, porque uno desmiente al otro. Si el que ha renunciado da sus razones, respetemos sus razones.
—  ¿Falta de cohesión en eso?
— No hay un mismo discurso, sino contradicciones, Por otro lado, está Jorge Tarud (diputado), que es tan nacionalista y no quiere saber de dar nada a Bolivia. Él mismo dijo que Insulza no es el mejor para ejercer el cargo de agente. Yo concuerdo con eso, porque Insulza es un personaje mediático, muy político. El perfil de un agente tiene que ser muy cauto, enfocarse en los aspectos jurídicos del caso y no en lo político. Encima, Insulza ya ha anunciado que él va a darle un cariz político, cuando no corresponde. Como dijo Tarud, Insulza lo haría mejor de vocero que de agente. En eso Bolivia lo ha hecho inteligentemente, al poner como vocero a un expresidente, que es un gran orador y que además no puede comprometer la fe del Estado; por el otro lado, Chile tiene como vocero oficial a Muñoz, que es un personaje que le gusta figurar y sí puede comprometer la fe del Estado chileno, y eso es peligroso. La estrategia que están adoptando es bastante extraña y puede ser contraproducente para ellos.
Datos
Nombre: Andrés Guzmán Escobari
Nació: 31-X-1979
Profesión: Diplomático, economista
Perfil
El diplomático Andrés Guzmán tiene una maestría en Resolución de Conflictos en la Universidad de Amsterdam (2015). Ha publicado numerosos artículos en la prensa nacional e internacional.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Entrevistas sobre el libro Un Mar de Promesas Incumplidas

Con motivo de la presentación de mi libro Un Mar de Promesas Incumplidas. La Historia del problema marítimo boliviano (1879 - 2015), participé en una serie de entrevistas que se encuentran ordenadas cronológicamente a continuación:

Red Uno, QNMP con César Galindo: 

ATB, La Primera con Claudia Arce: 

Cadena A, Levántate Bolivia con Juan Carlos Arana:

Abya Yala TV, Lo que queda del día, con Lorena Guillen, Gabriela Alcón, Mariel Vernaza y Julio Peñaloza Bretel:

"Un Mar de Promesas Incumplidas"

La historia del problema marítimo boliviano fue esbozado por el joven experto en relaciones internacionales, Andrés Guzmán Escobari, en un empaste de lujo al que ha denominado Un mar de promesas incumplidas (1879- 2015).
La presentación del libro se realizó en el centro de eventos Auditorium, donde estuvieron como comentaristas el expresidente Carlos Mesa y el internacionalista Sergio Alberto Fernández Ruelas.
La obra es el resultado de un análisis de todas las veces en que Chile se ha comprometido a resolver el problema del mar.
Al mismo tiempo, el autor dedica especial atención a las negociaciones que hizo Bolivia desde los tratados anteriores a 1900, pero con mayor importancia se refiere a la Guerra del Pacífico y el Tratado de 1904 y la sucesión de reclamos que Bolivia hizo a Chile.
Guzmán mencionó que en el texto se analizan los 12 escritos más importantes en que el vecino país expresó su intención de abordar el tema del mar para Bolivia, incluso con soberanía. Además incluye en la publicación otros 55 episodios en los que Chile manifestó su intención de resolver este tema de manera menos formal.
Finalmente, el libro presta atención a las negociaciones iniciadas por Bolivia ante la Corte de la Haya y al mismo tiempo hace valiosas sugerencias para la continuación de la demanda boliviana.
El autor es representante de la nueva generación de diplomáticos y a la vez es continuador de la tradición de defensores de la causa marítima boliviana, como su abuelo Jorge Escobari Cusicanqui.

martes, 24 de noviembre de 2015

Analista boliviano por Insulza: "Con Evo Morales tiene una cercana amistad"

Por: Daniel Inostroza

Andrés Guzmán Escobari destaca la “falta de cohesión” en el equipo jurídico nacional y valora positivamente la figura de Insulza, que en el pasado mostró una actitud “favorable a encontrar una solución dialogada” a este conflicto.
El primer mandatario lamentó que el exSecretario General de la OEA no recuerde sus compromisos con Bolivia sobre el mar.
Tras la renuncia de Felipe Bulnes, agente del equipo chileno que defiende la postura nacional en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, por la demanda boliviana que busca una salida soberana al mar, en Bolivia calificaron esto como una “fisura” en el equipo nacional.
Así lo señaló la ministra de Comunicaciones del país altiplánico, Marianela Paco, en declaraciones que entregó a Cooperativa, donde afirmó que “para nosotros evidencia que hay fisuras internas al interior del Gobierno de Michelle Bachelet”.

“A nosotros no nos cambia la historia y los hechos están ahí, hay una verdad histórica que la hemos demandado con procedimientos y argumentos jurídicos ante un tribunal internacional”, agregó la secretaria de Estado.

Al respecto, el analista internacional boliviano y autor del libro “Un mar de promesas incumplidas”, Andrés Guzmán Escobari, destaca que “la renuncia es un claro resultado del mal manejo que Chile ha tenido en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) porque han presentado una excepción preliminar que fue rechazada y este es el resultado de esa mala decisión”.
El analista añade que “como el mismo (Felipe) Bulnes reconoció, se nota una creciente falta de cohesión en torno a su figura, porque muchos lo culparon de que no se haya logrado un resultado positivo para Chile, por lo que se ve una falta de unidad en el equipo jurídico chileno”.
Respecto de las declaraciones de Evo Morales, que calificó como “desgastada” a la diplomacia chilena, Guzmán  indica que es una visión que se comparte tanto en la clase política como entre los académicos bolivianos, ya que “ante el mal resultado obtenido por Chile ante la CIJ, ahora se ven obligados a hacer cambios radicales importantes, que muestran una falta de consecuencia con lo que estaban determinados a hacer en primera instancia, que era terminar el juicio a través de esta excepción preliminar”.
“Después de tantos años de intentar solucionar este problema, ahora recogemos los frutos de todas las gestiones hechas en el pasado, por eso es que reclamamos los compromisos adquiridos en el pasado y en ese sentido es más fácil para Bolivia obtener apoyo internacional porque el mundo ve que hay un problema pendiente entre ambos países, que se ha intentado resolver en varias ocasiones y que es el mismo Chile el que reconoce este problema, pero que ahora niega y no quiere resolver, lo que da cuenta de la intransigencia del Gobierno chileno", argumenta Guzmán.
Según este experto en política internacional "para Bolivia es más fácil conseguir apoyo internacional, porque la posición de Chile es intransigente y obviamente nadie en la comunidad internacional va a apoyar esa posición tan dura y rígida”.
Respecto de la figura de José Miguel Insulza y su integración al equipo jurídico chileno, Guzmán reconoce que para Bolivia es “positivo y un buen cambio”. Esto porque “conocemos la posición de Insulza, que en algún momento fue favorable a encontrar una solución dialogada para este tema”.
Guzmán reconoce que si bien ahora “se ha puesto en una posición más dura, en algún momento tuvo una postura más favorable. En cambio de (Felipe) Bulnes no sabíamos nada, no conocíamos su posición en este tema. Además Insulza es un reconocido diplomático con un peso mucho mayor por su trayectoria (…) e incluso es una persona con la que Evo Morales tiene una cercana amistad”.
El analista internacional concluye que Insulza jugará un rol “a favor de los dos países, porque este tema se tiene que resolver en algún momento y es necesario encontrar una solución que beneficie a Bolivia y a Chile y que fortalezca las relaciones bilaterales de ambos países”.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Experto: 55 veces Chile ofreció resolver enclaustramiento

Por: Nancy Vacaflor
Publicado en Erbol

El experto en relaciones internacionales, Andrés Guzmán Escobari, presentó su libro Un Mar de Promesas Incumplidas en que analiza la historia de las relaciones diplomáticas entre Bolivia y Chile. En este texto, se enlistan 55 oportunidades en que los chilenos se pronunciaron a favor de resolver el tema del enclaustramiento marítimo.     
“(El libro) es un análisis de la historia de todas esas veces en que Chile se ha comprometido a resolver el problema”, indicó Guzmán en entrevista con el programa Hagamos Democracia de ERBOL.
Explicó que en el texto se analizan los 12 escritos más importantes en que Chile expresó su intención de abordar el tema del mar para Bolivia, incluso con soberanía. Asimismo, el experto incluyó en la publicación otros episodios en que el vecino país manifestó su intención de resolver este tema de manera menos formal. En total, identificó 55 oportunidades.
“Formalmente el libro analiza 12 oportunidades, pero hay muchas otras que han sido un poco más informales, con declaraciones confidenciales y pronunciamientos públicos, pero hechos verbalmente. Los que analiza el libro son los que se han hecho por escrito, son los hitos en que se basa nuestra demanda. El libro tiene un anexo en que se nombran todas, que son 55 oportunidades, en que Chile se ha pronunciado favorablemente para resolver este problema”, dijo Guzmán. 
Actualmente, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) se declaró competente para resolver la demanda boliviana contra Chile por el tema marítimo. El Estado Plurinacional pretende que los chilenos sean obligados a cumplir sus múltiples compromisos de negociar una salida al Pacífico.
Guzmán vaticinó que ahora Chile argumentará que sí ofreció solucionar el tema del mar, pero que sus ofrecimientos no tuvieron resultado por culpa de Bolivia y Perú.
Agregó que uno de los objetivos de su texto es demostrar que la diplomacia chilena no es seria ni coherente.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Mapa de pérdidas territoriales de Bolivia y la lógica chilena

Por: Andrés Guzmán Escobari
Chile pretende difundir la extraña lógica de que Bolivia no tiene nada que reclamar porque otros países le arrebataron más territorio.

Hace algunos meses el ex presidente chileno  Ricardo Lagos Escobar  dijo que Bolivia nació a la vida independiente con más del doble de territorio del que actualmente posee y que, de todo el terreno perdido, sólo el 10% está en poder de Chile. Pero más allá de las implicaciones políticas que tienen esas afirmaciones y de sus imprecisiones que serán aclaradas más adelante,  al parecer, las declaraciones del exmandatario chileno fueron tomadas muy en cuenta por el canciller de ese país, Heraldo Muñoz, que decidió incluir en su estrategia comunicacional para hacer frente a la demanda marítima boliviana, un mapa que refleja exactamente lo que Lagos afirmó y que pretende difundir la extraña lógica chilena de que Bolivia no tiene nada que reclamar a Chile porque otros países le arrebataron más territorio.  
En efecto, según esa lógica, un ladrón es menos ladrón porque a su víctima también le robaron otros ladrones; o un violador es menos violador porque la víctima fue violada después por otros violadores que, según su propio entender, le hicieron más daño. 
Esta nueva lógica chilena, que afortunadamente ya no desconoce la usurpación y la anexión territorial forzada, no toma en cuenta el concepto de cualidad marítima, es decir, que el daño infligido no sólo se mide en términos cuantitativos (kilómetros cuadrados), sino principalmente en términos cualitativos (acceso a otros espacios geográficos). 

En comparación con las otras dos grandes pérdidas territoriales que sufrió nuestro país en favor de Brasil y Paraguay (con Argentina no hubo pérdidas territoriales y con Perú fue mucho menos), es bien sabido que Bolivia no dejó de ser un país amazónico al perder el Acre en el primer caso ni que tampoco dejó concurrir a la cuenca del río de La Plata por dejar de poseer parte del Chaco boreal en el segundo caso. No obstante, con Chile, como consecuencia de la Guerra del Pacífico, Bolivia perdió su única salida soberana al océano Pacífico y por ese motivo se convirtió desde entonces en un país geográficamente enclaustrado, es decir, un país sin mar.    

Aunque este concepto de cualidad marítima fue amplia y didácticamente explicado por nuestras autoridades a las chilenas en varias oportunidades (desde Jaime Paz Zamora en la Asamblea General de la ONU de 1989 hasta Carlos Mesa en el programa de televisión El Informante de TVN en 2015), los encargados de la diplomacia chilena parecen no querer entender lo que Bolivia reclama y prefieren insistir en que este es un tema netamente territorial y eso, a pesar de que   la Corte Internacional de Justicia de La Haya descartó de plano los argumentos chilenos de que la demanda boliviana estaría buscando modificar el Tratado de 1904 de manera encubierta y que ello pondría en riesgo el sistema internacional de las fronteras. 
Esa tozudez y falta de voluntad por entender la posición del otro que manifiestan las autoridades chilenas con su retórica intransigente y con su mapa de las pérdidas territoriales de Bolivia, no les permitirá avanzar en sus propósitos frente a la demanda boliviana porque se basa en una lógica moralmente equivocada y porque nadie en el mundo podría apoyar algo semejante. De hecho, ese mapa sólo servirá para reafirmar la legitimidad y la justicia de la demanda marítima boliviana que ya recibió el apoyo de innumerables personalidades, países y organismos internacionales. 
En cuanto a las palabras del expresidente Lagos, que luego fueron reafirmadas por el otro expresidente de Chile, Eduardo Frei,  cabe precisar que Bolivia no perdió la mitad de su territorio a manos de sus cinco vecinos, sino que en realidad lo perdido fue mucho menos de la mitad. De hecho, en todos los casos, excepto con Chile y Brasil, los límites fronterizos no estaban claramente definidos, se trataba de territorios en disputa en los que tanto Bolivia como los otros tres países circundantes tenían títulos provenientes de la Colonia que se sobreponían y en algunos casos se contradecían.
 Por tanto, no es correcto decir que Bolivia llegó a tener más de dos  millones de kilómetros cuadrados porque sobre una buena parte de esos territorios también concurrían los intereses y derechos de peruanos, argentinos y paraguayos que, al igual que los bolivianos, tenían títulos de posesión sobre esas tierras.
En el caso de Chile y Brasil es diferente porque con ambos países Bolivia había suscrito tratados de límites en el siglo XIX que definían claramente el límite fronterizo, es decir que no se trataba de territorios en disputa. No obstante, a pesar de ello, ambos países desconocieron lo acordado para apoderarse de lo que antes habían reconocido formalmente como boliviano. 
Por todo lo dicho, los encargados de difundir la posición de Chile ante la demanda boliviana deberían reflexionar sobre la calidad de sus argumentos y también sobre la efectividad de los mismos, pues no será difícil para Bolivia rebatir lo que vayan a explicar con esa su lógica equivocada y con su mapa de pérdidas territoriales, que en última instancia contribuye a demostrar que la demanda marítima boliviana no sólo se basa en argumentos históricos, económicos y jurídicos, sino también geopolíticos.

jueves, 22 de octubre de 2015

Entrevista con el Agente de Bolivia ante la CIJ, Edurado Rodríguez Veltzé

El Agente de Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia y ex Presidente de Bolivia, Eduardo Rodríguez Veltzé, y el autor de este blog, Andrés Guzmán Escobari, fueron invitados al programa de televisión Esta Casa No es Hotel, para comentar los avances del proceso judicial: Bolivia v. Chile, "Obligación de Negociar Acceso al Océano Pacífico".   
El programa fue dividido en cuatro bloques. El primero referido a los momentos más importantes de la carrera pública del Dr. Rodríguez y a los hitos históricos sobre los cuales se basa la demanda boliviana presentada ante la CIJ. Sobre este último punto cabe destacar la gentileza que tuvo el ex Presidente en ceder la palabra a quien escribe esta líneas [min 14:40], en una pregunta que él pudo haber contestado tranquilamente.
 
 
En el segundo bloque se habló sobre el debate mediático que se realizó en torno a la demanda y sobre cuál es el rol de las autoridades que pueden comprometer la fe del Estado.
 
En el tercer bloque se discutieron las posibilidades de iniciar una negociación con Chile y se habló también del referéndum que plantea una modificación constitucional para permitir la repostulación del Presidente Evo Morales.  
 
 
En el cuarto bloque, quien escribe se permitió obsequiar al Agente de Bolivia ante la CIJ, su libro: Un Mar de Promesas Incumplidas, La Historia del problema marítimo boliviano (1879-2015).
 
  
 

martes, 20 de octubre de 2015

Bolivia’s First Triumph in The Hague

By Andrés Guzmán Escobari
Published in Opinio Juris
[Andrés Guzmán Escobari is a former Bolivian diplomat, Master in Conflict Resolution and Governance of the University of Amsterdam and associate researcher for the German Foundation Friedrich-Ebert-Stiftung. The opinions expressed are strictly personal.]

Peace Palace at The Hague
The ICJ recently delivered its judgment on Chile’s preliminary objection to its jurisdiction in the case “Obligation to negotiate access to the Pacific Ocean”, initiated by Bolivia in 2013. The Court rejected the Chilean objection and declared that it has jurisdiction to hear the Bolivian case by 14 votes in favor to 2 against. This decision surprised almost everyone not because the Bolivian arguments lack legal basis, but because of the overwhelming rejection of the Chilean legal reasoning, primarily based in the existence of a boundary Treaty signed with Bolivia in 1904.
This astonishing and resounding first triumph for Bolivia has naturally caused stir in Chile, where some analysts spoke of “a spectacular failure” (CNN Chile, 24/09/2015) and others of “a strong and shameful defeat” (DiarioUchile, 25/09/2015). Nevertheless, and not surprisingly, President Michel Bachelet declared: “Bolivia has not won anything” (La Tercera, 24/09/2015). But concern among Chileans is strong and clear, as this judgement follows a bad experience in the case about the maritime delimitation with Peru (solved by the ICJ in 2014). Moreover, to face the further proceedings on the merits, Chile´s legal team has to change its strategy based in the 1904 Treaty, which was specifically excluded from the discussion by the Court. In this regard is worth asking what were the arguments of the parties? And does Bolivia really have a good case? In the following lines I will try to address these two questions.
In April 2013, Bolivia instituted proceedings asking the Court to adjudge and declare that Chile has the obligation to negotiate an agreement that grants Bolivia a fully sovereign access to the Pacific Ocean. The legal basis for Bolivia’s claim is rooted in the previous negotiations in which the government of Santiago pledged itself formally and through its highest-level representatives to give a sovereign access to the sea back to Bolivia. The Bolivian Application seeks to found the jurisdiction of the Court on Article XXXI of the Pact of Bogotá.

President Michel Bachelet
In contrast, Chile responded that, pursuant to Article VI of the Pact of Bogotá, the Court lacks jurisdiction under Article XXXI to decide the dispute submitted by Bolivia. This is because Article VI restricts the jurisdiction of the Court for matters already settled by treaties in force in 1948, when the Pact of Bogotá was signed. According to Chile, the various declarations made by its governments in the past about Bolivia´s landlocked status “concern in substance the same matter settled in and governed by [the 1904] Treaty”, which was in force in 1948.
Bolivia’s response was that its claim does not have any relation to the 1904 Treaty but to the ensuing compromises and promises made by Chile to negotiate a sovereign access to the sea for Bolivia, which were assumed and formulated by Chile “independently” of that Treaty and also after 1948. Therefore, Bolivia argued that the matters in dispute are not settled and governed by the 1904 Treaty, within the meaning of Article VI of Pact of Bogotá. Consequently the Court has jurisdiction under Article XXXI thereof.
In its judgment, the Court defined the subject matter of the dispute as follows:
while it may be assumed that sovereign access to the Pacific Ocean is, in the end, Bolivia’s goal, a distinction must be drawn between that goal and the related but distinct dispute presented by the Application, namely, whether Chile has an obligation to negotiate Bolivia’s sovereign access to the sea and, if such an obligation exists, whether Chile has breached it. The Application does not ask the Court to adjudge and declare that Bolivia has a right to sovereign access. (Judgment at Para. 32).
And then it clarifies: “Even assuming arguendo that the Court were to find the existence of such an obligation, it would not be for the Court to predetermine the outcome of any negotiation that would take place in consequence” (Para. 33).
This last assertion was used politically by Chilean authorities to say that the Court has “cut” the Bolivian claim because now it cannot oblige the government of Santiago to cede territories. According to their official position, this was Bolivia’s true goal. However, Bolivia did not ask the Court to determine the outcome of eventual negotiations. What the Bolivian legal team has asked is that the Court remind Chile that it has an obligation to negotiate Bolivia’s access to the sea, nothing more but nothing less. The form in which these negotiations will be celebrated is one of the matters to be discussed in the further proceedings on the merits. However, the negotiation as such, forgive the repetition, will be about the Bolivian sovereign access to the sea.
For these reasons, and especially because of the many times that Chile effectively offered negotiations to solve this issue in the past, I believe that Bolivia has everything necessary to obtain a positive result. While it is true that the Court’s decision will not return Bolivia’s sovereign access to sea, at least it will pave the way for a negotiation that this time, after so many attempts, will be initiated by a mandatory and binding decision of the principal judicial organ of the United Nations.

domingo, 11 de octubre de 2015

Si lo dice la Corte, debe ser cierto

Por: Andrés Guzmán Escobari 

El tribunal más importante de las Naciones Unidas reconoció que existe una disputa pendiente entre Bolivia y Chile.

El fallo de la Corte Internacional de Justicia que rechazó la objeción preliminar de incompetencia presentada por Chile en el caso incoado por Bolivia en abril de 2013 (por 14 votos a favor de 16 posibles), puso de relieve el potencial de la demanda boliviana y sus principales virtudes. Por un lado, la demanda continúa la política de reintegración marítima basada en la doctrina del arreglo negociado que se ha convertido en una verdadera política de Estado en Bolivia, y por otro, abre la posibilidad de promover y extender la conciencia, sobre todo en Chile, de que existe un asunto pendiente entre ambos países.
En efecto, al rechazar la objeción preliminar chilena, el Tribunal más importante de las Naciones Unidas reconoció que existe una disputa pendiente entre ambas naciones referido a la obligación de Chile de negociar un acceso soberano al mar para Bolivia, cuyo objeto es dilucidar si dicha obligación existe y de ser así, si Chile ha incumplido dicha obligación.
No es lo mismo que lo diga el Presidente de un país amigo como Pepe Mujica o Rafael Correa, entre otros; ni que lo diga un organismo internacional como la OEA, el Movimiento de Países No alineados o el ALBA; ni tampoco que lo diga el mismísimo Papa Francisco. Que lo manifieste un Tribunal jurisdiccional como la Corte Internacional de Justicia tiene un cariz especial porque se trata de la más alta instancia judicial del planeta, y porque sus fallos son obligatorios e inapelables.
“Si lo dice la Corte debe ser cierto” escribió un chileno en Twitter [@pato_32] el día posterior al fallo en respuesta a uno de sus compatriotas que esgrimió con alto fervor nacionalista, que no existen temas pendientes entre los dos países y que el Tratado de 1904 es “intangible”. A pesar de que falta mucho trabajo por hacer para convencer a la mayoría de los chilenos de que negociar es lo mejor para resolver este asunto, la demanda tiene esa virtud, genera un cuestionamiento en quienes mantienen una posición inamovible, y que son generalmente los que fueron educados entre discursos nacionalistas y una historia distorsionada. Ese cuestionamiento es muy valioso para nuestra causa porque contribuye al esclarecimiento de la verdad, que es precisamente lo que más conviene a Bolivia.
En cuanto a la historia, debemos valorar que la demanda boliviana ayuda a desmitificar algunos hechos del pasado que se presentan en la historiografía de ambos países de manera contradictoria, y que naturalmente no han contribuido al buen entendimiento de nuestros gobiernos. Al respecto, en los antecedentes de su fallo, la Corte señaló con claridad que Bolivia nació a la vida independiente con una salida soberana al mar y que Chile reconoció solemnemente esa situación mediante los Tratados firmados en 1866 y 1874. Por otra parte, también confirmó que Chile declaró la guerra a Bolivia y no al revés como aseguran muchos historiadores chilenos que interpretan al Decreto de 1ro de marzo de 1879 como una declaratoria de guerra, no siendo más que una medida para expulsar a los chilenos del territorio nacional y llamar a las reservas, pero no una declaratoria de guerra.
Al respecto, en la histórica entrevista que Televisión Nacional de Chile le hizo al ex Presidente Carlos Mesa el pasado 29 de septiembre, el periodista se permitió afirmar: “mayoritariamente los historiadores latinoamericanos no hablan de una invasión de Chile, más bien de una declaratoria de guerra de los países que se enfrentaron”. Lo cual hizo que Mesa le preguntara extrañado: “No me estará Ud. hablando en serio” y el periodista replicó entusiasmado: “por supuesto que le estoy hablando en serio”. Y ahí fue donde recibió el embate de una respuesta magistral y demoledora basada en hechos objetivos: “el 14 de febrero de 1879 la armada chilena invade Antofagasta, ese es un hecho objetivo. [Otro] hecho objetivo, entre el 5 y 6 de abril de 1879 Chile le declara formalmente la guerra a Bolivia y Perú, no habiendo declaratoria de guerra ni de Bolivia ni de Perú previamente. Por lo tanto hay dos hechos objetivos: la invasión física que comienza las acciones bélicas y la declaratoria formal de guerra por parte de Chile”. Ante lo cual el periodista tuvo cambiar el tema sin antes decir: “porque se nos va acabando el tiempo, no vamos a aclarar esto ahora” y que después le preguntaría a un representante de la vieja guardia chilena.
Pero volviendo a lo que dictaminó la Corte, es preciso considerar que todas y cada una de las afirmaciones que contienen sus sentencias atraviesa una exhaustiva revisión para corroborar la exactitud y la veracidad de todos sus datos. Para ese trabajo, existe un equipo de especialistas en historia que revisan los documentos que elaboran los jueces para que no exista error alguno. Por tanto, los bolivianos debemos celebrar este fallo, no sólo porque nos permite discutir el fondo de nuestra demanda, sino también porque significa un importantísimo aporte para esclarecimiento de los hechos históricos.
En ese mismo sentido será sumamente valiosa e interesante la discusión sobre la historia de los diversos compromisos y promesas formales adquiridos por Chile de darle a nuestro país una salida soberana al mar, pues también contribuirá a la comprensión de lo que verdaderamente ocurrió y no lo que algunos quisieran que haya ocurrido.

Por todo lo dicho, la demanda boliviana que ya obtuvo una victoria contundente pero inicial, como bien lo dijo el Agente boliviano, Eduardo Rodríguez Veltzé; contribuye a descartar esa idea de que no tentemos asuntos pendientes y también a mejorar el ambiente para el momento en que bolivianos y chilenos se sienten a negociar una solución a este asunto, que estamos seguros que llegará.  

lunes, 14 de septiembre de 2015

El acuerdo nuclear con Irán

Por: Andrés Guzmán Escobari

El pasado 14 de julio, las seis potencias más importantes del mundo (P5+1) y la República Islámica de Irán suscribieron un acuerdo en materia nuclear que podría mejorar las maltrechas relaciones de esta última con occidente o representar, según aseguran los detractores de dicho acuerdo, el preludio de una nueva conflagración de alcance global. Es decir, un acuerdo como el tratado Molotov-Ribbentrop entre Alemania y la Unión Soviética, que antecedió a la Segunda Guerra Mundial.  
El acuerdo consiste en impedir que Irán fabrique bombas atómicas mediante la limitación de su capacidad para enriquecer uranio y la inspección continua y en cualquier momento de sus plantas nucleares. Todo ello a cambio de levantar las sanciones económicas impuestas a la república islámica hace ya varios años que lejos de frenar sus planes de potenciamiento nuclear con fines no pacíficos, los han estimulado aún más. Según el acuerdo, dichas sanciones podrían ser respuestas si Irán incumple su parte.
Se trata por tanto de un trato que podría mejorar el relacionamiento de Irán con Europa y Estados Unidos porque permite a la República islámica reincorporarse al comercio mundial y recibir inversión extranjera directa, principalmente del “primer mundo”. Por ese motivo, el acuerdo fue efusivamente celebrado en las calles de Terán donde miles de iranís salieron a manifestar su satisfacción por el posible y casi inminente fin de las sanciones que por tanto tiempo han impedido mejorar sus niveles de vida.
En ese sentido, considerando que Irán no es solo una nación hidrocarburífera (4to país en reservas de petróleo y 2do en reservas de gas natural) como sus vecinos, sino que también cuenta con una industria importante (grandes fábricas de automotores y equipos electrónicos); el potencial de desarrollo es enorme, más aun considerando que se trata de un país con más de 80 millones de habitantes de gente mayoritariamente educada y actualmente trabajando. Por todos estos motivos, podríamos esperar un explosivo repunte de la economía iraní, tal vez no tanto como para esperar el resurgimiento del imperio persa de Darío I el Grande (de 522 a. C. a 486 a. C.), pero sí un re-potenciamiento que le permita alcanzar niveles de potencia emergente en términos actuales.     
Eso es precisamente lo que preocupa a los gobiernos de Israel, Arabia Saudí y a los opositores republicanos de los Estados Unidos, entre otros; que son quienes han alertado al mundo sobre una inminente conflagración que podría desencadenar otra guerra mundial. Según esta versión, el gobierno de Terán utilizará todo o gran parte de su mayor potencial económico para alentar y reforzar militarmente a Hezbolá en el Líbano, al gobierno chiita de Bashar al-Asad en Siria y a los huties chiitas en Yemen que hace poco derrocaron al gobierno sunita apoyado por el poderoso régimen de Arabia Saudí. Adicionalmente, no se descarta que Irán pueda continuar sus planes de potenciamiento nuclear a escondidas, posiblemente bajo tierra, para luego agredir a sus rivales en la región y/o a sus archienemigos estadounidenses.     
En efecto, la conocida y ya tradicional animadversión iraní hacia los Estados Unidos, cabe recordar, se funda en hechos históricos tales como: la conspiración estadounidense-británica para derrocar al gobierno democráticamente elegido de Mohammad Mosaddeq, que en 1953 había dispuesto la nacionalización del petróleo iraní; la imposición a partir de entonces de un régimen monárquico represivo y obsecuente a los intereses de occidente al mando del Sha Mohammad Reza Pahlaví; el apoyo explícito a las medidas de represión que ese régimen aplicó en contra de quienes apoyaron a la revolución del Ayatola Jomeini, que a su vez, en 1979 logró establecer la República islámica que aún está vigente; el apoyo político y militar que Washington le brindó al Iraq de Sadam Huseim para que invada a Irán en 1980 y desate una guerra que costó casi un millón de vidas y duró 8 largos años en los que la potencia norteamericana armó a ambos bandos; la invasión de Estados Unidos a Iraq y Afganistán (2003 y 2001), ambos vecinos directos de Irán, que afectó seriamente no sólo a la estabilidad económica y política de Irán sino de toda la región con el surgimiento y radicalización de grupos terroristas como el Estado Islámico y Al Qaeda; y finalmente, la imposición de duras sanciones económicas a la república islámica que, como hemos dicho, podrían ser levantadas en caso de ratificarse el acuerdo que aquí comentamos.
Con todo, el acuerdo nuclear se encuentra en debate tanto en Irán que parece proclive a aprobarlo sin mayor trámite y en el Congreso de Estados Unidos, que, con cierta resistencia, también podría ratificarlo en los próximos días, y es que más allá de las desventajas que el mismo acuerdo presenta para los intereses de la primera potencia del mundo, no existe mejor alternativa. De hecho, la única opción sería la guerra y aunque esa no debería ser una opción ni siquiera en un escenario de ficción, hay quienes se muestran explícitamente dispuestos a apoyarla.
Así, el acuerdo parece ser una buena medida para probar hasta qué punto se puede confiar en la diplomacia para garantizar la paz en el mundo y en último caso, también representa una garantía, aunque no completa, de que Irán no podrá iniciar la Tercera Guerra Mundial lanzando bombas atómicas a quienes con o sin intención, se han ganado su animadversión.