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| Cuenca Altiplánica |
El 28 de junio pasado el Presidente chileno, Sebastián Piñera, y su
Ministro de Defensa, Andrés Allamand, presentaron al Senado de su país un
documento titulado “Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa – ENSYD (2012-2024)”,
con el fin de consensuar y aprobar una “política de políticas para el ámbito
específico de la seguridad y defensa”.
La ENSYD que, entre sus principales propósitos plantea “anticiparse a una agresión armada”, ya generó ciertos temores en
Perú, donde algunos analistas la calificaron de provocativa, desafiante e
inoportuna por haber sido presentada antes de que la Corte Internacional de
Justicia emita su fallo sobre el caso de la delimitación marítima entre Chile y
Perú (Velit,19/07/12); y culparon a las autoridades mencionadas por haber “convertido
definitivamente a Chile en un Estado espartano, donde la seguridad será la
política que guíe todas las demás políticas”(De Rivero,17/07/12).
Para el caso de Bolivia, resulta sumamente alarmante lo que ese
documento dice sobre los recursos hídricos. Primero reconoce que “algunas
regiones (de Chile) no disponen del agua necesaria para sus procesos
productivos”, y luego aclara “Aunque la hipótesis de ocurrencia de conflictos
interestatales por agua dulce es baja, resulta posible concebir un escenario de
controversia por mejores y más amplias garantías de acceso al agua y sus
reservas”.
Estas palabras son una clara amenaza para Bolivia porque geográfica
y naturalmente es el único país que podría proveer de recursos hídricos al norte
chileno y por tanto es el único país con el que se podría “concebir un
escenario de controversia” en los términos planteados; además, existen varios antecedentes
de agresión al patrimonio territorial boliviano por parte de Chile, entre los
cuales destacan el desvió unilateral del río Lauca en 1962 y el uso gratuito de
las aguas del Silala a partir de 1908, porque ambos fueron ejecutados por el
Estado chileno precisamente para abastecer de agua a su territorio
septentrional.
Asimismo, esta amenaza es preocupante porque se suma a la que lanzó
Allamand el 30 de mayo de 2011. En esa oportunidad el Ministro de Defensa
chileno dijo que su país tiene Fuerzas Armadas “en condiciones de hacer
respetar los tratados internacionales”, en clara alusión a la posibilidad de que
Bolivia denuncie o desconozca el Tratado de 1904.
Contradictoriamente a todo esto, la ENSYD también afirma que Chile "Es
un país con vocación de paz y buscará su seguridad por medio de la cooperación
internacional, aunque reservándose el derecho inherente a la legítima defensa,
en conformidad con la Carta de las Naciones Unidas". Al respecto, cabe recordar
que esa misma Carta señala que sus miembros “se abstendrán de recurrir a la
amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la
independencia política de cualquier Estado”.
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| Vista del Sajama y las aguas en la frontera Bolivia - Chile |
Adicionalmente, en la última década Chile ha invertido cerca de 15.000
millones de dólares estadounidenses en armamento y gracias al nuevo mecanismo
de financiamiento militar, que remplaza a la Ley Reservada del Cobre, sus FFAA tienen
otros 3.000 millones de dólares en un “Fondo de contingencias”.
¿Por qué tanto armamentito y amenazas? ¿Es que acaso Chile pretende
agredir nuevamente a Bolivia para quedarse con el Silala y otros reservorios de
agua bolivianos?

