Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Página Siete
A mediados de julio, los
historiadores chilenos, José Miguel Concha y Cristian Garay, al primero de los
cuales conozco y aprecio mucho; presentaron un libro titulado “El Tratado de
1904. Negociaciones e intereses involucrados”, que fue publicado en La Paz por
Plural Editores.
Se trata de un interesante
análisis sobre las circunstancias y las causales que llevaron a la suscripción
del Tratado con el cual, Bolivia reconoció el dominio absoluto y perpetuo de
Chile sobre su vasto, rico y único litoral.
Para analizar objetivamente un
tema tan delicado y controvertido como el de referencia es necesario, entre
otras cosas, ponerse en el lugar del otro para comprender sus decisiones y
reacciones, y considerar asimismo, todos los factores que pudieron haber
influido en su comportamiento.
Tanto Concha como Garay cumplen
casi completamente con tales requisitos y es por eso que su libro aquí comentado
puede servir como un texto de referencia que tanto bolivianos como chilenos
deberíamos compartir, no tanto porque coincidamos con todas sus conclusiones,
sino porque es una verdadera investigación académica que puede ayudarnos a comprender
lo ocurrido en el pasado ahora que tendremos que enfrentar un proceso judicial en
la Corte Internacional de Justica de La Haya para resolver un problema que fue originado
precisamente por el Tratado de 1904: el
enclaustramiento geográfico de Bolivia.
La obra comienza refiriéndose a las
modificaciones territoriales que se registraron en Sudamérica entre 1870 y 1909
y aclara que Bolivia fue el país que más territorios perdió; luego describe con
notable rigor académico lo ocurrido en las negociaciones que produjeron los
Tratados de 1895, mediante los cuales – señalan textualmente los autores –,
“Chile reconoció expresamente la necesidad de otorgar a Bolivia una salida
soberana al mar” (Págs. 74 y 127).
En cuanto a la negociación del
Tratado de 1904, los autores afirman con particular énfasis que las bases de
dicho acuerdo fueron presentadas por el gobierno boliviano en 1902 a través de
Felix Avelino Aramayo y que, en dichas bases, nuestros gobernantes abandonaron toda
pretensión a un puerto en el Pacífico. No obstante, también reconocen la fuerte
presión económica que ejerció Chile sobre Bolivia en esos años a través del asfixiante
régimen aduanero que impuso en Arica a partir de 1884; y destacan asimismo la
apremiante y difícil situación en la que se encontraba nuestro país en aquel
tiempo: en total bancarrota, debilitado militarmente después de dos guerras con
Brasil y sin haber definido ninguna de las otras fronteras (Argentina, Chile,
Perú y sobre todo Paraguay).
Sobre este último punto, sin embargo,
no se menciona la innegable influencia que tuvieron las advertencias que hizo
el representante de Chile en La Paz, Abraham Köning, a través de la nota que
remitió a la Cancillería boliviana el 13 de agosto de 1900. En la cual, a
tiempo de asegurar que Bolivia no tiene ningún derecho a exigir un puerto,
hacía saber que Chile podía reiniciar las hostilidades en cualquier momento y
con la misma facilidad con la que había iniciado la guerra, ya que su poderío
militar —decía— “se ha centuplicado en los últimos 20 años” (Libro Azul 2004:
Anexo 6).
Esas advertencias definieron el
contexto en el que se desarrollaron las negociaciones y sin duda que fueron
tenidas muy en cuenta por las autoridades bolivianas al momento de negociar la
paz con Chile. Asimismo, extraña la ninguna mención a la actuación del
representante chileno en Lima, Ángel Custodio Vicuña, quien en 1901, propuso a
las autoridades peruanas la “polonización de Bolivia”, es decir, la repartija del
territorio boliviano entre Perú, Brasil y Chile (Bustos, Carlos: Chile y
Bolivia. Un largo camino… 2004: 106), lo cual, naturalmente, también tuvo que
haber preocupado a las autoridades bolivianas.
Por lo dicho, podemos convenir en
que el Tratado fue consensuado por las partes y que Chile no hizo ningún
movimiento de tropas en ese tiempo; sin embargo, no es posible coincidir en que
las autoridades bolivianas actuaron libre y voluntariamente porque además del difícil
contexto que les tocó enfrentar, está el simple hecho de que nadie en su sano
juicio sacrifica un elemento esencial de su desarrollo sin que las
circunstancias le obliguen.
Aun así, la obra aquí comentada
es una apreciable contribución académica al estudio de lo ocurrido entre Chile
y Bolivia alrededor de 1904, y que es por eso, un trabajo que nos aproxima
mucho más a comprender las razones de nuestras diferencias.