Todo comenzó en 1842 cuando Chile aprobó una ley mediante la cual declaraba de su propiedad las guaneras existentes al sur del paralelo 23,6º de latitud sur, que Bolivia consideraba suyas.
| Puerto boliviano de Antofagasta, antes de la invasión chilena. Fuente: Gumucio (2013) |
Por: Andrés Guzmán Escobari
Hace exactamente 138 años, un contingente militar de Chile invadió
el puerto boliviano de Antofagasta sin previa declaratoria de guerra porque,
según explicaron las autoridades chilenas de entonces, Bolivia había “roto” el
Tratado de límites de 1874 al imponer un cobro de 10 centavos por quintal de
salitre exportado a una empresa anglo-chilena que operaba en el litoral
boliviano.
Desafortunadamente nunca se esclareció si verdaderamente
hubo un incumplimiento de Bolivia, porque jamás se realizó el arbitraje que,
según lo convenido bilateralmente en el Protocolo de 1875 (artículo 2), se
tenía que aplicar en este caso en el que existía una discrepancia respecto a la
inteligencia y ejecución del Tratado.
Pero por más de que nuestro país hubiese “roto” el tratado
de 1874, eso no le daba derechos a Chile para agredir militarmente a Bolivia,
ni mucho menos para privarla de su litoral. La reacción chilena fue inobjetablemente
desproporcionada y no incluyó siquiera una declaratoria de guerra, que era lo
que se estilaba en aquella época, cuando todavía no se había prohibido el uso
de la fuerza en las relaciones internacionales.
Pero para entender las circunstancias e intereses que provocaron
todo esto, es necesario recordar qué pasó antes de la invasión chilena, cuando
se iniciaron los problemas entre ambos países.
Todo comenzó en 1842 cuando Chile aprobó una ley mediante la
cual declaraba de su propiedad las guaneras existentes al sur del paralelo 23,6º
de latitud sur, que Bolivia consideraba suyas, porque según el uti possidetis juris de 1810, que es una
convención aprobada por todas las naciones sudamericanas y que dispone establecer
los límites fronterizos entre nuestros países en base a la delimitación de la
Corona española, el territorio boliviano llegaba hasta por lo menos el paralelo
25º de latitud sur, tal como lo establecen las cedulas reales y las leyes de
indias, y lo reconocen también prestigiosos tratadistas chilenos como José
Miguel Barros (2009) y Fabián Berrios (2016).
Bolivia protestó y se inició una fuerte disputa por el
territorio de Mejillones y sus alrededores, que incluyó tres incursiones de la
marina chilena en territorio boliviano. En efecto, según los historiadores
Miguel Mercado (1930) y Gonzalo Bulnes (1976), en 1846 la goleta chilena
Janequeo atracó en punta de Angamos (23°3´), donde sus ocupantes enarbolaron la
bandera de Chile; en 1847, los pasajeros del bergantín Martina instalaron un
fortín en Mejillones y fueron expulsados luego por el bergantín Sucre; y en
1857, la corbeta chilena Esmerlada desembarcó nuevamente al norte Mejillones, con
el propósito de anexar ese territorio a Chile, llegando incluso a rebautizar el
lugar con el nombre de “Santa María” y a capturar un barco guanero
estadounidense, llamado Sportsman, que provocó un impase diplomático con
Washington.
![]() |
| Ley chilena de 1842, promulgada por el Presidente Manuel Bulnes |
Además de esas incursiones, las infructuosas negociaciones que
se desarrollaban en esos momentos en Santiago y sobre todo la explotación
clandestina del guano de Mejillones por parte de miles de chilenos que se
habían establecido en el litoral boliviano, fueron los determinantes de la
autorización que en 1863 recibió el gobierno de Bolivia de su Congreso para
declarar la guerra a Chile “siempre que agotados los medios conciliatorios de
la diplomacia, no obtuviere la reivindicación del territorio usurpado ó una
solución pacífica, compatible con la dignidad nacional”.
En razón de esa determinación, según cuenta Roberto
Querejazu (1979), Bolivia mandó a Don Tomas Frías a Santiago para negociar la
devolución del territorio que había sido ocupado por capitales y obreros
chilenos. Pero a poco de fracasar esa gestión, ocurrió un hecho que cambió el
curso de los acontecimientos, una división naval española invadió las islas
Chinchas del Perú a título de “reivindicación” y se encendió la alarma en todo
el continente. Efectivamente, el temor a la “reconquista de América” propició
el acercamiento entre La Paz y Santiago, que se tradujo en una alianza
defensiva en la que también participaban Lima y Quito.
En esas circunstancias, que sólo fueron posibles con el
cambio de gobierno en Bolivia, de Achá a Melgarejo, se creó un ambiente propicio
para resolver la cuestión de Mejillones. Ciertamente, el 10 de agosto de 1866 los
representantes de ambos países suscribieron un Tratado de límites que
estableció la frontera en el grado 24º de latitud meridional, dejando las
riquezas en territorio boliviano, pero instaurando un sistema de medianería precisamente
entre los grados 23º y 25º, para que ambos países puedan explotar sus riquezas de
manera compartida.
En 1871, en razón de los conflictos que Santiago mantenía
con Buenos Aires, el Congreso chileno autorizó la compra de dos buques
blindados que se construyeron en Inglaterra. Lo cual naturalmente generó recelo
no sólo en Argentina sino también en Bolivia y Perú, que veían con desazón el acercamiento
anglo-chileno, que se manifestaba en la explotación de sus riquezas en las
costas del Pacífico de manera voraz y prácticamente incontenible. Fue así que
antes de que Chile reciba sus buques de guerra, en 1873, los gobiernos de La Paz y
Lima suscribieron un Tratado secreto de Alianza Defensiva, al que nunca se
logró incorporar Argentina, a pesar de los denodados esfuerzos que hicieron los signatarios para incluir a ese país en la alianza.
A pesar de que se trataba de una alianza secreta, el
gobierno chileno se enteró al poco tiempo de su existencia y de la posibilidad de
que la Argentina fuera a incorporarse. Según Berrios (2016), la información
llegó a Santiago a través de la diplomacia brasileña que tenía interés en
impedir el potenciamiento argentino. Fue en ese contexto que Chile decidió
atender los reclamos de Bolivia respecto a los problemas que había provocado la
medianería y aceptó suscribir un nuevo Tratado de límites, el 6 de agosto 1874,
que confirmó la frontera en el paralelo 24º de latitud sur, eliminó la
medianería y restringió la imposición de nuevas contribuciones a personas,
capitales e industrias de Chile por el término de 25 años.
Entre 1873 y 1875, el Perú nacionalizó la industria del
salitre, en lo que se conoció como “la ley del estanco” que perjudicó seriamente
a muchas empresas anglo-chilenas que se habían establecido en Tarapacá. La
medida fue uno de los detonantes más importantes de la Guerra del Pacífico,
pues mientras Bolivia la tomó como un ejemplo a seguir – el Presidente Hilarión
Daza llegó a manifestar su intención por “fregar a los gringos” –, Chile la vio
como un peligroso antecedente que podría replicarse en el litoral boliviano.
Fue así que Daza, valiéndose de su alianza con el Perú, decidió
aplicar el cobro de los 10 centavos ya mencionado, en una actitud que claramente
no supo medir las consecuencias de sus actos, pues no sólo no logró más
ingresos para el Estado como tenía previsto, ni tampoco logró “fregar a los
gringos”; lo único que consiguió fue provocar a Chile, que como ya se dijo reaccionó
desproporcionadamente y con los resultados para Bolivia que todos conocemos.













