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domingo, 17 de diciembre de 2017

La decisión de Trump sobre Jerusalén

Un análisis desde las perspectivas histórica, jurídica y política de la decisión que aisló a Estados Unidos en la arena internacional.
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Por: Andrés Guzmán Escobari
La decisión del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de reconocer unilateralmente a Jerusalén como capital de Israel y de establecer la Embajada de su país en esa ciudad, ha provocado molestia y consternación en la comunidad internacional no solo porque socava el proceso de paz palestino-israelí, que ha sido encaminado desde hace muchos años por la diplomacia estadounidense, sino también porque podría detonar una nueva intifada u otra guerra árabe-israelí de lamentables y catastróficas consecuencias.  
En ese sentido, a continuación se analizan las implicancias de tal decisión desde las perspectivas histórica, jurídica y político-diplomática.
Perspectiva histórica  
En 1917, después de que los británicos expulsaron a los otomanos de Jerusalén durante la Primera Guerra Mundial; el Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Arthur J. Balfour, manifestó su complacencia con establecer un “hogar nacional” para el pueblo judío en Palestina, lo cual fue refrendado al poco tiempo por Estados Unidos y otros países, gracias al intenso lobby que desplegaron los movimientos sionistas.
Así comenzó la relación entre Estados Unidos y lo que sería el Estado de Israel a partir de 1948, que luego se convertiría en una de las alianzas más sólidas y perdurables del mundo. No obstante, a pesar de ello, el gobierno estadounidense ha sido uno de los principales mediadores en el largo y complejo conflicto palestino-israelí, en el que además ha logrado propiciar los avances más importantes que se han alcanzado.
En efecto, en 1993, los representantes de la Organización para la Liberación Palestina, Israel, Estados Unidos y Rusia, reunidos en Washington D.C., firmaron los Acuerdos de Oslo que establecieron una hoja de ruta para alcanzar una solución permanente al conflicto palestino-israelí. Sin embargo, con el paso de los años y los incumplimientos de Israel a lo pactado, especialmente por haber construido asentamientos y muros en territorio palestino, las posibilidades de alcanzar la paz se han ido difuminando.
Ante esa realidad y con la idea de que “los viejos desafíos requieren nuevos enfoques”, el Presidente Trump anunció su polémica decisión que desde la perspectiva histórica desprecia y desecha los esfuerzos realizados por la diplomacia estadounidense y que increíblemente también premia a la parte que no cumplió lo convenido, sin siquiera exigirle que al menos detenga su expansionismo.  
Perspectiva jurídica  
En 1980, el Congreso israelí (Knesset) aprobó una ley que proclama a Jerusalén como su “capital eterna e indivisible”, lo que provocó el rechazo de varios países debido a que Israel había anexado la parte oriental de esa ciudad en 1967, muy a pesar de que en 1949 se había comprometido a respetar la jurisdicción del Reino de Jordania en esa zona.
El Consejo de Seguridad calificó a esa proclamación como “una violación al derecho internacional” y recomendó a los Estados miembros de la ONU que trasladen sus embajadas de Jerusalén a Tel Aviv. Todo ello mediante la Resolución 478 (1980), que fue aprobada por 14 votos a favor y la abstención de Estados Unidos.    
El expansionismo israelí sobre Jerusalén, que según el plan de la ONU para la partición de Palestina (1947) debería conformar un coprus separatum administrado por ese organismo internacional, fue condenado en otras varias Resoluciones del Consejo de Seguridad que fueron aprobadas con la abstención estadounidense. La última de ellas, la 2334 (2016), que fue adoptada durante el gobierno de Barak Obama, reafirma “que el establecimiento de asentamientos por parte de Israel en el territorio palestino ocupado desde 1967, incluida Jerusalén Oriental, no tiene validez legal”.
Por tanto, considerando el hecho de que las Resoluciones del Consejo de Seguridad son jurídicamente vinculantes para todos los Estados miembros de la ONU, el referido reconocimiento unilateral, que no distingue entre el este y el oeste de Jerusalén, no es menos que otra violación al derecho internacional.
No obstante, si algo podemos decir en favor de la controvertida decisión, es que no se trata de un Decreto más, sino de la promulgación de una ley que el Congreso estadounidense aprobó en 1995 por un amplio margen y la cual no había sido promulgada hasta ahora, debido a que podía afectar “a la seguridad nacional de Estados Unidos”.
Perspectiva político-diplomática
Finalmente, en cuanto al componente político, es evidente que Trump quiso diferenciarse de sus predecesores, que al igual que él habían prometido reconocer a Jerusalén como capital de Israel pero nunca cumplieron.
De hecho, durante el acto de promulgación, Trump aludió a la “falta de coraje” de quienes ocuparon la Casa Blanca antes que él y al día siguiente compartió un video en Twitter con el comentario: “Yo cumplí mi promesa de campaña – otros no lo hicieron”. En dicho video, primero se ve a Clinton (1992), Bush (2000) y Obama (2008), afirmando que Jerusalén es la capital de Israel – solo Bush promete trasladar la Embajada –, y después se ve a Trump (2016) prometiendo lo mismo, para luego terminar el audiovisual con el momento en que anuncia la controvertida decisión.
Pero si bien la medida pudo haber aumentado la popularidad de Trump en su país, en el ámbito internacional y desde el punto de vista diplomático, es una señal que aísla a Estados Unidos, puesto que sólo se manifestaron a favor los presidentes de República Checa, Tuvalu y Filipinas, que no son precisamente actores protagónicos del conflicto palestino-israelí... 
Al respecto, cabe preguntarse ¿por qué los estadounidenses no consiguieron más apoyos antes de lanzar su polémica medida? Y ¿sopesaron verdaderamente los posibles efectos geopolíticos?
Sobre esta última interrogante, no es ningún secreto que Irán y Arabia Saudita se disputan desde hace varias décadas el liderazgo político, económico y militar del mundo árabe-musulmán, y teniendo en cuenta que el gobierno iraní se ha convertido en el principal referente del movimiento anti-sionista a nivel mundial; se hace evidente que la medida de Trump, que fue repudiada por la Liga Árabe, podría inclinar la balanza en favor de Irán y en desmedro de Arabia Saudí, que es el principal aliado de Washington en la región, después de Israel.

Por lo dicho, nos queda la sensación de que la medida fue pensada únicamente para fines de política interna y no consideró los efectos en el prestigio internacional de Estados Unidos, ni muchos menos en la estabilidad social y política del Oriente Próximo, que ya se encuentra convulsionado. 

domingo, 5 de noviembre de 2017

Independencia catalana: aventura dentro de un proceso histórico

El internacionalista lee con perspectiva boliviana los graves sucesos que sacuden a España en estos momentos y que hicieron crisis con la intervención de Cataluña.


Por: Fernando Molina

Andrés Guzmán es uno de los más destacados miembros de la nueva camada de internacionalistas bolivianos. Le pedimos que analice la situación catalana con mirada boliviana. 

¿Qué pasó realmente en Cataluña? ¿Se trató de una aventura de los independentistas o es parte de un proceso histórico de largo plazo de rompimiento con el Estado español?

Creo que es un poco de ambos, una aventura independentista en la que (el expresidente de la Generalitat, Carles) Puigdemont, amparado en el apoyo supuestamente mayoritario de los catalanes (varias encuestas señalan que no son la mayoría), intentó romper con el gobierno de Madrid muy a pesar de que no tiene el apoyo de la comunidad internacional ni de ciertas empresas que son clave para el sostenimiento económico de Cataluña.

Pero también es parte de un proceso histórico de rompimiento con España, puesto que hay antecedentes de hostigamiento y maltrato contra el pueblo catalán, que datan del siglo XVIII, cuando el rey Felipe V de Borbón proscribió las instituciones y la lengua catalanas de la administración pública. Lo cual nos permite comprender de dónde viene todo esto.

¿Por qué crees que no se ha logrado cohesionar a las nacionalidades internas que componen el pueblo español? ¿Por qué Francia ha absorbido a todos sus habitantes dentro del concepto "francés”, pero en España cada español –sobre todo en el norte– es antes que nada "catalán”, "gallego” o "vasco”?

Me parece que en Francia se ha desarrollado un mayor sentido de pertenencia e identificación con la nación francesa debido al impacto que tuvieron las ideas liberales de la revolución de 1789, no sólo en el país y en Europa, sino en todo el mundo. Los franceses lograron una mayor cohesión bajo esas ideas que se resumen en el lema "liberté, égalité et fraternité”. Un mensaje sencillo y poderoso que desde el punto de vista del marketing político ayudó a formar una identidad fuerte en torno a lo que representa Francia.  

Sin embargo, no podemos olvidar que en ciertas regiones de Francia también existen grupos que quieren una mayor autonomía y que han visto con simpatía lo ocurrido en Cataluña. Me refiero a Bretaña, Occitania y sobre todo Córcega, donde hay movimientos independistas que en algún momento podrían poner en riesgo la unidad de Francia.  

Las autonomías parecían una respuesta para lograr la coexistencia entre distintos, pero no ha sido así. Las autonomías han exacerbado los nacionalismos, por ejemplo idiomáticos. ¿Qué piensas al respecto?

El sistema autonómico de España, que es un punto intermedio entre un Estado unitario y uno federal, no ha podido contener a los movimientos independentistas porque no ha reconocido las mismas competencias y facultades para todos. Sabemos por ejemplo que las comunidades autónomas del País Vasco y Navarra gozan de una mayor autonomía fiscal que Cataluña. Entonces, no es de extrañar que existan descontentos en Cataluña, que es además la comunidad que más aporta al Estado.

En las discusiones que se han planteado en el último tiempo para reestructurar el sistema autonómico de España se ha tomado el ejemplo del Estado Plurinacional de Bolivia, que reconoce varias naciones con idioma y costumbres propias, dentro de un solo Estado. Me pareció interesante y paradójico, porque sabemos que nuestra Asamblea Constituyente recibió el asesoramiento de expertos españoles en temas autonómicos.

¿Qué te pareció el manejo del conflicto por parte de Rajoy? ¿Quiso "sentar la mano” a los catalanes independentistas? ¿No hubiera sido mejor negociar?

Me pareció muy mal, no sólo porque Rajoy restringió violentamente el derecho que tienen los catalanes a votar, sino sobre todo porque, políticamente, no fue nada positivo para su gobierno que se emitieran las imágenes que se vieron en todo el mundo, de policías reprimiendo duramente al pueblo catalán, incluidos mujeres y ancianos, que sólo querían votar.

Su miedo al resultado del referendo quedó al descubierto.

Puigdemont acudió a Bruselas, pero es imposible que la Unión Europea apoye la independencia. ¿A qué juegan los independentistas a esta altura?

Efectivamente, la Comisión y el Consejo de Europa le han dado la espalda y sus representantes le han pedido que vuelva a la legalidad, calificando a su movimiento de "populismo independentista”.

Pero lo que parece buscar Puigdemont en Bruselas es el apoyo de los grupos independentistas de otros países e incomodar de esa forma a sus respectivos gobiernos. Es el caso del gobierno belga, que tiene en la región de Flandes a un movimiento que no se ha conformado con el sistema federal. De hecho, debido a su llegada, el Primer Ministro de Bélgica ha tenido que aclarar que él no había invitado al "expresident”.

Por otra parte, a estas alturas, la estrategia de los independentistas parece apuntar a darle un carácter plebiscitario a las elecciones catalanas del 21 de diciembre. Puesto que desde Bruselas, Puigdemont ha desafiado al gobierno español a respetar los resultados del 21D, y ha dado a entender que esas elecciones enfrentaran a los independentistas con los del "bloque del 155”, en referencia al artículo de la Constitución española que el gobierno de Rajoy aplicó para destituirlo.    

¿Qué lecciones arroja este suceso para Latinoamérica y Bolivia?

Creo que la principal lección es que los movimientos separatistas la tienen muy difícil, y que no lograrán nada mientras sus pretendidas independencias no se alineen con los intereses de las grandes potencias, como ocurrió por ejemplo con la "independencia” de Kosovo y más recientemente de Crimea.

Para Bolivia creo que es una buena noticia que se haya tomado como ejemplo al sistema del Estado Plurinacional, que es visto como un sistema avanzado y así lo ha hecho notar nuestro gobierno en los comunicados de la Cancillería.

¿Cómo actuó el gobierno boliviano frente a este conflicto?  

Me parece que bien: se adoptó una posición moderada que destaca la conveniencia de adoptar un sistema plurinacional, sin apoyar a ninguna de las dos partes. Eso es positivo, porque no convenía adoptar una postura extrema que nos dejara mal parados ante ciertos países. Esto lo digo porque en estos momentos, Bolivia debe buscar apoyos de la comunidad internacional de cara a lo que vendrá después del juicio por el tema marítimo que tenemos en La Haya.

domingo, 28 de mayo de 2017

"Fora Temer"

Por ahora no hay certidumbre respecto a lo que sucederá, lo único que parece seguro es que el pedido de “Fora Temer” se escuchará cada vez más fuerte en las calles de Brasil y también en el Congreso.

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Fuente: La radio del Sur.
Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en La Razón 

Los escándalos de corrupción que salieron a la luz recientemente en Brasil y que salpican prácticamente a toda la clase política de ese país, incluyendo al Presidente Michel Temer y a los máximos líderes de la oposición; han sumergido a nuestro vecino más grande en una profunda crisis política que genera incertidumbre respecto a la sostenibilidad del actual gobierno y genera también efectos negativos en lo económico, justo cuando la economía brasileña empezaba a recuperarse de la recesión a la que había ingresado en 2014.  

En efecto, cuando comenzó esa recesión, a principios del segundo mandato de Dilma Rousseff, se supo que altos ejecutivos de PETROBRAS, junto a empresarios de grandes lavanderías y gasolineras; habían cometido delitos de lavado de dinero y de falsedad documental. Al poco tiempo, la operación iniciada por la Policía Federal, conocida como Lava Jato (Autolavado), empezó a involucrar a varios miembros de la coalición oficialista, en la que todavía estaba el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), del entonces Vicepresidente Michel Temer, junto al Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff y Lula da Silva.  

Al cabo de unos meses, con el aumento de las denuncias de corrupción y con la profundización de la crisis económica, la popularidad de Rousseff cayó drásticamente y la oposición empezó a utilizar el caso Lava Jato para atacarla y pedir su impeachment, aunque después fue procesada y destituida por supuestamente haber maquillado las cuentas fiscales.
  
Temer, que era incluso menos popular que la Mandataria recién destituida, asumió la presidencia interinamente en mayo de 2016 y plenamente en agosto del mismo año, con la idea de sacar al país de la crisis económica. Para lo cual adoptó medidas de austeridad, algunas de ellas muy impopulares, como la de congelar el salario mínimo en 880 reales (281 USD), eliminar ciertas exenciones impositivas al sector industrial, devaluar la moneda para mantener un tipo de cambio real y recortar sustancialmente el gasto público en salud y educación. No obstante, esas medidas, tildadas de “neoliberales”, contribuyeron a mejorar la situación del país: el déficit fiscal y el déficit de balanza de pagos disminuyeron, la inflación se controló y se atrajo algunas nuevas inversiones. 

En eso, la red O Globo publicó una grabación de Temer, registrada el 7 de marzo de 2017, entre el Presidente del Brasil y el dueño de la empresa cárnica más grande del mundo JBS, Joesley Batista, donde se escucha decir a Temer: “Hay que mantener eso, ¿ok?”, en referencia a los pagos que Batista venía realizando para comprar el silencio de Eduardo Cunha, un ex diputado condenado a 15 años de prisión por su implicación en el caso Lava Jato y principal instigador de la destitución de Dilma Rousseff, cuando fungió como presidente de la Cámara de Diputados (2015 – 2016).  

Ante el malestar que causó toda esta situación en la población, que salió en multitudes a protestar a las calles y a exigir “Fora Temer”, podemos predecir la ocurrencia de al menos cuatro diferentes escenarios: 1) que Temer salga airoso de las investigaciones y termine su mandato; 2) que renuncie, a pesar de que ya dijo que no lo hará; 3) que sea sometido a un proceso de impeachment, que tomaría cerca de 8 meses; o 4) que sea destituido por decisión del Supremo Tribunal de Justicia (STJ) o del Supremo Tribunal Electoral (STE).

En el primer caso, que termine su mandato, tendríamos a Temer hasta el 31 de diciembre de 2018, cuando tendría que entregar el poder al ganador de las elecciones presidenciales que se tienen que realizar el 28 de octubre de 2018. En las cuales, por ahora, el candidato favorito es Luiz Inacio Lula da Silva, quien, para candidatear, deberá demostrar previamente su inocencia en los 5 procesos judiciales que actualmente pesan en su contra.   

En el segundo caso, la renuncia, Temer sería reemplazado por Rodrigo Maia, el Presidente de la Cámara de Diputados, quien asumiría interinamente con el mandato constitucional de llamar a elecciones en un plazo máximo de 90 días. 

En el tercer caso, el impeachment, al igual que sucedió con Rousseff, el Presidente de la Cámara de Diputados tendría que aprobar el inicio del proceso, cosa que a primera vista no parece muy posible porque Maia es un buen amigo y aliado de Temer, pero que podría suceder de todas formas si Maia tiene intenciones de llegar a la presidencia. En ese caso se iniciaría un proceso en el que Temer sería suspendido del cargo por 180 días, en los que se realizarían las investigaciones y en los que ambas cámaras del Congreso tendrían que aprobar por 2/3 la destitución definitiva del Presidente para que se haga efectiva.

Por último, en el cuarto caso, la destitución de Temer por parte de uno de los Tribunales que actualmente lo investigan (Justicia y Electoral), se podría dar si el STJ lo halla culpable de los cargos de obstrucción a la justicia y/o corrupción pasiva en el caso Lava Jato; o si el STE concluye que hubo irregularidades en el financiamiento de la campaña electoral de 2014, cuando Rousseff y Temer participaron como candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia respectivamente.  
En cualquiera de esos dos casos, Temer tendría que dejar el cargo y enfrentar a la justicia con la posibilidad de terminar en prisión. Por su parte, Maia quedaría como presidente interino y tendría que llamar a elecciones en menos de tres meses.


Por ahora no hay certidumbre respecto a lo que sucederá, lo único que parece seguro es que el pedido de “Fora Temer” se escuchará cada vez más fuerte en las calles y también en el Congreso, mientras el impopular Presidente de Brasil, que quiso recomponer la maltrecha economía de su país con medidas también impopulares, permanezca en el poder.   

domingo, 16 de abril de 2017

El aislamiento de Bolivia en la ONU y OEA

En relaciones internacionales no existen amigos ni enemigos, sino intereses. Bolivia debe priorizar sus propios intereses en la ONU y la OEA, no los de Siria ni los de Venezuela. 


Por: Andrés Guzmán Escobari

Durante la primera semana de abril, la diplomacia boliviana incurrió en dos errores inoficiosos que no hicieron más que profundizar el aislamiento de nuestro país a nivel internacional: el intento fallido por celebrar una reunión reservada en el Consejo de Seguridad, con el fin de apoyar a Siria, y el intento fallido por suspender una sesión del Consejo Permanente de la OEA, para apoyar a Venezuela.

En efecto, estos dos traspiés, que son una muestra más de la desprolijidad con la que se manejan nuestras relaciones internacionales, resultan sumamente preocupantes si consideramos que cuando concluya el juicio que tenemos contra Chile sobre la “Obligación de negociar un acceso al Océano Pacífico”, aproximadamente a mediados de 2018, vamos a necesitar ávidamente el apoyo de la comunidad internacional, ya sea para negociar con el país del Mapocho si la Corte Internacional de Justicia (CIJ) falla a nuestro favor, o para enfrentar lo que podría ser un resultado mediana o totalmente desfavorable.

Pero si bien resulta obvio que Bolivia requerirá el apoyo de la comunidad internacional para enfrentar el escenario que surja después del juicio en La Haya, las acciones que han tomado nuestros representantes ante la OEA y la ONU no contribuyen a ese propósito, sino que nos alejan más de los países que observan con tristeza y repudio lo que sucede en Venezuela y Siria. El primero que ha intentado romper el orden democrático suprimiendo al poder legislativo; y el segundo que ha utilizado armas químicas en contra de su población civil según un informe de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), suscrito por el Secretario General de la ONU el 21 de octubre de 2016 (S/2016/888). 

Considerando estos antecedentes, en las siguientes líneas intentaré hacer una crítica constructiva de lo sucedido en el Consejo de Seguridad, dejando lo ocurrido en la OEA para un próximo artículo.

Primero cabe recordar que a finales de febrero, Bolivia votó en contra de una resolución del Consejo de Seguridad que pretendía sancionar a ciertos funcionarios del gobierno sirio por el uso y producción de armas químicas. Lo cual, si bien se hizo porque las listas de los funcionarios sirios a ser sancionados no habían sido aprobadas por la Comisión encargada de esa tarea, nuestro representante pudo haber votado en abstención para evitar que la crítica internacional incluya a nuestro país entre los Estados que apoyan al gobierno de Bashar Al-Assad, conformado por Rusia, China e Irán que, a diferencia de nuestro país, sí tienen fuertes intereses geopolíticos y económicos en la zona.    

Después de ese innecesario tropezón, el Consejo de Seguridad se reunió el 5 de abril para tratar el ataque químico perpetrado un día antes en el poblado sirio de Khan Sheikhoun. En esa ocasión, el representante boliviano, Sacha Llorenti, en referencia al informe emitido el 22 de marzo de 2017 por la Secretaría de la OPAQ dijo: “valoramos que se haya verificado la destrucción de 24 de las 27 instalaciones declaradas por la República Árabe Siria en las que pudieran producir armas químicas”, y luego añadió: “Resaltamos que de acuerdo al mismo informe todos los químicos declarados por la República Árabe Siria que fueron removidos de su territorio en 2014, han sido destruidos. Por lo que destacamos la disposición y voluntad expresada por el gobierno sirio para cumplir con sus obligaciones internacionales”. 

Al respecto, cabe señalar que Siria aún no destruyó todas sus instalaciones de producción de armas químicas, tal como se había comprometido mediante los acuerdos que suscribió con Rusia y Estados Unidos en octubre de 2013, junto a la Convención sobre las Armas Químicas de 1993. Según lo convenido en esa ocasión, Damasco tenía hasta mediados de 2014 para destruir todas sus instalaciones de producción de armas químicas, por lo que después de casi tres años de haber fenecido ese plazo resulta injustificado, por no decir curioso, que Bolivia “valore” la destrucción de solo 24 de las 27 instalaciones que posee el gobierno de Siria, más aún si consideramos los antecedentes que tiene ese gobierno en el uso de armas químicas.

Por otra parte, también es importante anotar que los químicos declarados, que efectivamente fueron removidos de territorio sirio a principios de 2014, no fueron destruidos por el gobierno de Al-Assad, sino por una coalición de países que se ofreció a cumplir con esa tarea junto a la OPAQ. Por lo que no correspondía en ningún caso “resaltar” ni “destacar” las acciones del gobierno sirio.  

Además, después del ataque de misiles estadounidenses a una base militar siria, perpetrado precisamente en represalia por el ataque químico supuestamente acometido por el gobierno de Damasco el 4 de abril; Llorenti solicitó realizar una reunión reservada del Consejo de Seguridad para tratar el tema de la intervención unilateral de Estados Unidos. Lo cual fue desestimado por la actual Presidenta del Consejo, la Embajadora estadounidense Nikki Haley, que convocó a una reunión pública y declaró que “Cualquier país que escoja defender las atrocidades del régimen sirio, tendrá que hacerlo en público, para que todo el mundo pueda oírlo”. 

Así, la reunión se llevó a cabo públicamente el 7 de abril y nuestro representante ya no valoró ni destacó las acciones del régimen sirio, sino que se concentró en atacar a Estados Unidos. Ciertamente, el Embajador boliviano señaló las contradicciones de la política intervencionista de Washington con razón y vehemencia, y si bien no dijo nada que no sea cierto, las verdades hay que saber decirlas o mejor no decirlas, si no conviene. En este caso, teniendo en cuenta que debemos conseguir apoyos para lo que vaya a suceder después del juicio en la CIJ, habría sido mucho más acertado adoptar una postura neutral, menos política y más diplomática, menos ideologizada y más pragmática. Una postura que sin apoyar a los unos tampoco apoye a los otros, pero sobre todo que no deje la sensación de que Bolivia respalda al gobierno de Al-Assad.    

En este punto, es importante comprender que en relaciones internacionales no existen amigos ni enemigos, sino intereses y que debemos priorizar nuestros intereses, no los de Siria ni los de Venezuela. De hecho, lo que corresponde es mostrarnos como un país democrático y respetuoso del derecho internacional, que busca resolver sus conflictos mediante arreglos pacíficos y negociados, y que más allá de las ideologías, aprecia todos los apoyos a nuestra demanda de reintegración marítima.

domingo, 12 de marzo de 2017

Bolivia y el uso de armas químicas en Siria

La representación de Bolivia ante el Consejo de Seguridad, antes de alinearse con la postura de rusos y chinos, debería privilegiar los intereses de nuestro país en materia de seguridad transfronteriza.

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Después de un ataque con armas químicas en el poblado de Ghouta.
Foto: Reuters

Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Página Siete

El 21 de septiembre de 2013, el pueblo sirio de Ghouta fue atacado con bombas de gas sarín, causando la muerte agónica, cruel y dolorosa de más de 350 civiles, incluyendo mujeres y niños. Los autores de tan horrendo crimen no han sido identificados hasta la fecha porque las partes del conflicto y los países que han decidido intervenir en el mismo no se han puesto de acuerdo respecto a las responsabilidades. Mientras que el grupo integrado por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, conocido como la “troika occidental” en el Consejo de Seguridad, responsabiliza al gobierno de Bashar al-Ásad, este último culpa a los rebeldes que luchan en su contra y a los terroristas que controlan parte de su territorio.    

El uso de gas sarín y de otros agentes químicos letales para aniquilar seres humanos es un crimen de guerra que se encuentra prohibido por varios tratados multilaterales como la Convención sobre las Armas Químicas de 1993 que prohíbe el desarrollo, producción, almacenamiento, transferencia y empleo de armas químicas. Asimismo, de acuerdo a la Resolución 1540 (2004) del Consejo de Seguridad, cuya aplicación está a cargo de un Comité presidido actualmente por Bolivia; todos los Estados deben abstenerse de suministrar apoyo a los agentes no estatales que traten de desarrollar, adquirir, fabricar, poseer, transportar, transferir o emplear armas químicas, biológicas y/o nucleares.  

No obstante, a pesar de esas prohibiciones y a pesar de que el gobierno sirio terminó de adherirse a la Convención de 1993 en octubre 2013, los ataques químicos en contra de los civiles sirios continuaron en 2014, 2015 y 2016. Ante lo cual, el Consejo de Seguridad, del cual Bolivia es actualmente miembro no permanente, adoptó las resoluciones 2235 (2015), 2209 (2015) y 2319 (2016), mediante las cuales decidió que la República Árabe de Sira no debe emplear, desarrollar, producir, adquirir, almacenar ni conservar armas químicas. Pero no pudo adoptar medidas más enérgicas debido a la oposición de Rusia y China que, como miembros permanentes del Consejo, ejercieron su poder de veto para defender al gobierno sirio, cuya permanencia en el poder está muy en la línea de sus intereses económicos y geopolíticos en la región. 

Ciertamente, la última vez que rusos y chinos vetaron una Resolución del Consejo de Seguridad sobre este tema fue a finales de febrero, cuando sólo Rusia, China y Bolivia votaron en contra de una moción presentada por más de 40 países, liderados por la troika occidental, que básicamente pretendía sancionar a entidades y personas del gobierno sirio, supuestamente vinculadas a la producción y uso de armas químicas (S/2017/172).  

Las razones argüidas por los representantes de Moscú, Beijing y La Paz coincidieron en señalar que las listas de las entidades y personas a ser sancionadas no habían sido aprobadas por el Mecanismo creado con ese propósito en 2015; que la referida Resolución podía entorpecer el proceso de paz de Ginebra, que ha garantizado el cese al fuego entre el ejército sirio y los rebeldes por ya casi tres meses; y que someter a votación un proyecto de resolución que todos sabían que sería vetado, revela los fines políticos de sus promotores (S/PV.7893).

Pero más allá de las explicaciones, es bien sabido que Siria tiene una importancia estratégica para Rusia y China, pero no para Bolivia.

La Federación Rusa, en razón de sus acuerdos con Damasco, posee dos bases militares en territorio sirio: la base naval de Tartus que le permite acceder al mar Mediterráneo y la base aérea de Latakia, que sirve a sus aviones para operar en la zona. Asimismo, las importantes reservas de gas natural que posee Siria y la necesidad que tienen los proyectos gasíferos de los países del golfo Pérsico de pasar por territorio sirio para llegar a los mercados europeos, han hecho que Moscú vea con recelo cualquier cambio de la situación en Siria, que pueda alterar su predominio como el principal proveedor de gas a Europa.

Por tales motivos, y porque el gobierno sirio es un buen comprador de armas rusas, el Kremlin ha hecho todo lo posible por impedir el derrocamiento de al-Ásad. 

Por su parte, la República Popular China, siguiendo su tradicional política de absoluto rechazo a la interferencia en asuntos internos de los Estados, que le ha servido para exigir la no injerencia de la comunidad internacional en Taiwán, Xinjiang y Tíbet, y más recientemente también en la disputa por el mar de la China meridional; ha rechazado enérgicamente las intervenciones de las potencias occidentales en Siria, y también ha tenido que repudiar la participación de Rusia, que ha incursionado en la zona para bombardear a los terroristas que representan un riesgo para la continuidad del régimen sirio.

Al gobierno de Beijing además le interesa ampliar su influencia en la región, mostrándose como una alternativa al dominio de las potencias occidentales, para lo cual ha estado apoyando económica y humanitariamente a Siria, como una forma distinta de abordar el conflicto. En esa misma línea, cabe considerar el proyecto chino “un camino, un cinturón” que, siguiendo lo que fue “la ruta de la seda”, busca conectar al gigante asiático con Oriente Próximo, Europa y África, mediante la construcción de carreteras y líneas férreas que también tendrían que pasar por Siria. Por lo que, la resolución del conflicto sirio se ha convertido en una prioridad para China.

En el caso del Estado Plurinacional de Bolivia los intereses no están tan claros, pues más allá del incentivo que pueda tener el actual gobierno por reafirmar su política antiimperialista, rechazando todo lo que venga de los Estados Unidos; no existen vínculos comerciales ni diplomáticos con Siria que justifiquen el apoyo a su gobierno, que es además un régimen autocrático. De hecho, la representación boliviana, antes de alinearse con la postura de rusos y chinos, debería privilegiar los intereses de nuestro país en materia de seguridad transfronteriza. 

Efectivamente, considerando que Chile mantiene cientos de miles de minas antipersona y antitanque en la frontera con nuestro país, rechazar una Resolución que sanciona a un país por el uso de armas no convencionales, puede sentar un precedente negativo y hasta peligroso para nuestros intereses.     

En otras palabras, no debemos priorizar las discrepancias o afinidades político-ideológicas que siempre las hay en las relaciones internacionales, ni debemos apostar todo a un solo bando cuando nuestros intereses vitales no están en riesgo; es necesario anteponer las razones de Estado, como hacen la mayoría de los países, y no porque crea que Bolivia debió haber votado a favor, pero sí al menos abstenerse. 

domingo, 15 de enero de 2017

¿Es Putin mejor lider que Obama?

Uno de los principales argumentos que Trump utilizó durante la campaña electoral fue precisamente que Putin es mejor lider que Obama.


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Por: Andrés Guzmán Escobari
La intrincada relación que mantuvieron los Presidentes Barak Obama de Estados Unidos y Vladimir Putin de Rusia, está a punto de llegar a su fin de la peor manera imaginable, con un distanciamiento político-diplomático casi absoluto, con fuertes sanciones impuestas por Washington a la Federación Rusa y con una disputa casi inevitable entre ambos mandatarios por el liderazgo mundial, que el ruso supo capitalizar a su favor, gracias a su astucia política y mayor experiencia en el contexto internacional.

En efecto, en estos últimos 8 años el mandatario estadounidense, a pesar de sus buenas intenciones, no hizo más que permitir el expansionismo y repotenciamiento del mayor adversario que históricamente ha tenido su país.

No obstante, toda esta situación no parece preocupar al Presidente electo, Donald Trump, que ya adelantó que pretende cambiar el enfoque de las relaciones ruso-estadounidenses, llevándose bien con Putin, a quien considera mejor líder que Obama.

Pero para comprender qué es lo que se avecina y qué está en juego, es necesario conocer qué es lo que ha pasado en el último tiempo entre las dos mayores potencias nucleares del planeta.

Todo comenzó en enero de 2009, cuando Obama asumió la presidencia de EEUU y Putin ocupaba el cargo de Primer Ministro (2008 – 2012), después de haber sido Presidente de Rusia de 1999 a 2008. En esos momentos, las tensiones entre ambos países se enfocaban principalmente en dos puntos: 1) el rechazo de Washington al reconocimiento que había hecho Moscú a la independencia de Osetia del sur y Abjasia, que hasta ese entonces se consideraban como parte de Georgia; y 2) el repudio de Rusia al establecimiento de un impresionante sistema de misiles y radares estadounidense (EIS), en Polonia y República Checa, que supuestamente estaba pensado para evitar un ataque de Irán a Europa.

Las tensiones que esos dos conflictos provocaron se fueron disipando tras la decisión de Obama de no intervenir militarmente en Osetia del Sur y Abjasia, como su antecesor lo había hecho en Irak y Afganistán, dejando que Rusia controle la estratégica zona del Cáucaso; y después de que el mismo Obama ordenó cancelar el proyecto de misiles y radares EIS, para reemplazarlo por otro menos ambicioso.  

Para complementar esas acciones, que fueron duramente criticadas en el mundo occidental, Obama buscó un acercamiento con el Kremlin mediante lo que se conoció como el intento por “reiniciar” (reset) las relaciones ruso-estadounidenses. En efecto, en marzo de 2009, en una reunión de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el Ministro de exteriores, Serguéi Lavrov; la estadounidense le entregó al ruso un botón rojo con una inscripción que decía “reset” (reiniciar) y con la traducción al ruso en alfabeto romano del término “перегрузка”, que no significa “reiniciar” sino “sobrecargado”… El pequeño gran error, que fue tomado con humor por Lavrov en ese momento, marcó el inicio de ese fallido intento de aproximación que luego sería descartado, cuando Rusia decidió intervenir militarmente en Ucrania y Siria.

Efectivamente, en marzo de 2014, aprovechando la incertidumbre que había generado la revolución ucraniana, Putin dispuso anexionar la península de Crimea a Rusia, lo que representó la primera alteración del mapa político de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Ante esa situación, Obama, tras un fallido intento por convencer a Putin de que retroceda, impuso fuertes sanciones a Rusia e impulsó, junto a las potencias europeas del G7 (G8 menos Rusia), la aplicación de más sanciones al gigante euroasiático. Empero, Putin, en lugar de recular, decidió apoyar las protestas prorusas en el este de Ucrania, donde estalló una guerra civil entre los rebeldes separatistas prorusos y las fuerzas militares ucranianas, que aún está en curso.

Por otra parte, en marzo de 2013, después de que el gobierno sirio de Bashar al-Ásad cruzó la línea roja que el Presidente estadounidense había trazado en 2012, de no usar armas químicas, el mismo Obama desistió de enviar tropas a Siria, en una medida muy criticada porque privilegiaba los tratos que en esos momentos Washington mantenía con Irán. Con ese antecedente, que había significado un triunfo diplomático para Moscú y Damasco, Putin decidió enviar a sus cazabombarderos a la zona de guerra, en septiembre de 2015, para combatir a los terroristas y apoyar al régimen de al-Ásad que estaba a punto de ser derrotado. Dicho despliegue, que fue la primera vez que las fuerzas rusas cruzaron lo que fue “la cortina de hierro” durante la Guerra Fría (1945 – 1989); contribuyó a prolongar el conflicto, pues gracias al apoyo ruso, las fuerzas de al-Ásad lograron recuperar ciertas áreas que habían perdido en favor de los rebeldes y terroristas.    

Todas esas maniobras de geopolítica, en las que Putin hizo gala de sus habilidades estratégicas y de su experiencia político-diplomática, acumulada después de haber tratado con los presidentes Bill Clinton y George W. Bush, dejaron la sensación de que Rusia había vuelto a ser una superpotencia y que Obama lo había permitido. De hecho, uno de los principales argumentos que Trump utilizó durante la campaña electoral, fue precisamente que Putin es mejor líder que Obama.

En esas circunstancias, y aun sin tener pruebas, varios miembros del partido demócrata, incluida la candidata Hillary Clinton y el mismo Obama, acusaron a Rusia de haber hackeado las cuentas de correo electrónico de varios demócratas, con el fin de filtrar la información y favorecer a Trump en las elecciones. En la misma línea, en octubre de 2016, y también sin presentar evidencias, la CIA publicó un informe que corroboraba las acusaciones de los demócratas. Por lo cual, la Casa Blanca anunció medidas drásticas contra Moscú, que llegaron recién a finales de diciembre, cuando Obama decretó la expulsión de 35 diplomáticos rusos y el cierre de dos establecimientos que habían sido utilizados supuestamente para operaciones de ciberespionaje.  

Ante esa medida, que mostraba la gran molestia del gobierno de Obama con Rusia, y que al mismo tiempo parecía estar dirigida a evitar cualquier entendimiento entre Putin y Trump, el Presidente ruso decidió no responder en reciprocidad, como se suele hacer en estos casos, y advirtió que su país no está dispuesto a practicar “una diplomacia de cocina, irresponsable”. Con lo cual, una vez más, Putin dejó muy mal parado a Obama y abrió las puertas para desarrollar una relación de cooperación y entendimiento con Trump, el nuevo encargado de contener a Rusia.

domingo, 6 de noviembre de 2016

La “amañada” elección presidencial de EEUU

Es evidente que Trump ya empezó a prepararse para una derrota que podría tornarse inédita y hasta vergonzosa, afirma el autor.
 
Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Página Siete

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Photo: DonkeyHotey/flickr/cc
La elección presidencial de los Estados Unidos, disputada intensamente entre Hillary Clinton y Donald Trump, ha llamado la atención de propios y extraños, incluso de personas que nunca antes se habían interesado en estos temas; no sólo por ser la primera vez que una mujer de larga trayectoria en la política se enfrenta a un magnate que nunca ocupó un cargo público, sino sobre todo por la inusual bajeza y vulgaridad con la que se desarrolló la contienda y por los serios cuestionamientos que el candidato republicano ha hecho al sistema electoral estadounidense.
En efecto, durante toda la campaña, ambos contendores estuvieron mucho más enfocados en señalar los errores y supuestos delitos de su oponente, que en proponer planes de política pública para enfrentar los desafíos que tiene su país.
Por un lado, Trump criticó duramente a la candidata demócrata por los correos electrónicos que ella intercambió desde su cuenta privada – no institucional – cuando fue Secretaria de Estado (2009 – 2013). Dichos correos, que contenían secretos de Estado y que podían poner en riesgo la seguridad nacional de los Estados Unidos si hubiesen llegado a manos enemigas, fueron la punta de lanza de la campaña de Trump para desacreditar y desprestigiar a la ex jefe de la diplomacia estadounidense. Todo ello, porque según las encuestas, la irresponsabilidad de Clinton en el manejo de información clasificada decepcionó a mucha gente y alarmó a la mayoría de los estadounidenses que tienen un especial recelo por su seguridad desde los atentados del 11 de septiembre.
Pero Trump no solo utilizó el incidente para generar temor en torno a una eventual victoria de su oponente, sino que además se permitió amenazarla directamente con enviarla a prisión si él llega a la presidencia. Efectivamente, durante el segundo debate presidencial, el candidato republicano dijo que si él gana las elecciones, designará a un fiscal especial para investigar a Clinton e insinuó que ella estaría en la cárcel si él fuera presidente. Lo cual, si bien fue aplaudido por los republicanos que aún apoyan a Trump y que también quieren enjuiciar a Obama por el asesinato del Embajador estadunidense en Bengasi - Libia el año 2012; también le valió muchísimas críticas de parte de los demócratas y de otros grupos que vieron en ese anuncio, un intento por querer recurrir a la persecución política.     
Por el otro lado, Clinton centró su campaña en los comentarios misóginos que hizo su contrincante en varias ocasiones, destacando que Trump no sólo denigra a las mujeres, sino también a los mexicanos, musulmanes y personas LGTB. De hecho, dos días antes del segundo debate presidencial, el Washington Post, un periódico que respalda abiertamente al partido demócrata, publicó un video en el que Trump se jacta de besar y manosear a mujeres hermosas. “Cuando eres una estrella, ellas se dejan” dijo el magnate neoyorquino quien luego tuvo que disculparse no sin antes alegar que eran “comentarios de vestuario” y que el marido de su contrincante había hecho cosas mucho peores.    
De igual forma, Clinton aludió a la ex Miss Universo venezolana, Alicia Machado, a quien Trump llamó “Miss cerdita” por haber subido de peso durante su reinado y “Miss sirvienta” por su origen latinoamericano. Lo cual, sumado a las varias acusaciones de acoso sexual que pesan sobre el candidato republicano, demostraron que Trump es un hombre machista y misógino según la candidata demócrata, que no ha perdido la oportunidad para mostrarse como una valiente defensora del género femenino.
Así, como la campaña electoral del país más poderoso del mundo en términos económicos y militares, estuvo centrada en los errores y presuntos delitos de sus contendores, y no así en las propuestas que tiene cada cual para gobernar, el electorado se vio forzado a elegir al menos malo de los dos candidatos, lo cual, en una primera instancia, le ha favorecido a Hillary Clinton, que, según las encuestas, mantiene una cómoda ventaja de más del 7% por sobre su contendiente.
Ahora, si bien no podemos fiarnos de las encuestas para predecir el resultado de una elección en la que participarán más de 120 millones de personas, algunas de ellas desencantadas o decepcionadas por lo que ha sido la campaña electoral, y que además tiene un complicado sistema de decisión, determinado por el resultado del ganador en cada estado, y no por el número total de votos; es evidente que Trump ya empezó a prepararse para una derrota que podría tornarse inédita y hasta vergonzosa.
En efecto, el polémico candidato ha dicho varias veces que el sistema electoral estadounidense es fraudulento, corrupto y que la votación está “amañada” (rigged). De hecho, durante el tercer debate presidencial no quiso comprometerse a respetar el resultado de la elección y al día siguiente dijo que sólo lo respetaría si él gana.   
Estas sorprendentes e inusuales declaraciones en una de las democracias más emblemáticas del mundo, además de cuestionar la institucionalidad electoral del país, nos hacen presumir que Trump quiere prevenir lo que podría ser su bochornosa derrota. Ciertamente, si la diferencia entre ambos candidatos supera el 9% de los votos, será la derrota más holgada de las últimas tres décadas, considerando que la última vez ese margen fue superado fue en 1984, cuando Ronald Reagan derrotó a Walter Mondale por más del 15% de los votos.
En ese caso, Trump seguramente dirá: “se los dije, la votación fue amañada” y Hillary Clinton comenzará su mandato con el peso de no saber si ganó por sus propios méritos o solamente porque su oponente resultó ser el candidato menos calificado y más ridículo de toda la historia de los Estados Unidos.

domingo, 21 de agosto de 2016

La cercanía de la Tercera Guerra Mundial

Por: Andrés Guzmán Escobari

El autor señala que los conflictos internacionales y las tensiones que podrían desencadenar esta controversia armada “se han acentuado y agravado”.


Fuente: Gary Varvel (2015).
Sin el ánimo de exagerar, los conflictos internacionales y las tensiones que podrían desencadenar la Tercera Guerra Mundial se han acentuado y agravado en los últimos años a niveles ciertamente preocupantes. 

En efecto, a partir de 2011, el mundo ha sido testigo del estallido de guerras en Siria (2011), Libia (2011), Sudán del Sur (2013), Ucrania (2014) y Yemen (2014); y los problemas ocasionados por las invasiones de una coalición de países liderada por   Estados Unidos en Afganistán (2001) e Iraq (2003), lejos de solucionarse, se han profundizado y radicalizado seriamente con el empoderamiento del Estado Islámico, que ha logrado sembrar el terror no sólo en el Medio Oriente, sino también en Europa. 

De igual forma, las insurgencias de Boko Haram y Al Shabab en Nigeria y Somalia respectivamente, han provocado el esparcimiento del terrorismo en toda la región norafricana. A lo cual se suma el largo conflicto palestino-israelí, que no parece tener solución, y la disputa territorial entre Pakistán e India que tampoco es reciente. 

Todo ello ha trascendido a su vez, en el surgimiento de una de las peores crisis humanitarias de la historia que se expresa en el desplazamiento forzado de más de 65 millones de personas que han tenido que huir de la guerra y de la persecución, según la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR, 2015).

Por si fuera poco, las serias disputas territoriales que han surgido en el mar de China y en la península coreana, donde Corea del Norte ha estado desarrollando un programa militar de empoderamiento nuclear, son un reflejo más de un mundo que no parece haber aprendido de la devastación y de la miseria que dejaron las dos guerras mundiales (1914 – 1918 y 1939 – 1945). 

Pero si bien es cierto que la ONU y algunos de los países responsables de lo que está ocurriendo, como Estados Unidos, han estado trabajando en la solución de estos problemas, es evidente que sus esfuerzos no han sido suficientes para evitar el surgimiento de las nuevas guerras ni la terminación de los conflictos de larga data. 

Un caso particularmente grave es el de Siria, donde lo que comenzó como una protesta contra el gobierno de Bashar al-Ásad, en marzo de 2011, rápidamente se convirtió en una guerra civil de gran escala que ha cobrado la vida de cerca de medio millón de personas, y que ha enfrentado, por un lado, al Gobierno sirio – apoyado por Rusia, Irán y la agrupación política chiita-libanesa Hezbollah – y por el otro lado, a los grupos rebeldes, respaldados a su vez, por Estados Unidos y algunas de las potencias occidentales. Al respecto, es importante destacar que el presidente Barack Obama, de acuerdo con sus promesas electorales de no comprometer a su país en nuevas aventuras bélicas, se ha rehusado a intervenir en Siria, como su antecesor lo había hecho en Iraq y Afganistán. 

Por ese motivo, Obama se ha limitado a desplegar esfuerzos diplomáticos en el grupo que se ha conformado en Ginebra para pacificar la zona, que lamentablemente no ha logrado muchos avances, y a realizar bombardeos aéreos, en coordinación con los países de la OTAN, para debilitar a las fuerzas de al-Ásad y del Estado Islámico, lo cual, como era de esperar, tampoco contribuyó a resolver el conflicto.

Por su parte, Rusia, que tiene una base naval de importancia estratégica en Siria, ha vetado – con la ayuda de China–, cada una de las resoluciones propuestas por los miembros del Consejo de Seguridad para apaciguar al gobierno de Damasco que, en agosto de 2013, y sin importarle mucho la línea roja que había trazado Obama respecto a la prohibición de las armas químicas, arrojó gas sarín y mostaza sobre una parte de su población, presumiblemente rebelde, causando la espantosa, dolorosa e inhumana muerte de más de 300 personas. 

Ante esa situación, que demostró la debilidad coercitiva de  Estados Unidos, que no respondió proporcionalmente a este hecho que desafiaba su autoridad y vulneraba los preceptos más básicos del Derecho Internacional Humanitario, el presidente ruso, Vladimir Putin, decidió intervenir en el conflicto pero no con el objetivo de detener al Gobierno sirio, sino para defenderlo. En efecto, Rusia mandó aviones Su-30 con el fin de atacar a las fuerzas rebeldes y al Estado Islámico, lo cual, en lugar de contribuir a resolver el problema lo agravó y encendió las alarmas de la OTAN que por primera vez desde los tiempos de la Guerra Fría ha visto pasar cazas rusos, más allá de lo que fue la cortina de hierro. 

Otro caso de gravedad, y que también trae reminiscencias de lo que fue la Guerra Fría (1945 – 1989), es el conflicto que estalló en Ucrania. Allí, las protestas iniciadas en noviembre de 2013 contra la decisión del presidente Víctor Yanukovych de rechazar un acuerdo de mayor integración económica con la Unión Europea, trascendieron en un conflicto de proporciones que generó la preocupación de Occidente y el contento de la vecina potencia rusa. 

En efecto, después de que Yanukovych tuvo que huir, Putin dispuso la ocupación y la consiguiente anexión de la península de Crimea – reconocida por todo el mundo como parte integrante del territorio ucraniano–, con el justificativo de "proteger” y respetar la autodeterminación de sus compatriotas que viven en la zona. Pero si bien la anexión territorial no es nada nuevo para los rusos que durante siglos han seguido una política expansionista para asegurar su acceso a las aguas cálidas del Mediterráneo y del mar Negro, y de hecho, el mismo Putin hizo algo similar en 2008 cuando dispuso ocupar las provincias georgianas de Abjasia y Osetia del sur,  para los países del mundo occidental y sobre todo para los miembros de la OTAN, la jugada geopolítica del Kremlin es sencillamente inaceptable, pues no sólo representa una afrenta al sistema internacional de fronteras, sino que es la primera vez que se modifica el mapa de Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.        

Este increíble suceso, que ocurrió hace tan sólo dos años, en 2014, soliviantó divisiones étnicas en Ucrania que, a su vez, propulsó la realización de un referendo, mediante el cual, los habitantes de las provincias ucranianas de Donetsk y Luhansk, colindantes con Rusia, declararon su independencia. Pero como el gobierno de Kiev no reconoció los resultados de ese referendo, estalló la guerra entre por un lado, los ucranianos separatistas pro-rusos –que según Kiev y la OTAN están siendo financiados y apoyados por Moscú, aunque este último lo niega– y las fuerzas militares de Ucrania que, al contrario de los que se podía esperar, no están recibiendo el apoyo decidido de la OTAN ni de Estados Unidos, que han preferido mantenerse al margen. Pero si bien se han hecho algunos esfuerzos diplomáticos entre Ucrania, Rusia, Francia y Alemania, que se han reunido en Minsk para intentar el cese de las hostilidades, los acuerdos alcanzados en la capital bielorrusa no han sido respetados en el campo de batalla.  

Aunque explicada muy brevemente, toda esta situación, que una vez más nos demuestra que la violencia sólo genera más violencia y que el sistema internacional del mantenimiento de la paz, configurado en torno a la ONU, requiere una reestructuración que lo haga más eficiente,  nos permite advertir con mucha preocupación que la Tercera Guerra Mundial está cada vez más cerca.

domingo, 10 de julio de 2016

La islamofobia detrás del Brexit

Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en La Razón (edición impresa)

La tibia defensa del proceso de integración europeo por parte de quienes propugnaron el Bremain, fue uno de los determinantes del triunfo del Brexit, que fue impulsado con un discurso islamofóbico.  

Un partidario del Brexit enfrenta a un musulmán. Fuente: World Bulletin
Existen varias razones para explicar el triunfo del Brexit (British exit o salida británica de la UE), entre las que destacan el resurgimiento del “espléndido aislamiento” que caracterizó a la política exterior británica durante muchos años y que al parecer ahora se pretende retomar, y la recuperación de la independencia político-económica que, según los propulsores de esta decisión, se había perdido desde que el Reino Unido ingresó a la Unión Europea (UE). Pero la razón más importante o al menos la más llamativa, es la islamofobia que estuvo detrás de esta determinación adoptada en el referéndum del pasado 23 de junio.

En efecto, dada la enorme preocupación que generó el surgimiento de grupos terroristas como Al Qaeda o el Estado Islámico (Daesh), que se basan en una versión distorsionada del islam para cometer actos de terrorismo; la seguridad de la población y las políticas de migración, se han convertido en los asuntos de más alta prioridad para los gobiernos de los países que participaron en las invasiones y/o bombardeos de Afganistán, Iraq, Somalia, Siria y Libia, todos ellos conformados por mayorías musulmanas.

Aprovechando esa preocupación y también los efectos de los gigantescos desplazamientos humanos que han provocado dichas invasiones y bombardeos desde el medio Oriente y norte de África hacia los países colindantes y Europa; las fuerzas de la ultraderecha británica, lideradas por el partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP por sus siglas en inglés) de Nigel Farage, han difundido un discurso euroescéptico e islamofóbico, que cuestiona duramente los beneficios de permanecer en la UE: oponiéndose a la política de inmigración europea que tiende a recibir cada vez más refugiados, criticando la exigua independencia que tienen los miembros de la UE para tomar sus propias decisiones en este y otros temas de interés nacional, y relacionando injustamente a todos los musulmanes y a sus manifestaciones culturales con el terrorismo yihadista.

Pero lo más lamentable es que estas ideas, que por la coyuntura y la desinformación generan una gran aceptación popular, no fueron rechazadas del todo ni por los conservadores que actualmente gobiernan, ni tampoco por los laboristas de centro-izquierda que son de la oposición pero que dijeron estar a favor de permanecer en la UE. Según las críticas, la tibia defensa del proceso de integración europeo por parte de quienes propugnaron el Bremain (British remain o permanencia británica en la UE), fue uno de los factores determinantes en el triunfo del Brexit (BBC, 24/05/2016).

Esta política nacionalista pero populista de la extrema derecha, que apela al desconocimiento de la población para conseguir votos, y que genera un escalofriante recuerdo de lo que fue el antisemitismo nazi de los años 30 y 40 del siglo pasado, está siendo aplicada por la ultraderecha de muchos otros países desarrollados, con la misma irresponsabilidad que determinó el retiro británico de la UE.

Efectivamente, en Estados Unidos, con un discurso muy parecido, Donald Trump, candidato republicano de la derecha populista, ha logrado cautivar a la mayor parte del electorado en las primarias de su partido de cara a las elecciones presidenciales de noviembre de este año, en una campaña signada por epítetos políticamente incorrectos y por una aversión absoluta y manifiesta a los inmigrantes, principalmente musulmanes y mexicanos. De hecho, si Trump es elegido como presidente, tendrá que cumplir sus promesas electorales de deportar a todos los inmigrantes indocumentados y de construir un gran muro en su frontera con México, entre otras cosas.  

Captura de pantalla de una entrevista de CNN a Donald Trump.
De igual forma, en Francia, Marine Le Pen, presidenta del partido de extrema derecha Frente Nacional, ha conseguido un importantísimo triunfo en las últimas elecciones regionales de diciembre de 2015, en las que su partido obtuvo la mayoría de los votos, y sólo pudo ser superado en una segunda vuelta, por la alianza de otros partidos de centroderecha e izquierda. De hecho, gracias a sus propuestas de prohibir el Corán y cerrar las fronteras a los inmigrantes, Le Pen también mantiene buenas posibilidades de convertirse en presidenta de su país, posición desde la cual podría promover el retiro de Francia de la UE y de la OTAN, tal como ya lo ha planteado.

En otros países de la Unión la visión islamofobica y euroescéptica también ha ganado espacios, como en Austria, donde Norbert Hofer del partido de extrema derecha, Libertad de Austria, obtuvo la mayor parte de los votos en las elecciones realizadas en abril pasado, siendo derrotado después por la centroizquierda, en la segunda vuelta, por menos de un punto porcentual (BBC, 22/06/2016).

En la misma línea, el Partido de la Libertad (PVV) del Reino de los Países Bajos, liderado por el ultraderechista Geert Wilder, ostenta actualmente la intención de voto más alta de todas las opciones para las elecciones legislativas que se realizarán en septiembre de este año, y eso gracias, entre otras cosas, a los llamados de su líder a “limpiar el país de marroquíes” (El País, 11/06/2016).   

Ante este sombrío panorama que parece nublarse cada vez más, especialmente para los cerca de 1.500 millones de musulmanes de todo el mundo, incluidos los no más de 50 mil terroristas del Estado Islámico; es bueno recordar que son los pueblos de los países mencionados los que en última instancia decidirán el futuro de Europa y Estados Unidos, y en buena medida también del mundo. En ese sentido, son esos pueblos los que tienen la responsabilidad de tomar las decisiones correctas, para evitar nuevos conflictos y para dar continuidad al proyecto de la UE que tiene que seguir siendo, con o sin el Brexit, el proceso de integración multilateral más avanzado e importante de la historia de la humanidad.