domingo, 11 de febrero de 2024

Bukele, ¿Fascismo democratico?

Aunque no se puede cuestionar la efectividad ni el apoyo popular de las medidas de seguridad aplicadas por Bukele, que están a la vista de todos, sí existen dudas razonables acerca de su legalidad y congruencia con lo que él mismo llama “sistema plenamente democrático”. 

Por: Andrés Guzmán Escobari

Publicado en Péndulo 

Tras su aplastante victoria en las elecciones presidenciales de El Salvador, Nayib Bukele dijo a sus simpatizantes: “Sería la primera vez que en un país existe un partido único en un sistema plenamente democrático”.

Ante lo que nos preguntamos ¿es realmente posible un partido único en democracia? o, en otras palabras, ¿es posible el fascismo en democracia?

Bukele, muy a pesar de que la Constitución salvadoreña no permite la reelección, también ha dicho que su reelección es el reflejo de la verdadera democracia. Una manifestación del poder del pueblo, pues democracia - según Bukele - "significa el poder del pueblo. 'Demos' y 'Kratos'. De ahí viene la palabra democracia".

Si bien eso es cierto y no se puede negar su amplio apoyo popular, si refinamos un poco el análisis e incluimos algunos otros parámetros para determinar qué tan democrático es el sistema salvadoreño, encontramos algunas incongruencias insalvables. Ciertamente, de acuerdo a la ciencia política liberal y al derecho internacional interamericano, un régimen político sólo es democrático cuando existe una pluralidad de partidos políticos, separación de poderes, respeto a los derechos humanos y un estricto acatamiento al Estado de derecho, entre otras cosas. Parámetros que el actual sistema salvadoreño no reúne.

Y no los reúne porque la Asamblea Legislativa, donde Bukele ya tenía mayoría, hizo algunos cambios recientemente que favorecen al partido oficialista Nuevas Ideas. Entre dichos cambios destacan los nombramientos de las autoridades judiciales, afines al oficialismo, y el cambio de la fórmula de conteo de votos para elegir a los diputados, del método Hare al D’Hondt, lo que favorece a los partidos más votados en detrimento de los menos votados. Es decir que con el nuevo sistema se ha eliminado, o al menos reducido, la representación de algunos partidos políticos de oposición en el legislativo, siempre en favor de Nuevas Ideas.

Por tanto, el título de este artículo, más que una pregunta discutible, es un oxímoron, como también lo es un sistema democrático con un estado de excepción permanente. Esto último, debido a que en El Salvador reina un estado de excepción hace casi dos años, cuando el mismo Bukele decidió imponerlo para exterminar a las famosas maras salvadoreñas, que mantenían a El Salvador con los niveles de inseguridad más altos del mundo. Aunque cualquier estado de excepción es temporal por su naturaleza, Bukele ha dicho que aún no ha concluido su plan para acabar con la delincuencia, por lo que el estado de excepción aún se mantendrá.

Entonces, aunque no se puede cuestionar la efectividad ni el apoyo popular de las medidas de seguridad aplicadas por Bukele, que están a la vista de todos, sí existen dudas razonables acerca de su legalidad y congruencia con lo que él mismo llama “sistema plenamente democrático”. Porque no sólo se trata de las contravenciones aludidas a la Constitución y al orden democrático en general, sino también a las afectaciones a los derechos humanos de cientos de salvadoreños injustamente encarcelados, sin el debido proceso judicial y junto a miles de delincuentes miembros de las maras, a quienes tampoco se les respetan sus derechos. 

Ante los fuertes cuestionamientos que Bukele ha recibido de la prensa internacional y los organismos encargados de velar por los derechos humanos, que acusan detenciones arbitrarias, tratos crueles e inhumanos, tortura, violaciones al debido proceso e incluso desapariciones y muertes bajo custodia policial, el presidente reelecto de El Salvador ha dicho que quienes lo critican centran su preocupación en los derechos de los delincuentes y no en los derechos de la gente honrada, y quienes deciden quién gobierna en el Salvador, son los salvadoreños; calificando las propuestas y recetas de dichos organismos de “fracasadas”.  

Considerando estos argumentos, podríamos concluir que la democracia salvadoreña no es una democracia liberal en todo el sentido de la palabra, sino que se trata de una democracia con sus propias particularidades, donde efectivamente gobierna la mayoría pero a través de un solo partido político, y un solo líder, que controla todos los poderes del Estado. Es decir, una “democracia fascista”, que más allá del oxímoron puede llevar a El Salvador hacia el autoritarismo iliberal, como ya ocurrió con otros países donde los presidentes gobernaron o intentaron gobernar más allá de los límites constitucionales, amparados en su amplio apoyo popular.

El “fascismo democrático” que representa Bukele y que de hecho ya se encuentra instaurado en El Salvador desde hace algún tiempo, se proyecta hacia la sociedad internacional como el resultado lógico de un presidente que ha resuelto exitosamente el problema más apremiante de su pueblo, la inseguridad. Lo cual si bien resulta razonable y hasta atractivo en otros países con problemas de delincuencia, se ha llevado a cabo con una política exterior que no pretende ocultar su inclinación hacia el autoritarismo y que por tanto genera más dudas.

Ciertamente, en los foros internacionales, el gobierno de Bukele se ha distanciado claramente de las democracias liberales de occidente y se ha alineado con los regímenes autoritarios iliberales, liderados por China y Rusia. En las Naciones Unidas, El Salvador ha sido uno de los pocos países de la región - junto a Bolivia, Cuba y Nicaragua con los que no comparte posicionamiento ideológico - que no ha condenado la invasión de Rusia a Ucrania, dando muestras de rechazo al orden internacional liberal imperante, liderado por Estados Unidos. 

Por todos estos motivos, el fascismo democrático de Bukele plantea muchas más dudas que certezas, pero serán los hechos los que al final nos revelen si dicho sistema es una verdadera alternativa para garantizar la gobernabilidad, la paz y la prosperidad.

domingo, 21 de enero de 2024

Daños colaterales del genocidio israelí

La situación económica global lejos de mantenerse o mejorar en este año que recién comienza, sólo podría empeorar si se mantiene el bloqueo del Mar Rojo, que es por lo pronto, el principal daño colateral del genocidio israelí.

La intención de exterminar a una parte sustancial del pueblo palestino que ha demostrado Israel desde hace varias décadas, se ha visto con mucha mayor claridad en los primeros 100 días de su guerra contra Hamás. En ese tiempo, las fuerzas armadas israelís no sólo han asesinado a más de 23 mil civiles palestinos mediante bombardeos y operaciones terrestres, sino que además han privado de agua, medicinas, alimentos, electricidad y combustible a los habitantes de la Franja de Gaza, condenando a muchos de ellos a migrar o morir. Se trata pues de un genocidio con todas sus letras que no puede justificarse de ninguna manera y que no puede ni debe quedar en la impunidad ni el olvido.

La coartada que ha usado Israel para cometer semejantes crímenes de guerra es el “derecho a la legítima defensa” que habría emanado –según el gobierno de Benjamín Netanyahu– de los ataques terroristas de Hamás del 7 de octubre pasado, en los que cerca de 1.400 israelís perdieron la vida y más de 200 fueron tomados como rehenes. Sin embargo, el ejercicio de dicho derecho, codificado en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, además de no haber respetado el principio de proporcionalidad que exige el Derecho Internacional, sólo es válido “hasta tanto el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y seguridad internacionales”, y el Consejo de Seguridad ya tomó esas medidas el 15 de noviembre y el 22 de diciembre de 2023, cuando adoptó las Resoluciones 2712 y 2720, que piden “pausas y corredores humanitarios urgentes y ampliados”, “la liberación inmediata e incondicional de todos los rehenes”, el envío de más ayuda humanitaria y medidas urgentes para “un cese sostenible de las hostilidades”, respectivamente. Aunque evidentemente estas resoluciones no se han cumplido hasta el momento, queda claro que el “derecho a la legítima defensa” de Israel ya no está vigente –si es que alguna vez lo estuvo–, y, por tanto, ya no puede ser invocado ni mucho menos ejercido.
Por estos motivos, que demuestran el incumplimiento de Israel a la Convención sobre el Genocidio de 1948, Sudáfrica presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia, solicitando medidas provisionales o cautelares para que ese alto Tribunal ordene el cese de los ataques israelís contra Hamás que afectan al pueblo palestino gazatí, mientras se realizan las investigaciones sobre el citado incumplimiento de Israel. En ese sentido, los magistrados de la Corte deben despojarse de su conservadurismo y tendencia a mantener el statu quo, que bien conocemos los bolivianos, y actuar a la altura de las circunstancias para contribuir a la suspensión de las operaciones militares y bloqueos de Israel en la Franja de Gaza.
No obstante, más allá de la conflagración y el proceso judicial que implican a Israel; en este artículo me referiré a los daños colaterales que está ocasionado el genocidio israelí en el Mar Rojo y otras zonas en las que operan las milicias chiitas, financiadas y entrenadas por Irán, para tratar de comprender cómo se está dando la reconfiguración geopolítica del mundo que estamos viviendo desde que se inició el proceso de desacople y desglobalización entre la anglosfera y la sinosfera.
Efectos del bloqueo del Mar Rojo
Muchos de los análisis que se realizan en Bolivia sobre el crecimiento y desarrollo de la economía nacional consideran correctamente los efectos que ha tenido y aún tiene la invasión de Rusia a Ucrania, especialmente respecto al aumento de las tasas de interés y del nivel de precios internacionales. Sin embargo, no todos esos análisis tienen en cuenta la situación económica global, que lejos de mantenerse o mejorar en este año que recién comienza, sólo podría empeorar si se mantiene el bloqueo del Mar Rojo, que es por lo pronto, el principal daño colateral del genocidio israelí.
A partir de noviembre de 2023, las milicias proiraníes que controlan el norte del Yemen, también conocidas como “ansar Allah” o simplemente hutíes, han atacado a cerca de treinta barcos que navegaban por el estrecho de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo con dirección a Israel o con carga de este último país. Todo ello con el objetivo de “castigar” a Israel por su intervención militar en Gaza.
Aunque los ataques están dirigidos exclusivamente contra Israel y sus aliados, los precarios sistemas de información que tienen los hutíes han provocado al menos un error. En efecto, la United Kingdom Maritime Trade Operations confirmó que tres embarcaciones hutíes habían disparado misiles contra un barco petrolero ruso por equivocación y aunque el ataque no provocó ningún daño, porque los misiles no alcanzaron su objetivo, el hecho terminó por convencer a las navieras más escépticas que operan en el Mar Rojo, de tomar vías alternativas para transportar carga de Asia a Europa y viceversa. Por esos motivos, según las autoridades egipcias que controlan el Canal de Suez, más del 65% de la carga que antes pasaba por el Mar Rojo, ahora está transitando por la vía más morosa y costosa del Cabo de Buena Esperanza, que implica bordear todo el continente africano para llegar al mismo destino. Esto significa que el transporte de un contenedor que antes costaba cerca de 1.500 dólares para cubrir la ruta Asia-Europa, ahora cuesta alrededor de 4.500 dólares, es decir, un incremento del 300% según cotizaciones realizadas en el portal de la naviera danesa Maersk.
Esta situación no sólo está generado inflación e incertidumbre en los países directamente afectados, sino en todo el mundo, porque según el portal especializado en comercio marítimo, Freightos, el precio promedio del transporte naviero global, incluyendo todas las demás rutas, ha incrementado en un 88% entre diciembre de 2023 y enero de 2024. Lo que nos permite predecir una profundización de la estanflación actual, con más estancamiento e inflación.
La disrupción de las cadenas de suministro que genera el bloqueo del Mar Rojo, que se suma a las disrupciones que ya generaron y aún generan la guerra comercial y tecnológica entre China y EE. UU., la pandemia del covid-19 y la invasión de Rusia a Ucrania; debe ser analizada y comprendida en un contexto de desacople y desglobalización entre la anglosfera y la sinosfera. Dicho contexto de bipolarización, que ocurre en un mundo multiplex, donde los Estados son amenazados o empoderados por las empresas transnacionales, las milicias terroristas y los cárteles del narcotráfico, entre otros, podría agravarse aún más con el estallido de otras guerras tanto o más disruptivas: en el estrecho de Taiwán, que involucraría a China y Estados Unidos, y/o en el estrecho de Ormuz, que involucraría a Irán y Estados Unidos.
Irán y otros actores del Eje de la Resistencia
Así como Rusia provocó la revitalización y ampliación de la OTAN con su invasión a Ucrania, Israel está provocando la consolidación y cohesión de la alianza militar que reúne a sus principales enemigos en la región, el Eje de la Resistencia, conformado por Irán, Siria y varios grupos paramilitares predominantemente chiitas y apoyados por la Guardia Revolucionaria iraní, entre los que destacan Hezbolá, Hamás y los hutíes entre muchos otros.
Apenas se iniciaron las hostilidades contra Hamás, Hezbolá empezó a lanzar cohetes contra Israel desde el sur del Líbano y Siria. Dichos ataques, que naturalmente fueron respondidos por Israel han cobrado la vida de no menos de 25 civiles libaneses y 140 milicianos de Hezbolá. Mientras que, del lado israelí, se han reportado nueve bajas militares y una civil según la agencia de noticias Reuters. Estos enfrentamientos, aunque de baja intensidad en relación con lo que ocurre en Gaza, donde mueren un promedio de 240 personas al día, representan otro daño colateral del genocidio israelí.
Según algunos expertos en estrategia militar, el intercambio de disparos en la frontera que Israel comparte con el Líbano y Siria (donde existe un territorio sirio ocupado por Israel: los Altos del Golán) se ha mantenido en un nivel de baja intensidad a pesar de las serias advertencias que se han hecho unos y otros, debido al cuidado que al parecer está teniendo Israel por no abrir otro frente de guerra total con Hezbolá, que es como 10 veces más poderoso que Hamás. Sin embargo, si Hamás llegara a colapsar en Gaza, es casi un hecho que Israel volcaría toda su fuerza contra Hezbolá, lo que, a su vez, haría mucho más probable el involucramiento directo de Irán.
Al respecto, sumándose a los más de 130 ataques que las milicias proiranís que operan en Irak y Siria han ejecutado contra las posiciones estadounidenses, que obviamente también fueron respondidas; en los últimos días las fuerzas de la Guardia Revolucionaria iraní lanzaron un ataque a un supuesto centro de espionaje del Mosad israelí, situando en el norte de Irak; lo cual, aunque ha sido desmentido por el gobierno iraquí, aclarando que la infraestructura destruida era solo la casa de un empresario local, es una muestra más de que la participación de Irán es cada vez más directa y inminente.
El involucramiento de Estados Unidos
Desde que se inició la guerra en Gaza, algunos analistas advirtieron que el involucramiento directo de Estados Unidos sólo sería posible con el ingreso previo de Irán a la contienda. Lo cual, si bien tenía sentido inicialmente, no se está cumpliendo actualmente, porque Estados Unidos ya está participando de las acciones militares con las represalias que ha tomado en contra de las milicias proiranís en Irak y Siria, y, sobre todo, con los bombardeos que junto al Reino Unido ha realizado sobre las posiciones hutíes en Yemen. Todo ello, sin que Irán haya terminado de ingresar en el conflicto.
Ciertamente, con el objetivo de reducir la capacidad de los hutíes para seguir atacando barcos en el Mar Rojo, Estados Unidos conformó una alianza de países que han tomado una serie de medidas destinadas a desbloquear el estrecho de Bab el-Mandeb, entre las que destacan los bombardeos anglosajones ya mencionados. Dichas medidas, que no están teniendo el resultado esperado, porque los hutíes siguen atacando buques vinculados a Israel y la anglosfera, representan otro daño colateral del genocidio israelí, que podría ser el de mayor incidencia en la reconfiguración geopolítica mundial si consideramos que se trata del involucramiento de dos potencias nucleares extrarregionales, incluyendo a la más poderosa del mundo, Estados Unidos.
Aunque las autoridades anglosajonas han justificado sus bombardeos con un discurso que defiende la necesidad de garantizar el libre comercio y la libre navegación, realmente cuesta entender la decisión estadounidense de bombardear Yemen a la luz de sus propias experiencias en Afganistán, Irak y Libia, que generaron muchísimas críticas en todo el mundo, incluyendo el propio Estados Unidos. Más aún si consideramos que Rusia y China podrían aprovechar la distracción, para terminar de doblegar y enclaustrar a Ucrania y “reunificar” por la fuerza a Taiwán, respectivamente.
Otra razón que podría explicar la jugada estadounidense es la urgencia que seguramente tiene la administración de Joe Biden por controlar la inflación antes de las elecciones presidenciales de noviembre de este año, en las que aún no sabemos si podrá participar el expresidente Donald Trump, que es uno de los principales responsables del aumento de las tensiones entre Washington y Teherán.
Pero si algo pudiéramos recomendar a quienes tienen influencia sobre el gobierno de Netanyahu, aunque parezca obvio, es que para resolver o transformar constructivamente este conflicto no hacen falta más bombardeos u operaciones militares terrestres, sino detener, cuanto antes, el genocidio israelí.
En conclusión, el genocidio israelí ha provocado hasta el momento, al menos cuatro daños colaterales de innegable incidencia en la reconfiguración geopolítica mundial y que pueden resumirse de la siguiente manera: 1) el bloqueo hutíe del Mar Rojo; 2) la guerra de baja intensidad entre Israel y Hezbolá; 3) los ataques y contraataques que están intercambiando las milicias chiítas proiraníes que operan en Siria e Irak por un lado y Estados Unidos por el otro; y 4) el involucramiento cada vez más directo y temerario de Irán y Estados Unidos.

domingo, 7 de enero de 2024

Apuntes para una política de reintegración marítima

Para definir una política de reintegración marítima realista y viable, es necesario estudiar y comprender todo lo que pasa y ha pasado con los países en desarrollo sin litoral, y no solo considerar lo que ha sido nuestra dramática y frustrante historia respecto al mar. 

Publicado de Péndulo

El 1 de enero de 2024, la mediterránea República de Etiopía y la no totalmente reconocida República de Somalilandia, firmaron un acuerdo para que la última arriende a la primera, por el término de cincuenta años, un territorio de 20 kilómetros de costa sobre el Mar Rojo, incluyendo el puerto de Berbera. En contraprestación, el gobierno etíope deberá reconocer la independencia de Somalilandia, hasta ahora solo reconocida por Taiwán, y concederle además una significativa participación en la aerolínea estatal, Ethiopian Airlines, que es la compañía aérea más importante de África, con más de cien destinos en todo el mundo.

Los detalles de dicho acuerdo, que se plasmó en un Memorándum de Entendimiento comercial y militar, no serán divulgados hasta que sea ratificado aproximadamente en un mes más según anunciaron los signatarios. No obstante, el gobierno de Somalia ya adelantó que se trata de un acuerdo “nulo y sin efecto”.  

Pero más allá de las tensiones que provoca este acuerdo en el Cuerno de África, también se trata de un nuevo ejemplo – si es que finalmente se concreta – de un arreglo negociado que logra romper el enclaustramiento geográfico de un país en desarrollo sin litoral como Etiopía, que había perdido su cualidad marítima en 1993, tras separarse de Eritrea. Ciertamente, si ese acuerdo finalmente se ratifica, estaríamos ante un hecho histórico de suma importancia para países en desarrollo sin litoral como Bolivia, pues se confirmaría que con creatividad y voluntad política es posible obtener una salida al mar de manera pacífica y negociada.

En el siglo pasado, surgieron países como Bosnia Herzegovina o la República Democrática del Congo que lograron mantener sus estrechas pero soberanas franjas territoriales hacia el mar (de 20 y 37 kilómetros respectivamente) aun cuando éstas interrumpen la continuidad territorial de Croacia y Angola respectivamente. Lo que evidencia la comprensión que estos dos últimos estados demostraron respecto a la importancia estratégica de tener un acceso propio al mar.

Un ejemplo aún más preciso de lo que significa recuperar ese acceso, es el de Jordania que mediante la renegociación de sus límites con Arabia Saudita, logró obtener una salida soberana al Golfo de Áqaba. En efecto, después de sendas negociaciones que se desarrollaron entre 1961 y 1965, los dos reinos acordaron un canje territorial no equivalente, en el que Jordania cedió 7 mil kilómetros cuadrados de territorio a cambio de un territorio más reducido, de 6 mil kilómetros cuadrados, pero con 19 kilómetros de costa marítima.

En verde los territorios cedidos por Arabia Saudita,
y en rojo los territorios cedidos por Jordanía. 

De esa manera, Jordania recuperó los territorios que habían sido ocupados durante la existencia del Imperio Otomano por los sultanatos de Nejd y Hedjaz, que luego se incorporaron al Reino saudí.

Todos estos ejemplos, así como los que existen para resolver otro tipo de asuntos territoriales, no referidos a la salida al mar de los países en desarrollo sin litoral, deben ser analizados y estudiados por la Cancillería boliviana y DIREMAR para proyectar, diseñar y adoptar una nueva política de reintegración marítima, acorde con nuestros intereses nacionales y el contexto histórico que nos toca vivir. En ese sentido, también es importante considerar todos esos casos de territorios que se han puesto bajo un régimen de soberanía no plena ni absoluta en términos tradicionales y westfalianos, sino bajo diversas e innovadoras formas de entender la soberanía, que les ha dado eficacia y viabilidad a ciertos puertos y territorios, como Hong Kong, Macao, Trieste y Gibraltar, entre otros.  

Igualmente, aunque sin considerar cesiones de soberanía, es importante considerar todos los casos que permiten mejorar el acceso de los países en desarrollo sin litoral a través de los países de tránsito en el marco del Programa de Acción de Viena (2014-2024) de Naciones Unidas. Como las amplias prerrogativas aduaneras que la India ofrece a Nepal en sus puertos marítimos o las envidiables facilidades carreteras y férreas que Tailandia ha puesto a disposición de Laos para llegar al mar.

Pero nuestros estrategas no solo deben analizar los avances mencionados, sino también los retrocesos y los riesgos geopolíticos que pueden existir para Bolivia, principalmente por sus riquezas naturales. Porque, así como Etiopía parece estar cerca de recuperar su salida al mar, Ucrania parece estar cerca de perderla. Efectivamente, dado el desarrollo que ha tenido la guerra desatada por Rusia hace casi dos años, es posible esperar que la contienda termine con la anexión rusa de toda la costa ucraniana sobre el Mar el Negro, incluyendo las regiones actualmente ocupadas de Donesk, Lugansk, Zaporiyia, Jersón, Crimea y posiblemente la ciudad de Odesa, que si cae en manos rusas, Moscú podría enlazar su territorio con el de Transnistria, que es un enclave prorruso en Moldavia.

Si ese terrible resultado se llegara a producir, Bolivia, de acuerdo a su historia y doctrina internacional, no puede ni debe estar del lado del Estado enclaustrador, porque hasta el momento nuestra diplomacia se ha abstenido de condenar la invasión y crímenes de guerra rusos. Pero lo que no podemos hacer de ninguna manera es consentir que se le arrebate su salida al mar a Ucrania o a cualquier otro Estado, porque sería como consentir implícitamente la legalidad y/o legitimidad de nuestro propio encierro.

En suma, es muy importante estudiar y comprender todo lo que pasa y ha pasado con los países en desarrollo sin litoral, y no solo considerar lo que ha sido nuestra dramática y frustrante historia respecto al mar, para definir una política clara y coherente, realista y viable, que le permita a Bolivia recuperar o al menos mejorar su acceso a las corrientes del mar. 

domingo, 10 de diciembre de 2023

El “rochazo” y el “putsch nazi”

Publicado en Péndulo 

Según la acusación criminal del FBI, el ex Embajador de los Estados Unidos en Bolivia, Manuel Rocha, actuó como agente infiltrado del régimen cubano, conspiró contra el gobierno de Estados Unidos y usó un pasaporte estadounidense que obtuvo con declaraciones falsas. Todo ello durante cerca de cuarenta años de carrera diplomática que ejerció en varios países latinoamericanos y en la cual , tal como el mismo Rocha reconoció en las reuniones secretas que sostuvo con el agente encubierto del FBI Michael Haley, habría contribuido “inmensamente” a fortalecer la revolución cubana: “lo que hicimos… fue enorme… más que un grand slam”.  

Entre las acciones conspirativas que Rocha realizó para lograr ese “grand slam”, está el impulso que le dio a la candidatura de Evo Morales en las elecciones del 2002, cuando el entonces embajador estadounidense dijo que si los bolivianos “votan a quienes quieren que Bolivia vuelva a exportar cocaína [en referencia a Morales], eso pondrá en serio peligro cualquier ayuda futura de Estados Unidos a Bolivia”. Esas declaraciones, que fueron asumidas por una buena parte del electorado boliviano como una torpe e inaceptable interferencia en los asuntos internos del país, ahora nos permiten entender mejor lo que pasó, porque resulta mucho más lógico creer que se trataba de una intriga cubana para favorecer al entonces candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), que seguir creyendo que solo fue un desliz del embajador estadounidense y agente cubano.

El hecho es que “el rochazo”, que es como se conoce a las consecuencias de dichas declaraciones, no sólo contribuyó a incrementar la votación de Morales en esa elección, en la que terminó segundo con más del 20% de los votos cuando las encuestas no le daban más del 10%; sino que además, con el impulso recibido, luego pudo ganar las elecciones del 2005 con facilidad y permanecer en el poder incluso más de lo que permite la Constitución, lo que quizás nunca habría sucedido sin el pequeño pero gran empujón de Rocha, nunca lo sabremos.

Pero lo que sí sabemos es que Bolivia está expuesta a las intrigas e injerencias de los gobiernos extranjeros que por algún motivo estratégico o contextual deciden intervenir en nuestra política, como ocurrió en 2002 y también en otras ocasiones.

El caso más llamativo es el “putsch nazi” de 1941, que fue ejecutado por el servicio de inteligencia secreto del Reino Unido M16 con el objetivo de convencer a los Estados Unidos de ingresar a la guerra que se estaba librando en Europa. La idea era alarmar a los funcionarios de la Casa Blanca respecto a una posible penetración nazi en su patio trasero, que empujara a la potencia norteamericana a entrar en el conflicto europeo.

Con ese motivo, el gobierno conservador de Enrique Peñaranda apresó y confinó a ciertos miembros del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), lo que lejos de acallarlos o amedrentarlos, aumentó su popularidad y sobre todo la de su líder, Víctor Paz Estenssoro, quien como sabemos después gobernó Bolivia por varios años.

Ciertamente, a mediados de 1941, varios medios nacionales e internacionales informaron que el gobierno boliviano había debelado un golpe de Estado nazi, maquinado por la Embajada del Tercer Reich en La Paz, el MNR y algunos elementos clave de las FF.AA. Con esos argumentos, Peñaranda decretó estado de sitio, cerró algunos periódicos de oposición, declaró persona non grata al Embajador de Alemania y como hemos dicho, apresó y confinó a ciertos miembros del MNR y también de las FF.AA., que adquirieron una notoriedad inusitada tras la supuesta desarticulación del “putsch nazi”.

Los espías británicos habían falsificado la firma del Agregado Militar de Bolivia en Alemania, Mayor Elías Belmonte, que se había hecho conocer por su activismo político y su tendencia “militar-socialista”, para hacer creer al gobierno de La Paz y sobre todo al de Washington, que Belmonte estaba conspirando con los nazis y con los emenerristas para derrocar a Peñaranda. Las FF.AA. dieron de baja a Belmonte y el Congreso lo declaró traidor a la patria, en un proceso que desde un principio estuvo plagado de dudas y sospechas respecto a la veracidad de la carta atribuida a Belmonte. Se trataba de una carta dirigida al Embajador alemán en La Paz Ernst Wendler, en la que supuestamente Belmonte anunciaba los últimos detalles para lanzar el golpe.

En esa ocasión, tuvieron que transcurrir más de 35 años para confirmar que dicha carta era falsa. Pues recién en 1979, en una entrevista para la televisión de su país, el agente de inteligencia británico Montgomery Hyde, confesó sin ruborizarse que él había redactado la carta atribuida a Belmonte. A raíz de esas confesiones, Belmonte fue reincorporado a las FF.AA. de Bolivia con el grado de general, el congreso le rehabilitó sus derechos ciudadanos y el gobierno de Guevara Arce lo desagravió.   

Aunque la historia no se repite, no podemos negar que hay similitudes entre lo que fue el “putsch nazi” para el MNR y el “rochazo” para el MAS. 

domingo, 22 de octubre de 2023

El declive del orden internacional liberal

 Publicado en Péndulo

Los ataques terroristas perpetrados por Hamás en contra de militares y civiles israelís el pasado 7 de octubre, es otro hito más, execrable y sangriento, del interregno que atraviesa el mundo desde hace 15 años, cuando estalló la Crisis Financiera Global de 2008. Interregno que se ha caracterizado por un declive del orden internacional liberal imperante que, a partir de entonces, se ha visto afectado por otros eventos de impacto global, tanto o incluso más graves que el de 2008. Los cuales han confirmado esa incierta y preocupante tendencia mundial que nos está llevando hacia un escenario cada vez más conflictivo, inestable y fragmentado. Nos referimos específicamente a las crisis que han ocasionado la anexión de Crimea por parte de Rusia el 2014, el Brexit de 2016, la Guerra Comercial y Tecnológica entre China y Estados Unidos a partir de 2018, la pandemia del Covid-19 de 2020, la Guerra entre Rusia y Ucrania que comenzó el 2022, y ahora, el resurgimiento del interminable conflicto palestino-israelí.

Tal como señala el reconocido internacionalista José Antonio Sanahuja, usando la nomenclatura de Antonio Gramsci, “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en ese interregno se verifican los fenómenos mórbidos más variados”. Esta definición de interregno, ideada por Gramsci para explicar el periodo entreguerras mundiales, ha sido rescatada recientemente por Sanahuja para explicar el contexto actual, marcado por “fenómenos mórbidos” tales como: el descontento generalizado, la violencia política, el ascenso de los extremismos nacionalistas, la erosión y fragmentación de los sistemas de partidos dominantes y el frecuente éxito electoral de los outsiders; el agotamiento del modelo postfordista de desarrollo económico debido a su insostenibilidad medioambiental y a la revolución tecnológica (robotización e IA); y finalmente la irrupción de riesgos geopolíticos generados por múltiples conflictos regionales que han derivado en la disrupción y acortamiento de las cadenas de suministro, así como en la disminución de la inversión extranjera directa y el comercio internacional.  

Las similitudes entre el interregno actual y el que transcurrió entre 1919 y 1939 son innegables: una exacerbación de los nacionalismos que ha facilitado el regreso de los populismos autoritarios por la vía democrática, el resurgimiento del proteccionismo comercial y las políticas de contención y coerción por parte de las democracias liberales que aplican sanciones contra sus adversarias que, en la mayoría de los casos, resultan ineficaces y hasta contraproducentes. Sumado a ello, la preparación generalizada para la guerra y la consecuente carrera armamentista financiada, en muchos casos, con la impresión de dinero sin respaldo. Y por si fuera poco, una fuerte crisis económica que ha trascendido en una estanflación global, por la combinación de inflación y bajo crecimiento económico. 

Por otra parte, la reconfiguración geopolítica que provocan todas estas crisis y fenómenos mórbidos, está definiendo, a su vez, una clara división entre dos bloques de poder: el bloque occidental o tradicional, también denominado anglosfera, liderado por Estados Unidos y compuesto por los otros países del G7 más Australia, y el bloque oriental o revisionista, también llamado sinosfera, liderado por China y compuesto por Rusia, Irán, Bielorrusia y las ex repúblicas soviéticas del Asia Central. Esta nueva bipolaridad, ha generado la sensación de otra Guerra Fría que se manifiesta en el desacople económico, comercial, financiero y tecnológico de estos dos bloques y en el fortalecimiento de las redes del globalismo dentro de esos mismos bloques. Pues mientras que los lazos se han roto casi totalmente entre Estados Unidos y Rusia a partir de la "operación militar especial" de Vladimir Putin en Ucrania, los lazos entre Rusia y China se han incrementado y fortalecido, como también lo han hecho los lazos entre Estados Unidos y Europa. Por lo que, es posible afirmar que hay un proceso de desglobalización y desacople entre la anglosfera y la sinosfera, pero al mismo tiempo, un proceso de mayor integración e interdependencia dentro de cada uno de esos bloques de poder. 

Esta realidad se ha profundizado con las sanciones económicas aplicadas por el bloque occidental contra todos esos países que se han posicionado en contra del orden internacional liberal (incluidos Cuba, Nicaragua, Venezuela y afortunadamente aún no Bolivia), y con la mayor cohesión y fortalecimiento de las alianzas militares, como la OTAN y el AUKUS por parte de la anglosfera, y la Organización de Cooperación de Shanghái y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva por parte de la sinosfera. 

Pero si bien hasta aquí hemos definido un escenario eminentemente bipolar, en realidad, el análisis del contexto geopolítico mundial quedaría incompleto si no reconocemos la importancia e influencia de algunos otros países que no son parte de la anglósfera ni de la sinosfera, como la India, Turquía, Indonesia, Arabia Saudita y Brasil, por mencionar los más relevantes, y también el papel de los actores no estatales, pero con gran peso económico y político, como las empresas transnacionales. Entonces si aplicamos la lógica gramsciana del interregno en que "lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer", estaríamos hablando de la muerte de un orden unipolar, el orden internacional liberal dirigido por Estados Unidos, y el nacimiento de un orden multipolar y transnacional, que no se puede entender con las teorías realistas y neorrealistas del equilibrio de poder que contribuyeron a definir y comprender lo que ocurrió desde el Congreso de Viena de 1815 hasta nuestros días, sino que es necesario desarrollar nuevos esquemas teóricos que permitan analizar el comportamiento de los actores del sistema internacional, en un mundo mucho más complejo y voluble. 

De acuerdo a Sanahuja, así como las potencias occidentales no parecen capaces de sostener el orden internacional actual, las potencias revisionistas no tienen tampoco la voluntad ni la capacidad de ofrecer una alternativa. Por lo que aún nos encontramos en la incertidumbre respecto a lo que podría ocurrir y aún es muy temprano como para desarrollar un modelo teórico que nos permita entender lo que podría ocurrir.   

En este contexto, si la guerra entre Israel y Hamás se agrava y extiende en el tiempo, como parece que ocurrirá, lo más probable es que termine involucrando directamente a otras potencias, como Estados Unidos, Irán o Arabia Saudita. Lo que sin duda generará fuertes presiones para que se desate un conflicto mayor, y también distracciones frente a lo que está ocurriendo, por ejemplo, en Europa del este y en el Indo Pacífico, donde también podrían agravarse los conflictos y desencadenarse, finalmente, la tan temida Tercera Guerra Mundial. 

domingo, 1 de octubre de 2023

El enclaustramiento de Ucrania y la crisis alimentaria

Publicado en Péndulo 

La guerra ruso-ucraniana ha profundizado la crisis económica global que se inició con la pandemia del covid-19, generando la tan indeseada combinación de inflación y bajo crecimiento económico a nivel mundial, lo que también se conoce como estanflación. A este sombrío panorama se suma la crisis alimentaria que está ocasionando dicha guerra, por el encarecimiento de los granos y los fertilizantes que son cada vez más escasos debido a los bloqueos y bombardeos que afectan a sus respectivas cadenas de suministro.

Considerando que Ucrania es uno de los principales productores de cereales a nivel mundial y tomando en cuenta también la dependencia que tienen varios países de los cereales ucranianos, entre ellos países tan pobres y vulnerables a las hambrunas como Somalia, Yemen y Sudán; en julio de 2022, Rusia, Ucrania y Turquía, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, acordaron establecer una ruta humanitaria para la salida de los granos ucranianos a través del Mar Negro. Dicho acuerdo, que es el único que los Estados beligerantes han suscrito desde que se inició la guerra, disponía garantizar la exportación de los granos ucranianos a través del Mar Negro y también, facilitar el acceso de los alimentos y fertilizantes rusos a los mercados internacionales.

No obstante, a mediados de julio de 2023, Rusia acusó a sus contrapartes de incumplimiento y decidió retirarse del referido acuerdo, amenazando con atacar a cualquier embarcación que cruce el Mar Negro, sea o no para el transporte de granos. Esta alarmante medida, que se anunció a las pocas horas del segundo ataque ucraniano al puente de Kerch, que une a la península de Crimea con el territorio ruso; pone en peligro la estabilidad de precios de los alimentos a nivel global y lo que es peor, deja sin suficiente abastecimiento a ciertos países africanos que necesitan esos alimentos desesperadamente. 

Pero el alarmante anuncio no solo se quedó en palabras, sino que se complementó con los repetidos bombardeos rusos a los puertos ucranianos de exportación de granos sobre el Mar Negro, principalmente al puerto de Odesa, lo que ha dejado a Ucrania enclaustrada, sin una salida directa y segura a las corrientes marítimas mundiales.

Según el mismo Vladimir Putin, hay algunas restricciones que establecen las sanciones occidentales, impuestas por los países de la OTAN (sin contar a Turquía) a Rusia, que impiden el cumplimiento de lo convenido en el acuerdo de granos. A lo que los gobiernos occidentales han respondido que Putin pretende utilizar el hambre como un arma de guerra.

Se trata pues no sólo de una guerra por el control del territorio ucraniano y de las cadenas de suministro de los alimentos, sino también de una guerra de narrativas, en la que obviamente, nadie quiere quedar como el villano de la película, muy a pesar de que Putin es evidentemente el principal candidato. A sabiendas de esta situación, Putin ha ofrecido enviar alimentos de manera gratuita a seis países africanos con los que tiene muy buenos tratos: Burkina Faso, Zimbabue, Mali, Somalia, Eritrea y República Centroafricana. No obstante, además de dejar a otros países pobres y vulnerables sin abastecimiento, estas controvertidas medidas están afectando seriamente a países como China, que también dependen de los granos ucranianos.

Ciertamente, después de la Unión Europea, China es el principal comprador de los granos ucranianos y toda esta situación ya ha tenido serios efectos en las adquisiciones de alimentos del gigante asiático, que ha tenido que buscar otros proveedores en países no tan amigos como Australia, Canadá y Francia. Entonces, desde el punto de vista de la China, que es el principal socio de Rusia frente al bloque de la OTAN, las decisiones de Putin le afectan en tres sentidos: el tener que depender de países occidentales para el abastecimiento de granos, el no poder abastecer la demanda alimentaria de su gran población en los mismas condiciones que antes de la guerra y también, el ver afectada su influencia en África, donde se sabe que Xi Jinping es el único líder mundial que podría hacer algo para convencer a Putin de que no siga restringiendo el flujo de alimentos.

Ante esta realidad, que le asigna a China un rol fundamental en el devenir de la crisis alimentaria, Rusia deberá sopesar los costos que tiene enclaustrar a Ucrania, tanto para su imagen internacional como para el mantenimiento de su alianza con la China, que es un socio importantísimo para sus pretensiones imperialistas de preminencia geopolítica y geoeconómica en Europa del este y el resto del Sur Global. 

domingo, 2 de julio de 2023

Motín de mercenarios: el debilitamiento de Putin

Publicado en Péndulo 

Desde que asumió la presidencia de la Federación Rusa, hace más de dos décadas y hasta hace poco, Vladimir Putin proyectó una imagen de líder implacable y astuto, que logró reposicionar a Rusia en el tablero geopolítico mundial tras la debacle qué había ocasionado la implosión de la Unión Soviética. Reposicionamiento que consiguió en dos tiempos: uno primero, dedicado a preparar a su país para la guerra y a introducirse en el club de los más poderosos, cuando Rusia era parte del G8 y se convirtió en el principal proveedor de gas y petróleo de varios países europeos; y uno segundo, dedicado a transgredir el orden internacional liberal, principalmente mediante la ocupación militar de importantes porciones de Georgia y Ucrania, en 2008 y 2014, respectivamente.  

Rusia no es lo que parece

No obstante, con la guerra que él mismo desató en contra de Ucrania a comienzos de 2022, todo eso empezó a cambiar. Lo primero que quedó en evidencia fue que el ejército ruso no había sido el poder devastador e invencible que muchos creíamos que era, sino una fuerza militar de capacidad intermedia, desordenada, mal dirigida y poco profesional. Eso se hizo patente cuando los estrategas rusos tuvieron que declinar sus objetivos iniciales de tomar Kiev y retirarse de más de la mitad del territorio ucraniano que habían logrado ocupar en los primeros días de la guerra. 

Todos esos contrastes, además de las decenas de miles de bajas militares y las cuantiosas pérdidas de tanques, aviones, helicópteros, sin contar los efectos socioeconómicos de las sanciones occidentales y otros costos de la guerra, entre los que destaca el empoderamiento, la expansión y la mayor cohesión de sus principales adversarios, agrupados en la OTAN; son los factores que dan cuenta de la magnitud del error cometido por Putin al invadir Ucrania. 

Por si fuera poco, ahora asistimos a un nuevo capítulo del debilitamiento de Putin: el motín mercenario del grupo Wagner. Ciertamente, el líder de dicho grupo, Yevgueni Prigozhin, que había criticado duramente a los principales artífices de la invasión y la narrativa que la justifica; al ver que podía perder su poder; porque el Ministerio de Defensa había dictaminado que todos los mercenarios debían enlistarse en el ejército ruso para seguir percibiendo remuneración, decidió cobrar venganza, acusó al ejército ruso de haber atacado un campamento de Wagner y el sábado 24 de junio dirigió a miles de sus mercenarios a ocupar Rostov del Don y marchar hacia Moscú. 

Contradicciones

Dicha marcha avanzó casi sin contratiempos hasta llegar a 200 kilómetros de Moscú, en ese transcurso, la incertidumbre y el miedo a una guerra civil se apoderaron de Rusia, y Putin salió ante las cámaras para denunciar traición y asegurar que los renegados serían castigados. No obstante, unas horas más tarde, el portavoz del gobierno anunciaba un acuerdo con los traidores en el que se les perdonaba la rebelión y se les permitía trasladarse a Bielorrusia a cambio de que detengan su marcha, evidenciando la falta de institucionalidad, la debilidad y el escaso valor de la palabra del Presidente, que había asegurado que serían castigados. 

Pero eso no fue todo, al día siguiente, entre los muchos trascendidos que protagonizaron los principales artífices de la invasión, con varias imágenes que mostraban a Putin cerca de los generales que Prigozhin había acusado de cobardes, incompetentes y corruptos, los medios rusos informaron que aún seguían abiertos los procesos contra los mercenarios rebeldes, con lo que Putin volvía a incumplir su palabra, mostrando no sólo vacilación, falta de control y debilidad, sino también que no es un interlocutor confiable para negociar el fin de la guerra.  

viernes, 23 de junio de 2023

La doctrina de la política exterior plurinacional


El pasado 6 de junio, el Canciller Rogelio Mayta Mayta fue interpelado en la Asamblea Legislativa Plurinacional por la posición de Bolivia frente a la guerra de Rusia en Ucrania. En esa ocasión, para responder a las preguntas que le hicieron sobre los principios doctrinarios que habrían sustentado la decisión del gobierno boliviano de no rechazar la invasión rusa en la Asamblea General de la ONU, Mayta hizo referencia a una publicación del profesor estadounidense Graham T. Allison, titulada “The Thucydides Trap: Are the U.S. and China Headed for War?” (2015).

En esa publicación, y en otras más recientes y difundidas del mismo autor, como el libro “Destined for war. Can America and China escape from the Thucydides Trap?” (2017), Allison desarrolla una interesante tesis, concebida para influir en la política exterior de Washington y Beijing, que establece básicamente que cuando una potencia en ascenso -como China- amenaza con desplazar a una potencia dominante –como Estados Unidos-, existe un peligro de colisión que podría llevarlas inexorablemente a la guerra.

Aunque Mayta utilizó esa referencia para respaldar sus afirmaciones, por todos conocidas y por nadie discutidas, de que existe una alta probabilidad de conflagración entre China y Estados Unidos, no quedó claro cuál es la relación de esa innegable realidad con la decisión plurinacional de abstenerse y no rechazar la injustificable agresión militar de Rusia a Ucrania. Es más, si Allison se enterara de que el Canciller de Bolivia intentó justificar la abstención plurinacional en la ONU con su tesis, seguramente se sorprendería y le costaría mucho entender por qué.

Pero lo más llamativo de la referencia de marras no es tanto su aparente desconexión con el posicionamiento de Bolivia frente a la invasión rusa, sino su origen y particularidad, pues se trata de un autor estadounidense que ha trabajado como asesor de su gobierno en temas de seguridad y relaciones internacionales, y recientemente, en un artículo publicado en el Washington Post (14/06/23), ha calificado a Rusia como “el imperio más expansionista de la historia”.

Entonces, si Mayta quería impresionar a sus interpelantes citando autores renombrados, debió haber escogido a alguien que no represente justamente a la visión que él y su gobierno tanto critican y rechazan, la visión del imperio estadounidense. Tal vez pudo haber citado a Immanuel Kant (1765), conocido defensor de “La paz perpetua” y la neutralidad como principio fundamental de la estabilidad internacional, que se habría adecuado mucho más a lo que quería decir. O quizás pudo haber mencionado a los internacionalistas argentinos Roberto Russel y Juan Gabriel Tokatlian (2000), que publicaron un excelente artículo sobre la neutralidad en las relaciones internacionales y otras nociones emparentadas como el neutralismo, la neutralización y el aislamiento, que igualmente se acercaba más a lo que intentó explicar en la Asamblea.

Personalmente creo que habría sido mejor citar a autores nacionales, como a los ilustres diplomáticos bolivianos Felipe Tredinnick Abasto (1983) o Pablo Dermizaky Peredo (1984), quienes, de manera independiente, pero con el mismo propósito de aportar a la construcción de la doctrina internacional de nuestro país, escribieron sobre la “neutralidad perpetua de Bolivia”.

Pero no, Mayta decidió citar el trabajo de un estadounidense que poco o nada tiene que ver con las abstenciones plurinacionales. Abstenciones que lejos de representar una verdadera neutralidad como la que plantearon los autores nacionales mencionados, porque entre otras cosas ambos recomiendan fortalecer y optimizar la carrera diplomática; contrarían uno de los principios más consistentes e importantes de la historia de las relaciones internacionales de Bolivia: el rechazo a todas las invasiones militares y las anexiones territoriales por la fuerza.

Al respecto, aunque Mayta leyó varios pasajes de los discursos que pronunció nuestro representante ante la ONU, entre los que destacan frases como “Las invasiones y la guerra siempre deben ser rechazadas” (02/03/2023) o “expresamos nuestro rechazo categórico a toda agresión como instrumento de solución a los diferendos y conflictos entre estados” (12/10/2022); al final Bolivia se abstuvo en las votaciones de la ONU y también de la OEA, con una posición mucho más ideológica que principista, que de manera indirecta pero evidente, apoya y socapa la agresión militar de Rusia a Ucrania.

miércoles, 25 de enero de 2023

Riesgos para la biodiversidad de la Amazonía boliviana

La permisividad estatal se expresa en la autorización legal de chaqueos y la ausencia de incentivos para la producción sostenible, lo que agudiza la deforestación y debilita las capacidades de gobernanza ambiental.


Por: Andrés Guzmán Escobari 

Publicado en Página Siete

La Amazonía boliviana enfrenta actualmente una encrucijada crítica entre la expansión del agronegocio y la conservación de uno de los ecosistemas más biodiversos y valiosos del planeta. Bolivia, reconocida como uno de los países megadiversos del mundo, alberga en su Amazonía cerca del 30% de las especies terrestres conocidas. Sin embargo, este patrimonio natural se encuentra bajo una amenaza creciente debido a la expansión acelerada de la frontera agrícola, el crecimiento de la ganadería extensiva, el uso de transgénicos, políticas estatales permisivas, los incendios forestales y los efectos acumulativos del cambio climático. Aunque en escenarios internacionales Bolivia suele suscribir acuerdos y respaldar discursos en defensa de la Madre Tierra (Pachamama) y la justicia climática, en el ámbito nacional prevalece un modelo productivo y normativo orientado a la explotación intensiva de los recursos naturales, profundizando contradicciones entre la retórica internacional y las prácticas domésticas. Bolivia-no-firma-la-declaracion-de-Glasgow.docx

El peso del agronegocio y el avance de la deforestación

Desde la década de 1980, el agronegocio ha consolidado su hegemonía económica y política, en especial en el departamento de Santa Cruz. El cultivo de soya transgénica, la ganadería extensiva y el auge de los biocombustibles han impulsado una rápida deforestación, convirtiéndose en los principales motores de la pérdida de cobertura forestal en las tierras bajas y amazónicas del país. Según el Global Forest Watch (2022), en Bolivia se talan más de 30 hectáreas de bosque por hora, mayormente debido al avance de la frontera agrícola y ganadera. Este modelo de desforestación acelerada ha fragmentado hábitats y puesto en riesgo a especies endémicas, al tiempo que reduce la capacidad de los ecosistemas para mitigar el impacto del cambio climático y mantener funciones como la regulación hídrica y el ciclo de nutrientes.

Políticas gubernamentales permisivas y decisiones recientes

Durante las últimas décadas, diversos decretos y leyes han flexibilizado los controles ambientales y han favorecido la expansión agrícola sobre áreas protegidas y territorios indígenas. Desde 2015, se han adoptado medidas estatales permisivas como la autorización para la introducción de nuevos cultivos transgénicos, el impulso de políticas para los biocombustibles y la ampliación de plazos para el cumplimiento de la Función Económica Social de la tierra. Estos marcos normativos han generado un contexto de impunidad para los desmontes y las quemas, afectando gravemente ecosistemas amazónicos vitales. La permisividad estatal se expresa además en la autorización legal de chaqueos y la ausencia de incentivos para la producción sostenible, lo que agudiza la deforestación y debilita las capacidades de gobernanza ambiental.

Impactos sobre la biodiversidad amazónica

La Amazonía boliviana concentra uno de los mayores patrimonios de biodiversidad de Sudamérica. La deforestación, los incendios forestales provocados por prácticas agropecuarias y políticas estatales permisivas, la conversión de bosques en monocultivos y la ganadería extensiva, han puesto en riesgo la supervivencia de especies únicas y fragmentando ecosistemas críticos. La continua pérdida de cobertura vegetal disminuye la capacidad de los bosques amazónicos para captar carbono, contribuyendo al calentamiento global. Además, la alteración del ciclo hidrológico y la destrucción de hábitats impactan de forma directa a pueblos indígenas y comunidades locales que dependen de la selva para su supervivencia, afectando la calidad del agua, alterando la productividad agrícola y comprometiendo la seguridad alimentaria.Bolivia-no-firma-la-declaracion-de-Glasgow.docx

Contradicciones entre compromisos internacionales y política nacional

En el escenario internacional, Bolivia ha participado activamente en el Acuerdo de París y otros pactos de defensa del clima y la biodiversidad, promoviendo el paradigma de los derechos de la Madre Tierra. Sin embargo, estas posiciones contrastan con la falta de adhesión a iniciativas multilaterales como la Declaración de Glasgow sobre los Bosques y el Uso de la Tierra, adoptada en la COP26 por más de 140 países. Esta negativa a sumarse a esfuerzos globales revela la existencia de una brecha cada vez más marcada entre el discurso en el ámbito internacional y la política nacional, la cual prioriza la soberanía estatal sobre los recursos naturales y la afinidad política con gobiernos afines, aun a costa de debilitar la cooperación internacional y el acceso a financiamiento climático esencial para frenar tendencias deforestadoras.

Avances del multilateralismo climático y oportunidades para Bolivia

En los años recientes, el multilateralismo climático ha logrado fijar metas globales cada vez más ambiciosas en materia de reducción de emisiones y protección de los bosques. Mecanismos como el Acuerdo de París y REDD+ ofrecen oportunidades para que países como Bolivia accedan a financiamiento internacional y cooperación técnica, siempre que logren alinear sus políticas internas con los compromisos y tendencias globales. El reto principal radica en superar la influencia de los lobbies agroindustriales y reforzar la institucionalidad pública ambiental. Bolivia debe aprovechar estos mecanismos para fortalecer su gobernanza climática y ambiental, asumiendo una transición hacia un desarrollo sustentable y resiliente.

Propuestas hacia una gobernanza ambiental coherente

Para enfrentar los graves riesgos actuales, Bolivia debe fortalecer su institucionalidad ambiental, garantizar la participación plena y efectiva de los pueblos indígenas y comunidades locales en la toma de decisiones, y priorizar un modelo de desarrollo verdaderamente sustentable. Es fundamental la aplicación estricta de la Ley de la Madre Tierra y de la Ley N.º 300, la promoción de la agroecología y la facilitación de acceso a mecanismos internacionales de financiamiento climático. Adicionalmente, resulta imprescindible el desarrollo de cadenas de valor sostenibles y el uso estratégico de instrumentos como los bonos de carbono y los pagos por servicios ambientales. Solo así se podrá avanzar hacia una gobernanza coherente que equilibre la producción agrícola con la conservación de la biodiversidad.

Conclusión

La Amazonía boliviana se encuentra en un punto de inflexión trascendental. La expansión del agronegocio, la permisividad estatal y las contradicciones entre el discurso internacional y las políticas nacionales han profundizado su vulnerabilidad. A pesar de los compromisos internacionales asumidos por Bolivia, la brecha entre retórica y práctica se vuelve cada vez más evidente. Revertir esta tendencia exige voluntad política, coherencia normativa y una gobernanza ambiental capaz de equilibrar la producción y la conservación, en línea con los avances impulsados por el multilateralismo climático. El futuro de la Amazonía boliviana y su biodiversidad dependerá de la capacidad del Estado y la sociedad de adoptar un camino orientado verdaderamente al desarrollo sostenible y a la justicia ecológica.

domingo, 15 de enero de 2023

Más guerra y menos democracia en 2023

 Publicado en Péndulo Político

Durante el 2023 la democracia retrocederá y la autocracia avanzará en todo el mundo, tal como ha venido sucediendo en los últimos años como consecuencia del populismo, los extremismos ideológicos, la desinformación y la polarización. Elementos que son utilizados por los regímenes híbridos o abiertamente autoritarios para aumentar su poderío en detrimento de los derechos humanos y las libertades individuales.  

Así lo develan los estudios sobre la calidad de la democracia, que se realizan anualmente en base a indicadores como los procesos electorales, el funcionamiento del gobierno, la participación política, la cultura democrática y las libertades civiles. De hecho, según The Economist, más de la mitad de la población mundial vive actualmente bajo algún tipo de régimen autoritario y sólo el 6,4% disfruta de una democracia plena (21 países). En esa misma línea, el instituto V-Dem señala que en 2022, el mundo experimentó los niveles más bajos de democracia en treinta años, con solo 15 países que mejoraron sus indicadores democráticos, 33 que los empeoraron y cerca de 100 que se mantuvieron igual. 

Sobre esta tendencia, el instituto Idea Internacional afirma que el deterioro de la democracia se ha profundizado aún más en los últimos años, debido a la pandemia del covid-19 y a la guerra de Rusia en Ucrania. En efecto, el malestar que han generado los confinamientos forzosos y otras medidas para contrarrestar los efectos del covid-19, así como la incertidumbre que provoca la guerra ruso-ucraniana, por la inflación y la disrupción de las cadenas de suministro; han contribuido a profundizar el deterioro del orden democrático en varios países, incluyendo las democracias más avanzadas.

Las democracias occidentales más emblemáticas, como la de Estados Unidos, han sufrido un anquilosamiento de su sistema de gobernanza, que no ha podido evolucionar hacia un punto que genere mayor confianza; situación que sumada a la recesión económica y a la polarización ideológica, generaron un peligroso descontento social que tiende a estrellarse contra las instituciones democráticas. Mientras que, por el otro lado, las autocracias orientales, como la de China, aunque siguen siendo mal calificadas por los rankings de gobernabilidad, han mostrado una gran capacidad para mantener la estabilidad política y el crecimiento económico dentro de sus fronteras (aunque menos que antes de la pandemia). Lo que, en términos propagandísticos permite posicionar al modelo autocrático como un referente para los países del Sur Global, que no han encontrado en la democracia una solución a sus problemas económicos y de gobernabilidad, pero también para aquellos países cuyos gobernantes pretenden perpetuarse en el poder. 

Pese a esta realidad, la guerra de Rusia en Ucrania no parece estar cerca de su fin y muy por el contrario parece que se agravará aún más con los cientos de miles de reservistas rusos que pronto ingresarán al campo de batalla y con la impresionante dotación de armamento pesado que Ucrania está recibiendo de Occidente. Con esas condiciones no queda mucho margen para el optimismo, solo podemos augurar un 2023 con más guerra y menos democracia.

miércoles, 11 de enero de 2023

¿Acercamiento a Rusia?

Rusia está tratando de recabar el reconocimiento y aceptación de los gobiernos que aún podrían apoyarla, entre los que está Bolivia, que es uno de los países que no han condenado su invasión. 

Los Cancilleres de Rusia y Bolivia se reunieron en Caracas el 19/04/2023.
Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia
Publicado en Página Siete

Con su agresión militar, anexión territorial y crímenes de guerra, impuestos y acometidos en contra de Ucrania y su población civil; Vladimir Putin ha provocado la mayor indignación y preocupación mundial en lo que va del siglo XXI, tanto por los perniciosos efectos económicos de su “operación militar especial”, como por el riesgo de que ésta detone una conflagración nuclear y/o la Tercera Guerra Mundial.    

Por tanto, no sólo las potencias occidentales han expresado su más enfático repudio, imponiéndole duras sanciones a Rusia; sino también China e India, que a través de sus respectivos jefes de Estado, le han transmitido directamente a Putin su preocupación en la última Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái. A esos países se suman varios organismos internacionales; personajes destacados, como el Premio Nobel de la Paz ruso, Yan Rachinsk; y líderes religiosos, como Desmond Tutu (+), el Dalai Lama y el Papa Francisco; entre muchos otros que también han manifestado preocupación.    

Preocupación mundial que en lugar de aplacarse, ha crecido por la indefinición del conflicto, que se ha mantenido sin visos de solución por más de 300 días y no sólo ha ocasionado los efectos mencionados y la destrucción de una parte de Ucrania, sino también la constatación de que el ejército ruso no había sido tan eficaz y poderoso como muchos creíamos.

Ante esta situación de ostracismo, desamparo y descrédito, Rusia está tratando de recabar el reconocimiento y aceptación de los gobiernos que aún podrían apoyarla, entre los que está Bolivia, que es uno de los países que no han condenado su invasión. En efecto, como parte de la política rusa de búsqueda de respaldos, Putin ha invitado al presidente Luis Arce a visitar Moscú mediante su canciller, quien notificó a Rogelio Mayta con dicha invitación el 22 de octubre de 2022 y luego también el 19 de abril de 2024. Más recientemente, durante el cambio de mando del Brasil, el 1ro de enero, Arce se reunió con la presidente del Consejo de Rusia (senado), Valentina Matvienko, con la que, sin abordar el tema de la guerra, acordó fortalecer la cooperación en tecnología, energía, comercio y educación.

Ahora bien, para tomar una decisión tan delicada como la de seguir acercándose al agresor de la guerra que más preocupación está provocando en el mundo, habría que realizar un análisis costo-beneficio; una evaluación de lo que están haciendo otros gobiernos, que también están dentro de la órbita rusa; y una prospección de las implicancias geopolíticas de dicho acercamiento. 

Aunque para cumplir con ese objetivo se requiere mucho más espacio y análisis, en este artículo podemos indicar que entre Bolivia y Rusia no existen los vínculos comerciales, financieros, ni de ningún otro tipo – más que algunos proyectos financiados totalmente por Bolivia, como los centros de medicina nuclear –, que justifiquen una mayor aproximación. Además, el acercamiento podría entorpecer las relaciones con otros países y organismos internacionales, con los que sí tenemos fuertes vínculos, no sólo por el hecho de que estaríamos respaldando al agresor de esta terrible guerra, contrariando la doctrina internacional boliviana de rechazar todas las invasiones y anexiones territoriales; sino porque además estaríamos apoyando las ambiciones imperialistas y colonialistas de un autócrata, también a contrapelo del discurso del actual gobierno.

Sobre lo que están haciendo otros gobiernos, cabe considerar que hasta la fecha ninguna de las autoridades invitadas por Putin ha confirmado su viaje a Moscú, y que desde que comenzó la guerra, solo los autócratas de Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Cuba y Bielorrusia han estado en el Kremlin, aunque todos ellos con mucha más vinculación a Rusia que Bolivia.

Por otra parte, a tiempo de definir a sus potenciales aliados, la cancillería rusa olvidó mencionar a Bolivia, demostrando que aunque hay un interés de aproximación, éste no es tan marcado como con otros países. Efectivamente, el pasado 2 de enero, la cancillería rusa tuiteó: “China, India, Turquía, Argelia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, México, Argentina y Brasil quieren priorizar sus intereses nacionales ignorando cualquier llamado a actuar en defensa de los intereses geopolíticos de EEUU. Un nuevo orden mundial es inevitable”.

Por lo que, además de preguntarnos si realmente conviene posicionarse del lado del agresor y principal perdedor de esta guerra, también deberíamos cuestionarnos si vale la pena hacerlo cuando al parecer, nuestro apoyo ni siquiera será valorado.

jueves, 7 de julio de 2022

Reconfiguración geopolítica y multilateralismo regional

Por Andrés Guzmán Escobari

Publicado en Página Siete

Existe un amplio consenso respecto a que la crisis del multilateralismo ha impedido desarrollar una gobernanza global idónea y oportuna. La incapacidad y falta de mecanismos apropiados de organismos de alcance global como las Naciones Unidas para mantener la paz y la seguridad, enfrentar el cambio climático, controlar la migración, reducir la pobreza y evitar las pandemias, entre otros importantes desafíos globales; son una clara muestra de que dicha crisis aún persiste y que la reconfiguración geopolítica que está provocando la guerra en Ucrania, lejos de ayudar a superarla, la profundizará.

De hecho, todo parece indicar que la crisis del multilateralismo se ahondará en los organismos globales, pero otra cosa muy distinta ocurrirá en los organismos regionales o sectoriales que muy por el contrario se fortalecerán. Por un lado, se afianzarán los lazos políticos, comerciales y financieros entre América del Norte, Europa y Oceanía (incluidos Japón y Corea del Sur) y, por el otro, también se estrecharán vínculos entre Rusia, China y las potencias emergentes del sur global. Sin embargo, al mismo tiempo se acentuarán las diferencias y rivalidades entre estos dos grandes bloques de potencias mundiales: las democracias liberales de Occidente y los regímenes emergentes de Oriente. 

En ese sentido, el multilateralismo se desarrollará principalmente en organismos como el G7, la OTAN, la Unión Europea (UE), el AUKUS, el Quad, por un lado, y el BRICS+, la Organización de Cooperación de Shanghái, la alianza de repúblicas exsoviéticas OTSC, los Estados ribereños del mar Caspio y el G5 por el otro. Efectivamente, las cumbres que han realizado varios de estos organismos en el último tiempo, con la presencia de sus máximos líderes, confirman esta tendencia al multilateralismo regional, en que los posicionamientos políticos no sólo se han adoptado entre grupos de países, sino también en oposición a los miembros del otro bloque. Lo que nos hace prever el surgimiento de un multilateralismo no sólo regional sino también antagónico, que contribuirá al desacople del mundo en al menos dos polos rivales y parcialmente desconectados. 

En el polo occidental, la invasión rusa de Ucrania provocó una respuesta multilateral rápida y contundente: la UE aplicó duras sanciones económicas contra Rusia, destinó ayuda económica y militar a Ucrania (aunque insuficiente según el gobierno de Kiev) y aceptó a este último país como candidato a ingresar en la Unión. De igual forma, el G7, reunido recientemente en Alemania, además de aprobar otro paquete de sanciones contra Rusia y de comprometer más armas para Ucrania, volvió a anunciar el lanzamiento de un ambicioso plan de integración física e infraestructura para contrarrestar la Iniciativa china de la Franja y la Ruta, con cerca de 600 mil millones de dólares. En la misma línea, la OTAN, reunida hace poco en Madrid, incrementó sus tropas y sistemas de seguridad en los países cercanos a Rusia, e invitó a Suecia y Finlandia, Estados tradicionalmente neutrales, a ser parte de la alianza militar. Esto último, con la clara intención de escarmentar a Putin quien dijo que uno de los objetivos de su “operación militar especial” era justamente evitar que la OTAN se expanda hacia sus fronteras.

Por el lado oriental, la XIV Cumbre de los BRICS, organizada por China de manera virtual, si bien no hizo más que anunciar intenciones por reforzar el multilateralismo global y el comercio internacional, como una manifestación de intenciones por volver al auge de la globalización, también sirvió a Putin para mostrarse respaldado por las potencias emergentes y capaz de torear las sanciones occidentales. De igual manera, la VI Cumbre de los países del mar Caspio celebrada en Asjabad, aunque no fue un escenario de grandes anuncios debido a la reticencia de Irán por firmar la Convención que pretende repartir las aguas del lago más extenso del mundo, también sirvió a Putin para demostrar que no está solo y que sus contertulios, según dijo el Canciller ruso, Sergei Lavrov, estarían dispuestos a formar una alianza militar alrededor del mar Caspio.

En todo este complejo escenario de crisis, guerra y desacople, América Latina – salvo Brasil, México y Argentina – no está siendo considerada en ninguno de los dos bloques ni tampoco en las decisiones de la gobernanza global debido a su lamentable desintegración político-ideológica y a su cada vez más evidente insignificancia estratégica en términos económicos, poblacionales y militares.