Entrevista realizada el 14/02/2024, a 145 años del inicio de la Guerra del Pacífico, para La Tarde de Sitel televisión, con Paola Saavedra.
Bienvenido al Blog de Andrés Guzmán Escobari, donde encontrará artículos de opinión, entrevistas y reportajes sobre la demanda marítima boliviana y sobre otros temas de política internacional.
jueves, 15 de febrero de 2024
miércoles, 14 de febrero de 2024
Sebastián Piñera, némesis de Evo Morales

El reciente deceso del expresidente chileno, Sebastián Piñera, provocó la tibia e intrascendente reacción del expresidente boliviano, Evo Morales, quien mandó a publicar en X: “Reportes de prensa informan el lamentable fallecimiento del expresidente de Chile @sebastianpinera. Estuve en numerosos encuentros internacionales con él y, si bien no coincidíamos ideológicamente, trabajamos codo a codo en varios temas. Mi sentido pésame a sus seres queridos y al #pueblochileno”.
Se trata de un comentario tibio e intrascendente porque Piñera no sólo fue el némesis de Morales en el contexto internacional durante el largo tiempo que ambos gobernaron, sino que también compartieron durante todo ese tiempo la especial rivalidad histórica que mantienen Bolivia y Chile respecto al tema marítimo boliviano. Coincidiendo en innumerables encuentros diplomáticos, cumbres presidenciales y foros multilaterales; conversando personalmente en muchísimas ocasiones, algunas de ellas por varias horas; y jugando al fútbol en el mismo equipo. Además de los memorables y apasionados debates cara a cara, en la Cumbre de la CELAC de Santiago y en la XXII Cumbre Iberoamericana de Cádiz, 2012.
La tibieza de Morales al recordar a su principal adversario internacional podría explicarse con la victoria incuestionable que logró Piñera al ganar el juicio que Morales había iniciado en contra de Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que se había convertido además en la principal pulseta personal entre ambos mandatarios. Pero también se podría explicar con la soberbia y arrogancia que Piñera demostró al momento de conocer el fallo de la CIJ, reprochando a Morales por haberle hecho perder el tiempo y asegurando que la Corte habría declarado que Chile “nunca ha incumplido, ninguna obligación en materia de derecho internacional, ni en sus relaciones con Bolivia”, lo que iba mucho más allá de lo que la Corte realmente había fallado que era que Chile no tiene la obligación jurídica de negociar con Bolivia un acceso soberano al Océano Pacífico.
En los medios de comunicación y redes sociales, los dos exmandatarios también intercambiaron acusaciones y recriminaciones casi a diario, respecto a los temas que históricamente nos han dividido a bolivianos y chilenos, y a ciertos incidentes fronterizos que ocurrieron en esos momentos por el contrabando de vehículos robados, el narcotráfico, las minas antipersonal, el ferrocarril Arica-La Paz y los traspasos ilegales de militares bolivianos y carabineros chilenos.
La inédita distensión y la intervención peruana
Todo comenzó cuando Piñera asumió la presidencia de Chile por primera vez en marzo de 2010. En ese momento, las relaciones entre ambos países se habían distendido como nunca antes, porque se había logrado desarrollar una confianza y cercanía sin precedentes entre las autoridades, las fuerzas armadas y diversos grupos de la sociedad civil de los dos países. Todo ello como parte del proceso que se conoció como la Agenda de 13 puntos y la verdadera aplicación de la “diplomacia de los pueblos” que Morales había impulsado junto a su colega izquierdista Michel Bachelet desde mediados del 2006.
En un principio, Piñera continuó la inédita distensión de las relaciones, llegando a suscribir, en julio de 2010, el mayor avance que tuvo la famosa Agenda de 13 puntos en su punto sexto, referido al tema marítimo boliviano. En esa ocasión, los vicecancilleres de ambos países se comprometieron a “presentar así como alcanzar soluciones concretas, factibles y útiles [para el tema marítimo boliviano] en la próxima y sucesivas reuniones del Mecanismo de Consultas Políticas”.
Este acuerdo boliviano-chileno no pasó desapercibido en la Cancillería del Perú, que rápidamente hizo gestiones para evitar lo que Rodríguez Elizondo llama “Charañazo”, es decir un acuerdo entre Bolivia y Chile sobre la posible cesión de una salida soberana al mar para Bolivia en territorio otrora peruano, donde se requiere el “previo acuerdo” del Perú, según el Protocolo Complementario del Tratado de Lima de 1929.
Fue así como, por iniciativa peruana, Morales terminó recomponiendo sus relaciones con el presidente del Perú, Alán García, con el que poco antes había discutido muy acaloradamente, llegando incluso a los insultos. De esa manera, en octubre de 2010, Morales y García suscribieron los Acuerdos de Ilo que ampliaban las facilidades establecidas en los convenios de 1992, suscritos entre Paz Zamora y Fujimori; e incluían una declaración del presidente García, en la que aclaraba que el Perú “no será un obstáculo, en el caso que, en el marco de las negociaciones bilaterales boliviano-chilenas, se llegue a un acuerdo sobre el acceso al mar de Bolivia”.
Hasta ahí, Morales había conseguido lo que muchos otros estadistas bolivianos habrían querido lograr, esto es: un acuerdo con Chile para presentar y alcanzar soluciones concretas, factibles y útiles sobre el tema marítimo boliviano y una promesa del Perú, de no ser un obstáculo para llegar a la solución sobre el mismo asunto. Ante semejantes avances, de los que Morales ni su equipo parecían estar conscientes y al parecer nunca lo estuvieron, lo aconsejable era a todas luces continuar con la misma política de aproximación en ambos frentes. Empero, al poco tiempo y debido a razones que explicaré más adelante, el mandatario boliviano cambió de estrategia, desaprovechando la oportunidad histórica, que quizás era pequeña y remota pero también interesante y dadas las circunstancias, nada despreciable.
Casi al mismo tiempo y tal vez por esa misma razón, Piñera decidió cancelar la reunión del Mecanismo de Consultas Políticas Bolivia-Chile, en la que se tenían que presentar las soluciones concretas, factibles y útiles, sin ofrecer explicaciones. La sorpresiva y disruptiva decisión del presidente chileno parecía estar dirigida a evitar el avance del punto sexto de la Agenda de 13 puntos que habría sido evaluado inevitablemente en comparación con lo que Perú estaba ofreciendo en Ilo.
Ante el estancamiento, Morales se aproximó a Piñera en la Cumbre del Mercosur realizada en Foz de Iguazú, donde acordaron elevar el tratamiento de la Agenda al nivel de Cancilleres, quienes se reunieron en Santiago y La Paz, pero sin ningún avance. En eso, ocurrió un hecho que daría una estocada final a la Agenda de los 13 puntos y a la extraordinaria aproximación boliviano-chilena (2006-2010), la detención del general René Sanabria, director de inteligencia de la Policía Boliviana.
La decisión de demandar a Chile
El general Sanabria, también conocido como el Zar antidrogas de Bolivia, fue arrestado en el aeropuerto de Panamá bajo acusaciones de narcotráfico en un operativo de la DEA de Estados Unidos y el OS7 de Chile. Los agentes chilenos y estadounidenses habían tendido una trampa a Sanabria, logrando develar su implicación en el tráfico ilícito de drogas, lo que obviamente molestó mucho a Morales que calificó el arresto como “una deslealtad” de Piñera, a quien a partir de entonces, dirigió buena parte de sus ataques.
En efecto, pese a los acuerdos bilaterales que se habían firmado entre ambos gobiernos para optimizar el intercambio de información en la lucha contra el narcotráfico, Piñera no había informado nada a Morales a sabiendas de que éste quedaría muy mal parado ante la opinión pública nacional e internacional, que rápidamente empezó a especular sobre su vinculación con el narcotráfico.
Este hecho, que ocurrió a finales de febrero de 2011, terminó por convencer a Morales de cambiar de estrategia en su política de reintegración marítima y el 23 de marzo de ese año, en la celebración del día del mar boliviano, anunció por primera vez su intención de demandar a Chile ante tribunales internacionales –según dijo– para obtener “en derecho y en justicia una salida libre y soberana al Océano Pacífico”.
El anuncio, que fue calificado por Piñera de “inaceptable” y de representar “un serio obstáculo para las relaciones entre ambos países”, era un tanto apresurado y bastante temerario si consideramos que no se habían hecho los estudios necesarios para determinar la factibilidad de demandar a Chile y las probabilidades de obtener éxito. De hecho, por más increíble que parezca, la decisión se tomó en base a la suposición de que había un territorio y unas islas que supuestamente Bolivia nunca le había cedido a Chile porque no están mencionados en el Tratado de 1904, lo que luego se conoció como “la demanda de los hermanos Chávez” (Wilfredo y Víctor Hugo). Dicha “demanda” era solo el resultado del desconocimiento del Acta Protocolizada de 15 de noviembre de 1904, mediante la cual Bolivia había cedido esos territorios, y del hecho incontrovertible de que ya no era posible reclamar esos territorios después de más de un siglo de no haberlos reclamado, ni de haber objetado el dominio de Chile sobre los mismos.
Por esos motivos, el discurso de Piñera se basó en la legalidad y vigencia del Tratado de 1904, sobre lo que se escribió mucho en Chile. No obstante, después de que se realizaron los estudios pertinentes y se descartara la “demanda de los Chávez”, el Gobierno de Morales adoptó una estrategia diferente que, sin impugnar dicho tratado, asignaba validez jurídica a todas esas promesas y práctica diplomática, mediante las cuales Chile había ofrecido darle a Bolivia una salida soberana al mar. Estrategia que se plasmó en la demanda presentada ante la CIJ en abril de 2013, para que ese alto Tribunal falle y declare que Chile tiene la obligación de negociar con Bolivia un acceso soberano al Océano Pacífico.
El proceso judicial ante La Haya
El juicio iniciado por Morales fue largo y engorroso, no sólo porque Piñera y sus sucesores continuaron con la misma perorata del Tratado de 1904 que no estaba en cuestión, sino principalmente porque Morales, en lugar de demostrar interés por negociar con Chile, se dedicó a denostar y criticar al Gobierno de Piñera y luego también a la segunda administración de Bachelet (2014-2018), lo que seguramente llamó la atención de los jueces respecto a los verdaderos intereses detrás de la demanda, porque se hizo muy evidente que Morales no buscaba resolver el problema mediante una negociación sino sólo explotar el hecho de haber sentado a Chile en el banquillo del acusado para lograr beneficios políticos y así conseguir un cuarto mandato presidencial consecutivo.
En varias ocasiones, Morales demostró que nunca entendió cuál debió haber sido su papel en el proceso y al parecer tampoco tenía asesores que le pudiesen ayudar a entender. Por ejemplo, en la cumbre de la CELAC celebrada en Santiago en enero de 2013, Morales increpó al anfitrión Piñera con duros reclamos sobre el incumplimiento del Tratado de 1904, entre los que destacaba la paralización del Ferrocarril Arica-La Paz en el lado chileno de la frontera. Si bien todos esos reclamos eran ciertos y tenían fundamento, definitivamente no era el lugar ni mucho menos el momento de plantearlos.
Tanto así que Morales no logró nada, ni rehabilitar el ferrocarril, que sigue paralizado, ni contribuir al proceso en La Haya ni tampoco subsanar los otros incumplimientos de Chile al Tratado de 1904 a los que hizo referencia. De hecho, lo único que consiguió fue que Piñera hiciera un llamativo espectáculo en Arica para celebrar la supuesta rehabilitación del ferrocarril, en el que se lo vio transportándose en un vagón turístico color rojo que recorrió lentamente los primeros 43 kilómetros de la vía, hasta Poconchile, desde donde retornó en helicóptero.
En resumen, Morales atacó a los gobernantes chilenos durante el proceso judicial por varios motivos, como haber conservado la Constitución de Pinochet, por su supuesta obsecuencia al Gobierno de Estados Unidos, por mantener una política innecesariamente armamentista y la frontera minada, por incumplir los acuerdos bilaterales, especialmente los de libre tránsito, y también por fomentar el contrabando hacia Bolivia, entre otros. Por todos estos motivos, Morales dijo varias veces que Chile es “un mal vecino”. Pero todos esos ataques que obviamente no contribuían a generar un ambiente de negociación, no quedaron sin respuesta. Primero Piñera y después Muñoz, el Canciller de Bachelet, fueron los encargados de contraatacar, acusando a las autoridades bolivianas y en especial a Morales, de faltar a la verdad, cambiar de discurso constantemente, entorpecer cualquier posibilidad de diálogo, hacerles perder el tiempo, crear falsas expectativas al pueblo boliviano y no respetar el Tratado de 1904, que Morales había dicho que estaba muerto.
Después de cinco largos años de juicio y un ambiente cada vez más enrarecido, la Corte emitió su fallo en octubre de 2018, desestimando totalmente la demanda boliviana y terminando con los planes del entonces presidente boliviano de usar el caso con fines electoralistas.
Todo terminó un año después, en octubre de 2019, cuando Morales tuvo que renunciar a la presidencia, dando fin a la larga rivalidad aquí resumida. Pero antes, durante la última etapa ocurrieron dos hechos relevantes referidos el juicio por el Silala, que Chile también terminaría ganando, aunque con menos contundencia y claridad: la cancelación del comité de fronteras dispuesto por Piñera en represalia a la contrademanda boliviana y a la forma cómo fue presentada, a última hora de un viernes para que Chile solo pueda conocerla a primera hora del siguiente lunes, y la propuesta que hizo la vicecanciller chilena a la boliviana para alcanzar un arreglo extrajudicial en el caso Silala, la cual nunca fue respondida.
Tiempo después, cuando ya todo había terminado, Morales y Piñera se volvieron a encontrar en la asunción del presidente peruano Pedro Castillo, en la que Morales, sin tener ningún cargo en el Gobierno de Bolivia, fue tratado como Jefe de Estado y fue filmando junto a su viejo rival chileno de demandas y polémicas, con quien compartió una conversación de varios minutos, en la que sin aparentar ningún tipo de tibieza o arrogancia, se los vio como dos viejos amigos contentos de reencontrarse.
domingo, 11 de febrero de 2024
Bukele, ¿Fascismo democratico?
Aunque no se puede cuestionar la efectividad ni el apoyo popular de las medidas de seguridad aplicadas por Bukele, que están a la vista de todos, sí existen dudas razonables acerca de su legalidad y congruencia con lo que él mismo llama “sistema plenamente democrático”.
Publicado en Péndulo
Tras su aplastante victoria en las elecciones
presidenciales de El Salvador, Nayib Bukele dijo a sus simpatizantes: “Sería la
primera vez que en un país existe un partido único en un sistema plenamente
democrático”.
Ante lo que nos preguntamos ¿es realmente
posible un partido único en democracia? o, en otras palabras, ¿es posible el
fascismo en democracia?
Bukele, muy a pesar de que la Constitución
salvadoreña no permite la reelección, también ha dicho que su reelección es el
reflejo de la verdadera democracia. Una manifestación del poder del pueblo,
pues democracia - según Bukele - "significa el poder del pueblo. 'Demos' y
'Kratos'. De ahí viene la palabra democracia".
Si bien eso es cierto y no se puede negar su
amplio apoyo popular, si refinamos un poco el análisis e incluimos algunos
otros parámetros para determinar qué tan democrático es el sistema salvadoreño,
encontramos algunas incongruencias insalvables. Ciertamente, de acuerdo a la
ciencia política liberal y al derecho internacional interamericano, un régimen
político sólo es democrático cuando existe una pluralidad de partidos
políticos, separación de poderes, respeto a los derechos humanos y un estricto
acatamiento al Estado de derecho, entre otras cosas. Parámetros que el actual
sistema salvadoreño no reúne.
Y no los reúne porque la Asamblea Legislativa,
donde Bukele ya tenía mayoría, hizo algunos cambios recientemente que favorecen
al partido oficialista Nuevas Ideas. Entre dichos cambios destacan los
nombramientos de las autoridades judiciales, afines al oficialismo, y el cambio
de la fórmula de conteo de votos para elegir a los diputados, del método Hare
al D’Hondt, lo que favorece a los partidos más votados en detrimento de los
menos votados. Es decir que con el nuevo sistema se ha eliminado, o al menos
reducido, la representación de algunos partidos políticos de oposición en el
legislativo, siempre en favor de Nuevas Ideas.
Por tanto, el título de este artículo, más que
una pregunta discutible, es un oxímoron, como también lo es un sistema
democrático con un estado de excepción permanente. Esto último, debido a que en
El Salvador reina un estado de excepción hace casi dos años, cuando el mismo
Bukele decidió imponerlo para exterminar a las famosas maras salvadoreñas, que
mantenían a El Salvador con los niveles de inseguridad más altos del mundo.
Aunque cualquier estado de excepción es temporal por su naturaleza, Bukele ha dicho
que aún no ha concluido su plan para acabar con la delincuencia, por lo que el
estado de excepción aún se mantendrá.
Entonces, aunque no se puede cuestionar la
efectividad ni el apoyo popular de las medidas de seguridad aplicadas por
Bukele, que están a la vista de todos, sí existen dudas razonables acerca de su
legalidad y congruencia con lo que él mismo llama “sistema plenamente
democrático”. Porque no sólo se trata de las contravenciones aludidas a la
Constitución y al orden democrático en general, sino también a las afectaciones
a los derechos humanos de cientos de salvadoreños injustamente encarcelados,
sin el debido proceso judicial y junto a miles de delincuentes miembros de las
maras, a quienes tampoco se les respetan sus derechos.
Ante los fuertes cuestionamientos que Bukele
ha recibido de la prensa internacional y los organismos encargados de velar por
los derechos humanos, que acusan detenciones arbitrarias, tratos crueles e
inhumanos, tortura, violaciones al debido proceso e incluso desapariciones y
muertes bajo custodia policial, el presidente reelecto de El Salvador ha dicho
que quienes lo critican centran su preocupación en los derechos de los
delincuentes y no en los derechos de la gente honrada, y quienes deciden quién
gobierna en el Salvador, son los salvadoreños; calificando las propuestas y
recetas de dichos organismos de “fracasadas”.
Considerando estos argumentos, podríamos
concluir que la democracia salvadoreña no es una democracia liberal en todo el
sentido de la palabra, sino que se trata de una democracia con sus propias
particularidades, donde efectivamente gobierna la mayoría pero a través de un
solo partido político, y un solo líder, que controla todos los poderes del
Estado. Es decir, una “democracia fascista”, que más allá del oxímoron puede
llevar a El Salvador hacia el autoritarismo iliberal, como ya ocurrió con otros
países donde los presidentes gobernaron o intentaron gobernar más allá de los
límites constitucionales, amparados en su amplio apoyo popular.
El “fascismo democrático” que representa
Bukele y que de hecho ya se encuentra instaurado en El Salvador desde hace
algún tiempo, se proyecta hacia la sociedad internacional como el resultado
lógico de un presidente que ha resuelto exitosamente el problema más apremiante
de su pueblo, la inseguridad. Lo cual si bien resulta razonable y hasta
atractivo en otros países con problemas de delincuencia, se ha llevado a cabo
con una política exterior que no pretende ocultar su inclinación hacia el
autoritarismo y que por tanto genera más dudas.
Ciertamente, en los foros internacionales, el
gobierno de Bukele se ha distanciado claramente de las democracias liberales de
occidente y se ha alineado con los regímenes autoritarios iliberales, liderados
por China y Rusia. En las Naciones Unidas, El Salvador ha sido uno de los pocos
países de la región - junto a Bolivia, Cuba y Nicaragua con los que no comparte
posicionamiento ideológico - que no ha condenado la invasión de Rusia a
Ucrania, dando muestras de rechazo al orden internacional liberal imperante,
liderado por Estados Unidos.
Por todos estos motivos, el fascismo
democrático de Bukele plantea muchas más dudas que certezas, pero serán los
hechos los que al final nos revelen si dicho sistema es una verdadera
alternativa para garantizar la gobernabilidad, la paz y la prosperidad.
sábado, 3 de febrero de 2024
La inhabilitación de la principal candidata de la oposición venezolana, María Corina Machado
Entrevista para RTP Mundo, con Jorge Luis Palenque
domingo, 21 de enero de 2024
Daños colaterales del genocidio israelí
La intención de exterminar a una parte sustancial del pueblo palestino que ha demostrado Israel desde hace varias décadas, se ha visto con mucha mayor claridad en los primeros 100 días de su guerra contra Hamás. En ese tiempo, las fuerzas armadas israelís no sólo han asesinado a más de 23 mil civiles palestinos mediante bombardeos y operaciones terrestres, sino que además han privado de agua, medicinas, alimentos, electricidad y combustible a los habitantes de la Franja de Gaza, condenando a muchos de ellos a migrar o morir. Se trata pues de un genocidio con todas sus letras que no puede justificarse de ninguna manera y que no puede ni debe quedar en la impunidad ni el olvido.
jueves, 11 de enero de 2024
domingo, 7 de enero de 2024
Apuntes para una política de reintegración marítima
Para definir una política de reintegración marítima realista y viable, es necesario estudiar y comprender todo lo que pasa y ha pasado con los países en desarrollo sin litoral, y no solo considerar lo que ha sido nuestra dramática y frustrante historia respecto al mar.
El 1 de enero de 2024, la mediterránea República de Etiopía y la no totalmente reconocida República de Somalilandia, firmaron un acuerdo para que la última arriende a la primera, por el término de cincuenta años, un territorio de 20 kilómetros de costa sobre el Mar Rojo, incluyendo el puerto de Berbera. En contraprestación, el gobierno etíope deberá reconocer la independencia de Somalilandia, hasta ahora solo reconocida por Taiwán, y concederle además una significativa participación en la aerolínea estatal, Ethiopian Airlines, que es la compañía aérea más importante de África, con más de cien destinos en todo el mundo.
Los
detalles de dicho acuerdo, que se plasmó en un Memorándum de Entendimiento
comercial y militar, no serán divulgados hasta que sea ratificado
aproximadamente en un mes más según anunciaron los signatarios. No obstante, el
gobierno de Somalia ya adelantó que se trata de un acuerdo “nulo y sin efecto”.
Pero más
allá de las tensiones que provoca este acuerdo en el Cuerno de África, también se
trata de un nuevo ejemplo – si es que finalmente se concreta – de un arreglo
negociado que logra romper el enclaustramiento geográfico de un país en
desarrollo sin litoral como Etiopía, que había perdido su cualidad marítima en
1993, tras separarse de Eritrea. Ciertamente, si ese acuerdo finalmente se
ratifica, estaríamos ante un hecho histórico de suma importancia para países en
desarrollo sin litoral como Bolivia, pues se confirmaría que con creatividad y
voluntad política es posible obtener una salida al mar de manera
pacífica y negociada.
En el siglo
pasado, surgieron países como Bosnia Herzegovina o la República Democrática del
Congo que lograron mantener sus estrechas pero soberanas franjas territoriales hacia
el mar (de 20 y 37 kilómetros respectivamente) aun cuando éstas interrumpen la
continuidad territorial de Croacia y Angola respectivamente. Lo que evidencia la
comprensión que estos dos últimos estados demostraron respecto a la importancia
estratégica de tener un acceso propio al mar.
Un ejemplo aún
más preciso de lo que significa recuperar ese acceso, es el de Jordania que
mediante la renegociación de sus límites con Arabia Saudita, logró obtener una
salida soberana al Golfo de Áqaba. En efecto, después de sendas negociaciones
que se desarrollaron entre 1961 y 1965, los dos reinos acordaron un canje
territorial no equivalente, en el que Jordania cedió 7 mil kilómetros cuadrados
de territorio a cambio de un territorio más reducido, de 6 mil kilómetros
cuadrados, pero con 19 kilómetros de costa marítima.
| En verde los territorios cedidos por Arabia Saudita, y en rojo los territorios cedidos por Jordanía. |
De esa
manera, Jordania recuperó los territorios que habían sido ocupados durante la existencia
del Imperio Otomano por los sultanatos de Nejd y Hedjaz, que luego se
incorporaron al Reino saudí.
Todos estos
ejemplos, así como los que existen para resolver otro tipo de asuntos
territoriales, no referidos a la salida al mar de los países en desarrollo sin
litoral, deben ser analizados y estudiados por la Cancillería boliviana y
DIREMAR para proyectar, diseñar y adoptar una nueva política de reintegración
marítima, acorde con nuestros intereses nacionales y el contexto histórico que
nos toca vivir. En ese sentido, también es importante considerar todos esos
casos de territorios que se han puesto bajo un régimen de soberanía no plena ni
absoluta en términos tradicionales y westfalianos, sino bajo diversas e
innovadoras formas de entender la soberanía, que les ha dado eficacia y
viabilidad a ciertos puertos y territorios, como Hong Kong, Macao, Trieste y Gibraltar,
entre otros.
Igualmente,
aunque sin considerar cesiones de soberanía, es importante considerar todos los
casos que permiten mejorar el acceso de los países en desarrollo sin litoral a
través de los países de tránsito en el marco del Programa de Acción de Viena
(2014-2024) de Naciones Unidas. Como las amplias prerrogativas aduaneras que la
India ofrece a Nepal en sus puertos marítimos o las envidiables facilidades
carreteras y férreas que Tailandia ha puesto a disposición de Laos para llegar
al mar.
Pero nuestros
estrategas no solo deben analizar los avances mencionados, sino también los
retrocesos y los riesgos geopolíticos que pueden existir para Bolivia,
principalmente por sus riquezas naturales. Porque, así como Etiopía parece
estar cerca de recuperar su salida al mar, Ucrania parece estar cerca de
perderla. Efectivamente, dado el desarrollo que ha tenido la guerra desatada
por Rusia hace casi dos años, es posible esperar que la contienda termine con la
anexión rusa de toda la costa ucraniana sobre el Mar el Negro, incluyendo las
regiones actualmente ocupadas de Donesk, Lugansk, Zaporiyia, Jersón, Crimea y posiblemente
la ciudad de Odesa, que si cae en manos rusas, Moscú podría enlazar su
territorio con el de Transnistria, que es un enclave prorruso en Moldavia.
Si ese
terrible resultado se llegara a producir, Bolivia, de acuerdo a su historia y
doctrina internacional, no puede ni debe estar del lado del Estado
enclaustrador, porque hasta el momento nuestra diplomacia se ha abstenido de
condenar la invasión y crímenes de guerra rusos. Pero lo que no podemos hacer de
ninguna manera es consentir que se le arrebate su salida al mar a Ucrania o a
cualquier otro Estado, porque sería como consentir implícitamente la legalidad
y/o legitimidad de nuestro propio encierro.
En suma, es muy importante estudiar y comprender todo lo que pasa y ha pasado con los países en desarrollo sin litoral, y no solo considerar lo que ha sido nuestra dramática y frustrante historia respecto al mar, para definir una política clara y coherente, realista y viable, que le permita a Bolivia recuperar o al menos mejorar su acceso a las corrientes del mar.
domingo, 10 de diciembre de 2023
El “rochazo” y el “putsch nazi”
Según la acusación criminal del FBI, el ex Embajador de los Estados Unidos en Bolivia, Manuel Rocha, actuó como agente infiltrado del régimen cubano, conspiró contra el gobierno de Estados Unidos y usó un pasaporte estadounidense que obtuvo con declaraciones falsas. Todo ello durante cerca de cuarenta años de carrera diplomática que ejerció en varios países latinoamericanos y en la cual , tal como el mismo Rocha reconoció en las reuniones secretas que sostuvo con el agente encubierto del FBI Michael Haley, habría contribuido “inmensamente” a fortalecer la revolución cubana: “lo que hicimos… fue enorme… más que un grand slam”.
Entre las acciones conspirativas que Rocha realizó
para lograr ese “grand slam”, está el impulso que le dio a la candidatura de
Evo Morales en las elecciones del 2002, cuando el entonces embajador estadounidense
dijo que si los bolivianos “votan a quienes quieren que Bolivia vuelva a
exportar cocaína [en referencia a Morales], eso pondrá en serio peligro
cualquier ayuda futura de Estados Unidos a Bolivia”. Esas declaraciones, que fueron
asumidas por una buena parte del electorado boliviano como una torpe e inaceptable
interferencia en los asuntos internos del país, ahora nos permiten entender
mejor lo que pasó, porque resulta mucho más lógico creer que se trataba de una
intriga cubana para favorecer al entonces candidato del Movimiento al
Socialismo (MAS), que seguir creyendo que solo fue un desliz del embajador
estadounidense y agente cubano.
El hecho es que “el rochazo”, que es como se
conoce a las consecuencias de dichas declaraciones, no sólo contribuyó a
incrementar la votación de Morales en esa elección, en la que terminó segundo
con más del 20% de los votos cuando las encuestas no le daban más del 10%; sino
que además, con el impulso recibido, luego pudo ganar las elecciones del 2005
con facilidad y permanecer en el poder incluso más de lo que permite la
Constitución, lo que quizás nunca habría sucedido sin el pequeño pero gran empujón
de Rocha, nunca lo sabremos.
Pero lo que sí sabemos es que Bolivia está
expuesta a las intrigas e injerencias de los gobiernos extranjeros que por
algún motivo estratégico o contextual deciden intervenir en nuestra política,
como ocurrió en 2002 y también en otras ocasiones.
El caso más llamativo es el “putsch nazi” de
1941, que fue ejecutado por el
servicio de inteligencia secreto del Reino Unido M16 con el objetivo de
convencer a los Estados Unidos de ingresar a la guerra que se estaba librando
en Europa. La idea era alarmar a los funcionarios de la Casa Blanca respecto a
una posible penetración nazi en su patio trasero, que empujara a la potencia
norteamericana a entrar en el conflicto europeo.
Con ese motivo, el gobierno conservador de
Enrique Peñaranda apresó y confinó a ciertos miembros del Movimiento
Nacionalista Revolucionario (MNR), lo que lejos de acallarlos o amedrentarlos,
aumentó su popularidad y sobre todo la de su líder, Víctor Paz Estenssoro,
quien como sabemos después gobernó Bolivia por varios años.
Ciertamente, a mediados de 1941, varios medios
nacionales e internacionales informaron que el gobierno boliviano había debelado
un golpe de Estado nazi, maquinado por la Embajada del Tercer Reich en La Paz,
el MNR y algunos elementos clave de las FF.AA. Con esos argumentos, Peñaranda
decretó estado de sitio, cerró algunos periódicos de oposición, declaró persona
non grata al Embajador de Alemania y como hemos dicho, apresó y confinó a
ciertos miembros del MNR y también de las FF.AA., que adquirieron una notoriedad
inusitada tras la supuesta desarticulación del “putsch nazi”.
Los espías británicos habían falsificado la
firma del Agregado Militar de Bolivia en Alemania, Mayor Elías Belmonte, que se
había hecho conocer por su activismo político y su tendencia
“militar-socialista”, para hacer creer al gobierno de La Paz y sobre todo al de
Washington, que Belmonte estaba conspirando con los nazis y con los
emenerristas para derrocar a Peñaranda. Las FF.AA. dieron de baja a Belmonte y
el Congreso lo declaró traidor a la patria, en un proceso que desde un
principio estuvo plagado de dudas y sospechas respecto a la veracidad de la
carta atribuida a Belmonte. Se trataba de una carta dirigida al Embajador
alemán en La Paz Ernst Wendler, en la que supuestamente Belmonte anunciaba los
últimos detalles para lanzar el golpe.
En esa ocasión, tuvieron que transcurrir más de
35 años para confirmar que dicha carta era falsa. Pues recién en 1979, en una
entrevista para la televisión de su país, el agente de inteligencia británico
Montgomery Hyde, confesó sin ruborizarse que él había redactado la carta atribuida
a Belmonte. A raíz de esas confesiones, Belmonte fue reincorporado a las FF.AA.
de Bolivia con el grado de general, el congreso le rehabilitó sus derechos
ciudadanos y el gobierno de Guevara Arce lo desagravió.
domingo, 22 de octubre de 2023
El declive del orden internacional liberal
Los
ataques terroristas perpetrados por Hamás en contra de militares y civiles
israelís el pasado 7 de octubre, es otro hito más, execrable y sangriento, del
interregno que atraviesa el mundo desde hace 15 años, cuando estalló la Crisis
Financiera Global de 2008. Interregno que se ha caracterizado por un declive
del orden internacional liberal imperante que, a partir de entonces, se ha
visto afectado por otros eventos de impacto global, tanto o incluso más graves
que el de 2008. Los cuales han confirmado esa incierta y preocupante tendencia
mundial que nos está llevando hacia un escenario cada vez más conflictivo,
inestable y fragmentado. Nos referimos específicamente a las crisis que han
ocasionado la anexión de Crimea por parte de Rusia el 2014, el Brexit de 2016,
la Guerra Comercial y Tecnológica entre China y Estados Unidos a partir de 2018,
la pandemia del Covid-19 de 2020, la Guerra entre Rusia y Ucrania que comenzó
el 2022, y ahora, el resurgimiento del interminable conflicto
palestino-israelí.
Tal
como señala el reconocido internacionalista José Antonio Sanahuja, usando la
nomenclatura de Antonio Gramsci, “La crisis consiste precisamente en el hecho
de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en ese interregno se verifican
los fenómenos mórbidos más variados”. Esta definición de interregno, ideada por
Gramsci para explicar el periodo entreguerras mundiales, ha sido rescatada
recientemente por Sanahuja para explicar el contexto actual, marcado por
“fenómenos mórbidos” tales como: el descontento generalizado, la violencia
política, el ascenso de los extremismos nacionalistas, la erosión y
fragmentación de los sistemas de partidos dominantes y el frecuente éxito
electoral de los outsiders; el agotamiento del modelo postfordista de
desarrollo económico debido a su insostenibilidad medioambiental y a la
revolución tecnológica (robotización e IA); y finalmente la irrupción de
riesgos geopolíticos generados por múltiples conflictos regionales que han
derivado en la disrupción y acortamiento de las cadenas de suministro, así como
en la disminución de la inversión extranjera directa y el comercio
internacional.
Las
similitudes entre el interregno actual y el que transcurrió entre 1919 y 1939
son innegables: una exacerbación de los nacionalismos que ha facilitado el
regreso de los populismos autoritarios por la vía democrática, el resurgimiento
del proteccionismo comercial y las políticas de contención y coerción por parte
de las democracias liberales que aplican sanciones contra sus adversarias que,
en la mayoría de los casos, resultan ineficaces y hasta contraproducentes.
Sumado a ello, la preparación generalizada para la guerra y la consecuente
carrera armamentista financiada, en muchos casos, con la impresión de dinero
sin respaldo. Y por si fuera poco, una fuerte crisis económica que ha
trascendido en una estanflación global, por la combinación de inflación y bajo
crecimiento económico.
Por
otra parte, la reconfiguración geopolítica que provocan todas estas crisis y
fenómenos mórbidos, está definiendo, a su vez, una clara división entre dos
bloques de poder: el bloque occidental o tradicional, también denominado
anglosfera, liderado por Estados Unidos y compuesto por los otros países del G7
más Australia, y el bloque oriental o revisionista, también llamado sinosfera,
liderado por China y compuesto por Rusia, Irán, Bielorrusia y las ex repúblicas
soviéticas del Asia Central. Esta nueva bipolaridad, ha generado la sensación
de otra Guerra Fría que se manifiesta en el desacople económico, comercial,
financiero y tecnológico de estos dos bloques y en el fortalecimiento de las
redes del globalismo dentro de esos mismos bloques. Pues mientras que los lazos
se han roto casi totalmente entre Estados Unidos y Rusia a partir de la
"operación militar especial" de Vladimir Putin en Ucrania, los lazos
entre Rusia y China se han incrementado y fortalecido, como también lo han
hecho los lazos entre Estados Unidos y Europa. Por lo que, es posible afirmar
que hay un proceso de desglobalización y desacople entre la anglosfera y la
sinosfera, pero al mismo tiempo, un proceso de mayor integración e
interdependencia dentro de cada uno de esos bloques de poder.
Esta
realidad se ha profundizado con las sanciones económicas aplicadas por el
bloque occidental contra todos esos países que se han posicionado en contra del
orden internacional liberal (incluidos Cuba, Nicaragua, Venezuela y
afortunadamente aún no Bolivia), y con la mayor cohesión y fortalecimiento de
las alianzas militares, como la OTAN y el AUKUS por parte de la anglosfera, y
la Organización de Cooperación de Shanghái y la Organización del Tratado de
Seguridad Colectiva por parte de la sinosfera.
Pero
si bien hasta aquí hemos definido un escenario eminentemente bipolar, en
realidad, el análisis del contexto geopolítico mundial quedaría incompleto si
no reconocemos la importancia e influencia de algunos otros países que no son
parte de la anglósfera ni de la sinosfera, como la India, Turquía, Indonesia,
Arabia Saudita y Brasil, por mencionar los más relevantes, y también el papel
de los actores no estatales, pero con gran peso económico y político, como las
empresas transnacionales. Entonces si aplicamos la lógica gramsciana del
interregno en que "lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer",
estaríamos hablando de la muerte de un orden unipolar, el orden internacional
liberal dirigido por Estados Unidos, y el nacimiento de un orden multipolar y
transnacional, que no se puede entender con las teorías realistas y
neorrealistas del equilibrio de poder que contribuyeron a definir y comprender
lo que ocurrió desde el Congreso de Viena de 1815 hasta nuestros días, sino que
es necesario desarrollar nuevos esquemas teóricos que permitan analizar el
comportamiento de los actores del sistema internacional, en un mundo mucho más
complejo y voluble.
De
acuerdo a Sanahuja, así como las potencias occidentales no parecen capaces de
sostener el orden internacional actual, las potencias revisionistas no tienen
tampoco la voluntad ni la capacidad de ofrecer una alternativa. Por lo que aún
nos encontramos en la incertidumbre respecto a lo que podría ocurrir y aún es
muy temprano como para desarrollar un modelo teórico que nos permita entender
lo que podría ocurrir.
En
este contexto, si la guerra entre Israel y Hamás se agrava y extiende en el
tiempo, como parece que ocurrirá, lo más probable es que termine involucrando
directamente a otras potencias, como Estados Unidos, Irán o Arabia Saudita. Lo
que sin duda generará fuertes presiones para que se desate un conflicto mayor,
y también distracciones frente a lo que está ocurriendo, por ejemplo, en Europa
del este y en el Indo Pacífico, donde también podrían agravarse los conflictos
y desencadenarse, finalmente, la tan temida Tercera Guerra Mundial.
domingo, 1 de octubre de 2023
El enclaustramiento de Ucrania y la crisis alimentaria
La guerra ruso-ucraniana ha profundizado la crisis económica global que se inició con la pandemia del covid-19, generando la tan indeseada combinación de inflación y bajo crecimiento económico a nivel mundial, lo que también se conoce como estanflación. A este sombrío panorama se suma la crisis alimentaria que está ocasionando dicha guerra, por el encarecimiento de los granos y los fertilizantes que son cada vez más escasos debido a los bloqueos y bombardeos que afectan a sus respectivas cadenas de suministro.
Considerando que Ucrania es uno de los principales
productores de cereales a nivel mundial y tomando en cuenta también la
dependencia que tienen varios países de los cereales ucranianos, entre ellos
países tan pobres y vulnerables a las hambrunas como Somalia, Yemen y Sudán; en
julio de 2022, Rusia, Ucrania y Turquía, bajo los auspicios de las Naciones
Unidas, acordaron establecer una ruta humanitaria para la salida de los granos
ucranianos a través del Mar Negro. Dicho acuerdo, que es el único que los Estados
beligerantes han suscrito desde que se inició la guerra, disponía garantizar la
exportación de los granos ucranianos a través del Mar Negro y también, facilitar
el acceso de los alimentos y fertilizantes rusos a los mercados internacionales.
No obstante, a mediados de julio de 2023, Rusia acusó a sus
contrapartes de incumplimiento y decidió retirarse del referido acuerdo,
amenazando con atacar a cualquier embarcación que cruce el Mar Negro, sea o no
para el transporte de granos. Esta alarmante medida, que se anunció a las pocas
horas del segundo ataque ucraniano al puente de Kerch, que une a la península
de Crimea con el territorio ruso; pone en peligro la estabilidad de precios de
los alimentos a nivel global y lo que es peor, deja sin suficiente
abastecimiento a ciertos países africanos que necesitan esos alimentos
desesperadamente.
Pero el alarmante anuncio no solo se quedó en palabras, sino
que se complementó con los repetidos bombardeos rusos a los puertos ucranianos de
exportación de granos sobre el Mar Negro, principalmente al puerto de Odesa, lo
que ha dejado a Ucrania enclaustrada, sin una salida directa y segura a las
corrientes marítimas mundiales.
Según el mismo Vladimir Putin, hay algunas restricciones que
establecen las sanciones occidentales, impuestas por los países de la OTAN (sin
contar a Turquía) a Rusia, que impiden el cumplimiento de lo convenido en el
acuerdo de granos. A lo que los gobiernos occidentales han respondido que Putin
pretende utilizar el hambre como un arma de guerra.
Se trata pues no sólo de una guerra por el control del
territorio ucraniano y de las cadenas de suministro de los alimentos, sino
también de una guerra de narrativas, en la que obviamente, nadie quiere quedar
como el villano de la película, muy a pesar de que Putin es evidentemente el
principal candidato. A sabiendas de esta situación, Putin ha ofrecido enviar
alimentos de manera gratuita a seis países africanos con los que tiene muy
buenos tratos: Burkina Faso, Zimbabue, Mali, Somalia, Eritrea y República Centroafricana.
No obstante, además de dejar a otros países pobres y vulnerables sin
abastecimiento, estas controvertidas medidas están afectando seriamente a
países como China, que también dependen de los granos ucranianos.
Ciertamente, después de la Unión Europea, China es el
principal comprador de los granos ucranianos y toda esta situación ya ha tenido
serios efectos en las adquisiciones de alimentos del gigante asiático, que ha
tenido que buscar otros proveedores en países no tan amigos como Australia,
Canadá y Francia. Entonces, desde el punto de vista de la China, que es el
principal socio de Rusia frente al bloque de la OTAN, las decisiones de Putin le
afectan en tres sentidos: el tener que depender de países occidentales para el
abastecimiento de granos, el no poder abastecer la demanda alimentaria de su gran
población en los mismas condiciones que antes de la guerra y también, el ver
afectada su influencia en África, donde se sabe que Xi Jinping es el único
líder mundial que podría hacer algo para convencer a Putin de que no siga restringiendo
el flujo de alimentos.
domingo, 2 de julio de 2023
Motín de mercenarios: el debilitamiento de Putin
Desde que asumió la presidencia de la Federación Rusa, hace más de dos décadas y hasta hace poco, Vladimir Putin proyectó una imagen de líder implacable y astuto, que logró reposicionar a Rusia en el tablero geopolítico mundial tras la debacle qué había ocasionado la implosión de la Unión Soviética. Reposicionamiento que consiguió en dos tiempos: uno primero, dedicado a preparar a su país para la guerra y a introducirse en el club de los más poderosos, cuando Rusia era parte del G8 y se convirtió en el principal proveedor de gas y petróleo de varios países europeos; y uno segundo, dedicado a transgredir el orden internacional liberal, principalmente mediante la ocupación militar de importantes porciones de Georgia y Ucrania, en 2008 y 2014, respectivamente.
Rusia no es lo que parece
No obstante, con la guerra que él mismo desató en contra de Ucrania a comienzos de 2022, todo eso empezó a cambiar. Lo primero que quedó en evidencia fue que el ejército ruso no había sido el poder devastador e invencible que muchos creíamos que era, sino una fuerza militar de capacidad intermedia, desordenada, mal dirigida y poco profesional. Eso se hizo patente cuando los estrategas rusos tuvieron que declinar sus objetivos iniciales de tomar Kiev y retirarse de más de la mitad del territorio ucraniano que habían logrado ocupar en los primeros días de la guerra.
Todos esos contrastes, además de las decenas de miles de bajas militares y las cuantiosas pérdidas de tanques, aviones, helicópteros, sin contar los efectos socioeconómicos de las sanciones occidentales y otros costos de la guerra, entre los que destaca el empoderamiento, la expansión y la mayor cohesión de sus principales adversarios, agrupados en la OTAN; son los factores que dan cuenta de la magnitud del error cometido por Putin al invadir Ucrania.
Por si fuera poco, ahora asistimos a un nuevo capítulo del debilitamiento de Putin: el motín mercenario del grupo Wagner. Ciertamente, el líder de dicho grupo, Yevgueni Prigozhin, que había criticado duramente a los principales artífices de la invasión y la narrativa que la justifica; al ver que podía perder su poder; porque el Ministerio de Defensa había dictaminado que todos los mercenarios debían enlistarse en el ejército ruso para seguir percibiendo remuneración, decidió cobrar venganza, acusó al ejército ruso de haber atacado un campamento de Wagner y el sábado 24 de junio dirigió a miles de sus mercenarios a ocupar Rostov del Don y marchar hacia Moscú.
Contradicciones
Dicha marcha avanzó casi sin contratiempos hasta llegar a 200 kilómetros de Moscú, en ese transcurso, la incertidumbre y el miedo a una guerra civil se apoderaron de Rusia, y Putin salió ante las cámaras para denunciar traición y asegurar que los renegados serían castigados. No obstante, unas horas más tarde, el portavoz del gobierno anunciaba un acuerdo con los traidores en el que se les perdonaba la rebelión y se les permitía trasladarse a Bielorrusia a cambio de que detengan su marcha, evidenciando la falta de institucionalidad, la debilidad y el escaso valor de la palabra del Presidente, que había asegurado que serían castigados.
Pero eso no fue todo, al día siguiente, entre los muchos trascendidos que protagonizaron los principales artífices de la invasión, con varias imágenes que mostraban a Putin cerca de los generales que Prigozhin había acusado de cobardes, incompetentes y corruptos, los medios rusos informaron que aún seguían abiertos los procesos contra los mercenarios rebeldes, con lo que Putin volvía a incumplir su palabra, mostrando no sólo vacilación, falta de control y debilidad, sino también que no es un interlocutor confiable para negociar el fin de la guerra.
viernes, 23 de junio de 2023
La doctrina de la política exterior plurinacional
miércoles, 25 de enero de 2023
Riesgos para la biodiversidad de la Amazonía boliviana
La permisividad estatal se expresa en la autorización legal de chaqueos y la ausencia de incentivos para la producción sostenible, lo que agudiza la deforestación y debilita las capacidades de gobernanza ambiental.
Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Página Siete
La Amazonía boliviana enfrenta actualmente una encrucijada crítica entre la expansión del agronegocio y la conservación de uno de los ecosistemas más biodiversos y valiosos del planeta. Bolivia, reconocida como uno de los países megadiversos del mundo, alberga en su Amazonía cerca del 30% de las especies terrestres conocidas. Sin embargo, este patrimonio natural se encuentra bajo una amenaza creciente debido a la expansión acelerada de la frontera agrícola, el crecimiento de la ganadería extensiva, el uso de transgénicos, políticas estatales permisivas, los incendios forestales y los efectos acumulativos del cambio climático. Aunque en escenarios internacionales Bolivia suele suscribir acuerdos y respaldar discursos en defensa de la Madre Tierra (Pachamama) y la justicia climática, en el ámbito nacional prevalece un modelo productivo y normativo orientado a la explotación intensiva de los recursos naturales, profundizando contradicciones entre la retórica internacional y las prácticas domésticas. Bolivia-no-firma-la-declaracion-de-Glasgow.docx
El peso del
agronegocio y el avance de la deforestación
Desde la década de
1980, el agronegocio ha consolidado su hegemonía económica y política, en
especial en el departamento de Santa Cruz. El cultivo de soya transgénica, la
ganadería extensiva y el auge de los biocombustibles han impulsado una rápida
deforestación, convirtiéndose en los principales motores de la pérdida de
cobertura forestal en las tierras bajas y amazónicas del país. Según el Global
Forest Watch (2022), en Bolivia se talan más de 30 hectáreas de bosque por
hora, mayormente debido al avance de la frontera agrícola y ganadera. Este
modelo de desforestación acelerada ha fragmentado hábitats y puesto en riesgo a
especies endémicas, al tiempo que reduce la capacidad de los ecosistemas para
mitigar el impacto del cambio climático y mantener funciones como la regulación
hídrica y el ciclo de nutrientes.
Políticas
gubernamentales permisivas y decisiones recientes
Durante las últimas
décadas, diversos decretos y leyes han flexibilizado los controles ambientales
y han favorecido la expansión agrícola sobre áreas protegidas y territorios
indígenas. Desde 2015, se han adoptado medidas estatales permisivas como la autorización
para la introducción de nuevos cultivos transgénicos, el impulso de políticas
para los biocombustibles y la ampliación de plazos para el cumplimiento de la
Función Económica Social de la tierra. Estos marcos normativos han generado un
contexto de impunidad para los desmontes y las quemas, afectando gravemente
ecosistemas amazónicos vitales. La permisividad estatal se expresa además en la
autorización legal de chaqueos y la ausencia de incentivos para la producción
sostenible, lo que agudiza la deforestación y debilita las capacidades de
gobernanza ambiental.
Impactos sobre la
biodiversidad amazónica
La Amazonía boliviana
concentra uno de los mayores patrimonios de biodiversidad de Sudamérica. La
deforestación, los incendios forestales provocados por prácticas agropecuarias
y políticas estatales permisivas, la conversión de bosques en monocultivos y la
ganadería extensiva, han puesto en riesgo la supervivencia de especies únicas y
fragmentando ecosistemas críticos. La continua pérdida de cobertura vegetal
disminuye la capacidad de los bosques amazónicos para captar carbono,
contribuyendo al calentamiento global. Además, la alteración del ciclo
hidrológico y la destrucción de hábitats impactan de forma directa a pueblos
indígenas y comunidades locales que dependen de la selva para su supervivencia,
afectando la calidad del agua, alterando la productividad agrícola y
comprometiendo la seguridad alimentaria.Bolivia-no-firma-la-declaracion-de-Glasgow.docx
Contradicciones
entre compromisos internacionales y política nacional
En el escenario
internacional, Bolivia ha participado activamente en el Acuerdo de París y
otros pactos de defensa del clima y la biodiversidad, promoviendo el paradigma
de los derechos de la Madre Tierra. Sin embargo, estas posiciones contrastan
con la falta de adhesión a iniciativas multilaterales como la Declaración de
Glasgow sobre los Bosques y el Uso de la Tierra, adoptada en la COP26 por más
de 140 países. Esta negativa a sumarse a esfuerzos globales revela la
existencia de una brecha cada vez más marcada entre el discurso en el ámbito
internacional y la política nacional, la cual prioriza la soberanía estatal
sobre los recursos naturales y la afinidad política con gobiernos afines, aun a
costa de debilitar la cooperación internacional y el acceso a financiamiento
climático esencial para frenar tendencias deforestadoras.
Avances del
multilateralismo climático y oportunidades para Bolivia
En los años recientes,
el multilateralismo climático ha logrado fijar metas globales cada vez más
ambiciosas en materia de reducción de emisiones y protección de los bosques.
Mecanismos como el Acuerdo de París y REDD+ ofrecen oportunidades para que
países como Bolivia accedan a financiamiento internacional y cooperación
técnica, siempre que logren alinear sus políticas internas con los compromisos
y tendencias globales. El reto principal radica en superar la influencia de los
lobbies agroindustriales y reforzar la institucionalidad pública ambiental. Bolivia
debe aprovechar estos mecanismos para fortalecer su gobernanza climática y
ambiental, asumiendo una transición hacia un desarrollo sustentable y
resiliente.
Propuestas hacia
una gobernanza ambiental coherente
Para enfrentar los
graves riesgos actuales, Bolivia debe fortalecer su institucionalidad
ambiental, garantizar la participación plena y efectiva de los pueblos
indígenas y comunidades locales en la toma de decisiones, y priorizar un modelo
de desarrollo verdaderamente sustentable. Es fundamental la aplicación estricta
de la Ley de la Madre Tierra y de la Ley N.º 300, la promoción de la
agroecología y la facilitación de acceso a mecanismos internacionales de
financiamiento climático. Adicionalmente, resulta imprescindible el desarrollo
de cadenas de valor sostenibles y el uso estratégico de instrumentos como los
bonos de carbono y los pagos por servicios ambientales. Solo así se podrá
avanzar hacia una gobernanza coherente que equilibre la producción agrícola con
la conservación de la biodiversidad.
Conclusión


