lunes, 18 de marzo de 2013

La mosca molestosa

Por: Andrés Guzmán Escobari
Hace unos días tuve la oportunidad de conversar con dos expertos del tema marítimo boliviano, el excanciller de la República Javier Murillo de la Rocha y el reconocido historiador boliviano Ramiro Prudencio Lizón, con quienes compartí algunas impresiones sobre la detención y posterior liberación de los tres militares bolivianos en Chile; y aproveché para preguntarles su opinión acerca de la política defensiva que está aplicando el Gobierno de Santiago frente a los constantes ataques de Bolivia, que básicamente consiste en responder a todas las ofensivas, algunas veces con “cierta indignación”, y recientemente, brindándole al presidente Morales una inmejorable oportunidad para traer a colación el conflicto marítimo boliviano al encarcelar a nuestros soldados. Actitud que contrasta notoriamente con la política de absoluta indiferencia adoptada por el Gobierno de EEUU ante las insinuaciones, también recurrentes, que recibe de las autoridades bolivianas.
Prudencio respondió que la actitud del Gobierno chileno obedece a factores de política interna, pues la administración de Piñera necesita subir en las encuestas de popularidad de cara a las elecciones presidenciales; y es evidente que mostrarse firme ante los reclamos de Bolivia y decir que no existen temas pendientes tiene una alta rentabilidad política, en términos de apoyo popular.
Por su parte, Javier Murillo fue mucho más gráfico y dijo: “La respuesta es fácil, águila no mata mosca”, en referencia a que Estados Unidos sería el águila y Bolivia la mosca. “No importa cuánto intente la mosca incomodar al águila, este último nunca reaccionará”.
Después de reflexionar sobre estas dos respuestas, que en un principio parecían incompatibles, llegué a la conclusión de que se podría explicar esta situación imaginando que Chile es una vaca, la cual, en su intento por espantar a la mosca con su cola, la incentiva más a seguir incomodando. De hecho, la mosca intentó molestar al águila desde 2006 pero, ante su aburrida indiferencia, en 2011 decidió centrar sus ataques en la vaca, que sí le presta atención.
Por su parte, la vaca, con el propósito de subir en las encuestas de popularidad de su país, muge “con cierta indignación” que no hay temas pendientes y da fuertes coletazos para espantar a la mosca, la cual sólo atina a persistir con todas sus fuerzas en su intento por molestarla; y así, ambas logran despertar la atención de los demás animales de la selva latinoamericana y del mundo, quienes advierten que hay un serio problema entre la vaca chilena y la mosca boliviana que, por el bien de la integración regional y la convivencia pacífica, debe resolverse.

jueves, 14 de marzo de 2013

Régimen de libre tránsito boliviano por territorio y puertos chilenos

Por: Daniel Agramont Lechin (1)

¿Es Verdaderamente Chile un país respetuoso de los tratados internacionales?

A pesar de que el tema de fondo del diferendo marítimo entre Bolivia y Chile fue y seguirá siendo el enclaustramiento geográfico boliviano resultante de la Guerra del Pacífico, es también digno de atención el cumplimiento que Chile da a los compromisos que asumió mediante la firma del Tratado de 1904 y sus acuerdos complementarios. Este tema se justifica aún más bajo la coyuntura actual en que autoridades chilenas aseguran con gran soberbia que “Chile es un país serio que respeta los tratados internacionales” y también que “Chile no tiene temas pendientes con Bolivia”.
A partir de 1879, Bolivia es privada de su costa marítima y recién con la firma del Tratado de 1904 en compensación, recibe un tratamiento diferenciado en Chile, el cual le otorga ventajas en cuanto al tránsito de personas y mercancías. Para hacer una breve explicación de este régimen especial de tránsito, se puede mencionar que tiene como punto de partida el referido Tratado de 1904 en el cual Chile reconoce en favor de Bolivia - y a perpetuidad -“el más amplio y libre derecho de tránsito comercial por su territorio y puertos del Pacífico” (artículo VI), además de que Bolivia tiene el derecho de constituir agencias aduaneras en los puertos que designe para su comercio (artículo VII). Posteriormente ese derecho fue reglamentado bilateralmente con la firma de varias convenciones de tránsito. Se puede citar que en 1912 Chile amplía lo acordado en el Tratado de 1904 y se establece que “garantiza el libre tránsito por su territorio de las mercaderías extranjeras que se desembarquen con destino a Bolivia, o que; procedentes de este país se embarquen para el extranjero por todos los puertos mayores de la República” (artículo I), además de otorgar un año de almacenamiento gratuito  a las importaciones y exportaciones bolivianas en tránsito (artículo XII). Además, en 1937 se firma otra convención en la cual el Estado chileno ratifica que “reconoce y garantiza el más amplio y libre tránsito a través de su territorio y puertos mayores para las personas y cargas que crucen por su territorio de o para Bolivia, en todo tiempo sin excepción alguna” (artículo I) y otorga a Bolivia la jurisdicción para el cuidado, fiscalización y responsabilidad de su carga que será ejercida a través de la Agencia Aduanera del Estado Boliviano (artículo IV-d).
Puerto de Arica
A pesar del marco general de aplicación establecido por estos tratados, el régimen especial de tránsito del cual gozaban las importaciones y exportaciones bolivianas comenzó a experimentar dificultades en su aplicación desde los años 70 resultando en serias denuncias de incumplimiento por parte de Bolivia en contra de Chile. La intermediación de la CEPAL y la elaboración conjunta del Manual Operativo del Sistema Integrado de Tránsito en 1976, - actualizado en 1993 - pareció haber dado una solución estructural al problema de arbitrariedades por parte de Chile en cuanto al manejo de la carga boliviana. No obstante, en 2004 Chile culmina una serie de acciones unilaterales que pueden ser consideradas como una falta gravísima no sólo al ordenamiento jurídico vigente entre ambos países sino también a la práctica consuetudinaria del manejo de la carga boliviana en tránsito. Específicamente nos referimos a la modernización del sector portuario en Chile que, sin contemplar diferencias entre Arica y Antofagasta con los demás puertos chilenos, fue llevado a cabo de  forma unilateral, modificando toda la operativa portuaria y comercial utilizada hasta ese momento. Tal como sucedió en el pasado y sucede actualmente, en ese entonces Bolivia vuelve a la denuncia de violación de los tratados por parte de Chile. 
Para poder entender cuál fue el cambio brusco realizado por el Estado chileno, es necesario hacer una breve descripción de su sector portuario. En síntesis podemos mencionar que el modelo portuario chileno experimentó en las últimas tres décadas varios cambios que giraban alrededor de una mayor o menor participación estatal. Antes de 1981 era el estado el que proveía los servicios portuarios a través de EMPORCHI que ejercía un monopolio no solo en cuanto a la administración y operación portuaria, sino también en cuanto a la provisión de infraestructura. Posteriormente, a través de la Ley 18.042 de 1981 se establece un sistema de múltiples operadores privados, lo que rompía el monopolio del Estado e introducía competencia en los puertos. Finalmente, en 1990 con la Ley 18.966 se estableció que el Estado chileno a través de EMPORCHI se encargaría únicamente de administrar la infraestructura portuaria y de almacenamiento, dejando a empresas privadas las operaciones portuarias. (2) Es importante resaltar que aunque estos tres cambios afectaban directamente al comercio boliviano -amparado en tratados internacionales-, el Estado chileno realizó estas reformas internas sin realizar consultas.
Sin embargo, en 1997 Chile decide avanzar aún más y aprueba la Ley 19.542 de Modernización del Sector Portuario Estatal que realiza un cambio drástico en el modelo aplicado hasta ese entonces y reduce el papel del Estado al mínimo posible, dejándolo solo como un fiscalizador de empresas privadas a las cuáles les entrega por un tiempo determinado la administración y operación de cada uno de los 14 puertos mayores del país. En otras palabras, una empresa privada sería la que provea no solamente la transferencia de carga sino también la infraestructura necesaria para el desarrollo normal de las operaciones portuarias, teniendo como requisito primordial el compromiso inversión. El motivo, a decir de los propios chilenos, era que sus puertos estaban quedando rezagados y obsoletos para los requerimientos del comercio internacional debido a la baja inversión por parte del Estado. Pese a que este modelo de liberalización de los servicios portuarios (comúnmente conocido como “Landlord”) fue aplicado en varios países del mundo, para Chile existía una gran restricción que debía ser tomada en cuenta y que era precisamente el famoso Tratado de 1904 y todos los convenios posteriores. Lo que ocurrió finalmente es que, haciendo caso omiso del régimen de libre tránsito del que gozaba Bolivia, Chile inicia el proceso de privatización de todos sus puertos mayores.
Desde el anuncio del Estado chileno sobre la aplicación de esta ley a los puertos de Arica y Antofagasta, el rechazo en Bolivia fue unánime. Tanto el gobierno como los empresarios privados se pronunciaron en contra de un atropello de esta naturaleza no sólo porque se constituía en una violación clara al régimen de libre tránsito que Bolivia tiene por territorio y puertos chilenos, sino porque en la práctica iba afectar de manera significativa al comercio boliviano en tránsito.
Cabe preguntarse qué podía haber hecho Bolivia ante este avance avasallador por parte de Chile, que en medio de conversaciones oficiales entre gobiernos había decidido unilateralmente avanzar en el proceso de privatización. Como siempre, hicimos lo único que podríamos hacer, llevar el caso a organismos internacionales pidiendo su mediación y amenazando con desviar nuestra carga por puertos del sur del Perú. El entonces Canciller Siles advirtió a modo terminante que “si en el encuentro de vicecancilleres de Chile y Bolivia, nuestro país no accede a detener el proceso de concesión del Puerto de Arica, nuestro Gobierno presentará quejas ante la ONU y la OEA.” Incluso manifestó que Bolivia podría recurrir a un arbitraje internacional, en caso de no conseguir su objetivo. (3)
A pesar de los constantes reclamos de Bolivia, ya son casi 8 años desde que el régimen de libre tránsito - cuyo marco legal está constituido no sólo por los varios tratados firmados entre ambos países sino también la costumbre internacional - fue perforado por el Estado chileno, debido a que traspasó a  empresas privadas el cumplimiento de sus obligaciones que emanan de tratados internacionales, específicamente su obligación de “garantizar el más amplio y libre derecho de tránsito en todo tiempo sin excepción alguna”. Si bien antes era el Estado el que se encargaba de las inversiones en los puertos, a partir de 2004 esto fue delegado a operadores portuarios privados, quienes a su vez incrementaron las tarifas del servicio para poder financiarlas. Lo anterior significa en la práctica que actualmente los comerciantes bolivianos que utilizan estos puertos son quienes n financian la provisión de infraestructura. Empeorando aún más las cosas para el puerto de Arica, el Estado chileno decide entregar las operaciones de forma exclusiva a una sola empresa por un plazo de treinta años, imponiendo así un monopolio a todas las importaciones y exportaciones bolivianas que pasan por este puerto.
Puerto de Antofagasta
Adicionalmente, la privatización de los puertos en Chile logró que el Estado boliviano pierda la jurisdicción y competencia que tenía sobre su carga. Si bien en el pasado, tanto la ex AADAA como la actual ASP-B, realizaban licitación pública internacional para el manejo de carga a nombre del Estado boliviano, a partir de 2004 el operador de cada puerto responde únicamente a la empresa estatal chilena que está encargada de fiscalizarla.
Ante los hechos anteriormente descritos, ¿cómo es que autoridades chilenas pueden seguir afirmando con orgullo y prepotencia que Chile es un país respetuoso de los tratados internacionales? Más aún, ¿cómo pueden las autoridades chilenas insistir en retomar el diálogo? ¿Por cuántas décadas más? Tomando un solo ejemplo -el caso de los puertos- encontramos que Chile sí tiene temas pendientes. Desde 2004 Bolivia solicita en cada reunión bilateral oficial la anulación de la privatización de estos puertos pero siempre encuentra una respuesta negativa y soberbia por parte de Chile. (4)
Si bien es algo inobjetable que un Estado tiene la soberanía para realizar los cambios en sus políticas dentro de su territorio, contemporáneamente es también inadmisible que emprenda acciones unilaterales en temas que están claramente incluidos en tratados internacionales y que afectan a los intereses de terceros países. Podemos evidenciar que la estrategia boliviana para afrontar el diferendo marítimo, tal como fue expresada por el Presidente Morales en la CELAC, tiene varios argumentos concisos de violación a los tratados vigentes por parte de Chile, que pueden ser bien utilizados en la futura demanda en una corte internacional.

(1) Economista, experto en temas portuarios
(2) CARRILLO, IRIS y SANTANDER, ASTRID. MODERNIZACIÓN PORTUARIA EN CHILE. Sínt. tecnol., nov. 2005, vol.2, no.2, p.63-68. ISSN 0718-025X.
(3) http://www.estrellaarica.cl/site/edic/20040211032857/pags/20040211033654.HTML
(4) Acta de la XII Reunión del Grupo de Libre Tránsito, 2011
 

lunes, 11 de marzo de 2013

Detención de soldados, el error y la falta de profesionalismo chilenos

Por: Ricardo Aguilar Agramont
 
Un incidente en las fronteras fue tratado por Chile fuera de toda norma internacional. El error diplomático dejó servida una situación para poner en evidencia su mala predisposición y resaltar la demanda marítima de Bolivia.
 
 
El 10 de febrero, en esta misma sección de Animal Político, se publicaron dos artículos en los que se ponía en evidencia un número de contradicciones que parecen dar forma a una conducta recurrente de la diplomacia chilena cuando trata el tema marítimo que tiene pendiente con Bolivia. Adicionalmente, en esos mismos artículos se mostraba cómo la administración de Sebastián Piñera era la síntesis de los contrasentidos respecto de su diplomacia sobre el mar y el país o cualquier asunto que pueda relacionársele. Así, la crisis de la detención y posterior liberación de los tres soldados bolivianos deja al desnudo otras antítesis del actual Gobierno transandino y la falta de profesionalidad de su Cancillería.
El expresidente Carlos Mesa opina que el modo en que Chile manejó el conflicto “es uno de los errores más significativos de la diplomacia chilena en su relación con Bolivia”. El 25 de enero fueron detenidos los soldados Álex Choque (20), Augusto Cárdenas (18) y José Luis Fernández (18), quienes permanecieron privados de libertad hasta el 1 de marzo, y parte del arresto estuvieron encerrados en una cárcel de alta seguridad, Alto Hospicio de Iquique. En dicho periodo, los dimes y diretes entre Evo Morales y Piñera no fueron escatimados.
Estos casos siempre se resuelven vía cancillerías, sin embargo, Chile quiso dar “una lección a Bolivia”, dice Andrés Guzmán Escobari, diplomático y economista. “Todo esto demuestra que la diplomacia chilena no es esa diplomacia profesional que pretenden, sino que comete errores y muy grandes, como en este caso”.
“Este mal cálculo político les salió mal, pues sirvió a Morales para hacer un escándalo mayor y sacar a flote, lo cual apoyo, que la nación chilena tiene una cuestión pendiente con el país, es decir, el tema marítimo”, juzga el analista. Según el excanciller Javier Murillo de la Rocha, se “magnificó un incidente menor” en lo que “ambas partes” tendrían responsabilidad.
“Lo que correspondía hacer es seguir el canal diplomático, es decir, que una de las partes, en este caso Bolivia, envíe una nota explicando la circunstancia en que se traspasó la frontera —durante un operativo de lucha contra el contrabando— y se pida una disculpa. (Bolivia lo hizo) Chile debió haber aceptado esas explicaciones, las cuales además fueron públicas”, dice.
No sucedió un arreglo —continúa— porque el “clima político estaba enrarecido desde la cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) en Santiago. Chile reaccionó mal” llevando el asunto a estrados judiciales y “Bolivia también ayudó” a que se haga un “conflicto mayor”.
En efecto, a finales de enero, Morales y Piñera entablaron una polémica sobre el tema marítimo en la cumbre de la Celac. Esto empeoró las maltrechas relaciones bilaterales. Los soldados detenidos en Chile sólo fueron la cereza de la crisis diplomática que venía incluso de antes de la cumbre de la Organización de los Estados Americanos (OEA) de 2012 en Cochabamba y tiene su origen cuando Chile se retiró de la comisión binacional que trabajaba la agenda de los 13 puntos.
Formas. Mesa afirma que en un caso como éste, en que soldados bolivianos pasan la frontera de un país cumpliendo una labor específica como la lucha contra el contrabando y habiendo documentos binacionales en los que se habla de cooperación mutua, la circunstancia indica que hay que resolver el asunto con una llamada entre las cancillerías y devolviendo a los soldados en 48 horas.
“Es un incidente que ha sucedido repetidas veces. El Gobierno chileno, sorprendentemente, decide mandar a la justicia ordinaria a los soldados con una figura jurídica absolutamente incorrecta: ‘ciudadanos armados que entran a territorio chileno’”.
En su criterio, la única posibilidad habría sido “vulneración de la soberanía de Chile”, lo cual lleva a un conflicto internacional.  En cuanto a cómo trató Bolivia el asunto, Mesa señala que discrepa en la forma (“las acusaciones tienen un tono que no es el adecuado”), aunque en el fondo está “totalmente” de acuerdo con lo que se hizo.
La internacionalista Karen Longaric asegura que el desarrollo de la crisis ha puesto “en evidencia ante la comunidad internacional a un gobierno chileno adverso a Bolivia”.  “La situación no merecía llegar a niveles tan desagradables. Bolivia, al contrario, no ha cometido ningún error más allá de algunas expresiones del reclamo, pero fue muy serena su reacción”.Longaric califica el proceder chileno de “agresivo y con una predisposición evidente”.
“Es absurdo que se trate con tanta severidad a tres soldados jóvenes con un arma, como si fuera un batallón. Chile no pudo manejar correctamente un tema que es cotidiano en las fronteras”, considera Longaric.
Afirma que los mecanismos diplomáticos usuales en este tipo de casos, “que son frecuentes”, son los siguientes: primero se debería haber demandado un peritaje binacional para determinar si el lugar en que fueron privados de libertad era Bolivia o Chile (“¿por que no dudar?”). Si era territorio chileno, entonces se pedía las disculpas respectivas y se solicitaba que los bolivianos retornen. “Jamás correspondía que se acepte la justicia chilena para dirimir el problema porque en primer lugar se trataba de militares al servicio del Estado”, asegura Longaric.
Además, dice que tampoco corresponde nunca un trato como el que recibieron los tres conscriptos (encerrados en una cárcel de máxima seguridad y llevados a declarar enmanillados). “A todas luces, ha sido un trato hostil, nada usual en el derecho internacional. Lo correcto es que estos conflictos se arreglen rápido y mediante cancillerías. La actitud chilena ha sido totalmente errónea con un proceso abusivo”. Acerca de la posterior liberación condicionada que falló la justicia de Chile, afirma que las normas “no se expresan con figuras de ese tipo nunca”.
Fue un “claro triunfo” para Bolivia, asevera Guzmán, porque —en su criterio— se captó la atención de la comunidad internacional sobre el enclaustramiento del país. El caso particular de los soldados “no será central”, pero hizo visible el tema de fondo. “Mientras más duraba la detención, Morales aprovechaba inteligentemente y Chile y su diplomacia quedaban peor. Ahora, bien, cuestionan que el Presidente haga un uso político del tema, pero si los chilenos le dan servido en bandeja, es lógico hacerlo”.
¿Ganador?
El excanciller boliviano Armando Loayza culpa a las dos partes de no haber resuelto la polémica por la vía diplomática. “Ha sido un incidente desafortunado en el que no han funcionado los mecanismos que Bolivia y Chile habían diseñado durante años y que se plasmaron en la Agenda de los 13 puntos”.
No corresponde decir quién tenía la razón —sostiene— porque Bolivia puede argumentar que se violaron tratados internacionales mientras que el Gobierno chileno, que, por encima de los tratados, está la soberanía del territorio de un Estado. “Bolivia es el que más pierde porque Chile está en la posición más dura de los últimos años”.
Guzmán y Longaric coinciden en que Chile vulneró el acuerdo de 1937 para luchar, junto a Bolivia, contra el contrabando. “En este caso, vemos que no se ha colaborado con la nación; al contrario, han facilitado las labores del contrabando. Ningún contrabandista fue detenido”, cuestiona el diplomático.
En efecto, Chile violó el tratado bilateral que dice que se debe brindar ayuda mutua en la lucha contra el contrabando, afirma la internacionalista.
Por su parte, el ministro de Defensa, Rubén Saavedra, denunció el domingo que Chile violó la Convención de Viena sobre derechos internacionales al obligar a los tres soldados a renunciar a cualquier beneficio que pueda ser otorgado por el Consulado de Bolivia en su país. También mencionó que vulneró la Convención Interamericana sobre la asistencia mutua en materia penal; la Convención de Palermo suscrita en 2000, en la que se establece la cooperación entre Estados en la lucha contra los delitos transnacionales, y el Acuerdo de Asunción en el marco del Mercado Común del Sur (Mercosur), que se refiere a la represión al contrabando.
Parece ser que el alejamiento entre ambas naciones no tiene reconciliación hasta un cambio de gestiones, el cual está cercano en ambos casos: Piñera termina su administración a fin de año, mientras que en Bolivia hay elecciones generales en diciembre del próximo año.
Morales ya manifestó que habrá un acercamiento con Chile cuando Piñera termine su gestión. De algún modo, este escenario desfavorable, puede ser tomado como una oportunidad para retomar el diálogo y la tranquilidad, así lo consideran Murillo de la Rocha, Loayza y Mesa.
De hecho, éste es el último año de la gestión de Piñera y las elecciones generales del país son en diciembre de 2014. El vaticinio que hace Hugo Gutiérrez, el diputado chileno del Partido Comunista que alojó por unos días a los tres soldados cuando fueron liberados con medidas cautelares, depara un buen futuro: “La oposición retomará el poder este noviembre y Chile volverá al camino del entendimiento con Latinoamérica”.
La oposición a la que se refiere el legislador está liderada por la expresidenta Michelle Bachelet, con quien Morales diseñó la frustrada agenda de 13 puntos, que por primera vez en la historia de las discusiones bilaterales incluyó la demanda marítima boliviana en el debate.
‘Esta vez Chile cometió un error muy grave’: Carlos Mesa, expresidente de Bolivia
Éste (el manejo del conflicto   desatado por la detención de los tres soldados bolivianos) es uno de los errores más significativos de la diplomacia chilena en su relación con Bolivia, la cual siempre ha sido compleja. Este país siempre se había cuidado de no generar problemas en ocasiones con circunstancias similares: en este caso cometieron un error muy grave”.
‘No se probó si el lugar era Chile o Bolivia’: Karen Longaric, experta en derecho internacional
Bolivia puede pedir que se conforme una comisión binacional para verificar el lugar en que fueron detenidos los soldados y así comprobar si era territorio chileno o no, lo cual nunca se determinó. Tenemos que tener esa duda legítima, más aún cuando uno de los conscriptos declaró que nunca llegaron a cruzar la frontera. Jamás correspondía haber aceptado la justicia chilena.
‘Nuestro país es el que  sale perdiendo más’: Armando Loayza, excanciller de Bolivia
Creo que con el conflicto de los soldados es Bolivia el que sale perdiendo más, pues Chile ha retrocedido a sus posiciones más extremas. Hablan de “no ceder un centímetro de costa”, “nada de soberanía...”. No funcionaron los mecanismos diplomáticos, a pesar de que hubo contactos, lo cual es muy penoso. Se dañaron gravemente las relaciones. Ambos son perdedores.
‘Chile debió aceptar las explicaciones’: Javier Murillo de la Rocha, excanciller de Bolivia
Chile debió aceptar las explicaciones, que además fueron públicas, de que se traspasó la frontera sin que haya sido deliberadamente y que se estaba persiguiendo al contrabando. Después, el país vecino debió haber hecho una entrega de los soldados. Pero no fue así por la tensión previa que llevó a que se magnificara el incidente y que las partes no reaccionaran con tranquilidad.
‘El Gobierno chileno no respeta a su justicia’: Andrés Guzmán Escobari, diplomático y economista
La justicia chilena no ha demostrado ningún delito, sin embargo, las autoridades de su Ejecutivo, el canciller Moreno y Piñera siguen hablando de un crimen, por lo que se concluye que sus autoridades no respetan las decisiones de su propia justicia. Con eso no sólo faltan al respeto a nuestros soldados, sino también a su Poder Judicial porque deberían presumir la inocencia de los soldados.

domingo, 10 de marzo de 2013

Morales y Piñera, los dimes y diretes

Por: Ricardo Aguilar Agramont
Publicado en La Razón

Aquí hubo un tremendo doble estándar de parte de Bolivia: por una parte exigía soluciones y por otra frenaba todas las posibles soluciones”, decía el presidente chileno, Sebastián Piñera, en una entrevista radial dos días después de la liberación (1 de marzo) de los tres soldados bolivianos detenidos de manera ilegal en Chile el 25 de enero, cuando realizaban una misión de lucha contra el contrabando, en uno de los mayores errores cometidos por la diplomacia de ese país, como lo califica el expresidente Carlos Mesa.
Evo Morales señalaba, días antes, que el encarcelamiento era una venganza por su intervención en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), llevada a cabo nada menos que en Santiago de Chile, en la que pedía enérgicamente la restitución de mar con soberanía. Esa ocasión, el Presidente de Bolivia enumeró claramente las repetidas veces que Chile ha violado el Tratado de Paz y Amistad de 1904. “Lamentablemente, se ha perdido la salida al mar de una manera injusta, impuesta por un tratado incumplido e injusto”. Parece ser que Piñera no perdonaría esto, por lo que Morales lo acusó de desquitarse encarcelando a los soldados bolivianos.
Así terminaba una historia de invectivas que muy probablemente continuarán hasta el día en que Piñera deje la presidencia de su país; pero para relatar la historia de los dimes y diretes entre ambos mandatarios hay que remontarse a 2010, cuando todo parecía ir viento en popa y se preparaba la retoma de la agenda de los 13 puntos iniciada en 2006 con el gobierno de Michelle Bachelet. 
El 10 de marzo de 2010. Día soleado en el barrio santiaguino de Providencia. Morales y Piñera disputan un partido amistoso de fútbol, después del rescate de los 33 mineros atrapados en una mina de cobre al norte de Chile. El espectro de la historia entre ambos países, sin embargo, extiende su sombra y la tensión hace del juego una alegoría por demás obvia del conflicto marítimo.
El futuro mandatario chileno goza del momento más álgido de popularidad. Todos, incluyendo al mismo Piñera, pueden recordar frescas las palabras de su campaña electoral: “Vamos a facilitar el acceso de Bolivia a nuestros puertos para que los puedan usar para el comercio exterior, pero no vamos a ceder ni territorio ni mar” (cita extraída del texto académico Las relaciones Bolivia-Chile y el riesgo para la seguridad regional del diplomático Andrés Guzmán, documento del que se extraen las fechas de los encuentros diplomáticos para la totalidad de este artículo).
Si bien lo dicho en su campaña no era lo más prometedor para Bolivia, al menos anunciaba buena disposición. Al día siguiente, Piñera inicia su mandato.
14 de julio de 2010 es la fecha para un encuentro a nivel de vicecancillerías en que se retoma la agenda de los 13 puntos, entre los que está el debate sobre una salida soberana al Pacífico para Bolivia. El lugar de la reunión es La Paz. Su conclusión no produce ningún avance. No obstante, ambos países firman un acta en el que se comprometen a “proponer así como alcanzar soluciones concretas, factibles y útiles en la próxima y sucesivas reuniones”.
La siguiente reunión está programada para noviembre de ese año, pero el compromiso parece quedarle grande a Chile si se considera que lo pospone hasta hoy. En la reunión del Mercosur, en diciembre de 2010, los presidentes se encuentran en Foz de Iguazú y elevan el tratamiento del tema a nivel de cancilleres. Hay dos reuniones, una en Santiago y otra en La Paz. Sus conclusiones no producen ningún avance.
Morales quiere creer que no hay ninguna estrategia premeditada de retardar el diálogo y así lo expresa repetidas veces. Conjetura razones por las que, tal vez, Chile pospone las reuniones y pide reanudar el diálogo.
El 22 de enero de 2011, día del Estado Plurinacional, Morales expresa en su informe anual: “Atacama antes era Bolivia, esperamos recuperarla pronto”. Al día siguiente, como en un contrapunteo, Piñera replica: “Atacama es y seguirá siendo chilena, con soberanía chilena, y eso nunca ha estado ni va a estar en las conversaciones con Bolivia”.
El 17 de febrero de 2011, Morales pide a Chile presentar una propuesta de solución antes de que se cumplan los 132 años de la batalla de Calama, el 23 de marzo de ese año. Chile toma la declaración como un ultimátum, escribe Guzmán.
Entre miles de colegiales uniformados, militares, autoridades y uno que otro heladero (también uniformado) o salteñero que logra colarse para vender su mercancía, la plaza Abaroa de La Paz es el escenario de un ritual muy conocido por los paceños: los actos conmemorativos del 23 de marzo. “La lucha que ha marcado nuestra historia por 132 años, ahora debe incluir otro elemento fundamental: el de acudir ante los tribunales internacionales y organismos internacionales demandando en derecho y en justicia una salida libre y soberana al océano Pacífico”, dice Morales rodeado de los escolares emperifollados.
Hasta aquí llegamos, parecía responder Chile que a través de su canciller Alfredo Moreno señala dos caminos: el país debía elegir entre diálogo o diferendo internacional. Bolivia opta por lo segundo.
El 2 de abril de 2011, Morales se queja de que el mandatario chileno ignora la historia, por lo que es “imposible debatir” con él. A eso Piñera contesta con que hay un tratado que hay que respetar, a pesar de que la impostura de la afirmación es evidente al ser públicas las numerosas violaciones al acuerdo que Chile continúa realizando.
Ahora hay intentos de acercamiento, éstos, si bien son infructíferos, apaciguan el intercambio verbal, aunque no lo detienen, hasta el 23 de marzo de 2012, cuando Evo ratifica el camino de acudir a un tribunal internacional. “Los tratados son para cumplirlos”, es la réplica del chileno.
Ya de locales, llega la cumbre de la Organización de los Estados Americanos. Bolivia espera lograr el apoyo de otros países en las reuniones realizadas en Tiquipaya, Cochabamba. “Si hay alguna posición radical de Chile es justamente (porque) hay temor a las acciones que estamos tomando, si no les causaría tal vez risa”, dice y Piñera contesta con lo que ya parecen las únicas palabras de su léxico para referirse al conflicto marítimo: “Quisiera decir al pueblo boliviano y al Presidente de Bolivia que los tratados se firman para cumplirlos”. La impostura es reiterada.
La historia es circular: empieza y termina en lo mismo, es decir, con Piñera hablando de dar fiel cumplimiento al Tratado de 1904. Paradójicamente, eso es algo que bien podría ser una exigencia boliviana ante Chile.

Chávez y el mar

Por: Carlos A. Carrasco
Publicado en La Razón

La XIII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno realizada en Santa Cruz de la Sierra, los días 15 y 16 de noviembre de 2003, se preparó meses antes con la cooperación entusiasta de las autoridades locales, bajo la orientación de la Cancillería. Los aspectos protocolares tan importantes para una reunión semejante estuvieron bajo mi responsabilidad, como Director del Ceremonial del Estado.
Organizar el arribo ordenado de los aviones de 23  jefes de Estado, más algunas personalidades equivalentes como el Secretario General de Naciones Unidas y otros, en pocas horas de la mañana de ese 15 de noviembre, fue tarea sumamente compleja. Cada uno de los visitantes debía ser recibido con honores militares y rito ceremonial parejo. Sendas banderas de idéntica dimensión fueron confeccionadas y desplegadas apropiadamente. Para contingencias inesperadas carros-ambulancia aguardaban pacientemente su rol.
 
Decenas de motocicletas policiales hacían guardia junto a conspicuos “hombres de negro” encargados de seguridad. Dos ensayos realizados el día anterior, con simulacros exactos en distancias y circunstancias, nos familiarizaron para enfrentar la realidad en perfecta armonía.
Por fin llegó la hora de la verdad y muy temprano me dirigí con mis ayudantes al aeropuerto de Viru Viru. Uno a uno los aviones presidenciales aterrizaban con intervalos de media hora. Mientras los reyes de España llegaban en dos enormes aeronaves, el presidente Nicanor Duarte, de Paraguay, lo hacía en una modesta avioneta y Kofi Annan, patrón de la ONU, en línea aérea comercial. Pronto se sucedieron en cascada, el brasileño Lula da Silva, el colombiano Álvaro Uribe, el argentino Néstor Kirchner, el ecuatoriano Lucio Gutiérrez, el salvadoreño Francisco Flores, el peruano Alejandro Toledo, el portugués Jorge Sampaio y los demás. A último momento, Fidel Castro se excusó de su asistencia y se hizo representar por su vicepresidente Carlos Lage. El protocolo era indefectiblemente el mismo, el avión carreteaba hasta un punto determinado y yo subía a la nave y en nombre del presidente Carlos Mesa, daba la bienvenida al ilustre huésped y le explicaba brevemente la ceremonia que tendría lugar. Juntos descendíamos de la nave y se pasaba revista a la unidad militar formada en columna de honor. Al término de la alfombra roja, la hilera de autoridades locales recibía el saludo del visitante y enseguida éste, desde la plataforma expresamente colocada para el efecto, pronunciaba su mensaje ante la prensa, que apiñada en una tribuna captaba fotografías y filmaba el acto. De inmediato, el Presidente y su comitiva montaban en sus automóviles y se alejaban velozmente hasta el hotel Los Tajibos, sede de la cumbre.
Ese ritual se repitió 23 veces sin mayor contratiempo, salvo cuando le tocó el turno a Hugo Chávez, quien dijo textualmente: “Bolivia tuvo mar y aunque se molesten algunos en este continente, lo lamento mucho, Venezuela seguirá reclamando solidaridad con Bolivia en su derecho a las costas sobre el mar. No es justo que se le haya arrebatado la salida al mar (...)”.
Luego, con marcada emoción y enfática retórica, manifestó que el día más feliz de su vida sería aquél cuando pudiese bañarse en playas bolivianas.
Como Chávez se extendió demasiado en su discurso, el avión chileno que se encontraba rondando el espacio aéreo decidió descender y permanecer a la espera de su turno. Ello posibilitó al presidente Ricardo Lagos escuchar el mensaje de su homólogo venezolano. Cuando lo encontré ya presto para salir de su avión, estaba tenso y parecía presuroso por reaccionar contra la inesperada declaración de su colega. Ante el micrófono, rememoró anteriores diálogos que sostuvo con mandatarios bolivianos y manifestó verbatim: “No es con la mirada puesta en el pasado en que podemos afrontar los desafíos de vivir en un mundo global, complejo, donde los países más pequeños tenemos que trabajar unidos y codo a codo (…)”.
Debido a esa significativa controversia, los corrillos de la Cumbre se nutrieron de comentarios entre los concurrentes. Alabarderos de la diplomacia chilena, alborotados corrían, armados de sus celulares, de uno a otro lado. Presidentes y ministros alimentaban murmullos en agitadas tonalidades. Antes de que la reunión se inaugurara solemnemente, Chávez había detonado una sonora bomba mediática cuyo estruendo ya se propagaba en radios, televisiones y prensa continental. Fue un golpe sensacional, ajeno a la tibia agenda cimera habituada a soslayar los puntos candentes que incomodan a la conciencia de las naciones participantes.
También, como sucede en ocasiones similares, la comunidad contestataria convocó a una cumbre paralela que se denominó “Encuentro Social Alternativo” con la participación de cientos de militantes ávidos de difundir sus aspiraciones y expresar sus frustraciones. Ante el estruendo de los aplausos, aparecieron como figuras estelares Hugo Chávez, Carlos Lage y Evo Morales, éste entonces portavoz de los movimientos sociales bolivianos. Estaba aún lejana la instauración de la Alianza Bolivariana  para los Pueblos de Nuestra América (Alba).
Aquella fulgurante invocación por la reivindicación marítima recitada por el líder venezolano en suelo cruceño nos muestra la entrañable amistad y solidaridad sin límite alguno que desde siempre sintió Hugo Chávez por la Hija Predilecta del Libertador.

jueves, 14 de febrero de 2013

Metida de pata

Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en La Razón

Con el propósito de demostrar que sus esfuerzos por llegar a un entendimiento con Bolivia han sido vanos, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, afirmó que su país ha hecho “varias ofertas” para resolver el problema marítimo boliviano, que fueron planteadas en “múltiples ocasiones” al Gobierno de La Paz, y que básicamente consistirían en un enclave con autonomía pero sin soberanía al norte de Arica. Esa propuesta, empero, estaría supeditada al resultado del proceso sobre la delimitación marítima entre Chile y Perú, porque si ese resultado fuese adverso a los intereses chilenos, explicó Piñera, la oferta “perdería validez”.

No obstante, esos comentarios resultaron ser nada menos que otra metida de pata del gobernante chileno, no sólo porque ameritaron un pronunciamiento del Presidente peruano, Ollanta Humala, en apoyo a Bolivia, sino porque provocó una incoherente respuesta de su canciller, Alfredo Moreno, quien, intentando salir del paso, develó que Chile no tiene previsto cumplir con lo acordado bilateralmente. 

Como correspondía, a las pocas horas de que se conocieran las declaraciones de Piñera, el presidente Morales solicitó a Chile una propuesta oficial del enclave sin soberanía al norte de Arica, y Moreno respondió: “El presidente Morales sabe perfectamente que el funcionamiento de esta comisión era de un trabajo en conjunto, en el cual no hay proposiciones de un país o de otro”. Sin embargo, en el último encuentro del mecanismo que negociaba la Agenda de 13 puntos, en el punto 6 referido al tema marítimo, ambos países se comprometieron a “proponer así como alcanzar soluciones concretas, factibles y útiles en la próxima y sucesivas reuniones del Mecanismo de Consultas Políticas”. Es decir, que las partes se obligaron exclusivamente a “proponer” y “alcanzar” y no a “negociar” o “trabajar” en conjunto, como tendenciosamente señala Moreno.

Al respecto, cabe aclarar que el término “proponer” significa “manifestar con razones algo para el conocimiento de alguien, o para inducirle a adoptarlo”, según la RAE. Por tanto, para “proponer” algo es necesario que una de las partes ponga en consideración de la otra un planteamiento relativo a lo que se quiere lograr. Empero, como Chile canceló la reunión del Mecanismo de Consultas Políticas que, según lo acordado, debía realizarse en noviembre de 2010, nunca se pudo “proponer” ni mucho menos “alcanzar” soluciones concretas, factibles y útiles para el tema marítimo boliviano. 

Por lo dicho, las afirmaciones del Canciller chileno, en cuanto a que los acuerdos no incluyen propuestas de un país a otro, revelan que Chile no pretende cumplir lo acordado y que no existe ninguna voluntad de su parte por resolver los temas pendientes con Bolivia.

domingo, 10 de febrero de 2013

Contradictoria, así es la política marítima de Chile

Por: Ricardo Aguilar Agramont
Publicado en La Razón
Los expertos en el conflicto marítimo entre Bolivia y Chile explican por qué la política chilena al respecto es contradictoria. Esta nación, en la historia, a veces negó que haya un tema pendiente y otras lo reconoció e incluso se comprometió a solucionarlo. Esto crea antecedentes jurídicos importantes para Bolivia.
La política chilena respecto a Bolivia y el conflicto marítimo ha sido al menos contradictoria, según el abogado y exministro de Defensa y excónsul General del país en Chile Walker San Miguel, aunque el diplomático y economista Andrés Guzmán opta por calificarla con un adjetivo más duro al decir que ésta ha sido “más bien errática”.
San Miguel identifica dos líneas discordantes que han asumido en la historia los diferentes gobiernos chilenos desde el final de la Guerra del Pacífico. Según afirma, existen dos tendencias encontradas y “bastante contradictorias”: la primera dice que los tratados son inamovibles y que el Pacto de Tregua y el Tratado de Paz y Amistad de 1904 son los que se deben respetar.
El Pacto de Tregua de 1984 fue suscrito como un acuerdo temporal para terminar con las hostilidades entre ambas naciones. Se firmó en la ciudad de Valparaíso el 4 de abril. El documento ponía en efecto una tregua indefinida bajo la condición de que Bolivia aceptara la cesión del litoral. El Tratado de Paz y Amistad consumó lo indicado por el anterior documento y se creó de facto (la guerra) un nuevo derecho sobre las costas anteriormente bolivianas.
La segunda línea que subraya San Miguel, como característica de la política chilena sobre el mar y en tensión con la primera, es la que sostuvieron varios mandatarios de Chile, que en el ejercicio de su función han reconocido que hay un problema pendiente con el país.
Para Guzmán, la historia muestra cómo la política chilena sobre el mar y Bolivia “ha sido errática”: “el Estado chileno, muchas veces ha negado la existencia de un conflicto y al mismo tiempo ha aceptado que había que solucionar el tema marítimo, incluso se comprometió repetidas veces a hacerlo”.
Según este diplomático, esos arranques de voluntad por avanzar en una resolución generalmente se han dado en momentos que Chile tenía alguna tensión con sus vecinos Perú o Argentina u ocultaban otro interés, “pero nunca fueron con la voluntad real de cerrar el tema”.
No obstante, lo importante aquí es que ese “supuesto interés” de clausurar la polémica con una solución “ha creado un efecto jurídico que demuestra que existe un pendiente. Porque si Chile siempre habría mantenido la posición de negación, entonces Bolivia no tendría ningún argumento para revisar el tema. En ese sentido, Chile ha mantenido vivo el problema. Chile ha creado el derecho que tiene Bolivia de reclamar una salida soberana”.
Las dos tendencias subrayadas por San Miguel y confirmadas por Guzmán fueron propias de un determinado gobierno chileno u otro, respectivamente, sin embargo, el economista señala que ambas líneas se encarnan a un tiempo en la gestión del presidente de Chile, Sebastián Piñera.
“En junio de 2010, su gobierno firmó una acta con el país en el que ambos Estados se comprometían a presentar soluciones factibles, concretas y útiles para solucionar el tema marítimo. Ése es un reconocimiento explícito de la existencia de un tema pendiente. Luego, Chile se desentendió y canceló la reunión, lo cual demuestra esa actitud errática”.  
San Miguel apunta una actitud similar. “Las últimas declaraciones del presidente de Chile, Sebastián Piñera, muestran esa contradicción, porque por un lado, en los foros, habla de que no existe nada irresuelto y que se debe respetar el Tratado de 1904, pero por otro reconoce el pendiente y se habla de ofertas, enclaves, puertos, más allá de que se refiera a soberanía u otro tipo de cualidad”, señala.
Añade que en esas declaraciones se está aceptando, en “sentido estricto”, que hay un problema internacional pospuesto.
Un ejemplo reciente de la segunda línea diplomática que identifica San Miguel es la del Gobierno de Michelle Bachelet que buscó una solución con la Agenda de 13 puntos, la cual está en contradicción de la política de Piñera que quiere negar temas pendientes.
Remontándose al siglo XIX, menciona también el caso del presidente chileno Domingo Santa María, que en el primer lustro de la década de 1880 intentó normalizar las relaciones con Perú y Bolivia. “Este presidente decía que había que solucionar el problema y dar una salida marítima al país”.
Otro ejemplo de esta segunda tendencia son —explica— las notas diplomáticas de 1950 entre los cancilleres de las naciones en conflicto, en las que se reconoce que hay que solucionar el conflicto. Por último, menciona las negociaciones de Charaña en 1975, cuando los presidentes de facto Hugo Banzer Suárez y Augusto Pinochet se reúnen con la intención de poner fin a la cuestión, lo cual es una aceptación explícita por parte de Chile del tema pospuesto.Es muy difícil para Chile sostener la aseveración de la primera tendencia que señala San Miguel (la que habla de que no existen temas pendientes con Bolivia), pues esta exautoridad nota que la causa boliviana es reconocida por la Comunidad Internacional; “por el actual presidente del Perú” (Ollanta Humala), para quien es “legítima y justa”; por la Organización de los Estados Americanos en las sendas declaraciones escritas desde 1979 a 1987 en las que se habla de que se trata de un “tema de interés hemisférico”; por países no alineados; las Naciones Unidas; y ahora por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Por tanto, “ésta es una cuestión, que más allá del diseño que la diplomacia chilena quiera plantear, no se puede esconder y tiene que ser resuelta”, concluye el excónsul.

Chile negoció siete veces su territorio por intereses económicos

Por: Ricardo Aguilar Agramont
Publicado en La Razón

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, afirmó en la Celac que su país no negocia soberanía por intereses económicos, la historia desmiente esa aseveración. Ese país negoció con Bolivia territorios soberanos por canjes no territoriales por siete veces.



El Estado chileno negoció una salida al mar con Bolivia a cambio de diferentes compensaciones económicas al menos siete veces en la historia, según rememora el diplomático y economista Andrés Guzmán, que contradice lo que expresó el presidente de Chile,  Sebastián Piñera, ante el plenario de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), cuando dijo: “Los temas de soberanía no se negocian, excepto por intereses económicos”.
El Mandatario sobreinterpretó las declaraciones del presidente Evo Morales, que invitaban a compartir el gas boliviano “una vez solucionado el tema marítimo”. Lo cual fue erróneamente entendido por Chile como un ofrecimiento de “gas por mar”. En efecto, en entrevista con Animal Político, el expresidente Carlos Mesa corroboró esto: “El Presidente dijo que una vez resuelto el tema mar, podemos compartir el gas, uno de los pocos recursos que Bolivia tiene; pero una vez resuelto, cuando hayamos resuelto el tema del mar podemos hablar del tema gas”.
La apreciación de Piñera lo condujo a afirmar: “Chile está dispuesto a dar facilidades para un gasoducto, para un polo industrial, dar extensiones tributarias para que Bolivia pueda hacer el mejor uso que estime para su gas. Pero hay algo donde quiero que usted no se equivoque, presidente Morales: los temas de soberanía no se negocian por intereses económicos”.
De tal modo, Piñera rechazó una propuesta que Morales nunca hizo y negó que su país haya negociado antes por intereses económicos. Esto, según Guzmán, es sencillo de ser refutado, pues para Chile hacer lo que su Presidente niega más bien “ha sido una conducta recurrente desde 1895”.
1. El primer antecedente de una negociación territorial por intereses económicos de Chile se realizó en 1895, según el diplomático, y consta en el “Tratado Especial Sobre Transferencia de  Territorio de 1895”, firmado por  Bolivia y Chile.
En ese tiempo, aún no se había definido a qué país irían a dar los territorios de Tacna y Arica y había un plebiscito entre Chile y Perú para determinar el conflicto. El artículo 1 del tratado dice: “Si a consecuencia del plebiscito que haya de tener lugar, en conformidad al Tratado de Ancón o a virtud de arreglos directos, adquiriese la República de Chile dominio y soberanía permanente sobre los territorios de Tacna y Arica, se obliga transferirlos a la República de Bolivia, en la misma forma y con la misma extensión que los adquiera, sin perjuicio de lo establecido en el artículo. II. La República de Bolivia abonará como indemnización por dicha transferencia de territorio la suma de cinco millones de pesos de plata, de 25 gramos de peso y nueve décimos de fino, quedando especialmente afecto para responder a este pago el 40% del rendimiento bruto de la Aduana de Arica”.
El artículo 4 del mismo documento dice: “Si la República de Chile no pudiese obtener en el plebiscito o por arreglos directos la soberanía definitiva de la zona en que se hallan las ciudades de Tacna y Arica, se compromete a ceder a Bolivia la caleta de Vitor, hasta la Quebrada de Camarones, u otra análoga, y además la suma de cinco millones de pesos de plata de 25 gramos de plata y nueve decimos de fino”.
Guzmán explica que el acuerdo no prosperó porque los parlamentarios bolivianos impusieron condiciones que luego fueron rechazadas por Chile. “La poca visión de los congresistas de ese momento dejaron pasar esa oportunidad”, juzga. Con la pérdida del Pacífico tan fresca, se sentía que se tenía derecho a todo.
2. “La segunda vez fue en 1920, cuando Chile y Bolivia firman un acta protocolarizada”. En esa ocasión, el representante chileno (ministro plenipotenciario en La Paz, Emilio Bello) que había participado en el Tratado de 1904, firma en La Paz con el canciller Carlos Gutiérrez, un acta en el que se compromete a ceder al país una parte de Arica a cambio de un pago por ese territorio. “Luego hay un golpe de Estado en Bolivia y queda en nada”.
El libro de Jorge Gumucio Granier EEUU y el mar dice: “William F. Montavan, agregado Comercial americano en Lima, informó al Departamento de Comercio en Washington que había visitado Quito en enero y entrevistó al ministro chileno en esa capital, Víctor Eastman Cox, quien le había comunicado su posible traslado a La Paz con el fin de negociar un arreglo con Bolivia sobre la cuestión portuaria en base al siguiente plan:
Primero: Concesión de un puerto y acceso libre al mar, posiblemente el puerto de Arica. Esta concesión sería garantizada por un acuerdo internacional que debía incluir el mayor número de repúblicas americanas, inclusive las naciones miembros del ABC. Segundo: Pago justo de Bolivia a Chile por la sección chilena del Ferrocarril Arica La Paz, así como las terminales portuarias y otras obras públicas ubicadas en Arica y a lo largo de la línea férrea”.
La alusión a un “pago” es por demás elocuente.
3. La tercera ocasión se daría en 1923, sigue Guzmán. No quedan registros documentales en este caso, sólo restan unas cartas, aunque es sabido que se hablaba de una compensación económica. “El canciller chileno Luis Izquierdo negociaba con el enviado especial de Bolivia, Jaimes Freyre, y se hablaba de que Chile estaría dispuesto a solucionar el tema a cambio de compensaciones no territoriales”.
Una respuesta de Izquierdo menciona vagamente unas “compensaciones”: “El Tratado de Paz no es revisable [...] No obstante [...] mi gobierno sigue manteniendo el propósito de escuchar con el más elevado espíritu de conciliación y de equidad [...] sin modificar el Tratado de Paz y sin dejar interrumpida la continuidad del territorio chileno [...], el Gobierno de Chile pondrá el mayor empeño en concertar con el de V. E., en vista de las proposiciones concretas que Bolivia presenta [...] las bases de una negociación directa que conduzca, mediante compensaciones mutuas y sin el desmedro de derechos irrenunciables, a la realización de aquel anhelo”.
Lo que quería en ese momento el país era revisar el Tratado de 1904 para recuperar los territorios que se habían perdido, a lo cual Chile se negaba y “ofrecía algo menor”, de tal modo que las negociaciones no avanzaron, indica Guzmán.
4. La cuarta vez fue en 1926, cuando el secretario de Estado de Estados Unidos Frank Kellogg propone a Perú y Chile que cedan parte de Tacna y Arica a Bolivia. Esa propuesta surge en momentos en que esos territorios seguían sin ser definidos. Estados Unidos interviene y plantea que se dé al país esa superficie a cambio de una compensación económica para ambos países. “Chile aceptó la propuesta, sin embargo, Perú la rechazó y se frustró la negociación. Esto es importante porque muestra que el Estado chileno aceptó que Bolivia reciba territorio a cambio de dinero”.
De acuerdo con el estudio de Gumucio, el canciller chileno Luis Barros expresó al embajador estadounidense Collier  —quien hacía de mediador entre Perú y Chile—que la mejor posibilidad para un arreglo diplomático sería la división del territorio, dejando el área norte y la ciudad de Tacna para el Perú y el área sur con Arica para Chile. En este arreglo, Chile estaría dispuesto a declarar neutral toda la provincia de Arica y conceder al puerto el status de “libre” para Bolivia y Perú, a la vez de internacionalizar el ferrocarril Arica-La Paz.
A principios de abril, según Gumucio, Collier envió un informe al secretario Kellogg en el que transmitía el deseo del nuevo canciller chileno (Beltrán Mathieu) para ganar la “amistad y gratitud” de Bolivia y lograr un acuerdo mediante negociaciones que darían al país un puerto y a Chile compensaciones materiales por este motivo.
Incluso antes, el 28 de noviembre de 1925, según el mismo autor, “Barros informó a Kellogg que personalidades y grupos poderosos e influyentes en Chile, y que no integraban el Gobierno, eran partidarios de un arreglo diplomático directo que debía incluir la partición de territorios o la venta del mismo a Bolivia”.
5. El quinto momento fue en 1950. Todo comenzó con el intercambio de notas diplomáticas entre el canciller chileno Horacio Larraín y el embajador boliviano en Santiago, Ostria Gutiérrez.
En las notas del 1 al y 20 de junio, Chile aceptaba “entrar formalmente en una negociación directa destinada a buscar la fórmula (para) que pueda ser posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al océano Pacífico, y a Chile obtener compensaciones que no tengan carácter territorial y que consulten efectivamente sus intereses”.
Según la interpretación del diplomático Ramiro Prudencio, ésta fue la única vez que efectivamente Chile negoció a cambio de recursos que no sean territoriales.
Guzmán relata que, en esos documentos, el Estado chileno se comprometía a negociar una salida soberana al mar para Bolivia y se hablaba, de manera reservada, de compensar a ese país con aguas del lago Titicaca a cambio de un corredor en Arica. En esto último no coincide Prudencio, quien afirma que las notas no especifican la fuente del agua, sino que dicen “aguas del altiplano”.
Prudencio dice que de haberse aceptado, la región andina habría quedado como un “erial”.
En las notas no se mencionan las aguas del lago, sin embargo, Guzmán dice que “es bien sabido que se referían a ellas. De hecho, ése fue el motivo por el que no prosperó la posibilidad”. Cuando la gente en Bolivia se enteró de que se estaban haciendo acuerdos con esos recursos hídricos, se opuso. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que ese momento era la oposición, “se agarró” de esa consigna para criticar a los gobiernos consecutivos que participaron en la negociación, los de Mamerto Urriolagoitia y Hugo Ballivián.
“En cuanto se hicieron públicas las conversaciones, la gente rechazó rotundamente compensar a Chile con aguas nacionales. Por otro lado, el Perú también se opuso porque perdía por dos lados: primero se habría malogrado su posibilidad de recuperar Arica en el futuro y por otro habría perdido aguas del lago Titicaca, que son compartidas”.
Las negociaciones salieron a la luz cuando el presidente estadounidense Harry Truman habló de ellas, pues el mandatario chileno Gabriel González Videla le había propuesto que Estados Unidos se encargue de la financiación del proyecto de distribución de agua y de una planta hidroeléctrica para el norte de Chile. “La noticia cayó muy mal”, cuenta Guzmán. Truman manifestó que “las aguas de las elevadas montañas andinas”, entre Bolivia y Perú, podían servir para “hacer un jardín en la costa de Sudamérica, en el occidente de Chile y Perú, dando a cambio a Bolivia un puerto en el Pacífico”, según el ensayo titulado El Problema de los estados mediterráneos en el derecho internacional marítimo. Un estudio de caso: el diferendo Bolivia-Perú-Chile, del mexicano Juan Carlos Velázquez, doctor en Ciencias Políticas. “Tal declaración fue muy mal recibida en Perú”, señala Guzmán.
La reacción de la población boliviana de ese tiempo no deja de tener semejanzas con el rechazo popular generalizado de vender gas a Chile en 2003.
6. En 1961, el Estado chileno vuelve a proponer una salida soberana a cambio de un aliciente de naturaleza económica y se insiste en retomar el espíritu de las notas del 50. La intención se dio a conocer oficialmente a través de un memorándum que hacía llegar el canciller chileno Manuel Trucco.
El documento expresaba la voluntad de volver a emprender las conversaciones de 1950  y transcribe las notas entre Larraín y Ostria. “En ese escrito no se hace mención a la hidroeléctrica ni al agua del lago, pues esa parte de las intenciones siempre fue reservada. Sencillamente, se refería a una salida soberana sin compensaciones territoriales; obviamente, se referían a recursos económicos de otro tipo”, afirma Guzmán.
Esta vez —interpreta el diplomático— el memorándum no era veraz. “Chile estaba a punto de desviar las aguas del río Lauca y parece que expresa buenas intenciones para mantener a Bolivia tranquila y distraer”. Como se supo lo que se estaba tramando, el país tardó en responder al documento siete meses, pues no se decidía qué posición asumir. Finalmente se alteró el curso del afluente y se rompieron relaciones.
7. Finalmente, la séptima oportunidad se dio en Charaña con Augusto Pinochet. En esa ocasión, si bien se habla de un canje territorial, Bolivia también tenía que comprar, a precio de reposición, el aeropuerto de Chacalluta en Arica, la parte del ferrocarril que iba a quedar en territorio boliviano y todas las inversiones que haya hecho Chile dentro de lo que fuese a quedar en Bolivia. Por otra parte, el país tenía que renunciar a exigir cualquier derecho sobre el río Lauca.
“Si bien la compensación también era territorial, parte de todo el acuerdo incluía remuneraciones y un recurso natural, el Lauca, por lo que se puede concluir que Chile negoció, otra vez, por intereses económicos”, infiere.
Todo se cae por una contrapropuesta de Perú en la que postula una tripartición que es rechazada por Chile. Adicionalmente, los chilenos pedían una compensación territorial no sólo por la tierra, sino también por las 200 mil millas marinas, es decir, aproximadamente 3.000 kilómetros cuadrados extra.
“Era excesivo, Chile quería hacer un gran negocio que incluía el Lauca”. Lo reiterativo de las veces en que Chile negoció a cambio de un canje no territorial deja a la afirmación corregida de Piñera (“los temas de soberanía no se negocian por intereses económicos”) como una impostura, pues parece ser que lo contrario ha sido el comportamiento recurrente del Estado chileno, tal como sostiene Guzmán.

domingo, 3 de febrero de 2013

Bolivia Vs. Chile en la CELAC

LA ENÉSIMA TENSIÓN BILATERAL 
Por: Andrés Guzmán Escobari
 
Como estaba previsto, el foro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) fue escenario de una nueva discusión entre Chile y Bolivia sobre el problema marítimo boliviano, que, sorpresivamente, terminó con un compromiso de los Presidentes de ambos países de recorrer juntos el trayecto Arica – El Alto en el ferrocarril que, según el Tratado de 1904 (artículo 3) y la Convención de 1905 (artículo 12), debería operar perpetuamente entre esas dos ciudades.
También llamó la atención el discurso de Evo Morales, que, a diferencia de otras oportunidades, fue mucho más respetuoso y constructivo. Fundamentó por primera vez sus acusaciones acerca de que Chile incumple el Tratado de 1904 con ejemplos y argumentos y, para sorpresa de todos, propuso una fórmula de solución que consiste en compartir gas con Chile una vez resuelto el tema del mar.  
Contrariamente, la respuesta de Sebastián Piñera no sorprendió mucho, pues, más allá de la claridad y solvencia con las que expuso, básicamente repitió los argumentos que ha venido esgrimiendo desde que Morales anunció su intención de apelar a instancias internacionales para recuperar un acceso soberano al mar. Eso sí, aprovechó la oportunidad para fruncir el ceño y rechazar en el acto la propuesta marítimo-gasífera.
Si bien la estrategia boliviana mostró considerables mejoras, el discurso del Presidente Morales no logró el objetivo de incomodar a los chilenos porque careció de la claridad y precisión necesarias para convencer a una audiencia que no conoce este tema en detalle (mezcló los incumplimientos de Chile con supuestas violaciones a los derechos humanos y no citó la Convención de 1905). Además, no fue coherente terminar dicha argumentación afirmando “pero acá no estoy pidiendo cumplimiento, sino que se repare un derecho del pueblo boliviano”, porque lo primero que debería pedir, sino exigir, es el más estricto cumplimiento de los compromisos bilaterales, no sólo porque la confianza de toda relación interestatal depende de ello, sino porque sería mucho más fácil dialogar sobre el tema marítimo o sobre cualquier otro asunto si ambas partes respetan lo acordado.
Por otra parte, tampoco fue conveniente intentar conmover a los Jefes de Estado y de Gobierno presentes pidiéndoles que imaginen el sufrimiento que siente un niño boliviano cuando se entera que su país nació con mar o que se pongan en el lugar de nuestros abuelos que no conocen el océano; porque existe evidencia histórica de que la estrategia del dramatismo plañidero ha fracasado cada vez que se ha intentado aplicar. Por último, en cuanto a la propuesta marítimo-gasífera, todavía no es posible emitir comentario sobre su pertinencia o efectividad, porque pudo haber sido un intento alocado por lograr el milagro de la aceptación chilena a riesgo de recibir un portazo o pudo haber sido parte de la estrategia que prepara la Dirección Estratégica de Reivindicación Marítima (DIREMAR), entre muchas otras posibilidades. 
Pero si a la sólida y legítima argumentación de Morales le faltó claridad, precisión y sobre todo, una mejor presentación; el discurso de Piñera fue todo lo contrario. El anfitrión se dio el lujo de hacer una exposición magistral de sus argumentos basándose en afirmaciones muy cuestionables y, en algunos casos, falsas. Pero aun así salió mejor parado debido a que la opinión pública no conoce los pormenores de este tema.  
En efecto, Piñera fue muy cínico al asegurar que “Chile tiene una comprensión y un compromiso especial con la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia” porque él mismo dispuso la interrupción del dialogo de la Agenda de 13 puntos al cancelar la reunión que tenía que realizarse en noviembre de 2010 y, a raíz de eso, nunca cumplió el compromiso asumido por su Gobierno en julio de ese año de presentar así como alcanzar soluciones concretas, factibles y útiles al tema marítimo boliviano. Lo cual, como correspondía, le fue recordado por Morales al final del debate.
Luego, con el propósito de demostrar que Chile no impuso a Bolivia el Tratado de 1904, Piñera recordó que el Presidente y el Canciller de nuestro país en ese entonces fueron reelegidos por el pueblo boliviano años más tarde. No obstante, si existe alguna relación entre esos hechos, mayor relevancia tendría recordar que el 10 de enero de 1920, Chile – a través de su representante en La Paz, Emilio Bello Codesido, quien había firmado el Tratado de 1904 – se comprometió a cederle a Bolivia una zona importante de Arica y del ferrocarril, en un claro intento por rectificar lo acordado en 1904.
Pero la muestra de mayor cinismo que dio Piñera fue cuando dijo, una vez más, “Chile cumple sus tratados”, porque Morales le acababa de explicar cuáles son los puntos del Tratado de 1904 que su país incumple y, principalmente, porque los hechos históricos contradicen esa afirmación: Chile desconoció el Pacto de Paucarpata de 1837 suscrito con la Confederación Perú-Boliviana; terminó unilateralmente el Tratado de 1874 alegando incumplimiento de Bolivia y con ello inició la guerra de 1879; nunca cumplió el Tratado de Ancón suscrito con Perú en 1883, en su parte referida al plebiscito de Tacna y Arica; transgredió varias veces el libre derecho de tránsito otorgado a Bolivia mediante el Tratado de 1904 como dijo Morales; mantuvo sin funcionamiento al ferrocarril Arica-La Paz por más de 10 años (realizó muy pocos viajes de 2001 a 2005 y desde entonces estuvo completamente paralizado hasta hace poco) en flagrante violación a la Convención de 1905; tampoco cumplió con retirar las minas antipersonales de la frontera a pesar de que se comprometió a ello mediante la Convención de Ottawa de 1997, etc. Además, recientemente incumplió ciertos acuerdos internacionales sobre contrabando que se aplican a la aún no esclarecida incursión de militares bolivianos a territorio chileno. Todos estos hechos incontrovertibles demuestran, indiscutiblemente, que Chile no cumple sus tratados. 
Asimismo, con el propósito de rechazar la propuesta de Morales, Piñera afirmó que la soberanía no se negocia por intereses económicos, olvidando que su país aceptó negociar la soberanía de Arica por dinero y/o agua en varias oportunidades de la historia (1895, 1920, 1923, 1926, 1950, 1961 y 1975) y, por si fuera poco, también dijo que Chile no está dispuesto a cortar o dividir su territorio tal como si alguien le hubiera pedido hacer tal cosa en algún momento.
Por todo esto, parece difícil que ambos Presidentes logren ponerse de acuerdo en el recorrido que realizarán por vía férrea de Arica a El Alto y no sólo porque las posiciones parecen irreconciliables, sino porque para que ese viaje se realice, es necesario que los Mandatarios cumplan lo acordado, pero, como ni Morales ni menos Piñera tienen antecedentes de respeto a las formalidades, quizás nunca los veamos viajar juntos de la costa al altiplano.