Entrevista para RTP Mundo, con Jorge Luis Palenque
Bienvenido al Blog de Andrés Guzmán Escobari, donde encontrará artículos de opinión, entrevistas y reportajes sobre la demanda marítima boliviana y sobre otros temas de política internacional.
sábado, 3 de febrero de 2024
domingo, 21 de enero de 2024
Daños colaterales del genocidio israelí
La intención de exterminar a una parte sustancial del pueblo palestino que ha demostrado Israel desde hace varias décadas, se ha visto con mucha mayor claridad en los primeros 100 días de su guerra contra Hamás. En ese tiempo, las fuerzas armadas israelís no sólo han asesinado a más de 23 mil civiles palestinos mediante bombardeos y operaciones terrestres, sino que además han privado de agua, medicinas, alimentos, electricidad y combustible a los habitantes de la Franja de Gaza, condenando a muchos de ellos a migrar o morir. Se trata pues de un genocidio con todas sus letras que no puede justificarse de ninguna manera y que no puede ni debe quedar en la impunidad ni el olvido.
jueves, 11 de enero de 2024
domingo, 7 de enero de 2024
Apuntes para una política de reintegración marítima
Para definir una política de reintegración marítima realista y viable, es necesario estudiar y comprender todo lo que pasa y ha pasado con los países en desarrollo sin litoral, y no solo considerar lo que ha sido nuestra dramática y frustrante historia respecto al mar.
El 1 de enero de 2024, la mediterránea República de Etiopía y la no totalmente reconocida República de Somalilandia, firmaron un acuerdo para que la última arriende a la primera, por el término de cincuenta años, un territorio de 20 kilómetros de costa sobre el Mar Rojo, incluyendo el puerto de Berbera. En contraprestación, el gobierno etíope deberá reconocer la independencia de Somalilandia, hasta ahora solo reconocida por Taiwán, y concederle además una significativa participación en la aerolínea estatal, Ethiopian Airlines, que es la compañía aérea más importante de África, con más de cien destinos en todo el mundo.
Los
detalles de dicho acuerdo, que se plasmó en un Memorándum de Entendimiento
comercial y militar, no serán divulgados hasta que sea ratificado
aproximadamente en un mes más según anunciaron los signatarios. No obstante, el
gobierno de Somalia ya adelantó que se trata de un acuerdo “nulo y sin efecto”.
Pero más
allá de las tensiones que provoca este acuerdo en el Cuerno de África, también se
trata de un nuevo ejemplo – si es que finalmente se concreta – de un arreglo
negociado que logra romper el enclaustramiento geográfico de un país en
desarrollo sin litoral como Etiopía, que había perdido su cualidad marítima en
1993, tras separarse de Eritrea. Ciertamente, si ese acuerdo finalmente se
ratifica, estaríamos ante un hecho histórico de suma importancia para países en
desarrollo sin litoral como Bolivia, pues se confirmaría que con creatividad y
voluntad política es posible obtener una salida al mar de manera
pacífica y negociada.
En el siglo
pasado, surgieron países como Bosnia Herzegovina o la República Democrática del
Congo que lograron mantener sus estrechas pero soberanas franjas territoriales hacia
el mar (de 20 y 37 kilómetros respectivamente) aun cuando éstas interrumpen la
continuidad territorial de Croacia y Angola respectivamente. Lo que evidencia la
comprensión que estos dos últimos estados demostraron respecto a la importancia
estratégica de tener un acceso propio al mar.
Un ejemplo aún
más preciso de lo que significa recuperar ese acceso, es el de Jordania que
mediante la renegociación de sus límites con Arabia Saudita, logró obtener una
salida soberana al Golfo de Áqaba. En efecto, después de sendas negociaciones
que se desarrollaron entre 1961 y 1965, los dos reinos acordaron un canje
territorial no equivalente, en el que Jordania cedió 7 mil kilómetros cuadrados
de territorio a cambio de un territorio más reducido, de 6 mil kilómetros
cuadrados, pero con 19 kilómetros de costa marítima.
| En verde los territorios cedidos por Arabia Saudita, y en rojo los territorios cedidos por Jordanía. |
De esa
manera, Jordania recuperó los territorios que habían sido ocupados durante la existencia
del Imperio Otomano por los sultanatos de Nejd y Hedjaz, que luego se
incorporaron al Reino saudí.
Todos estos
ejemplos, así como los que existen para resolver otro tipo de asuntos
territoriales, no referidos a la salida al mar de los países en desarrollo sin
litoral, deben ser analizados y estudiados por la Cancillería boliviana y
DIREMAR para proyectar, diseñar y adoptar una nueva política de reintegración
marítima, acorde con nuestros intereses nacionales y el contexto histórico que
nos toca vivir. En ese sentido, también es importante considerar todos esos
casos de territorios que se han puesto bajo un régimen de soberanía no plena ni
absoluta en términos tradicionales y westfalianos, sino bajo diversas e
innovadoras formas de entender la soberanía, que les ha dado eficacia y
viabilidad a ciertos puertos y territorios, como Hong Kong, Macao, Trieste y Gibraltar,
entre otros.
Igualmente,
aunque sin considerar cesiones de soberanía, es importante considerar todos los
casos que permiten mejorar el acceso de los países en desarrollo sin litoral a
través de los países de tránsito en el marco del Programa de Acción de Viena
(2014-2024) de Naciones Unidas. Como las amplias prerrogativas aduaneras que la
India ofrece a Nepal en sus puertos marítimos o las envidiables facilidades
carreteras y férreas que Tailandia ha puesto a disposición de Laos para llegar
al mar.
Pero nuestros
estrategas no solo deben analizar los avances mencionados, sino también los
retrocesos y los riesgos geopolíticos que pueden existir para Bolivia,
principalmente por sus riquezas naturales. Porque, así como Etiopía parece
estar cerca de recuperar su salida al mar, Ucrania parece estar cerca de
perderla. Efectivamente, dado el desarrollo que ha tenido la guerra desatada
por Rusia hace casi dos años, es posible esperar que la contienda termine con la
anexión rusa de toda la costa ucraniana sobre el Mar el Negro, incluyendo las
regiones actualmente ocupadas de Donesk, Lugansk, Zaporiyia, Jersón, Crimea y posiblemente
la ciudad de Odesa, que si cae en manos rusas, Moscú podría enlazar su
territorio con el de Transnistria, que es un enclave prorruso en Moldavia.
Si ese
terrible resultado se llegara a producir, Bolivia, de acuerdo a su historia y
doctrina internacional, no puede ni debe estar del lado del Estado
enclaustrador, porque hasta el momento nuestra diplomacia se ha abstenido de
condenar la invasión y crímenes de guerra rusos. Pero lo que no podemos hacer de
ninguna manera es consentir que se le arrebate su salida al mar a Ucrania o a
cualquier otro Estado, porque sería como consentir implícitamente la legalidad
y/o legitimidad de nuestro propio encierro.
En suma, es muy importante estudiar y comprender todo lo que pasa y ha pasado con los países en desarrollo sin litoral, y no solo considerar lo que ha sido nuestra dramática y frustrante historia respecto al mar, para definir una política clara y coherente, realista y viable, que le permita a Bolivia recuperar o al menos mejorar su acceso a las corrientes del mar.
domingo, 10 de diciembre de 2023
El “rochazo” y el “putsch nazi”
Según la acusación criminal del FBI, el ex Embajador de los Estados Unidos en Bolivia, Manuel Rocha, actuó como agente infiltrado del régimen cubano, conspiró contra el gobierno de Estados Unidos y usó un pasaporte estadounidense que obtuvo con declaraciones falsas. Todo ello durante cerca de cuarenta años de carrera diplomática que ejerció en varios países latinoamericanos y en la cual , tal como el mismo Rocha reconoció en las reuniones secretas que sostuvo con el agente encubierto del FBI Michael Haley, habría contribuido “inmensamente” a fortalecer la revolución cubana: “lo que hicimos… fue enorme… más que un grand slam”.
Entre las acciones conspirativas que Rocha realizó
para lograr ese “grand slam”, está el impulso que le dio a la candidatura de
Evo Morales en las elecciones del 2002, cuando el entonces embajador estadounidense
dijo que si los bolivianos “votan a quienes quieren que Bolivia vuelva a
exportar cocaína [en referencia a Morales], eso pondrá en serio peligro
cualquier ayuda futura de Estados Unidos a Bolivia”. Esas declaraciones, que fueron
asumidas por una buena parte del electorado boliviano como una torpe e inaceptable
interferencia en los asuntos internos del país, ahora nos permiten entender
mejor lo que pasó, porque resulta mucho más lógico creer que se trataba de una
intriga cubana para favorecer al entonces candidato del Movimiento al
Socialismo (MAS), que seguir creyendo que solo fue un desliz del embajador
estadounidense y agente cubano.
El hecho es que “el rochazo”, que es como se
conoce a las consecuencias de dichas declaraciones, no sólo contribuyó a
incrementar la votación de Morales en esa elección, en la que terminó segundo
con más del 20% de los votos cuando las encuestas no le daban más del 10%; sino
que además, con el impulso recibido, luego pudo ganar las elecciones del 2005
con facilidad y permanecer en el poder incluso más de lo que permite la
Constitución, lo que quizás nunca habría sucedido sin el pequeño pero gran empujón
de Rocha, nunca lo sabremos.
Pero lo que sí sabemos es que Bolivia está
expuesta a las intrigas e injerencias de los gobiernos extranjeros que por
algún motivo estratégico o contextual deciden intervenir en nuestra política,
como ocurrió en 2002 y también en otras ocasiones.
El caso más llamativo es el “putsch nazi” de
1941, que fue ejecutado por el
servicio de inteligencia secreto del Reino Unido M16 con el objetivo de
convencer a los Estados Unidos de ingresar a la guerra que se estaba librando
en Europa. La idea era alarmar a los funcionarios de la Casa Blanca respecto a
una posible penetración nazi en su patio trasero, que empujara a la potencia
norteamericana a entrar en el conflicto europeo.
Con ese motivo, el gobierno conservador de
Enrique Peñaranda apresó y confinó a ciertos miembros del Movimiento
Nacionalista Revolucionario (MNR), lo que lejos de acallarlos o amedrentarlos,
aumentó su popularidad y sobre todo la de su líder, Víctor Paz Estenssoro,
quien como sabemos después gobernó Bolivia por varios años.
Ciertamente, a mediados de 1941, varios medios
nacionales e internacionales informaron que el gobierno boliviano había debelado
un golpe de Estado nazi, maquinado por la Embajada del Tercer Reich en La Paz,
el MNR y algunos elementos clave de las FF.AA. Con esos argumentos, Peñaranda
decretó estado de sitio, cerró algunos periódicos de oposición, declaró persona
non grata al Embajador de Alemania y como hemos dicho, apresó y confinó a
ciertos miembros del MNR y también de las FF.AA., que adquirieron una notoriedad
inusitada tras la supuesta desarticulación del “putsch nazi”.
Los espías británicos habían falsificado la
firma del Agregado Militar de Bolivia en Alemania, Mayor Elías Belmonte, que se
había hecho conocer por su activismo político y su tendencia
“militar-socialista”, para hacer creer al gobierno de La Paz y sobre todo al de
Washington, que Belmonte estaba conspirando con los nazis y con los
emenerristas para derrocar a Peñaranda. Las FF.AA. dieron de baja a Belmonte y
el Congreso lo declaró traidor a la patria, en un proceso que desde un
principio estuvo plagado de dudas y sospechas respecto a la veracidad de la
carta atribuida a Belmonte. Se trataba de una carta dirigida al Embajador
alemán en La Paz Ernst Wendler, en la que supuestamente Belmonte anunciaba los
últimos detalles para lanzar el golpe.
En esa ocasión, tuvieron que transcurrir más de
35 años para confirmar que dicha carta era falsa. Pues recién en 1979, en una
entrevista para la televisión de su país, el agente de inteligencia británico
Montgomery Hyde, confesó sin ruborizarse que él había redactado la carta atribuida
a Belmonte. A raíz de esas confesiones, Belmonte fue reincorporado a las FF.AA.
de Bolivia con el grado de general, el congreso le rehabilitó sus derechos
ciudadanos y el gobierno de Guevara Arce lo desagravió.
domingo, 22 de octubre de 2023
El declive del orden internacional liberal
Los
ataques terroristas perpetrados por Hamás en contra de militares y civiles
israelís el pasado 7 de octubre, es otro hito más, execrable y sangriento, del
interregno que atraviesa el mundo desde hace 15 años, cuando estalló la Crisis
Financiera Global de 2008. Interregno que se ha caracterizado por un declive
del orden internacional liberal imperante que, a partir de entonces, se ha
visto afectado por otros eventos de impacto global, tanto o incluso más graves
que el de 2008. Los cuales han confirmado esa incierta y preocupante tendencia
mundial que nos está llevando hacia un escenario cada vez más conflictivo,
inestable y fragmentado. Nos referimos específicamente a las crisis que han
ocasionado la anexión de Crimea por parte de Rusia el 2014, el Brexit de 2016,
la Guerra Comercial y Tecnológica entre China y Estados Unidos a partir de 2018,
la pandemia del Covid-19 de 2020, la Guerra entre Rusia y Ucrania que comenzó
el 2022, y ahora, el resurgimiento del interminable conflicto
palestino-israelí.
Tal
como señala el reconocido internacionalista José Antonio Sanahuja, usando la
nomenclatura de Antonio Gramsci, “La crisis consiste precisamente en el hecho
de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en ese interregno se verifican
los fenómenos mórbidos más variados”. Esta definición de interregno, ideada por
Gramsci para explicar el periodo entreguerras mundiales, ha sido rescatada
recientemente por Sanahuja para explicar el contexto actual, marcado por
“fenómenos mórbidos” tales como: el descontento generalizado, la violencia
política, el ascenso de los extremismos nacionalistas, la erosión y
fragmentación de los sistemas de partidos dominantes y el frecuente éxito
electoral de los outsiders; el agotamiento del modelo postfordista de
desarrollo económico debido a su insostenibilidad medioambiental y a la
revolución tecnológica (robotización e IA); y finalmente la irrupción de
riesgos geopolíticos generados por múltiples conflictos regionales que han
derivado en la disrupción y acortamiento de las cadenas de suministro, así como
en la disminución de la inversión extranjera directa y el comercio
internacional.
Las
similitudes entre el interregno actual y el que transcurrió entre 1919 y 1939
son innegables: una exacerbación de los nacionalismos que ha facilitado el
regreso de los populismos autoritarios por la vía democrática, el resurgimiento
del proteccionismo comercial y las políticas de contención y coerción por parte
de las democracias liberales que aplican sanciones contra sus adversarias que,
en la mayoría de los casos, resultan ineficaces y hasta contraproducentes.
Sumado a ello, la preparación generalizada para la guerra y la consecuente
carrera armamentista financiada, en muchos casos, con la impresión de dinero
sin respaldo. Y por si fuera poco, una fuerte crisis económica que ha
trascendido en una estanflación global, por la combinación de inflación y bajo
crecimiento económico.
Por
otra parte, la reconfiguración geopolítica que provocan todas estas crisis y
fenómenos mórbidos, está definiendo, a su vez, una clara división entre dos
bloques de poder: el bloque occidental o tradicional, también denominado
anglosfera, liderado por Estados Unidos y compuesto por los otros países del G7
más Australia, y el bloque oriental o revisionista, también llamado sinosfera,
liderado por China y compuesto por Rusia, Irán, Bielorrusia y las ex repúblicas
soviéticas del Asia Central. Esta nueva bipolaridad, ha generado la sensación
de otra Guerra Fría que se manifiesta en el desacople económico, comercial,
financiero y tecnológico de estos dos bloques y en el fortalecimiento de las
redes del globalismo dentro de esos mismos bloques. Pues mientras que los lazos
se han roto casi totalmente entre Estados Unidos y Rusia a partir de la
"operación militar especial" de Vladimir Putin en Ucrania, los lazos
entre Rusia y China se han incrementado y fortalecido, como también lo han
hecho los lazos entre Estados Unidos y Europa. Por lo que, es posible afirmar
que hay un proceso de desglobalización y desacople entre la anglosfera y la
sinosfera, pero al mismo tiempo, un proceso de mayor integración e
interdependencia dentro de cada uno de esos bloques de poder.
Esta
realidad se ha profundizado con las sanciones económicas aplicadas por el
bloque occidental contra todos esos países que se han posicionado en contra del
orden internacional liberal (incluidos Cuba, Nicaragua, Venezuela y
afortunadamente aún no Bolivia), y con la mayor cohesión y fortalecimiento de
las alianzas militares, como la OTAN y el AUKUS por parte de la anglosfera, y
la Organización de Cooperación de Shanghái y la Organización del Tratado de
Seguridad Colectiva por parte de la sinosfera.
Pero
si bien hasta aquí hemos definido un escenario eminentemente bipolar, en
realidad, el análisis del contexto geopolítico mundial quedaría incompleto si
no reconocemos la importancia e influencia de algunos otros países que no son
parte de la anglósfera ni de la sinosfera, como la India, Turquía, Indonesia,
Arabia Saudita y Brasil, por mencionar los más relevantes, y también el papel
de los actores no estatales, pero con gran peso económico y político, como las
empresas transnacionales. Entonces si aplicamos la lógica gramsciana del
interregno en que "lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer",
estaríamos hablando de la muerte de un orden unipolar, el orden internacional
liberal dirigido por Estados Unidos, y el nacimiento de un orden multipolar y
transnacional, que no se puede entender con las teorías realistas y
neorrealistas del equilibrio de poder que contribuyeron a definir y comprender
lo que ocurrió desde el Congreso de Viena de 1815 hasta nuestros días, sino que
es necesario desarrollar nuevos esquemas teóricos que permitan analizar el
comportamiento de los actores del sistema internacional, en un mundo mucho más
complejo y voluble.
De
acuerdo a Sanahuja, así como las potencias occidentales no parecen capaces de
sostener el orden internacional actual, las potencias revisionistas no tienen
tampoco la voluntad ni la capacidad de ofrecer una alternativa. Por lo que aún
nos encontramos en la incertidumbre respecto a lo que podría ocurrir y aún es
muy temprano como para desarrollar un modelo teórico que nos permita entender
lo que podría ocurrir.
En
este contexto, si la guerra entre Israel y Hamás se agrava y extiende en el
tiempo, como parece que ocurrirá, lo más probable es que termine involucrando
directamente a otras potencias, como Estados Unidos, Irán o Arabia Saudita. Lo
que sin duda generará fuertes presiones para que se desate un conflicto mayor,
y también distracciones frente a lo que está ocurriendo, por ejemplo, en Europa
del este y en el Indo Pacífico, donde también podrían agravarse los conflictos
y desencadenarse, finalmente, la tan temida Tercera Guerra Mundial.
domingo, 1 de octubre de 2023
El enclaustramiento de Ucrania y la crisis alimentaria
La guerra ruso-ucraniana ha profundizado la crisis económica global que se inició con la pandemia del covid-19, generando la tan indeseada combinación de inflación y bajo crecimiento económico a nivel mundial, lo que también se conoce como estanflación. A este sombrío panorama se suma la crisis alimentaria que está ocasionando dicha guerra, por el encarecimiento de los granos y los fertilizantes que son cada vez más escasos debido a los bloqueos y bombardeos que afectan a sus respectivas cadenas de suministro.
Considerando que Ucrania es uno de los principales
productores de cereales a nivel mundial y tomando en cuenta también la
dependencia que tienen varios países de los cereales ucranianos, entre ellos
países tan pobres y vulnerables a las hambrunas como Somalia, Yemen y Sudán; en
julio de 2022, Rusia, Ucrania y Turquía, bajo los auspicios de las Naciones
Unidas, acordaron establecer una ruta humanitaria para la salida de los granos
ucranianos a través del Mar Negro. Dicho acuerdo, que es el único que los Estados
beligerantes han suscrito desde que se inició la guerra, disponía garantizar la
exportación de los granos ucranianos a través del Mar Negro y también, facilitar
el acceso de los alimentos y fertilizantes rusos a los mercados internacionales.
No obstante, a mediados de julio de 2023, Rusia acusó a sus
contrapartes de incumplimiento y decidió retirarse del referido acuerdo,
amenazando con atacar a cualquier embarcación que cruce el Mar Negro, sea o no
para el transporte de granos. Esta alarmante medida, que se anunció a las pocas
horas del segundo ataque ucraniano al puente de Kerch, que une a la península
de Crimea con el territorio ruso; pone en peligro la estabilidad de precios de
los alimentos a nivel global y lo que es peor, deja sin suficiente
abastecimiento a ciertos países africanos que necesitan esos alimentos
desesperadamente.
Pero el alarmante anuncio no solo se quedó en palabras, sino
que se complementó con los repetidos bombardeos rusos a los puertos ucranianos de
exportación de granos sobre el Mar Negro, principalmente al puerto de Odesa, lo
que ha dejado a Ucrania enclaustrada, sin una salida directa y segura a las
corrientes marítimas mundiales.
Según el mismo Vladimir Putin, hay algunas restricciones que
establecen las sanciones occidentales, impuestas por los países de la OTAN (sin
contar a Turquía) a Rusia, que impiden el cumplimiento de lo convenido en el
acuerdo de granos. A lo que los gobiernos occidentales han respondido que Putin
pretende utilizar el hambre como un arma de guerra.
Se trata pues no sólo de una guerra por el control del
territorio ucraniano y de las cadenas de suministro de los alimentos, sino
también de una guerra de narrativas, en la que obviamente, nadie quiere quedar
como el villano de la película, muy a pesar de que Putin es evidentemente el
principal candidato. A sabiendas de esta situación, Putin ha ofrecido enviar
alimentos de manera gratuita a seis países africanos con los que tiene muy
buenos tratos: Burkina Faso, Zimbabue, Mali, Somalia, Eritrea y República Centroafricana.
No obstante, además de dejar a otros países pobres y vulnerables sin
abastecimiento, estas controvertidas medidas están afectando seriamente a
países como China, que también dependen de los granos ucranianos.
Ciertamente, después de la Unión Europea, China es el
principal comprador de los granos ucranianos y toda esta situación ya ha tenido
serios efectos en las adquisiciones de alimentos del gigante asiático, que ha
tenido que buscar otros proveedores en países no tan amigos como Australia,
Canadá y Francia. Entonces, desde el punto de vista de la China, que es el
principal socio de Rusia frente al bloque de la OTAN, las decisiones de Putin le
afectan en tres sentidos: el tener que depender de países occidentales para el
abastecimiento de granos, el no poder abastecer la demanda alimentaria de su gran
población en los mismas condiciones que antes de la guerra y también, el ver
afectada su influencia en África, donde se sabe que Xi Jinping es el único
líder mundial que podría hacer algo para convencer a Putin de que no siga restringiendo
el flujo de alimentos.
domingo, 2 de julio de 2023
Motín de mercenarios: el debilitamiento de Putin
Desde que asumió la presidencia de la Federación Rusa, hace más de dos décadas y hasta hace poco, Vladimir Putin proyectó una imagen de líder implacable y astuto, que logró reposicionar a Rusia en el tablero geopolítico mundial tras la debacle qué había ocasionado la implosión de la Unión Soviética. Reposicionamiento que consiguió en dos tiempos: uno primero, dedicado a preparar a su país para la guerra y a introducirse en el club de los más poderosos, cuando Rusia era parte del G8 y se convirtió en el principal proveedor de gas y petróleo de varios países europeos; y uno segundo, dedicado a transgredir el orden internacional liberal, principalmente mediante la ocupación militar de importantes porciones de Georgia y Ucrania, en 2008 y 2014, respectivamente.
Rusia no es lo que parece
No obstante, con la guerra que él mismo desató en contra de Ucrania a comienzos de 2022, todo eso empezó a cambiar. Lo primero que quedó en evidencia fue que el ejército ruso no había sido el poder devastador e invencible que muchos creíamos que era, sino una fuerza militar de capacidad intermedia, desordenada, mal dirigida y poco profesional. Eso se hizo patente cuando los estrategas rusos tuvieron que declinar sus objetivos iniciales de tomar Kiev y retirarse de más de la mitad del territorio ucraniano que habían logrado ocupar en los primeros días de la guerra.
Todos esos contrastes, además de las decenas de miles de bajas militares y las cuantiosas pérdidas de tanques, aviones, helicópteros, sin contar los efectos socioeconómicos de las sanciones occidentales y otros costos de la guerra, entre los que destaca el empoderamiento, la expansión y la mayor cohesión de sus principales adversarios, agrupados en la OTAN; son los factores que dan cuenta de la magnitud del error cometido por Putin al invadir Ucrania.
Por si fuera poco, ahora asistimos a un nuevo capítulo del debilitamiento de Putin: el motín mercenario del grupo Wagner. Ciertamente, el líder de dicho grupo, Yevgueni Prigozhin, que había criticado duramente a los principales artífices de la invasión y la narrativa que la justifica; al ver que podía perder su poder; porque el Ministerio de Defensa había dictaminado que todos los mercenarios debían enlistarse en el ejército ruso para seguir percibiendo remuneración, decidió cobrar venganza, acusó al ejército ruso de haber atacado un campamento de Wagner y el sábado 24 de junio dirigió a miles de sus mercenarios a ocupar Rostov del Don y marchar hacia Moscú.
Contradicciones
Dicha marcha avanzó casi sin contratiempos hasta llegar a 200 kilómetros de Moscú, en ese transcurso, la incertidumbre y el miedo a una guerra civil se apoderaron de Rusia, y Putin salió ante las cámaras para denunciar traición y asegurar que los renegados serían castigados. No obstante, unas horas más tarde, el portavoz del gobierno anunciaba un acuerdo con los traidores en el que se les perdonaba la rebelión y se les permitía trasladarse a Bielorrusia a cambio de que detengan su marcha, evidenciando la falta de institucionalidad, la debilidad y el escaso valor de la palabra del Presidente, que había asegurado que serían castigados.
Pero eso no fue todo, al día siguiente, entre los muchos trascendidos que protagonizaron los principales artífices de la invasión, con varias imágenes que mostraban a Putin cerca de los generales que Prigozhin había acusado de cobardes, incompetentes y corruptos, los medios rusos informaron que aún seguían abiertos los procesos contra los mercenarios rebeldes, con lo que Putin volvía a incumplir su palabra, mostrando no sólo vacilación, falta de control y debilidad, sino también que no es un interlocutor confiable para negociar el fin de la guerra.
viernes, 23 de junio de 2023
La doctrina de la política exterior plurinacional
miércoles, 25 de enero de 2023
Riesgos para la biodiversidad de la Amazonía boliviana
La permisividad estatal se expresa en la autorización legal de chaqueos y la ausencia de incentivos para la producción sostenible, lo que agudiza la deforestación y debilita las capacidades de gobernanza ambiental.
Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Página Siete
La Amazonía boliviana enfrenta actualmente una encrucijada crítica entre la expansión del agronegocio y la conservación de uno de los ecosistemas más biodiversos y valiosos del planeta. Bolivia, reconocida como uno de los países megadiversos del mundo, alberga en su Amazonía cerca del 30% de las especies terrestres conocidas. Sin embargo, este patrimonio natural se encuentra bajo una amenaza creciente debido a la expansión acelerada de la frontera agrícola, el crecimiento de la ganadería extensiva, el uso de transgénicos, políticas estatales permisivas, los incendios forestales y los efectos acumulativos del cambio climático. Aunque en escenarios internacionales Bolivia suele suscribir acuerdos y respaldar discursos en defensa de la Madre Tierra (Pachamama) y la justicia climática, en el ámbito nacional prevalece un modelo productivo y normativo orientado a la explotación intensiva de los recursos naturales, profundizando contradicciones entre la retórica internacional y las prácticas domésticas. Bolivia-no-firma-la-declaracion-de-Glasgow.docx
El peso del
agronegocio y el avance de la deforestación
Desde la década de
1980, el agronegocio ha consolidado su hegemonía económica y política, en
especial en el departamento de Santa Cruz. El cultivo de soya transgénica, la
ganadería extensiva y el auge de los biocombustibles han impulsado una rápida
deforestación, convirtiéndose en los principales motores de la pérdida de
cobertura forestal en las tierras bajas y amazónicas del país. Según el Global
Forest Watch (2022), en Bolivia se talan más de 30 hectáreas de bosque por
hora, mayormente debido al avance de la frontera agrícola y ganadera. Este
modelo de desforestación acelerada ha fragmentado hábitats y puesto en riesgo a
especies endémicas, al tiempo que reduce la capacidad de los ecosistemas para
mitigar el impacto del cambio climático y mantener funciones como la regulación
hídrica y el ciclo de nutrientes.
Políticas
gubernamentales permisivas y decisiones recientes
Durante las últimas
décadas, diversos decretos y leyes han flexibilizado los controles ambientales
y han favorecido la expansión agrícola sobre áreas protegidas y territorios
indígenas. Desde 2015, se han adoptado medidas estatales permisivas como la autorización
para la introducción de nuevos cultivos transgénicos, el impulso de políticas
para los biocombustibles y la ampliación de plazos para el cumplimiento de la
Función Económica Social de la tierra. Estos marcos normativos han generado un
contexto de impunidad para los desmontes y las quemas, afectando gravemente
ecosistemas amazónicos vitales. La permisividad estatal se expresa además en la
autorización legal de chaqueos y la ausencia de incentivos para la producción
sostenible, lo que agudiza la deforestación y debilita las capacidades de
gobernanza ambiental.
Impactos sobre la
biodiversidad amazónica
La Amazonía boliviana
concentra uno de los mayores patrimonios de biodiversidad de Sudamérica. La
deforestación, los incendios forestales provocados por prácticas agropecuarias
y políticas estatales permisivas, la conversión de bosques en monocultivos y la
ganadería extensiva, han puesto en riesgo la supervivencia de especies únicas y
fragmentando ecosistemas críticos. La continua pérdida de cobertura vegetal
disminuye la capacidad de los bosques amazónicos para captar carbono,
contribuyendo al calentamiento global. Además, la alteración del ciclo
hidrológico y la destrucción de hábitats impactan de forma directa a pueblos
indígenas y comunidades locales que dependen de la selva para su supervivencia,
afectando la calidad del agua, alterando la productividad agrícola y
comprometiendo la seguridad alimentaria.Bolivia-no-firma-la-declaracion-de-Glasgow.docx
Contradicciones
entre compromisos internacionales y política nacional
En el escenario
internacional, Bolivia ha participado activamente en el Acuerdo de París y
otros pactos de defensa del clima y la biodiversidad, promoviendo el paradigma
de los derechos de la Madre Tierra. Sin embargo, estas posiciones contrastan
con la falta de adhesión a iniciativas multilaterales como la Declaración de
Glasgow sobre los Bosques y el Uso de la Tierra, adoptada en la COP26 por más
de 140 países. Esta negativa a sumarse a esfuerzos globales revela la
existencia de una brecha cada vez más marcada entre el discurso en el ámbito
internacional y la política nacional, la cual prioriza la soberanía estatal
sobre los recursos naturales y la afinidad política con gobiernos afines, aun a
costa de debilitar la cooperación internacional y el acceso a financiamiento
climático esencial para frenar tendencias deforestadoras.
Avances del
multilateralismo climático y oportunidades para Bolivia
En los años recientes,
el multilateralismo climático ha logrado fijar metas globales cada vez más
ambiciosas en materia de reducción de emisiones y protección de los bosques.
Mecanismos como el Acuerdo de París y REDD+ ofrecen oportunidades para que
países como Bolivia accedan a financiamiento internacional y cooperación
técnica, siempre que logren alinear sus políticas internas con los compromisos
y tendencias globales. El reto principal radica en superar la influencia de los
lobbies agroindustriales y reforzar la institucionalidad pública ambiental. Bolivia
debe aprovechar estos mecanismos para fortalecer su gobernanza climática y
ambiental, asumiendo una transición hacia un desarrollo sustentable y
resiliente.
Propuestas hacia
una gobernanza ambiental coherente
Para enfrentar los
graves riesgos actuales, Bolivia debe fortalecer su institucionalidad
ambiental, garantizar la participación plena y efectiva de los pueblos
indígenas y comunidades locales en la toma de decisiones, y priorizar un modelo
de desarrollo verdaderamente sustentable. Es fundamental la aplicación estricta
de la Ley de la Madre Tierra y de la Ley N.º 300, la promoción de la
agroecología y la facilitación de acceso a mecanismos internacionales de
financiamiento climático. Adicionalmente, resulta imprescindible el desarrollo
de cadenas de valor sostenibles y el uso estratégico de instrumentos como los
bonos de carbono y los pagos por servicios ambientales. Solo así se podrá
avanzar hacia una gobernanza coherente que equilibre la producción agrícola con
la conservación de la biodiversidad.
Conclusión
domingo, 15 de enero de 2023
Más guerra y menos democracia en 2023
Durante el 2023 la democracia retrocederá y la autocracia avanzará en todo el mundo, tal como ha venido sucediendo en los últimos años como consecuencia del populismo, los extremismos ideológicos, la desinformación y la polarización. Elementos que son utilizados por los regímenes híbridos o abiertamente autoritarios para aumentar su poderío en detrimento de los derechos humanos y las libertades individuales.
Así lo develan los estudios sobre la calidad de la democracia, que se realizan anualmente en base a indicadores como los procesos electorales, el funcionamiento del gobierno, la participación política, la cultura democrática y las libertades civiles. De hecho, según The Economist, más de la mitad de la población mundial vive actualmente bajo algún tipo de régimen autoritario y sólo el 6,4% disfruta de una democracia plena (21 países). En esa misma línea, el instituto V-Dem señala que en 2022, el mundo experimentó los niveles más bajos de democracia en treinta años, con solo 15 países que mejoraron sus indicadores democráticos, 33 que los empeoraron y cerca de 100 que se mantuvieron igual.
Sobre esta tendencia, el instituto Idea Internacional afirma que el deterioro de la democracia se ha profundizado aún más en los últimos años, debido a la pandemia del covid-19 y a la guerra de Rusia en Ucrania. En efecto, el malestar que han generado los confinamientos forzosos y otras medidas para contrarrestar los efectos del covid-19, así como la incertidumbre que provoca la guerra ruso-ucraniana, por la inflación y la disrupción de las cadenas de suministro; han contribuido a profundizar el deterioro del orden democrático en varios países, incluyendo las democracias más avanzadas.
Las democracias occidentales más emblemáticas, como la de Estados Unidos, han sufrido un anquilosamiento de su sistema de gobernanza, que no ha podido evolucionar hacia un punto que genere mayor confianza; situación que sumada a la recesión económica y a la polarización ideológica, generaron un peligroso descontento social que tiende a estrellarse contra las instituciones democráticas. Mientras que, por el otro lado, las autocracias orientales, como la de China, aunque siguen siendo mal calificadas por los rankings de gobernabilidad, han mostrado una gran capacidad para mantener la estabilidad política y el crecimiento económico dentro de sus fronteras (aunque menos que antes de la pandemia). Lo que, en términos propagandísticos permite posicionar al modelo autocrático como un referente para los países del Sur Global, que no han encontrado en la democracia una solución a sus problemas económicos y de gobernabilidad, pero también para aquellos países cuyos gobernantes pretenden perpetuarse en el poder.
Pese a esta realidad, la guerra de Rusia en Ucrania no parece estar cerca de su fin y muy por el contrario parece que se agravará aún más con los cientos de miles de reservistas rusos que pronto ingresarán al campo de batalla y con la impresionante dotación de armamento pesado que Ucrania está recibiendo de Occidente. Con esas condiciones no queda mucho margen para el optimismo, solo podemos augurar un 2023 con más guerra y menos democracia.
miércoles, 11 de enero de 2023
¿Acercamiento a Rusia?
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| Los Cancilleres de Rusia y Bolivia se reunieron en Caracas el 19/04/2023. Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia |
Con su agresión militar, anexión territorial y crímenes de guerra, impuestos y acometidos en contra de Ucrania y su población civil; Vladimir Putin ha provocado la mayor indignación y preocupación mundial en lo que va del siglo XXI, tanto por los perniciosos efectos económicos de su “operación militar especial”, como por el riesgo de que ésta detone una conflagración nuclear y/o la Tercera Guerra Mundial.
Por tanto, no sólo las potencias occidentales
han expresado su más enfático repudio, imponiéndole duras sanciones a Rusia;
sino también China e India, que a través de sus respectivos jefes de Estado, le
han transmitido directamente a Putin su preocupación en la última Cumbre de la
Organización de Cooperación de Shanghái. A esos países se suman varios organismos
internacionales; personajes destacados, como el Premio Nobel de la Paz ruso,
Yan Rachinsk; y líderes religiosos, como Desmond Tutu (+), el Dalai Lama y el
Papa Francisco; entre muchos otros que también han manifestado preocupación.
Preocupación mundial que en lugar
de aplacarse, ha crecido por la indefinición del conflicto, que se ha mantenido
sin visos de solución por más de 300 días y no sólo ha ocasionado los efectos
mencionados y la destrucción de una parte de Ucrania, sino también la
constatación de que el ejército ruso no había sido tan eficaz y poderoso como muchos
creíamos.
Ante esta situación de ostracismo,
desamparo y descrédito, Rusia está tratando de recabar el reconocimiento y
aceptación de los gobiernos que aún podrían apoyarla, entre los que está Bolivia,
que es uno de los países que no han condenado su invasión. En efecto, como
parte de la política rusa de búsqueda de respaldos, Putin ha invitado al
presidente Luis Arce a visitar Moscú mediante su canciller, quien notificó a Rogelio
Mayta con dicha invitación el 22 de octubre de 2022 y luego también el 19 de abril de 2024. Más recientemente, durante
el cambio de mando del Brasil, el 1ro de enero, Arce se reunió con la presidente
del Consejo de Rusia (senado), Valentina Matvienko, con la que, sin abordar el
tema de la guerra, acordó fortalecer la cooperación en tecnología, energía,
comercio y educación.
Ahora bien, para tomar una decisión
tan delicada como la de seguir acercándose al agresor de la guerra que más
preocupación está provocando en el mundo, habría que realizar un análisis costo-beneficio;
una evaluación de lo que están haciendo otros gobiernos, que también están
dentro de la órbita rusa; y una prospección de las implicancias geopolíticas de
dicho acercamiento.
Aunque para cumplir con ese objetivo
se requiere mucho más espacio y análisis, en este artículo podemos indicar que entre
Bolivia y Rusia no existen los vínculos comerciales, financieros, ni de ningún
otro tipo – más que algunos proyectos financiados totalmente por Bolivia, como los
centros de medicina nuclear –, que justifiquen una mayor aproximación. Además,
el acercamiento podría entorpecer las relaciones con otros países y organismos
internacionales, con los que sí tenemos fuertes vínculos, no sólo por el hecho
de que estaríamos respaldando al agresor de esta terrible guerra, contrariando la
doctrina internacional boliviana de rechazar todas las invasiones y anexiones
territoriales; sino porque además estaríamos apoyando las ambiciones
imperialistas y colonialistas de un autócrata, también a contrapelo del
discurso del actual gobierno.
Sobre lo que están haciendo otros
gobiernos, cabe considerar que hasta la fecha ninguna de las autoridades invitadas
por Putin ha confirmado su viaje a Moscú, y que desde que comenzó la guerra,
solo los autócratas de Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Cuba y Bielorrusia han estado
en el Kremlin, aunque todos ellos con mucha más vinculación a Rusia que Bolivia.
Por otra parte, a tiempo de definir
a sus potenciales aliados, la cancillería rusa olvidó mencionar a Bolivia,
demostrando que aunque hay un interés de aproximación, éste no es tan marcado como
con otros países. Efectivamente, el pasado 2 de enero, la cancillería rusa tuiteó:
“China, India, Turquía, Argelia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, México, Argentina
y Brasil quieren priorizar sus intereses nacionales ignorando cualquier llamado
a actuar en defensa de los intereses geopolíticos de EEUU. Un nuevo orden
mundial es inevitable”.
Por lo que, además de preguntarnos
si realmente conviene posicionarse del lado del agresor y principal perdedor de
esta guerra, también deberíamos cuestionarnos si vale la pena hacerlo cuando al
parecer, nuestro apoyo ni siquiera será valorado.
jueves, 7 de julio de 2022
Reconfiguración geopolítica y multilateralismo regional
Por Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Página Siete
Existe un
amplio consenso respecto a que la crisis del multilateralismo ha impedido
desarrollar una gobernanza global idónea y oportuna. La incapacidad y falta
de mecanismos apropiados de organismos de alcance global como las Naciones
Unidas para mantener la paz y la seguridad, enfrentar el cambio climático,
controlar la migración, reducir la pobreza y evitar las pandemias, entre otros importantes
desafíos globales; son una clara muestra de que dicha crisis aún persiste y que
la reconfiguración geopolítica que está provocando la guerra en Ucrania, lejos
de ayudar a superarla, la profundizará.
De hecho, todo parece indicar que la crisis del
multilateralismo se ahondará en los organismos globales, pero otra cosa muy distinta
ocurrirá en los organismos regionales o sectoriales que muy por el contrario se
fortalecerán. Por un lado, se afianzarán los lazos políticos, comerciales y
financieros entre América del Norte, Europa y Oceanía (incluidos Japón y Corea
del Sur) y, por el otro, también se estrecharán vínculos entre Rusia, China y
las potencias emergentes del sur global. Sin embargo, al mismo tiempo se acentuarán
las diferencias y rivalidades entre estos dos grandes bloques de potencias
mundiales: las democracias liberales de Occidente y los regímenes emergentes de
Oriente.
En ese sentido, el multilateralismo se desarrollará
principalmente en organismos como el G7, la OTAN, la Unión Europea (UE), el
AUKUS, el Quad, por un lado, y el BRICS+, la Organización de Cooperación de
Shanghái, la alianza de repúblicas exsoviéticas OTSC, los Estados ribereños del
mar Caspio y el G5 por el otro. Efectivamente, las cumbres que han realizado varios
de estos organismos en el último tiempo, con la presencia de sus máximos líderes,
confirman esta tendencia al multilateralismo regional, en que los
posicionamientos políticos no sólo se han adoptado entre grupos de países, sino
también en oposición a los miembros del otro bloque. Lo que nos hace prever el
surgimiento de un multilateralismo no sólo regional sino también antagónico,
que contribuirá al desacople del mundo en al menos dos polos rivales y
parcialmente desconectados.
En el polo occidental, la invasión rusa de Ucrania provocó una
respuesta multilateral rápida y contundente: la UE aplicó duras sanciones
económicas contra Rusia, destinó ayuda económica y militar a Ucrania (aunque
insuficiente según el gobierno de Kiev) y aceptó a este último país como
candidato a ingresar en la Unión. De igual forma, el G7, reunido recientemente
en Alemania, además de aprobar otro paquete de sanciones contra Rusia y de
comprometer más armas para Ucrania, volvió a anunciar el lanzamiento de un ambicioso
plan de integración física e infraestructura para contrarrestar la Iniciativa
china de la Franja y la Ruta, con cerca de 600 mil millones de dólares. En la
misma línea, la OTAN, reunida hace poco en Madrid, incrementó sus tropas y sistemas
de seguridad en los países cercanos a Rusia, e invitó a Suecia y Finlandia, Estados
tradicionalmente neutrales, a ser parte de la alianza militar. Esto último, con
la clara intención de escarmentar a Putin quien dijo que uno de los objetivos
de su “operación militar especial” era justamente evitar que la OTAN se expanda
hacia sus fronteras.
Por el lado oriental, la XIV Cumbre de los BRICS, organizada
por China de manera virtual, si bien no hizo más que anunciar intenciones por
reforzar el multilateralismo global y el comercio internacional, como una manifestación
de intenciones por volver al auge de la globalización, también sirvió a Putin
para mostrarse respaldado por las potencias emergentes y capaz de torear las
sanciones occidentales. De igual manera, la VI Cumbre de los países del mar
Caspio celebrada en Asjabad, aunque no fue un escenario de grandes anuncios debido
a la reticencia de Irán por firmar la Convención que pretende repartir las
aguas del lago más extenso del mundo, también sirvió a Putin para demostrar que
no está solo y que sus contertulios, según dijo el Canciller ruso, Sergei
Lavrov, estarían dispuestos a formar una alianza militar alrededor del mar
Caspio.
En todo este complejo escenario de crisis, guerra y desacople,
América Latina – salvo Brasil, México y Argentina – no está siendo considerada
en ninguno de los dos bloques ni tampoco en las decisiones de la gobernanza
global debido a su lamentable desintegración político-ideológica y a su cada
vez más evidente insignificancia estratégica en términos económicos,
poblacionales y militares.
viernes, 25 de febrero de 2022
La invasión rusa a Ucrania
Tuve la oportunidad de comentar lo que estaba ocurriendo en Ucrania en estas tres entrevistas que se realizaron a pocas horas de la invasión rusa.
jueves, 3 de febrero de 2022
El conflicto en Ucrania
Reportaje del periodista Javier Loma, para el cual fui entrevistado junto María Delgado Kuskova.
En Notivisión de Red Uno, 3 de febrero de 2022
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