domingo, 1 de octubre de 2023

El enclaustramiento de Ucrania y la crisis alimentaria

Publicado en Péndulo 

La guerra ruso-ucraniana ha profundizado la crisis económica global que se inició con la pandemia del covid-19, generando la tan indeseada combinación de inflación y bajo crecimiento económico a nivel mundial, lo que también se conoce como estanflación. A este sombrío panorama se suma la crisis alimentaria que está ocasionando dicha guerra, por el encarecimiento de los granos y los fertilizantes que son cada vez más escasos debido a los bloqueos y bombardeos que afectan a sus respectivas cadenas de suministro.

Considerando que Ucrania es uno de los principales productores de cereales a nivel mundial y tomando en cuenta también la dependencia que tienen varios países de los cereales ucranianos, entre ellos países tan pobres y vulnerables a las hambrunas como Somalia, Yemen y Sudán; en julio de 2022, Rusia, Ucrania y Turquía, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, acordaron establecer una ruta humanitaria para la salida de los granos ucranianos a través del Mar Negro. Dicho acuerdo, que es el único que los Estados beligerantes han suscrito desde que se inició la guerra, disponía garantizar la exportación de los granos ucranianos a través del Mar Negro y también, facilitar el acceso de los alimentos y fertilizantes rusos a los mercados internacionales.

No obstante, a mediados de julio de 2023, Rusia acusó a sus contrapartes de incumplimiento y decidió retirarse del referido acuerdo, amenazando con atacar a cualquier embarcación que cruce el Mar Negro, sea o no para el transporte de granos. Esta alarmante medida, que se anunció a las pocas horas del segundo ataque ucraniano al puente de Kerch, que une a la península de Crimea con el territorio ruso; pone en peligro la estabilidad de precios de los alimentos a nivel global y lo que es peor, deja sin suficiente abastecimiento a ciertos países africanos que necesitan esos alimentos desesperadamente. 

Pero el alarmante anuncio no solo se quedó en palabras, sino que se complementó con los repetidos bombardeos rusos a los puertos ucranianos de exportación de granos sobre el Mar Negro, principalmente al puerto de Odesa, lo que ha dejado a Ucrania enclaustrada, sin una salida directa y segura a las corrientes marítimas mundiales.

Según el mismo Vladimir Putin, hay algunas restricciones que establecen las sanciones occidentales, impuestas por los países de la OTAN (sin contar a Turquía) a Rusia, que impiden el cumplimiento de lo convenido en el acuerdo de granos. A lo que los gobiernos occidentales han respondido que Putin pretende utilizar el hambre como un arma de guerra.

Se trata pues no sólo de una guerra por el control del territorio ucraniano y de las cadenas de suministro de los alimentos, sino también de una guerra de narrativas, en la que obviamente, nadie quiere quedar como el villano de la película, muy a pesar de que Putin es evidentemente el principal candidato. A sabiendas de esta situación, Putin ha ofrecido enviar alimentos de manera gratuita a seis países africanos con los que tiene muy buenos tratos: Burkina Faso, Zimbabue, Mali, Somalia, Eritrea y República Centroafricana. No obstante, además de dejar a otros países pobres y vulnerables sin abastecimiento, estas controvertidas medidas están afectando seriamente a países como China, que también dependen de los granos ucranianos.

Ciertamente, después de la Unión Europea, China es el principal comprador de los granos ucranianos y toda esta situación ya ha tenido serios efectos en las adquisiciones de alimentos del gigante asiático, que ha tenido que buscar otros proveedores en países no tan amigos como Australia, Canadá y Francia. Entonces, desde el punto de vista de la China, que es el principal socio de Rusia frente al bloque de la OTAN, las decisiones de Putin le afectan en tres sentidos: el tener que depender de países occidentales para el abastecimiento de granos, el no poder abastecer la demanda alimentaria de su gran población en los mismas condiciones que antes de la guerra y también, el ver afectada su influencia en África, donde se sabe que Xi Jinping es el único líder mundial que podría hacer algo para convencer a Putin de que no siga restringiendo el flujo de alimentos.

Ante esta realidad, que le asigna a China un rol fundamental en el devenir de la crisis alimentaria, Rusia deberá sopesar los costos que tiene enclaustrar a Ucrania, tanto para su imagen internacional como para el mantenimiento de su alianza con la China, que es un socio importantísimo para sus pretensiones imperialistas de preminencia geopolítica y geoeconómica en Europa del este y el resto del Sur Global. 

domingo, 2 de julio de 2023

Motín de mercenarios: el debilitamiento de Putin

Publicado en Péndulo 

Desde que asumió la presidencia de la Federación Rusa, hace más de dos décadas y hasta hace poco, Vladimir Putin proyectó una imagen de líder implacable y astuto, que logró reposicionar a Rusia en el tablero geopolítico mundial tras la debacle qué había ocasionado la implosión de la Unión Soviética. Reposicionamiento que consiguió en dos tiempos: uno primero, dedicado a preparar a su país para la guerra y a introducirse en el club de los más poderosos, cuando Rusia era parte del G8 y se convirtió en el principal proveedor de gas y petróleo de varios países europeos; y uno segundo, dedicado a transgredir el orden internacional liberal, principalmente mediante la ocupación militar de importantes porciones de Georgia y Ucrania, en 2008 y 2014, respectivamente.  

Rusia no es lo que parece

No obstante, con la guerra que él mismo desató en contra de Ucrania a comienzos de 2022, todo eso empezó a cambiar. Lo primero que quedó en evidencia fue que el ejército ruso no había sido el poder devastador e invencible que muchos creíamos que era, sino una fuerza militar de capacidad intermedia, desordenada, mal dirigida y poco profesional. Eso se hizo patente cuando los estrategas rusos tuvieron que declinar sus objetivos iniciales de tomar Kiev y retirarse de más de la mitad del territorio ucraniano que habían logrado ocupar en los primeros días de la guerra. 

Todos esos contrastes, además de las decenas de miles de bajas militares y las cuantiosas pérdidas de tanques, aviones, helicópteros, sin contar los efectos socioeconómicos de las sanciones occidentales y otros costos de la guerra, entre los que destaca el empoderamiento, la expansión y la mayor cohesión de sus principales adversarios, agrupados en la OTAN; son los factores que dan cuenta de la magnitud del error cometido por Putin al invadir Ucrania. 

Por si fuera poco, ahora asistimos a un nuevo capítulo del debilitamiento de Putin: el motín mercenario del grupo Wagner. Ciertamente, el líder de dicho grupo, Yevgueni Prigozhin, que había criticado duramente a los principales artífices de la invasión y la narrativa que la justifica; al ver que podía perder su poder; porque el Ministerio de Defensa había dictaminado que todos los mercenarios debían enlistarse en el ejército ruso para seguir percibiendo remuneración, decidió cobrar venganza, acusó al ejército ruso de haber atacado un campamento de Wagner y el sábado 24 de junio dirigió a miles de sus mercenarios a ocupar Rostov del Don y marchar hacia Moscú. 

Contradicciones

Dicha marcha avanzó casi sin contratiempos hasta llegar a 200 kilómetros de Moscú, en ese transcurso, la incertidumbre y el miedo a una guerra civil se apoderaron de Rusia, y Putin salió ante las cámaras para denunciar traición y asegurar que los renegados serían castigados. No obstante, unas horas más tarde, el portavoz del gobierno anunciaba un acuerdo con los traidores en el que se les perdonaba la rebelión y se les permitía trasladarse a Bielorrusia a cambio de que detengan su marcha, evidenciando la falta de institucionalidad, la debilidad y el escaso valor de la palabra del Presidente, que había asegurado que serían castigados. 

Pero eso no fue todo, al día siguiente, entre los muchos trascendidos que protagonizaron los principales artífices de la invasión, con varias imágenes que mostraban a Putin cerca de los generales que Prigozhin había acusado de cobardes, incompetentes y corruptos, los medios rusos informaron que aún seguían abiertos los procesos contra los mercenarios rebeldes, con lo que Putin volvía a incumplir su palabra, mostrando no sólo vacilación, falta de control y debilidad, sino también que no es un interlocutor confiable para negociar el fin de la guerra.  

viernes, 23 de junio de 2023

La doctrina de la política exterior plurinacional


El pasado 6 de junio, el Canciller Rogelio Mayta Mayta fue interpelado en la Asamblea Legislativa Plurinacional por la posición de Bolivia frente a la guerra de Rusia en Ucrania. En esa ocasión, para responder a las preguntas que le hicieron sobre los principios doctrinarios que habrían sustentado la decisión del gobierno boliviano de no rechazar la invasión rusa en la Asamblea General de la ONU, Mayta hizo referencia a una publicación del profesor estadounidense Graham T. Allison, titulada “The Thucydides Trap: Are the U.S. and China Headed for War?” (2015).

En esa publicación, y en otras más recientes y difundidas del mismo autor, como el libro “Destined for war. Can America and China escape from the Thucydides Trap?” (2017), Allison desarrolla una interesante tesis, concebida para influir en la política exterior de Washington y Beijing, que establece básicamente que cuando una potencia en ascenso -como China- amenaza con desplazar a una potencia dominante –como Estados Unidos-, existe un peligro de colisión que podría llevarlas inexorablemente a la guerra.

Aunque Mayta utilizó esa referencia para respaldar sus afirmaciones, por todos conocidas y por nadie discutidas, de que existe una alta probabilidad de conflagración entre China y Estados Unidos, no quedó claro cuál es la relación de esa innegable realidad con la decisión plurinacional de abstenerse y no rechazar la injustificable agresión militar de Rusia a Ucrania. Es más, si Allison se enterara de que el Canciller de Bolivia intentó justificar la abstención plurinacional en la ONU con su tesis, seguramente se sorprendería y le costaría mucho entender por qué.

Pero lo más llamativo de la referencia de marras no es tanto su aparente desconexión con el posicionamiento de Bolivia frente a la invasión rusa, sino su origen y particularidad, pues se trata de un autor estadounidense que ha trabajado como asesor de su gobierno en temas de seguridad y relaciones internacionales, y recientemente, en un artículo publicado en el Washington Post (14/06/23), ha calificado a Rusia como “el imperio más expansionista de la historia”.

Entonces, si Mayta quería impresionar a sus interpelantes citando autores renombrados, debió haber escogido a alguien que no represente justamente a la visión que él y su gobierno tanto critican y rechazan, la visión del imperio estadounidense. Tal vez pudo haber citado a Immanuel Kant (1765), conocido defensor de “La paz perpetua” y la neutralidad como principio fundamental de la estabilidad internacional, que se habría adecuado mucho más a lo que quería decir. O quizás pudo haber mencionado a los internacionalistas argentinos Roberto Russel y Juan Gabriel Tokatlian (2000), que publicaron un excelente artículo sobre la neutralidad en las relaciones internacionales y otras nociones emparentadas como el neutralismo, la neutralización y el aislamiento, que igualmente se acercaba más a lo que intentó explicar en la Asamblea.

Personalmente creo que habría sido mejor citar a autores nacionales, como a los ilustres diplomáticos bolivianos Felipe Tredinnick Abasto (1983) o Pablo Dermizaky Peredo (1984), quienes, de manera independiente, pero con el mismo propósito de aportar a la construcción de la doctrina internacional de nuestro país, escribieron sobre la “neutralidad perpetua de Bolivia”.

Pero no, Mayta decidió citar el trabajo de un estadounidense que poco o nada tiene que ver con las abstenciones plurinacionales. Abstenciones que lejos de representar una verdadera neutralidad como la que plantearon los autores nacionales mencionados, porque entre otras cosas ambos recomiendan fortalecer y optimizar la carrera diplomática; contrarían uno de los principios más consistentes e importantes de la historia de las relaciones internacionales de Bolivia: el rechazo a todas las invasiones militares y las anexiones territoriales por la fuerza.

Al respecto, aunque Mayta leyó varios pasajes de los discursos que pronunció nuestro representante ante la ONU, entre los que destacan frases como “Las invasiones y la guerra siempre deben ser rechazadas” (02/03/2023) o “expresamos nuestro rechazo categórico a toda agresión como instrumento de solución a los diferendos y conflictos entre estados” (12/10/2022); al final Bolivia se abstuvo en las votaciones de la ONU y también de la OEA, con una posición mucho más ideológica que principista, que de manera indirecta pero evidente, apoya y socapa la agresión militar de Rusia a Ucrania.

miércoles, 25 de enero de 2023

Riesgos para la biodiversidad de la Amazonía boliviana

La permisividad estatal se expresa en la autorización legal de chaqueos y la ausencia de incentivos para la producción sostenible, lo que agudiza la deforestación y debilita las capacidades de gobernanza ambiental.


Por: Andrés Guzmán Escobari 

Publicado en Página Siete

La Amazonía boliviana enfrenta actualmente una encrucijada crítica entre la expansión del agronegocio y la conservación de uno de los ecosistemas más biodiversos y valiosos del planeta. Bolivia, reconocida como uno de los países megadiversos del mundo, alberga en su Amazonía cerca del 30% de las especies terrestres conocidas. Sin embargo, este patrimonio natural se encuentra bajo una amenaza creciente debido a la expansión acelerada de la frontera agrícola, el crecimiento de la ganadería extensiva, el uso de transgénicos, políticas estatales permisivas, los incendios forestales y los efectos acumulativos del cambio climático. Aunque en escenarios internacionales Bolivia suele suscribir acuerdos y respaldar discursos en defensa de la Madre Tierra (Pachamama) y la justicia climática, en el ámbito nacional prevalece un modelo productivo y normativo orientado a la explotación intensiva de los recursos naturales, profundizando contradicciones entre la retórica internacional y las prácticas domésticas. Bolivia-no-firma-la-declaracion-de-Glasgow.docx

El peso del agronegocio y el avance de la deforestación

Desde la década de 1980, el agronegocio ha consolidado su hegemonía económica y política, en especial en el departamento de Santa Cruz. El cultivo de soya transgénica, la ganadería extensiva y el auge de los biocombustibles han impulsado una rápida deforestación, convirtiéndose en los principales motores de la pérdida de cobertura forestal en las tierras bajas y amazónicas del país. Según el Global Forest Watch (2022), en Bolivia se talan más de 30 hectáreas de bosque por hora, mayormente debido al avance de la frontera agrícola y ganadera. Este modelo de desforestación acelerada ha fragmentado hábitats y puesto en riesgo a especies endémicas, al tiempo que reduce la capacidad de los ecosistemas para mitigar el impacto del cambio climático y mantener funciones como la regulación hídrica y el ciclo de nutrientes.

Políticas gubernamentales permisivas y decisiones recientes

Durante las últimas décadas, diversos decretos y leyes han flexibilizado los controles ambientales y han favorecido la expansión agrícola sobre áreas protegidas y territorios indígenas. Desde 2015, se han adoptado medidas estatales permisivas como la autorización para la introducción de nuevos cultivos transgénicos, el impulso de políticas para los biocombustibles y la ampliación de plazos para el cumplimiento de la Función Económica Social de la tierra. Estos marcos normativos han generado un contexto de impunidad para los desmontes y las quemas, afectando gravemente ecosistemas amazónicos vitales. La permisividad estatal se expresa además en la autorización legal de chaqueos y la ausencia de incentivos para la producción sostenible, lo que agudiza la deforestación y debilita las capacidades de gobernanza ambiental.

Impactos sobre la biodiversidad amazónica

La Amazonía boliviana concentra uno de los mayores patrimonios de biodiversidad de Sudamérica. La deforestación, los incendios forestales provocados por prácticas agropecuarias y políticas estatales permisivas, la conversión de bosques en monocultivos y la ganadería extensiva, han puesto en riesgo la supervivencia de especies únicas y fragmentando ecosistemas críticos. La continua pérdida de cobertura vegetal disminuye la capacidad de los bosques amazónicos para captar carbono, contribuyendo al calentamiento global. Además, la alteración del ciclo hidrológico y la destrucción de hábitats impactan de forma directa a pueblos indígenas y comunidades locales que dependen de la selva para su supervivencia, afectando la calidad del agua, alterando la productividad agrícola y comprometiendo la seguridad alimentaria.Bolivia-no-firma-la-declaracion-de-Glasgow.docx

Contradicciones entre compromisos internacionales y política nacional

En el escenario internacional, Bolivia ha participado activamente en el Acuerdo de París y otros pactos de defensa del clima y la biodiversidad, promoviendo el paradigma de los derechos de la Madre Tierra. Sin embargo, estas posiciones contrastan con la falta de adhesión a iniciativas multilaterales como la Declaración de Glasgow sobre los Bosques y el Uso de la Tierra, adoptada en la COP26 por más de 140 países. Esta negativa a sumarse a esfuerzos globales revela la existencia de una brecha cada vez más marcada entre el discurso en el ámbito internacional y la política nacional, la cual prioriza la soberanía estatal sobre los recursos naturales y la afinidad política con gobiernos afines, aun a costa de debilitar la cooperación internacional y el acceso a financiamiento climático esencial para frenar tendencias deforestadoras.

Avances del multilateralismo climático y oportunidades para Bolivia

En los años recientes, el multilateralismo climático ha logrado fijar metas globales cada vez más ambiciosas en materia de reducción de emisiones y protección de los bosques. Mecanismos como el Acuerdo de París y REDD+ ofrecen oportunidades para que países como Bolivia accedan a financiamiento internacional y cooperación técnica, siempre que logren alinear sus políticas internas con los compromisos y tendencias globales. El reto principal radica en superar la influencia de los lobbies agroindustriales y reforzar la institucionalidad pública ambiental. Bolivia debe aprovechar estos mecanismos para fortalecer su gobernanza climática y ambiental, asumiendo una transición hacia un desarrollo sustentable y resiliente.

Propuestas hacia una gobernanza ambiental coherente

Para enfrentar los graves riesgos actuales, Bolivia debe fortalecer su institucionalidad ambiental, garantizar la participación plena y efectiva de los pueblos indígenas y comunidades locales en la toma de decisiones, y priorizar un modelo de desarrollo verdaderamente sustentable. Es fundamental la aplicación estricta de la Ley de la Madre Tierra y de la Ley N.º 300, la promoción de la agroecología y la facilitación de acceso a mecanismos internacionales de financiamiento climático. Adicionalmente, resulta imprescindible el desarrollo de cadenas de valor sostenibles y el uso estratégico de instrumentos como los bonos de carbono y los pagos por servicios ambientales. Solo así se podrá avanzar hacia una gobernanza coherente que equilibre la producción agrícola con la conservación de la biodiversidad.

Conclusión

La Amazonía boliviana se encuentra en un punto de inflexión trascendental. La expansión del agronegocio, la permisividad estatal y las contradicciones entre el discurso internacional y las políticas nacionales han profundizado su vulnerabilidad. A pesar de los compromisos internacionales asumidos por Bolivia, la brecha entre retórica y práctica se vuelve cada vez más evidente. Revertir esta tendencia exige voluntad política, coherencia normativa y una gobernanza ambiental capaz de equilibrar la producción y la conservación, en línea con los avances impulsados por el multilateralismo climático. El futuro de la Amazonía boliviana y su biodiversidad dependerá de la capacidad del Estado y la sociedad de adoptar un camino orientado verdaderamente al desarrollo sostenible y a la justicia ecológica.

domingo, 15 de enero de 2023

Más guerra y menos democracia en 2023

 Publicado en Péndulo Político

Durante el 2023 la democracia retrocederá y la autocracia avanzará en todo el mundo, tal como ha venido sucediendo en los últimos años como consecuencia del populismo, los extremismos ideológicos, la desinformación y la polarización. Elementos que son utilizados por los regímenes híbridos o abiertamente autoritarios para aumentar su poderío en detrimento de los derechos humanos y las libertades individuales.  

Así lo develan los estudios sobre la calidad de la democracia, que se realizan anualmente en base a indicadores como los procesos electorales, el funcionamiento del gobierno, la participación política, la cultura democrática y las libertades civiles. De hecho, según The Economist, más de la mitad de la población mundial vive actualmente bajo algún tipo de régimen autoritario y sólo el 6,4% disfruta de una democracia plena (21 países). En esa misma línea, el instituto V-Dem señala que en 2022, el mundo experimentó los niveles más bajos de democracia en treinta años, con solo 15 países que mejoraron sus indicadores democráticos, 33 que los empeoraron y cerca de 100 que se mantuvieron igual. 

Sobre esta tendencia, el instituto Idea Internacional afirma que el deterioro de la democracia se ha profundizado aún más en los últimos años, debido a la pandemia del covid-19 y a la guerra de Rusia en Ucrania. En efecto, el malestar que han generado los confinamientos forzosos y otras medidas para contrarrestar los efectos del covid-19, así como la incertidumbre que provoca la guerra ruso-ucraniana, por la inflación y la disrupción de las cadenas de suministro; han contribuido a profundizar el deterioro del orden democrático en varios países, incluyendo las democracias más avanzadas.

Las democracias occidentales más emblemáticas, como la de Estados Unidos, han sufrido un anquilosamiento de su sistema de gobernanza, que no ha podido evolucionar hacia un punto que genere mayor confianza; situación que sumada a la recesión económica y a la polarización ideológica, generaron un peligroso descontento social que tiende a estrellarse contra las instituciones democráticas. Mientras que, por el otro lado, las autocracias orientales, como la de China, aunque siguen siendo mal calificadas por los rankings de gobernabilidad, han mostrado una gran capacidad para mantener la estabilidad política y el crecimiento económico dentro de sus fronteras (aunque menos que antes de la pandemia). Lo que, en términos propagandísticos permite posicionar al modelo autocrático como un referente para los países del Sur Global, que no han encontrado en la democracia una solución a sus problemas económicos y de gobernabilidad, pero también para aquellos países cuyos gobernantes pretenden perpetuarse en el poder. 

Pese a esta realidad, la guerra de Rusia en Ucrania no parece estar cerca de su fin y muy por el contrario parece que se agravará aún más con los cientos de miles de reservistas rusos que pronto ingresarán al campo de batalla y con la impresionante dotación de armamento pesado que Ucrania está recibiendo de Occidente. Con esas condiciones no queda mucho margen para el optimismo, solo podemos augurar un 2023 con más guerra y menos democracia.

miércoles, 11 de enero de 2023

¿Acercamiento a Rusia?

Rusia está tratando de recabar el reconocimiento y aceptación de los gobiernos que aún podrían apoyarla, entre los que está Bolivia, que es uno de los países que no han condenado su invasión. 

Los Cancilleres de Rusia y Bolivia se reunieron en Caracas el 19/04/2023.
Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia
Publicado en Página Siete

Con su agresión militar, anexión territorial y crímenes de guerra, impuestos y acometidos en contra de Ucrania y su población civil; Vladimir Putin ha provocado la mayor indignación y preocupación mundial en lo que va del siglo XXI, tanto por los perniciosos efectos económicos de su “operación militar especial”, como por el riesgo de que ésta detone una conflagración nuclear y/o la Tercera Guerra Mundial.    

Por tanto, no sólo las potencias occidentales han expresado su más enfático repudio, imponiéndole duras sanciones a Rusia; sino también China e India, que a través de sus respectivos jefes de Estado, le han transmitido directamente a Putin su preocupación en la última Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái. A esos países se suman varios organismos internacionales; personajes destacados, como el Premio Nobel de la Paz ruso, Yan Rachinsk; y líderes religiosos, como Desmond Tutu (+), el Dalai Lama y el Papa Francisco; entre muchos otros que también han manifestado preocupación.    

Preocupación mundial que en lugar de aplacarse, ha crecido por la indefinición del conflicto, que se ha mantenido sin visos de solución por más de 300 días y no sólo ha ocasionado los efectos mencionados y la destrucción de una parte de Ucrania, sino también la constatación de que el ejército ruso no había sido tan eficaz y poderoso como muchos creíamos.

Ante esta situación de ostracismo, desamparo y descrédito, Rusia está tratando de recabar el reconocimiento y aceptación de los gobiernos que aún podrían apoyarla, entre los que está Bolivia, que es uno de los países que no han condenado su invasión. En efecto, como parte de la política rusa de búsqueda de respaldos, Putin ha invitado al presidente Luis Arce a visitar Moscú mediante su canciller, quien notificó a Rogelio Mayta con dicha invitación el 22 de octubre de 2022 y luego también el 19 de abril de 2024. Más recientemente, durante el cambio de mando del Brasil, el 1ro de enero, Arce se reunió con la presidente del Consejo de Rusia (senado), Valentina Matvienko, con la que, sin abordar el tema de la guerra, acordó fortalecer la cooperación en tecnología, energía, comercio y educación.

Ahora bien, para tomar una decisión tan delicada como la de seguir acercándose al agresor de la guerra que más preocupación está provocando en el mundo, habría que realizar un análisis costo-beneficio; una evaluación de lo que están haciendo otros gobiernos, que también están dentro de la órbita rusa; y una prospección de las implicancias geopolíticas de dicho acercamiento. 

Aunque para cumplir con ese objetivo se requiere mucho más espacio y análisis, en este artículo podemos indicar que entre Bolivia y Rusia no existen los vínculos comerciales, financieros, ni de ningún otro tipo – más que algunos proyectos financiados totalmente por Bolivia, como los centros de medicina nuclear –, que justifiquen una mayor aproximación. Además, el acercamiento podría entorpecer las relaciones con otros países y organismos internacionales, con los que sí tenemos fuertes vínculos, no sólo por el hecho de que estaríamos respaldando al agresor de esta terrible guerra, contrariando la doctrina internacional boliviana de rechazar todas las invasiones y anexiones territoriales; sino porque además estaríamos apoyando las ambiciones imperialistas y colonialistas de un autócrata, también a contrapelo del discurso del actual gobierno.

Sobre lo que están haciendo otros gobiernos, cabe considerar que hasta la fecha ninguna de las autoridades invitadas por Putin ha confirmado su viaje a Moscú, y que desde que comenzó la guerra, solo los autócratas de Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Cuba y Bielorrusia han estado en el Kremlin, aunque todos ellos con mucha más vinculación a Rusia que Bolivia.

Por otra parte, a tiempo de definir a sus potenciales aliados, la cancillería rusa olvidó mencionar a Bolivia, demostrando que aunque hay un interés de aproximación, éste no es tan marcado como con otros países. Efectivamente, el pasado 2 de enero, la cancillería rusa tuiteó: “China, India, Turquía, Argelia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, México, Argentina y Brasil quieren priorizar sus intereses nacionales ignorando cualquier llamado a actuar en defensa de los intereses geopolíticos de EEUU. Un nuevo orden mundial es inevitable”.

Por lo que, además de preguntarnos si realmente conviene posicionarse del lado del agresor y principal perdedor de esta guerra, también deberíamos cuestionarnos si vale la pena hacerlo cuando al parecer, nuestro apoyo ni siquiera será valorado.

jueves, 7 de julio de 2022

Reconfiguración geopolítica y multilateralismo regional

Por Andrés Guzmán Escobari

Publicado en Página Siete

Existe un amplio consenso respecto a que la crisis del multilateralismo ha impedido desarrollar una gobernanza global idónea y oportuna. La incapacidad y falta de mecanismos apropiados de organismos de alcance global como las Naciones Unidas para mantener la paz y la seguridad, enfrentar el cambio climático, controlar la migración, reducir la pobreza y evitar las pandemias, entre otros importantes desafíos globales; son una clara muestra de que dicha crisis aún persiste y que la reconfiguración geopolítica que está provocando la guerra en Ucrania, lejos de ayudar a superarla, la profundizará.

De hecho, todo parece indicar que la crisis del multilateralismo se ahondará en los organismos globales, pero otra cosa muy distinta ocurrirá en los organismos regionales o sectoriales que muy por el contrario se fortalecerán. Por un lado, se afianzarán los lazos políticos, comerciales y financieros entre América del Norte, Europa y Oceanía (incluidos Japón y Corea del Sur) y, por el otro, también se estrecharán vínculos entre Rusia, China y las potencias emergentes del sur global. Sin embargo, al mismo tiempo se acentuarán las diferencias y rivalidades entre estos dos grandes bloques de potencias mundiales: las democracias liberales de Occidente y los regímenes emergentes de Oriente. 

En ese sentido, el multilateralismo se desarrollará principalmente en organismos como el G7, la OTAN, la Unión Europea (UE), el AUKUS, el Quad, por un lado, y el BRICS+, la Organización de Cooperación de Shanghái, la alianza de repúblicas exsoviéticas OTSC, los Estados ribereños del mar Caspio y el G5 por el otro. Efectivamente, las cumbres que han realizado varios de estos organismos en el último tiempo, con la presencia de sus máximos líderes, confirman esta tendencia al multilateralismo regional, en que los posicionamientos políticos no sólo se han adoptado entre grupos de países, sino también en oposición a los miembros del otro bloque. Lo que nos hace prever el surgimiento de un multilateralismo no sólo regional sino también antagónico, que contribuirá al desacople del mundo en al menos dos polos rivales y parcialmente desconectados. 

En el polo occidental, la invasión rusa de Ucrania provocó una respuesta multilateral rápida y contundente: la UE aplicó duras sanciones económicas contra Rusia, destinó ayuda económica y militar a Ucrania (aunque insuficiente según el gobierno de Kiev) y aceptó a este último país como candidato a ingresar en la Unión. De igual forma, el G7, reunido recientemente en Alemania, además de aprobar otro paquete de sanciones contra Rusia y de comprometer más armas para Ucrania, volvió a anunciar el lanzamiento de un ambicioso plan de integración física e infraestructura para contrarrestar la Iniciativa china de la Franja y la Ruta, con cerca de 600 mil millones de dólares. En la misma línea, la OTAN, reunida hace poco en Madrid, incrementó sus tropas y sistemas de seguridad en los países cercanos a Rusia, e invitó a Suecia y Finlandia, Estados tradicionalmente neutrales, a ser parte de la alianza militar. Esto último, con la clara intención de escarmentar a Putin quien dijo que uno de los objetivos de su “operación militar especial” era justamente evitar que la OTAN se expanda hacia sus fronteras.

Por el lado oriental, la XIV Cumbre de los BRICS, organizada por China de manera virtual, si bien no hizo más que anunciar intenciones por reforzar el multilateralismo global y el comercio internacional, como una manifestación de intenciones por volver al auge de la globalización, también sirvió a Putin para mostrarse respaldado por las potencias emergentes y capaz de torear las sanciones occidentales. De igual manera, la VI Cumbre de los países del mar Caspio celebrada en Asjabad, aunque no fue un escenario de grandes anuncios debido a la reticencia de Irán por firmar la Convención que pretende repartir las aguas del lago más extenso del mundo, también sirvió a Putin para demostrar que no está solo y que sus contertulios, según dijo el Canciller ruso, Sergei Lavrov, estarían dispuestos a formar una alianza militar alrededor del mar Caspio.

En todo este complejo escenario de crisis, guerra y desacople, América Latina – salvo Brasil, México y Argentina – no está siendo considerada en ninguno de los dos bloques ni tampoco en las decisiones de la gobernanza global debido a su lamentable desintegración político-ideológica y a su cada vez más evidente insignificancia estratégica en términos económicos, poblacionales y militares.

viernes, 25 de febrero de 2022

La invasión rusa a Ucrania

Tuve la oportunidad de comentar lo que estaba ocurriendo en Ucrania en estas tres entrevistas que se realizaron a pocas horas de la invasión rusa.

Encontrados, 24/02/2022 



Entre Líneas, Radio Compañera, 24/02/2022


jueves, 3 de febrero de 2022

El conflicto en Ucrania

Reportaje del periodista Javier Loma, para el cual fui entrevistado junto María Delgado Kuskova.


En Notivisión de Red Uno, 3 de febrero de 2022

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viernes, 28 de enero de 2022

Consulta en el Perú sobre Mar Para Bolivia

Entrevistas sobre la propuesta del presidente peruano, Pedro Castillo, respecto a la posibilidad de darle una salida al mar a Bolivia por el Perú. 


En Contacto Bolivia, 26/01/2022


En Entre Líneas de Radio Compañera, 27/01/2022
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jueves, 27 de enero de 2022

Castillo propone referéndum para darle mar a Bolivia

En esta entrevista, realizada para un medio peruano, comento los dichos del presidente del Perú, Pedro Castillo, respecto a consultar al pueblo peruano para darle una salida al mar a Bolivia.

Para Hablemos Claro de Radio Exitosa, 26/01/2022  


jueves, 20 de enero de 2022

La transformación del conflicto boliviano de 2019

 Transformar el conflicto significa pasar de un contexto de paz y conflicto latente, a un contexto en que se pueden desarrollar negociaciones y relaciones dinámicas porque las partes reconocen su interdependencia, entendiendo que no pueden imponer su voluntad ni eliminar a los otros.

Por: Andrés Guzmán Escobari

Publicado en la Revista Turbulencias, una revista internacional de Resolución de Conflictos

La crisis político-electoral que vivió Bolivia el 2019 y las narrativas que se han construido en torno a la misma, han hecho que sea imposible superarla y recuperar la estabilidad político-social que tenía el país hasta hace unos años. Muy por el contrario, esas narrativas han profundizado la sensación de incertidumbre e intranquilidad que pervive en el Estado Plurinacional desde antes del referéndum del 2016, cuando se empezó a discutir la posibilidad de cambiar la Constitución para permitir que los entonces presidente y vicepresidente puedan ser reelectos por segunda vez de manera continua.

Todo ello exacerbado actualmente por el constante intercambio de acusaciones y recriminaciones entre el gobierno nacional y sus adherentes por un lado, y los organismos internacionales y los actores locales que cuestionaron la integridad de las elecciones de 2019 por el otro.

Ante esa realidad, varios sectores del país y del exterior han hecho propuestas para reformar la justicia boliviana, que si bien es una necesidad imperiosa e ineludible, resulta insuficiente para alcanzar una solución integral y duradera al conflicto boliviano que no solo es el resultado de la deficiente administración de justicia, sino también y sobre todo, de las profundas diferencias ideológicas, regionales, culturales y hasta raciales que subsisten en el país.

Por esos motivos, a continuación se esbozan algunas ideas que podrían contribuir a la solución del conflicto a partir de las teorías de la “construcción de paz” y la “transformación de conflictos”, formuladas por el sociólogo menonita y estadounidense, John Paul Lederach, en base a los aportes de otros investigadores para la paz. 

Según Lederach, la construcción de paz en sociedades profundamente divididas debe fundarse en tres ejes: 1) los actores de la sociedad, que a su vez están agrupados en tres niveles; 2) la dinámica y calado del conflicto, aplicando el concepto de “paradigma anidado”; y 3) la progresión del conflicto, que se define en meses, años y décadas.

A diferencia de la típica visión marxista que divide la sociedad en dos clases: burguesía y proletariado; el primer eje de Lederach separa a la sociedad en tres niveles de actores: 1) el de los máximos líderes que incluye a gobernantes y actores políticos de alta visibilidad (cúspide de la pirámide); 2) el de los dirigentes del nivel medio, que en este caso podrían ser los líderes de los comités cívicos y los movimientos sociales (centro de la pirámide); y 3) el de los líderes populares (vecinales) que junto a toda la demás población, son el segmento social que más sufre las consecuencias del conflicto (base de la pirámide).

Para Lederach cualquiera de los tres niveles puede contribuir a transformar el conflicto, en el sentido de pasar de un contexto de paz y conflicto latente, a un contexto en que se pueden desarrollar negociaciones y relaciones dinámicas porque las partes reconocen su interdependencia, entendiendo que no pueden imponer su voluntad ni eliminar a los otros. En ese sentido, si bien todos los niveles pueden contribuir a transformar el conflicto de manera individual o combinada, nuestro autor también destaca el potencial que tiene el nivel medio por su rol articulador entre los de arriba y los de abajo, y por su consiguiente capacidad para establecer una infraestructura adecuada para la construcción de paz.

En el segundo eje, que tiene que ver con el análisis y la comprensión del conflicto, se aplica lo que Lederach llama el “paradigma anidado”, que permite considerar por separado pero en un mismo esquema, las cuestiones más limitadas y los aspectos más amplios de la construcción de paz. Se trata de un esquema de varios círculos, unos dentro de otros, en el que el más grande, que incluye a todos los demás, representa al sistema social (primer círculo) en el que se desarrollan los subsistemas (segundo círculo), las relaciones de los actores (tercer círculo) y la cuestión que provocó la crisis (cuarto círculo), que viene a ser el círculo más pequeño.


En nuestro caso, podríamos esquematizar el primer círculo, correspondiente al sistema social, con la identificación de los elementos estructurales de polarización que dificultan el entendimiento y la reconciliación (“izquierda v. derecha”, “masistas v. pititas”, “golpe v. fraude”, “collas v. cambas”, “Whiphala v. Patujú”, etc.); el segundo círculo del subsistema, donde se debe construir la infraestructura de la resolución del conflicto, podría estar dado por la justicia y los espacios de diálogo (talleres, comisiones y campañas de socialización) que son propios del segundo y tercer nivel de la sociedad; el tercer círculo de las relaciones sociales, podríamos representarlo con los vínculos entre oficialismo y oposición (primer nivel), comités cívicos y movimientos sociales (segundo nivel), y grupos de la sociedad no organizada de uno y otro lado (tercer nivel); y finalmente, el cuarto círculo, el de la cuestión que provocó la crisis, podría estar representado por el debate sobre admitir más de una reelección continúa, en una primera instancia, y por el desconocimiento del gobierno nacional al resultado del referéndum de 2016, que negó la posibilidad de una segunda reelección continúa para las dos máximas autoridades del país, en una segunda instancia.

Respecto al tercer y último eje, el de la dimensión temporal, Lederach aduce que existen cuatro momentos en la progresión de un conflicto: 1) la propia crisis, donde se requiere una intervención inmediata para detener la violencia (2 a 6 meses); 2) la preparación y formación de las partes, cuando generalmente se alcanzan los acuerdos de paz y reconciliación (1 a 2 años); 3) la reflexión y cambio social, que es el momento en que se empieza a imaginar un futuro compartido y a consolidar la transformación del conflicto (5 a 10 años); y 4) la visión generacional, en el que se redefinen las relaciones entre las partes, se adoptan medidas preventivas para evitar el resurgimiento de la crisis y se curan las heridas mediante diversas expresiones culturales (˃ 2 décadas).

Al respecto, teniendo en cuenta que los hechos de violencia se desarrollaron entre septiembre y diciembre de 2019, se podría considerar que ese fue el periodo de crisis en este caso (4 meses), y considerando además que en agosto de 2021 el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la CIDH emitió un informe sobre estos mismos hechos que fue aceptado y reconocido por las partes en conflicto, también podríamos considerar que ese es el acuerdo de paz y reconciliación en este caso, que vendría a marcar el fin del segundo periodo, referido a la preparación y formación (1 año y 8 meses).

Bajo ese entendido, ahora estaríamos ingresando al tercer momento, el de la reflexión y el cambio social, que debería consolidarse en unos años más con la aplicación de las recomendaciones del GIEI, en cuanto a reformar la justicia y a realizar investigaciones adecuadas, oportunas y exhaustivas sobre las vulneraciones a los derechos humanos registradas entre septiembre y diciembre de 2019. Pero para que todo eso sea posible, no solo es necesario considerar los aspectos jurídicos y los hechos de violencia, sino también los aspectos metodológicos y sistémicos a los que se refiere Lederach, que tienen que ver con las narrativas, los discursos, las expectativas y la forma en que nos vemos los unos a los otros, para poder llegar a soluciones verdaderamente efectivas y sustentables en el tiempo. 

 

Referencias

·         Lederach, John Paul (1998) Building Peace: Sustainable Reconciliation in Divided Societies. Washington: United States Institute of Peace.

·         Lederach, John Paul (2003) Little Book of Conflict Transformation: Clear Articulation Of The Guiding Principles By A Pioneer In The Field. Estados Unidos: Good Books

·         GIEI-Bolivia (2021) Informe sobre los hechos de violencia y vulneración de los derechos humanos ocurridos entre el 1 de septiembre y el 31 de diciembre de 2019. [En línea, 29/10/2021] https://gieibolivia.org/wp-content/uploads/2021/08/informe_GIEI_BOLIVIA_final.pdf

 

martes, 11 de enero de 2022

Djokovic y la crisis migratoria global

No es lo mismo arribar en avión a jugar un Grand Slam que llegar en bote escapando de la guerra, se supone que las leyes son iguales para todos y que “nadie está por encima de las reglas”.
Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Página Siete 

La detención del número uno del tenis mundial, Novak Djokovic, en un hotel para refugiados y solicitantes de asilo de Melbourne-Australia, mientras las autoridades judiciales de ese país decidían si debían deportarlo o no, ha generado una ola de protestas en todo el mundo por lo que, según los seguidores de Novak, su padre, los antivacunas y el gobierno de Serbia, ha sido un maltrato injusto y humillante digitado por la oligarquía mundial.

Aunque el gobierno australiano explicó que Djokovic no proporcionó pruebas adecuadas sobre uno de los requisitos necesarios para ingresar al país, en referencia a la vacuna contra la covid-19, y que “nadie está por encima de las reglas”; la evidencia indica que no hay un trato igualitario para todos los inmigrantes, pues mientras Djokovic tuvo que aguardar cinco días para conocer su suerte, hay otros inmigrantes igualmente retenidos en ese mismo hotel, que están esperando ya casi una década y que no tienen siquiera un plazo al cual sujetarse.

Ciertamente, gracias al escándalo global que provocó la detención del mejor tenista del mundo, varios medios internacionales se contactaron con los alojados en ese mismo hotel y dieron con Mehdi Ali, un joven iraní de 24 años que llegó en un bote a Australia hace ya nueve años, y que desde entonces ha permanecido encerrado en ese tipo de hoteles, como si fuese un criminal.

Si bien es cierto que no es lo mismo arribar en avión a jugar un Grand Slam que llegar en bote escapando de la guerra, se supone que las leyes son iguales para todos y que “nadie está por encima de las reglas”.

Pero así como nos enteramos de que hay jóvenes como Mehdi, que son forzados a desperdiciar los mejores años de su vida en centros de detención “temporal”, por el solo hecho de haber escapado de la muerte o de una vida indigna, también deberíamos tener presente que actualmente hay varias decenas de millones de migrantes en todo el mundo que están atravesando situaciones tanto o más graves que la de Mehdi, y que si no hacemos nada, esto seguirá creciendo en los próximos años.

En efecto, tal como dijo el Relator Especial de los DDHH de los Migrantes de la ONU, Felipe González: “Djokovic, que no es ni refugiado ni solicitante de asilo, obtuvo lo que las organizaciones de DDHH han venido pidiendo para los refugiados y solicitantes de asilo: que las deportaciones deben suspenderse hasta que se emita una decisión judicial”.

La crisis migratoria se ha convertido un problema global, agravado por la pandemia y el cambio climático, que debe ser encarada con políticas de cooperación entre los gobiernos y organismos involucrados para atenuar sus desventajas y sacar el mayor provecho de sus ventajas. Pero lamentablemente, aún no existe conciencia de que se trata de un problema que afecta a todos y muy por el contrario, se han acentuado los nacionalismos que promueven la xenofobia y el racismo contra los inmigrantes. 

Esto ha ocurrido específicamente en Europa con los inmigrantes que llegan del Medio Oriente y de África, en Estados Unidos con los que arriban de América Latina, especialmente mexicanos, y en otras latitudes del sur global, donde la población desplazada ha crecido más rápidamente que en los países ricos, como en el norte de África, el Asia occidental y el África subsahariana (ONU, 2020).

En Bolivia, que es un país enclaustrado que ha permanecido casi completamente aislado de los flujos migratorios que afectaron al continente americano en el pasado, principalmente durante la trata transatlántica de esclavos entre los siglos XVI y XIX y durante los desplazamientos que provocaron las dos guerras mundiales; se ha sentido por primera vez la presencia de miles de inmigrantes venezolanos que han llegado a estas altas montañas, seguramente a pie, después de no haber podido ingresar a Colombia, Ecuador y/o Perú, debido a las restricciones migratorias que estos tres países han impuesto recientemente, y muchos de ellos con la idea de continuar su viaje hacia el Brasil, Chile o Argentina.

Lo ocurrido con Djokovic, lejos de ser solo el reflejo de la coyuntura actual, marcada por la controvertida exigencia de la vacuna como requisito de viaje, debe constituirse en un ejemplo de que lo que parece ser injusto a primera vista para ciertas personas, es en realidad un privilegio para otras, y que a nuestra especie aún le falta mucho por acabar con la discriminación, tal como lo plantean el Pacto Mundial para la Migración y los Objetivos del Desarrollo Sostenible.

jueves, 30 de diciembre de 2021

El mundo en 2021

Los acontecimientos internacionales más importantes del 2021 son abordados en esta entrevista que fue dirigida por Mario Espinoza.   


En El Café de la Mañana de Radio Fides 30/12/2021 

domingo, 26 de diciembre de 2021

Boric y la izquierda latinoamericana

El presidente electo de Chile y su posicionamiento político en relación a los países de la región latinoamericana fueron el objeto de análisis de la siguiente entrevista.


En RTP Mundo, de RTP, 26/12/2021