Bienvenido al Blog de Andrés Guzmán Escobari, donde encontrará artículos de opinión, entrevistas y reportajes sobre la demanda marítima boliviana y sobre otros temas de política internacional.
viernes, 23 de junio de 2023
La doctrina de la política exterior plurinacional
miércoles, 25 de enero de 2023
Riesgos para la biodiversidad de la Amazonía boliviana
La permisividad estatal se expresa en la autorización legal de chaqueos y la ausencia de incentivos para la producción sostenible, lo que agudiza la deforestación y debilita las capacidades de gobernanza ambiental.
Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Página Siete
La Amazonía boliviana enfrenta actualmente una encrucijada crítica entre la expansión del agronegocio y la conservación de uno de los ecosistemas más biodiversos y valiosos del planeta. Bolivia, reconocida como uno de los países megadiversos del mundo, alberga en su Amazonía cerca del 30% de las especies terrestres conocidas. Sin embargo, este patrimonio natural se encuentra bajo una amenaza creciente debido a la expansión acelerada de la frontera agrícola, el crecimiento de la ganadería extensiva, el uso de transgénicos, políticas estatales permisivas, los incendios forestales y los efectos acumulativos del cambio climático. Aunque en escenarios internacionales Bolivia suele suscribir acuerdos y respaldar discursos en defensa de la Madre Tierra (Pachamama) y la justicia climática, en el ámbito nacional prevalece un modelo productivo y normativo orientado a la explotación intensiva de los recursos naturales, profundizando contradicciones entre la retórica internacional y las prácticas domésticas. Bolivia-no-firma-la-declaracion-de-Glasgow.docx
El peso del
agronegocio y el avance de la deforestación
Desde la década de
1980, el agronegocio ha consolidado su hegemonía económica y política, en
especial en el departamento de Santa Cruz. El cultivo de soya transgénica, la
ganadería extensiva y el auge de los biocombustibles han impulsado una rápida
deforestación, convirtiéndose en los principales motores de la pérdida de
cobertura forestal en las tierras bajas y amazónicas del país. Según el Global
Forest Watch (2022), en Bolivia se talan más de 30 hectáreas de bosque por
hora, mayormente debido al avance de la frontera agrícola y ganadera. Este
modelo de desforestación acelerada ha fragmentado hábitats y puesto en riesgo a
especies endémicas, al tiempo que reduce la capacidad de los ecosistemas para
mitigar el impacto del cambio climático y mantener funciones como la regulación
hídrica y el ciclo de nutrientes.
Políticas
gubernamentales permisivas y decisiones recientes
Durante las últimas
décadas, diversos decretos y leyes han flexibilizado los controles ambientales
y han favorecido la expansión agrícola sobre áreas protegidas y territorios
indígenas. Desde 2015, se han adoptado medidas estatales permisivas como la autorización
para la introducción de nuevos cultivos transgénicos, el impulso de políticas
para los biocombustibles y la ampliación de plazos para el cumplimiento de la
Función Económica Social de la tierra. Estos marcos normativos han generado un
contexto de impunidad para los desmontes y las quemas, afectando gravemente
ecosistemas amazónicos vitales. La permisividad estatal se expresa además en la
autorización legal de chaqueos y la ausencia de incentivos para la producción
sostenible, lo que agudiza la deforestación y debilita las capacidades de
gobernanza ambiental.
Impactos sobre la
biodiversidad amazónica
La Amazonía boliviana
concentra uno de los mayores patrimonios de biodiversidad de Sudamérica. La
deforestación, los incendios forestales provocados por prácticas agropecuarias
y políticas estatales permisivas, la conversión de bosques en monocultivos y la
ganadería extensiva, han puesto en riesgo la supervivencia de especies únicas y
fragmentando ecosistemas críticos. La continua pérdida de cobertura vegetal
disminuye la capacidad de los bosques amazónicos para captar carbono,
contribuyendo al calentamiento global. Además, la alteración del ciclo
hidrológico y la destrucción de hábitats impactan de forma directa a pueblos
indígenas y comunidades locales que dependen de la selva para su supervivencia,
afectando la calidad del agua, alterando la productividad agrícola y
comprometiendo la seguridad alimentaria.Bolivia-no-firma-la-declaracion-de-Glasgow.docx
Contradicciones
entre compromisos internacionales y política nacional
En el escenario
internacional, Bolivia ha participado activamente en el Acuerdo de París y
otros pactos de defensa del clima y la biodiversidad, promoviendo el paradigma
de los derechos de la Madre Tierra. Sin embargo, estas posiciones contrastan
con la falta de adhesión a iniciativas multilaterales como la Declaración de
Glasgow sobre los Bosques y el Uso de la Tierra, adoptada en la COP26 por más
de 140 países. Esta negativa a sumarse a esfuerzos globales revela la
existencia de una brecha cada vez más marcada entre el discurso en el ámbito
internacional y la política nacional, la cual prioriza la soberanía estatal
sobre los recursos naturales y la afinidad política con gobiernos afines, aun a
costa de debilitar la cooperación internacional y el acceso a financiamiento
climático esencial para frenar tendencias deforestadoras.
Avances del
multilateralismo climático y oportunidades para Bolivia
En los años recientes,
el multilateralismo climático ha logrado fijar metas globales cada vez más
ambiciosas en materia de reducción de emisiones y protección de los bosques.
Mecanismos como el Acuerdo de París y REDD+ ofrecen oportunidades para que
países como Bolivia accedan a financiamiento internacional y cooperación
técnica, siempre que logren alinear sus políticas internas con los compromisos
y tendencias globales. El reto principal radica en superar la influencia de los
lobbies agroindustriales y reforzar la institucionalidad pública ambiental. Bolivia
debe aprovechar estos mecanismos para fortalecer su gobernanza climática y
ambiental, asumiendo una transición hacia un desarrollo sustentable y
resiliente.
Propuestas hacia
una gobernanza ambiental coherente
Para enfrentar los
graves riesgos actuales, Bolivia debe fortalecer su institucionalidad
ambiental, garantizar la participación plena y efectiva de los pueblos
indígenas y comunidades locales en la toma de decisiones, y priorizar un modelo
de desarrollo verdaderamente sustentable. Es fundamental la aplicación estricta
de la Ley de la Madre Tierra y de la Ley N.º 300, la promoción de la
agroecología y la facilitación de acceso a mecanismos internacionales de
financiamiento climático. Adicionalmente, resulta imprescindible el desarrollo
de cadenas de valor sostenibles y el uso estratégico de instrumentos como los
bonos de carbono y los pagos por servicios ambientales. Solo así se podrá
avanzar hacia una gobernanza coherente que equilibre la producción agrícola con
la conservación de la biodiversidad.
Conclusión
domingo, 15 de enero de 2023
Más guerra y menos democracia en 2023
Durante el 2023 la democracia retrocederá y la autocracia avanzará en todo el mundo, tal como ha venido sucediendo en los últimos años como consecuencia del populismo, los extremismos ideológicos, la desinformación y la polarización. Elementos que son utilizados por los regímenes híbridos o abiertamente autoritarios para aumentar su poderío en detrimento de los derechos humanos y las libertades individuales.
Así lo develan los estudios sobre la calidad de la democracia, que se realizan anualmente en base a indicadores como los procesos electorales, el funcionamiento del gobierno, la participación política, la cultura democrática y las libertades civiles. De hecho, según The Economist, más de la mitad de la población mundial vive actualmente bajo algún tipo de régimen autoritario y sólo el 6,4% disfruta de una democracia plena (21 países). En esa misma línea, el instituto V-Dem señala que en 2022, el mundo experimentó los niveles más bajos de democracia en treinta años, con solo 15 países que mejoraron sus indicadores democráticos, 33 que los empeoraron y cerca de 100 que se mantuvieron igual.
Sobre esta tendencia, el instituto Idea Internacional afirma que el deterioro de la democracia se ha profundizado aún más en los últimos años, debido a la pandemia del covid-19 y a la guerra de Rusia en Ucrania. En efecto, el malestar que han generado los confinamientos forzosos y otras medidas para contrarrestar los efectos del covid-19, así como la incertidumbre que provoca la guerra ruso-ucraniana, por la inflación y la disrupción de las cadenas de suministro; han contribuido a profundizar el deterioro del orden democrático en varios países, incluyendo las democracias más avanzadas.
Las democracias occidentales más emblemáticas, como la de Estados Unidos, han sufrido un anquilosamiento de su sistema de gobernanza, que no ha podido evolucionar hacia un punto que genere mayor confianza; situación que sumada a la recesión económica y a la polarización ideológica, generaron un peligroso descontento social que tiende a estrellarse contra las instituciones democráticas. Mientras que, por el otro lado, las autocracias orientales, como la de China, aunque siguen siendo mal calificadas por los rankings de gobernabilidad, han mostrado una gran capacidad para mantener la estabilidad política y el crecimiento económico dentro de sus fronteras (aunque menos que antes de la pandemia). Lo que, en términos propagandísticos permite posicionar al modelo autocrático como un referente para los países del Sur Global, que no han encontrado en la democracia una solución a sus problemas económicos y de gobernabilidad, pero también para aquellos países cuyos gobernantes pretenden perpetuarse en el poder.
Pese a esta realidad, la guerra de Rusia en Ucrania no parece estar cerca de su fin y muy por el contrario parece que se agravará aún más con los cientos de miles de reservistas rusos que pronto ingresarán al campo de batalla y con la impresionante dotación de armamento pesado que Ucrania está recibiendo de Occidente. Con esas condiciones no queda mucho margen para el optimismo, solo podemos augurar un 2023 con más guerra y menos democracia.
miércoles, 11 de enero de 2023
¿Acercamiento a Rusia?
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| Los Cancilleres de Rusia y Bolivia se reunieron en Caracas el 19/04/2023. Foto: Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia |
Con su agresión militar, anexión territorial y crímenes de guerra, impuestos y acometidos en contra de Ucrania y su población civil; Vladimir Putin ha provocado la mayor indignación y preocupación mundial en lo que va del siglo XXI, tanto por los perniciosos efectos económicos de su “operación militar especial”, como por el riesgo de que ésta detone una conflagración nuclear y/o la Tercera Guerra Mundial.
Por tanto, no sólo las potencias occidentales
han expresado su más enfático repudio, imponiéndole duras sanciones a Rusia;
sino también China e India, que a través de sus respectivos jefes de Estado, le
han transmitido directamente a Putin su preocupación en la última Cumbre de la
Organización de Cooperación de Shanghái. A esos países se suman varios organismos
internacionales; personajes destacados, como el Premio Nobel de la Paz ruso,
Yan Rachinsk; y líderes religiosos, como Desmond Tutu (+), el Dalai Lama y el
Papa Francisco; entre muchos otros que también han manifestado preocupación.
Preocupación mundial que en lugar
de aplacarse, ha crecido por la indefinición del conflicto, que se ha mantenido
sin visos de solución por más de 300 días y no sólo ha ocasionado los efectos
mencionados y la destrucción de una parte de Ucrania, sino también la
constatación de que el ejército ruso no había sido tan eficaz y poderoso como muchos
creíamos.
Ante esta situación de ostracismo,
desamparo y descrédito, Rusia está tratando de recabar el reconocimiento y
aceptación de los gobiernos que aún podrían apoyarla, entre los que está Bolivia,
que es uno de los países que no han condenado su invasión. En efecto, como
parte de la política rusa de búsqueda de respaldos, Putin ha invitado al
presidente Luis Arce a visitar Moscú mediante su canciller, quien notificó a Rogelio
Mayta con dicha invitación el 22 de octubre de 2022 y luego también el 19 de abril de 2024. Más recientemente, durante
el cambio de mando del Brasil, el 1ro de enero, Arce se reunió con la presidente
del Consejo de Rusia (senado), Valentina Matvienko, con la que, sin abordar el
tema de la guerra, acordó fortalecer la cooperación en tecnología, energía,
comercio y educación.
Ahora bien, para tomar una decisión
tan delicada como la de seguir acercándose al agresor de la guerra que más
preocupación está provocando en el mundo, habría que realizar un análisis costo-beneficio;
una evaluación de lo que están haciendo otros gobiernos, que también están
dentro de la órbita rusa; y una prospección de las implicancias geopolíticas de
dicho acercamiento.
Aunque para cumplir con ese objetivo
se requiere mucho más espacio y análisis, en este artículo podemos indicar que entre
Bolivia y Rusia no existen los vínculos comerciales, financieros, ni de ningún
otro tipo – más que algunos proyectos financiados totalmente por Bolivia, como los
centros de medicina nuclear –, que justifiquen una mayor aproximación. Además,
el acercamiento podría entorpecer las relaciones con otros países y organismos
internacionales, con los que sí tenemos fuertes vínculos, no sólo por el hecho
de que estaríamos respaldando al agresor de esta terrible guerra, contrariando la
doctrina internacional boliviana de rechazar todas las invasiones y anexiones
territoriales; sino porque además estaríamos apoyando las ambiciones
imperialistas y colonialistas de un autócrata, también a contrapelo del
discurso del actual gobierno.
Sobre lo que están haciendo otros
gobiernos, cabe considerar que hasta la fecha ninguna de las autoridades invitadas
por Putin ha confirmado su viaje a Moscú, y que desde que comenzó la guerra,
solo los autócratas de Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Cuba y Bielorrusia han estado
en el Kremlin, aunque todos ellos con mucha más vinculación a Rusia que Bolivia.
Por otra parte, a tiempo de definir
a sus potenciales aliados, la cancillería rusa olvidó mencionar a Bolivia,
demostrando que aunque hay un interés de aproximación, éste no es tan marcado como
con otros países. Efectivamente, el pasado 2 de enero, la cancillería rusa tuiteó:
“China, India, Turquía, Argelia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, México, Argentina
y Brasil quieren priorizar sus intereses nacionales ignorando cualquier llamado
a actuar en defensa de los intereses geopolíticos de EEUU. Un nuevo orden
mundial es inevitable”.
Por lo que, además de preguntarnos
si realmente conviene posicionarse del lado del agresor y principal perdedor de
esta guerra, también deberíamos cuestionarnos si vale la pena hacerlo cuando al
parecer, nuestro apoyo ni siquiera será valorado.
jueves, 7 de julio de 2022
Reconfiguración geopolítica y multilateralismo regional
Por Andrés Guzmán Escobari
Publicado en Página Siete
Existe un
amplio consenso respecto a que la crisis del multilateralismo ha impedido
desarrollar una gobernanza global idónea y oportuna. La incapacidad y falta
de mecanismos apropiados de organismos de alcance global como las Naciones
Unidas para mantener la paz y la seguridad, enfrentar el cambio climático,
controlar la migración, reducir la pobreza y evitar las pandemias, entre otros importantes
desafíos globales; son una clara muestra de que dicha crisis aún persiste y que
la reconfiguración geopolítica que está provocando la guerra en Ucrania, lejos
de ayudar a superarla, la profundizará.
De hecho, todo parece indicar que la crisis del
multilateralismo se ahondará en los organismos globales, pero otra cosa muy distinta
ocurrirá en los organismos regionales o sectoriales que muy por el contrario se
fortalecerán. Por un lado, se afianzarán los lazos políticos, comerciales y
financieros entre América del Norte, Europa y Oceanía (incluidos Japón y Corea
del Sur) y, por el otro, también se estrecharán vínculos entre Rusia, China y
las potencias emergentes del sur global. Sin embargo, al mismo tiempo se acentuarán
las diferencias y rivalidades entre estos dos grandes bloques de potencias
mundiales: las democracias liberales de Occidente y los regímenes emergentes de
Oriente.
En ese sentido, el multilateralismo se desarrollará
principalmente en organismos como el G7, la OTAN, la Unión Europea (UE), el
AUKUS, el Quad, por un lado, y el BRICS+, la Organización de Cooperación de
Shanghái, la alianza de repúblicas exsoviéticas OTSC, los Estados ribereños del
mar Caspio y el G5 por el otro. Efectivamente, las cumbres que han realizado varios
de estos organismos en el último tiempo, con la presencia de sus máximos líderes,
confirman esta tendencia al multilateralismo regional, en que los
posicionamientos políticos no sólo se han adoptado entre grupos de países, sino
también en oposición a los miembros del otro bloque. Lo que nos hace prever el
surgimiento de un multilateralismo no sólo regional sino también antagónico,
que contribuirá al desacople del mundo en al menos dos polos rivales y
parcialmente desconectados.
En el polo occidental, la invasión rusa de Ucrania provocó una
respuesta multilateral rápida y contundente: la UE aplicó duras sanciones
económicas contra Rusia, destinó ayuda económica y militar a Ucrania (aunque
insuficiente según el gobierno de Kiev) y aceptó a este último país como
candidato a ingresar en la Unión. De igual forma, el G7, reunido recientemente
en Alemania, además de aprobar otro paquete de sanciones contra Rusia y de
comprometer más armas para Ucrania, volvió a anunciar el lanzamiento de un ambicioso
plan de integración física e infraestructura para contrarrestar la Iniciativa
china de la Franja y la Ruta, con cerca de 600 mil millones de dólares. En la
misma línea, la OTAN, reunida hace poco en Madrid, incrementó sus tropas y sistemas
de seguridad en los países cercanos a Rusia, e invitó a Suecia y Finlandia, Estados
tradicionalmente neutrales, a ser parte de la alianza militar. Esto último, con
la clara intención de escarmentar a Putin quien dijo que uno de los objetivos
de su “operación militar especial” era justamente evitar que la OTAN se expanda
hacia sus fronteras.
Por el lado oriental, la XIV Cumbre de los BRICS, organizada
por China de manera virtual, si bien no hizo más que anunciar intenciones por
reforzar el multilateralismo global y el comercio internacional, como una manifestación
de intenciones por volver al auge de la globalización, también sirvió a Putin
para mostrarse respaldado por las potencias emergentes y capaz de torear las
sanciones occidentales. De igual manera, la VI Cumbre de los países del mar
Caspio celebrada en Asjabad, aunque no fue un escenario de grandes anuncios debido
a la reticencia de Irán por firmar la Convención que pretende repartir las
aguas del lago más extenso del mundo, también sirvió a Putin para demostrar que
no está solo y que sus contertulios, según dijo el Canciller ruso, Sergei
Lavrov, estarían dispuestos a formar una alianza militar alrededor del mar
Caspio.
En todo este complejo escenario de crisis, guerra y desacople,
América Latina – salvo Brasil, México y Argentina – no está siendo considerada
en ninguno de los dos bloques ni tampoco en las decisiones de la gobernanza
global debido a su lamentable desintegración político-ideológica y a su cada
vez más evidente insignificancia estratégica en términos económicos,
poblacionales y militares.
viernes, 25 de febrero de 2022
La invasión rusa a Ucrania
Tuve la oportunidad de comentar lo que estaba ocurriendo en Ucrania en estas tres entrevistas que se realizaron a pocas horas de la invasión rusa.
jueves, 3 de febrero de 2022
El conflicto en Ucrania
Reportaje del periodista Javier Loma, para el cual fui entrevistado junto María Delgado Kuskova.
En Notivisión de Red Uno, 3 de febrero de 2022
.
viernes, 28 de enero de 2022
Consulta en el Perú sobre Mar Para Bolivia
Entrevistas sobre la propuesta del presidente peruano, Pedro Castillo, respecto a la posibilidad de darle una salida al mar a Bolivia por el Perú.
jueves, 27 de enero de 2022
Castillo propone referéndum para darle mar a Bolivia
En esta entrevista, realizada para un medio peruano, comento los dichos del presidente del Perú, Pedro Castillo, respecto a consultar al pueblo peruano para darle una salida al mar a Bolivia.
Para Hablemos Claro de Radio Exitosa, 26/01/2022
jueves, 20 de enero de 2022
La transformación del conflicto boliviano de 2019
Transformar el conflicto significa pasar de un contexto de paz y conflicto latente, a un contexto en que se pueden desarrollar negociaciones y relaciones dinámicas porque las partes reconocen su interdependencia, entendiendo que no pueden imponer su voluntad ni eliminar a los otros.
Por: Andrés Guzmán Escobari
Publicado en la Revista Turbulencias, una revista internacional de Resolución de Conflictos
La crisis político-electoral que vivió Bolivia el 2019 y las narrativas que se han construido en torno a la misma, han hecho que sea imposible superarla y recuperar la estabilidad político-social que tenía el país hasta hace unos años. Muy por el contrario, esas narrativas han profundizado la sensación de incertidumbre e intranquilidad que pervive en el Estado Plurinacional desde antes del referéndum del 2016, cuando se empezó a discutir la posibilidad de cambiar la Constitución para permitir que los entonces presidente y vicepresidente puedan ser reelectos por segunda vez de manera continua.
Todo ello exacerbado actualmente por el constante intercambio de
acusaciones y recriminaciones entre el gobierno nacional y sus adherentes por
un lado, y los organismos internacionales y los actores locales que cuestionaron
la integridad de las elecciones de 2019 por el otro.
Ante esa realidad, varios sectores del país y del
exterior han hecho propuestas para reformar la justicia boliviana, que si bien es
una necesidad imperiosa e ineludible, resulta insuficiente para alcanzar una
solución integral y duradera al conflicto boliviano que no solo es el resultado
de la deficiente administración de justicia, sino también y sobre todo, de las
profundas diferencias ideológicas, regionales, culturales y hasta raciales que
subsisten en el país.
Por esos motivos, a continuación se esbozan algunas
ideas que podrían contribuir a la solución del conflicto a partir de las
teorías de la “construcción de paz” y la “transformación de conflictos”,
formuladas por el sociólogo menonita y estadounidense, John Paul Lederach, en
base a los aportes de otros investigadores para la paz.
Según Lederach, la construcción de paz en sociedades
profundamente divididas debe fundarse en tres ejes: 1) los actores de la
sociedad, que a su vez están agrupados en tres niveles; 2) la dinámica y calado
del conflicto, aplicando el concepto de “paradigma anidado”; y 3) la progresión
del conflicto, que se define en meses, años y décadas.
A diferencia de la típica visión marxista que divide
la sociedad en dos clases: burguesía y proletariado; el primer eje de Lederach separa a la sociedad en tres niveles de actores: 1) el de los máximos líderes que incluye a
gobernantes y actores políticos de alta visibilidad (cúspide de la pirámide); 2)
el de los dirigentes del nivel medio, que en este caso podrían ser los líderes
de los comités cívicos y los movimientos sociales (centro de la pirámide); y 3)
el de los líderes populares (vecinales) que junto a toda la demás población, son
el segmento social que más sufre las consecuencias del conflicto (base de la
pirámide).
Para Lederach cualquiera de los tres niveles puede
contribuir a transformar el conflicto, en el sentido de pasar de un contexto de
paz y conflicto latente, a un contexto en que se pueden desarrollar
negociaciones y relaciones dinámicas porque las partes reconocen su interdependencia, entendiendo
que no pueden imponer su voluntad ni eliminar a los otros. En ese sentido, si bien
todos los niveles pueden contribuir a transformar el conflicto de manera individual
o combinada, nuestro autor también destaca el potencial que tiene el nivel
medio por su rol articulador entre los de arriba y los de abajo, y por su consiguiente
capacidad para establecer una infraestructura adecuada para la construcción de
paz.
En el segundo eje, que tiene que ver con el análisis y
la comprensión del conflicto, se aplica lo que Lederach llama el “paradigma
anidado”, que permite considerar por separado pero en un mismo esquema, las
cuestiones más limitadas y los aspectos más amplios de la construcción de paz.
Se trata de un esquema de varios círculos, unos dentro de otros, en el que el
más grande, que incluye a todos los demás, representa al sistema social (primer
círculo) en el que se desarrollan los subsistemas (segundo círculo), las
relaciones de los actores (tercer círculo) y la cuestión que provocó la crisis
(cuarto círculo), que viene a ser el círculo más pequeño.
En nuestro caso, podríamos esquematizar el primer círculo, correspondiente al sistema social, con la identificación de los elementos estructurales de polarización que dificultan el entendimiento y la reconciliación (“izquierda v. derecha”, “masistas v. pititas”, “golpe v. fraude”, “collas v. cambas”, “Whiphala v. Patujú”, etc.); el segundo círculo del subsistema, donde se debe construir la infraestructura de la resolución del conflicto, podría estar dado por la justicia y los espacios de diálogo (talleres, comisiones y campañas de socialización) que son propios del segundo y tercer nivel de la sociedad; el tercer círculo de las relaciones sociales, podríamos representarlo con los vínculos entre oficialismo y oposición (primer nivel), comités cívicos y movimientos sociales (segundo nivel), y grupos de la sociedad no organizada de uno y otro lado (tercer nivel); y finalmente, el cuarto círculo, el de la cuestión que provocó la crisis, podría estar representado por el debate sobre admitir más de una reelección continúa, en una primera instancia, y por el desconocimiento del gobierno nacional al resultado del referéndum de 2016, que negó la posibilidad de una segunda reelección continúa para las dos máximas autoridades del país, en una segunda instancia.
Respecto al tercer y último eje, el de la dimensión
temporal, Lederach aduce que existen cuatro momentos en la progresión de un
conflicto: 1) la propia crisis, donde se requiere una intervención inmediata para
detener la violencia (2 a 6 meses); 2) la preparación y formación de las
partes, cuando generalmente se alcanzan los acuerdos de paz y reconciliación (1
a 2 años); 3) la reflexión y cambio social, que es el momento en que se empieza
a imaginar un futuro compartido y a consolidar la transformación del conflicto (5
a 10 años); y 4) la visión generacional, en el que se redefinen las relaciones
entre las partes, se adoptan medidas preventivas para evitar el resurgimiento
de la crisis y se curan las heridas mediante diversas expresiones culturales (˃
2 décadas).
Al respecto, teniendo en cuenta que los hechos de
violencia se desarrollaron entre septiembre y diciembre de 2019, se podría considerar
que ese fue el periodo de crisis en este caso (4 meses), y considerando además que
en agosto de 2021 el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI)
de la CIDH emitió un informe sobre estos mismos hechos que fue aceptado y
reconocido por las partes en conflicto, también podríamos considerar que ese es
el acuerdo de paz y reconciliación en este caso, que vendría a marcar el fin
del segundo periodo, referido a la preparación y formación (1 año y 8 meses).
Bajo ese entendido, ahora estaríamos ingresando al
tercer momento, el de la reflexión y el cambio social, que debería consolidarse
en unos años más con la aplicación de las recomendaciones del GIEI, en cuanto a
reformar la justicia y a realizar investigaciones adecuadas, oportunas y
exhaustivas sobre las vulneraciones a los derechos humanos registradas entre
septiembre y diciembre de 2019. Pero para que todo eso sea posible, no solo es
necesario considerar los aspectos jurídicos y los hechos de violencia, sino
también los aspectos metodológicos y sistémicos a los que se refiere Lederach,
que tienen que ver con las narrativas, los discursos, las expectativas y la
forma en que nos vemos los unos a los otros, para poder llegar a soluciones verdaderamente
efectivas y sustentables en el tiempo.
Referencias
·
Lederach, John Paul (1998) Building Peace:
Sustainable Reconciliation in Divided Societies. Washington: United States Institute of Peace.
·
Lederach, John Paul (2003) Little Book of Conflict
Transformation: Clear Articulation Of The Guiding Principles By A Pioneer In
The Field. Estados Unidos: Good Books
·
GIEI-Bolivia (2021) Informe sobre los hechos de
violencia y vulneración de los derechos humanos ocurridos entre el 1 de
septiembre y el 31 de diciembre de 2019. [En línea,
29/10/2021] https://gieibolivia.org/wp-content/uploads/2021/08/informe_GIEI_BOLIVIA_final.pdf
martes, 11 de enero de 2022
Djokovic y la crisis migratoria global
La detención del número uno del tenis mundial, Novak Djokovic, en un hotel para refugiados y solicitantes de asilo de Melbourne-Australia, mientras las autoridades judiciales de ese país decidían si debían deportarlo o no, ha generado una ola de protestas en todo el mundo por lo que, según los seguidores de Novak, su padre, los antivacunas y el gobierno de Serbia, ha sido un maltrato injusto y humillante digitado por la oligarquía mundial.
Aunque el gobierno australiano explicó que Djokovic no proporcionó pruebas adecuadas sobre uno de los requisitos necesarios para ingresar al país, en referencia a la vacuna contra la covid-19, y que “nadie está por encima de las reglas”; la evidencia indica que no hay un trato igualitario para todos los inmigrantes, pues mientras Djokovic tuvo que aguardar cinco días para conocer su suerte, hay otros inmigrantes igualmente retenidos en ese mismo hotel, que están esperando ya casi una década y que no tienen siquiera un plazo al cual sujetarse.
Ciertamente, gracias al escándalo global que provocó la detención del mejor tenista del mundo, varios medios internacionales se contactaron con los alojados en ese mismo hotel y dieron con Mehdi Ali, un joven iraní de 24 años que llegó en un bote a Australia hace ya nueve años, y que desde entonces ha permanecido encerrado en ese tipo de hoteles, como si fuese un criminal.
Si bien es cierto que no es lo mismo arribar en avión a jugar un Grand Slam que llegar en bote escapando de la guerra, se supone que las leyes son iguales para todos y que “nadie está por encima de las reglas”.
Pero así como nos enteramos de que hay jóvenes como Mehdi, que son forzados a desperdiciar los mejores años de su vida en centros de detención “temporal”, por el solo hecho de haber escapado de la muerte o de una vida indigna, también deberíamos tener presente que actualmente hay varias decenas de millones de migrantes en todo el mundo que están atravesando situaciones tanto o más graves que la de Mehdi, y que si no hacemos nada, esto seguirá creciendo en los próximos años.
En efecto, tal como dijo el Relator Especial de los DDHH de los Migrantes de la ONU, Felipe González: “Djokovic, que no es ni refugiado ni solicitante de asilo, obtuvo lo que las organizaciones de DDHH han venido pidiendo para los refugiados y solicitantes de asilo: que las deportaciones deben suspenderse hasta que se emita una decisión judicial”.
La crisis migratoria se ha convertido un problema global, agravado por la pandemia y el cambio climático, que debe ser encarada con políticas de cooperación entre los gobiernos y organismos involucrados para atenuar sus desventajas y sacar el mayor provecho de sus ventajas. Pero lamentablemente, aún no existe conciencia de que se trata de un problema que afecta a todos y muy por el contrario, se han acentuado los nacionalismos que promueven la xenofobia y el racismo contra los inmigrantes.
Esto ha ocurrido específicamente en Europa con los inmigrantes que llegan del Medio Oriente y de África, en Estados Unidos con los que arriban de América Latina, especialmente mexicanos, y en otras latitudes del sur global, donde la población desplazada ha crecido más rápidamente que en los países ricos, como en el norte de África, el Asia occidental y el África subsahariana (ONU, 2020).
En Bolivia, que es un país enclaustrado que ha permanecido casi completamente aislado de los flujos migratorios que afectaron al continente americano en el pasado, principalmente durante la trata transatlántica de esclavos entre los siglos XVI y XIX y durante los desplazamientos que provocaron las dos guerras mundiales; se ha sentido por primera vez la presencia de miles de inmigrantes venezolanos que han llegado a estas altas montañas, seguramente a pie, después de no haber podido ingresar a Colombia, Ecuador y/o Perú, debido a las restricciones migratorias que estos tres países han impuesto recientemente, y muchos de ellos con la idea de continuar su viaje hacia el Brasil, Chile o Argentina.
Lo ocurrido con Djokovic, lejos de ser solo el reflejo de la coyuntura actual, marcada por la controvertida exigencia de la vacuna como requisito de viaje, debe constituirse en un ejemplo de que lo que parece ser injusto a primera vista para ciertas personas, es en realidad un privilegio para otras, y que a nuestra especie aún le falta mucho por acabar con la discriminación, tal como lo plantean el Pacto Mundial para la Migración y los Objetivos del Desarrollo Sostenible.
jueves, 30 de diciembre de 2021
El mundo en 2021
Los acontecimientos internacionales más importantes del 2021 son abordados en esta entrevista que fue dirigida por Mario Espinoza.
domingo, 26 de diciembre de 2021
Boric y la izquierda latinoamericana
El presidente electo de Chile y su posicionamiento político en relación a los países de la región latinoamericana fueron el objeto de análisis de la siguiente entrevista.
En RTP Mundo, de RTP, 26/12/2021
martes, 21 de diciembre de 2021
La victoria de Boric en las elecciones chilenas
El 19 de diciembre de 2021, Gabriel Boric de la alianza de izquierda Apruebo Dignidad, se alzó con la victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas. Sobre ese asunto y sus efectos políticos para la región, tuve la oportunidad de emitir mi opinión en las siguientes entrevistas.
El Aphtapi de la mañana, Radio Comunidad, 20/12/2021
domingo, 12 de diciembre de 2021
Efectos del regreso del pinochetismo
Un posible triunfo de Kast podría agravar los asuntos territoriales pendientes que Santiago mantiene con Lima, La Paz y Buenos Aires.
| Fuente: La República |
El regreso del pinochetismo a Chile, representado en la posible asunción de José Antonio Kast a la presidencia de ese país, plantea ciertos escenarios de conflicto que podrían modificar el equilibrio de poder en la región y marcarán, ya de hecho, el comienzo de una nueva etapa en la conflictiva historia de las relaciones de Chile y sus tres vecinos.
Los escenarios de conflicto que podrían surgir no derivan exclusivamente de lo que significaría la vuelta del pinochetismo a La Moneda, que analizaremos más adelante, sino de la combinación que dicha vuelta podría tener con el agravamiento de todos o algunos de los asuntos territoriales pendientes que Santiago mantiene con Lima, La Paz y Buenos Aires.
Nos referimos específicamente a la disputa sobre el triángulo terrestre entre Chile y Perú que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dejó pendiente, a las controversias por el uso de las aguas que cruzan, definen o se acumulan debajo de la frontera boliviano-chilena, y al siempre latente asunto marítimo boliviano, que fue incorporado indirectamente en el debate electoral chileno, cuando se discutió la posibilidad de firmar el Acuerdo Regional sobre Acceso a la Información y Justicia Ambiental, más conocido como Acuerdo de Escazú.
Durante la primera parte de la campaña electoral, los candidatos asumieron posiciones en contra (Kast) y a favor (Boric) de firmar de firmar dicho acuerdo, sobre la base de, entre otras cosas, el temor que genera en Chile una nueva demanda boliviana. Según el mismo presidente Piñera, su gobierno decidió marginarse del Acuerdo de Escazú, que presta especial atención a los países en desarrollo sin litoral (artículo 11) y abre la jurisdicción de la CIJ (artículo 19), “para no ser llevado ante tribunales internacionales de justicia en forma arbitraria y especialmente cuando el mismo tratado le da un trato preferencial que no explica en qué consiste a un país vecino como es Bolivia, con el cual tenemos muchos conflictos” (Emol, 30/07/19).
Al respecto, Kast se ha mostrado de acuerdo con la posición oficialista que margina y priva a Chile de los beneficios del Acuerdo de Escazú, con tal de no tocar ni mucho menos resolver el problema de fondo: el asunto marítimo boliviano. Pero no sólo eso, para evitar cualquier otra demanda, Kast ha prometido retirar a su país del Pacto de Bogotá, con lo que Chile acabaría marginándose no sólo de los avances regionales en materia ambiental, sino también del consenso interamericano sobre la solución pacífica de controversias. Lo que, sumado a la promesa de también retirarse de las Naciones Unidas, podría provocar un aislamiento de Chile aún más profundo que el vivido durante la dictadura pinochetista.
Pero volviendo a los asuntos territoriales pendientes, con Argentina los conflictos son, en primer lugar, la vieja disputa por los Campos de Hielo Sur, que permanece sin solución a pesar de que ambos gobiernos acordaron precisar el límite fronterizo en 1998; las reclamaciones que se superponen sobre la Antártica, que es un asunto temporalmente congelado por el Tratado Antártico de 1959 y al que también concurren los intereses del Reino Unido por su presencia en las islas Malvinas; y la controversia en el Pasaje de Drake, que ha surgido recientemente por la superposición de las pretensiones de los dos Estados sobre un territorio subacuático de 5.302 kilómetros cuadrados, que Chile reclama como su plataforma continental jurídica y Argentina como su plataforma continental extendida.
Esta última controversia comenzó el 27 de agosto pasado, cuando el presidente Piñera decretó la ampliación de la plataforma continental chilena al este del meridiano 67º 16’ 0, en más de 30.000 kilómetros cuadrados, de los cuales, 5.302 son los que se superponen a la plataforma continental extendida argentina y el resto se superponen al Patrimonio Universal de la Humanidad.
Esto genera un problema adicional a este complejo entramado de líneas, puntos y proyecciones sobre y debajo el mar, porque la nueva reclamación chilena no sólo afecta a los derechos rioplatenses y a los de toda la humanidad, sino que también podría afectar a la proyección de la soberanía de los tres países que, a partir del Pasaje de Drake, reclaman derechos sobre la Antártica.
Por lo pronto, los gobiernos de Santiago y Buenos Aires han anunciado que esta nueva controversia se resolverá mediante el diálogo y la negociación o, en última instancia, a través de un tribunal arbitral o jurisdiccional. No obstante, dados los agresivos comentarios que Kast ha realizado sobre este tema, no podemos descartar un escenario de conflicto, más aún si tampoco se resuelven las otras controversias que Chile mantiene en sus fronteras del norte.
En ese caso estaríamos ante un escenario de Hipótesis Vecinal Tres (HV-3) que es una eventualidad que pronosticaron los estrategas militares chilenos durante la dictadura militar pinochetista, en la que Chile tendría que enfrentar simultáneamente a sus tres vecinos en una guerra, lo cual estuvo a punto de ocurrir justamente durante el gobierno de Pinochet y después sirvió para justificar la dispendiosa política de disuasión chilena.
A mediados del 2020, cuando el congreso de la Argentina se prestaba a convertir en ley la Carta Náutica que los especialistas de ese país habían elaborado desde los años 90, y que había sido validada por la Comisión de Límites de Plataforma Continental de las Naciones Unidas en 2016, sin recibir ningún reclamo de parte de Chile; Kast escribió: “Argentina ya nos ha robado suficiente territorio a los chilenos. Espero que el Gobierno se ponga firme frente a los delirios de la izquierda radical chilena #LaAntarticaEsChilena” (Twitter, 11/06/20).
Por ese comentario y otros similares, en los que el polémico candidato chileno critica duramente al gobierno de Alberto Fernández, el embajador argentino en Santiago, Rafael Bielsa, acusó a Kast de “antiargentino”, “rupturista” y “xenófobo”, mediante unas declaraciones que merecieron un reclamo oficial de Chile, pero que no fueron rechazadas ni desmentidas por la Casa Rosada, sino justificadas como “comentarios a título personal” (TN, 22/11/21).
Entonces, considerando que Kast también ha sindicado al gobierno boliviano de “cómplice del narcotráfico” y ha tildado al presidente peruano de ignorante, y teniendo en cuenta además su propuesta de cavar una zanja en la frontera con Bolivia y Perú para controlar la inmigración, que se ha convertido en una de las principales promesas de campaña; debemos estar muy atentos a lo que pueda pasar con el posible regreso del pinochetismo a Chile, que esta vez no contará con un presidente experto en geopolítica, como lo era Pinochet, pero sí con unas Fuerzas Armadas mucho mejor preparadas para una HV-3.
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